EL OBSCURO ALBERTO BENEGAS LYNCH DE MILEI
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Los historiadores estiman que las víctimas de Roca fueron más de 14.000. (por eso se asocia con los 30.000 desaparecidos y los 8.753 del archivo de Victoria Villarruel).
Por Ignacio Lizaso
NAC&POP
19/10/2023
«Alberto Benegas Lynch hijo se llama el único prócer que valora Javier Milei.
Es hijo del embajador argentino de la Revolución Libertadora en Estados Unidos (1955-57) y primo del Che Guevara».
Frondosa confusión surge de esta semblanza que ofreció el diario La Nación para presentar a quien se atreve a sostener que «tal como lo hizo Roca, hay que romper con esta versión totalitaria del Vaticano».
Si fuera un caballo de carrera – curioso parentesco con los «hijitos de cuatro patas«, cuya simple mención enternece a Milei -, semejante pédigri, mezcla rara de gorila y revolucionario, garantizaría una elevada cotización.
Pero no, se trata de un bípedo, cuyo parentesco con el Che no es el que marca La Nación.
Su padre era primo del progenitor de Guevara.
En ese mundo que yira (no es errata) en torno al mesías de peluca de estopa y glauca mirada, Benegas Lynch se ha convertido en ideólogo incuestionable de La Libertad Avanza.
El Milei seductor y nuclear entra en erección verbal, grita, gesticula.
Desempeñando ese rol ganó fieles adeptos hasta que del proceso de coaching asomó la necesidad de amainar con el vómito de ex abruptos.
El prócer critica bramidos y ademanes soeces, pero resulta que excitan a la tribuna, que corea consignas y a su modo comparte el simulacro de orgasmo.
Quizás como parte de su planteo tramposo el prócer se equivoca.
De los cientos de miles de fanatizados adictos a Milei habrá diecisiete que saben que el tal Roca, Julio Argentino, fue un genocida.
Según su relato la conquista del desierto le arrancó la vida 1.313 aborígenes.
Los historiadores estiman que las víctimas fueron más de 14.000. (Cómo no asociar con los 30.000 desaparecidos y los 8.753 que arroja el archivo de Victoria Villarruel).
Y sirvió para que las tropas de Roca se apoderaran de 500.000 kilómetros cuadrados, generosamente distribuidos entre los Pereyra Iraola, Álzaga Unzué, Luro, Martínez de Hoz, Anchorena y otros apellidos que alcanzaron la categoría de patricios hacendados.
Alto porcentaje de esas tierras fueron rematadas por Adolfo Bullrich, base de la fortuna de la familia.
A parte del territorio usurpado lo habitaban mapuches, lo que indica que es de larga data el vínculo entre la comunidad de esa raza y los Bullrich.
El Zorro genocida rescata y bendice Benegas en su intento de señalar que hubo afinidad entre la ruptura de Roca y la que pretende que se adopte hoy, o a más tardar el 11 de diciembre, en caso de que su discípulo triunfe en las elecciones.
No cabe paralelo alguno.
El prócer reclama la ruptura desde su condición de católico y gorila embanderado contra toda expresión nacional y popular, y en defensa del proyecto autoritario y pornográfico de Milei.
Proyecto que incluye la vigencia de un sistema de educación clasista y rentado al que no podrán acceder los hijos de una inmensa mayoría de compatriotas.
Roca, en cambio, cortó relaciones a raíz de la reacción de la Iglesia cuando su gobierno sancionó en 1884 la famosa ley 1420, que establecía la educación común, gratuita, obligatoria y laica, y que la enseñanza religiosa sería optativa y se efectuaría antes o después de las clases cotidianas.
El ministro de instrucción pública era Eduardo Wilde, médico sanitarista que había cobrado prestigio y respeto por su abnegada actuación durante la epidemia de fiebre amarilla.
La consideración parlamentaria de la ley originó encendidos choques entre liberales y católicos (1).
Dos notables oradores protagonizaron una difundida polémica.
Domingo Faustino Sarmiento argumentó a favor de la ley y Nicolás Avellaneda abogó por el rechazo.
El nuncio apostólico Luis Mattera realizó gestiones para que el gobierno diera marcha atrás.
Su abierta actitud opositora impulsó a Roca a darle 24 horas para que abandonara el país.
Esta expulsión provocó la ruptura con el Vaticano, que se extendería 16 años.
Factor que el prócer omite deliberadamente o ignora, corresponde subrayar que a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX varias de las más relevantes figuras políticas argentinas estaban enroladas en la masonería.
Con José de San Martín y Manuel Belgrano como pioneros, entre ellos se contaban Sarmiento, Bartolomé Mitre, Justo José de Urquiza, Leandro Alem, Carlos Pellegrini y los citados Roca y Wilde.
En aquel 1884 el Papa era León XIII, que se fijó el cometido de reconciliar a la Iglesia con el mundo, la fe con la ciencia y el papado con Italia.
En 1891 dictó la encíclica Rerum Novarum, en la que planteó su preocupación por la desigualdad social y la degradación de los trabajadores.
Por esa temprana inquietud mereció que se lo llamara «Papa de los obreros».
Llegamos a un punto clave de la personalidad de León XIII y que selló el sentido de su papado, que se prolongó 25 años.
Desde Clemente XII a Pío XII la Iglesia condenó a la masonería no menos de 600 veces.
Quien más endureció esa posición antagónica fue justamente León XIII, que a comienzos de 1884 denunciaba que la masonería ultimaba las pruebas para lanzar su ofensiva final contra la Iglesia de Cristo.
Sería ingenuo suponer que el Papa no estaba informado de que en la conducción del gobierno argentino operaban masones.
De la declaración de Benegas se desprende que quiere terminar con la imagen, a su juicio totalitaria, que caracteriza y distingue al papado de Francisco.
Terminar con el adversario ideológico es un propósito que enarbola y practica casi deportivamente la derecha.
Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich han erigido como meta el propósito de «terminar con el kirchnerismo».
El atentado que se perpetró contra CFK fue la ejecución de esa amenaza y su síntesis: «bala o cárcel».
Roca, Sarmiento y Wilde seguramente estaban al tanto de los actos e ideas del Papa proletario, campo en el que sí encontramos honda afinidad con la acción del pontífice hincha de los Santos de Boedo.
Un par de interrogantes.
¿Qué universidad le puede haber conferido a Benegas el diploma de prócer ?
¿Y aparte de su religioso apoyo a la venta de órganos, qué lo autoriza a juzgar a un Papa amado por millones de gentes de todo el mundo?.
Curiosamente la reanudación de relaciones con el Vaticano se concretó entre 1899 y 1900.
León XIII seguía siendo Papa y el presidente argentino era… el Zorro Roca.
IL/