La tragedia más profunda de este país es el antiperonismo.
EL ANTI PERONISMO
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Desde el inicio, Argentina fue un país debatiendo dos rumbos: hacia adentro o hacia afuera. No es ser o no ser peronista. Es una matriz que articula racismo colonial en la modernidad.
Por Eugenia Del Rio
NAC&POP
05/03/2025
SER O NO SER
No es ser o no ser peronista.
No.
El drama nacional es el ANTI peronismo.
Una matriz coagulante, que articula el racismo colonial en la modernidad.
Durante la colonia, los espacios sociales se asignaban por estricto orden de pigmentación y gentilicio.
Existían cuadros, documentos, proclamas reales, donde se explicaba, sin pudor y con total naturalidad, cómo se organizaba la vida en la colonia.
CLASES RACIALES
Arriba, los blancos peninsulares.
Al lado, pero un paso más atrás, los blancos criollos.
Después, en un lento degradé, los mestizos, mulatos, zambos y al final, negros de toda negritud.
Muchas conductas actuales, deben su razón a aquella taxonomía humana.
Y en Argentina, que además creció escuchando que negros no había, el racismo se coló en la construcción de la nueva nación, nacida al calor de la Revolución de Mayo, las guerras de independencia y la retirada definitiva de las tropas realistas hacia 1820, en los marrones.
LO PROPIO, LO SUYO
Desde el inicio, Argentina fue un país debatiendo dos rumbos: hacia adentro o hacia afuera.
Le puso color y gentilicio a este nuevo agrupamiento de sentido.
De afuera venía lo europeo, blanco, civilizado y productivo, y desde adentro, lo indígena, el gaucho, el peón, marrón, bárbaro y ocioso.
KU KLUX KLAN
Las constantes matanzas de la civilización sobre la barbarie, no son más que la forma vernácula de nuestro KKK.
Y el peronismo, en un país industrial y auténticamente moderno que discutía con un país agrario, feudal y de castas, vino a ponerle voz a un nuevo sujeto político nacido a su amparo, pero portador de la herencia de esa patria silenciada, perseguida, genocidada, que de pronto encontraba su lugar, y en él la dignidad de su memoria: el obrero.
La violencia del antiperonismo, no es más que la síntesis de esa matriz racista y criminal, que nos ubica en nuestros compartimentos, según pigmentación, gentilicio, y ahora, algún que otro nivel educativo.
El antiperonista, necesita ubicar en su lugar, a las castas liberadas por Belgrano, San Martín, Guemes y Rosas, e interpretadas como nunca por Perón y por Evita.
EL PERONISMO
Porque el peronismo articuló políticamente, a esa mitad del país destinada a los márgenes, y le disputó sentido a la casta privilegiada, parasitaria y absurda, que pretende un país elitista y excluyente, donde parasitar te hace rico, impune y te convierte en nombre de calle, parque o monumento, aunque te hayas cargado un pueblo entero.
No importa si después hubo peronistas más o menos travestidos, entreguistas o traidores.
La historia no se lee persona por persona.
Se lee como movimientos hacia un lado o hacia el otro.
Que las fuerzas de izquierda definan al peronismo como un mero tapón reformador que impidió la revolución, es el producto que la miopía de lo anti, provoca en mentes hasta lúcidas.
PROGRES
Que todas las fuerzas progresistas, que cuestionan esa matriz racista, neocolonial y conservadora, no entiendan que contar la verdadera historia de lo que le hicieron al peronismo, es imprescindible, porque es la síntesis de lo que le hicieron a los originarios, los gauchos, los peones en el cuerpo de sus herederos naturales, los obreros peronistas, es nuestra mayor tragedia.
Entender lo que significó el peronismo, es nuestra más honda deuda pendiente, no para ser peronista, sino para dejar de ser antiperonista.
Definirse por la negativa, no puede habilitar nunca un debate responsable, profundo y superador.
LA GRIETA NECESARIA
Por eso el poder real precisa con tanta urgencia la reproducción constante de la grieta, la estigmatización del adversario político, y la legitimación de la violencia que nuevamente va a derramar sobre todos aquellos que le disputen poder económico y simbólico.
Setenta años de antiperonismo.
Ese es el drama nacional.
EU/