¿DESINFORMACIÓN Y CONFUSIÓN?
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En definitiva, si el PBI estuviese distribuido de manera perfectamente equitativa entre todos los habitantes de Argentina, cada uno de nosotros tendría un ingreso cercano a los 600.000 pesos por mes.
Por Julián Denaro (*)
NAC&POP
11/08/2023
Durante la tarde del jueves 10 de agosto de 2023, la represión violenta ejercida por la policía de la Ciudad de Buenos Aires tuvo entre sus consecuencias el fallecimiento de una persona totalmente inofensiva y pacífica.
Las filmaciones que pueden observarse son múltiples, reconociendo en las mismas, con absoluta claridad, el avance ofensivo y violento de las fuerzas de seguridad sobre un grupo de manifestantes que se encontraban en plena asamblea sin molestar a nadie, sin cortar la calle, sin amenazar y sin alterar la convivencia del mundo.
Los tres casos de mayor notoriedad fueron el de una señorita que estaba siendo aprisionada contra el suelo por un policía, producto de lo cual la víctima de dicho accionar exclamaba y suplicaba que la suelten porque no podía respirar.
Otro fue el de una señora mayor que fue apaleada y agredida físicamente por un joven policía musculoso y entrenado.
Y el de fatídico resultado, la muerte de Facundo Molares Schoenfeld.
El joven de 48 años fue víctima de la feroz represión de la policía porteña, pero no logró soportar las agresiones físicas como la señorita antes mencionada, y falleció luego de ser aplastado contra el suelo por los efectivos.
El registro de lo ocurrido es público y cualquiera lo puede encontrar en la red.
A Facundo Molares lo aplastaron contra el piso durante varios minutos, y ninguno de los efectivos que los rodeaban intentó reanimarlo de inmediato pese a ser advertidos que se habían descompensado y que se veía todo morado.
Algunos medios lo comunicaron de la siguiente manera:
Clarín: Un militante muere después de ser detenido por la policía en el obelisco.
InfoBAE: Molares murió de un paro cardíaco luego de descompensarse en el centro porteño.
Había sido detenido por la Policía porteña en medio de una protesta.
Mientras tanto, el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, aseguró que Molares murió por un infarto.
“Lo de ayer en el Obelisco fue un infarto, lo dijo claramente Alberto Crescenti, que es una eminencia como médico y fue muy claro sobre las causas de su muerte”.
Asimismo, respaldó el accionar de la Policía.
“Actuó con total profesionalismo, como siempre (…)
Se estaban generando hechos de violencia y por eso actuó, la violencia es el límiete, nosotros no permitimos acciones de violencia”.
Sin calificar ni opinar, y mucho menos tomar postura en momentos de veda electoral, los enunciados de Clarín, Infobae y Larreta no se corresponden en lo más mínimo con la realidad, que se puede conocer muy fácil a través de las tantas filmaciones que se difundieron por las redes sociales.
En otro orden de cosas, y atendiendo a muchas cosas que se dicen o repiten sin comprensión suficiente, es oportuno referirse al PBI per cápita.
Mucha gente habla del mismo como si describiese felicidad o justicia, pero en realidad es sólo un cociente entre PBI y cantidad de habitantes.
El PBI per cápita es dividir el valor de la producción anual de riqueza por parte del conjunto del país (PBI) por el número de personas que habitan el territorio nacional.
De los casi 200 países que hay en el mundo, actualmente el PBI per cápita de Argentina se ubica cerca del puesto 55, pero a este análisis conviene complejizarlo para comprenderlo mejor.
En principio, algunos que se encuentran por encima son países con poca población, como Luxemburgo (670.000), Brunei (435.000), Seychelles (100.000), Islandia (400.000), Guyana (800.000), Chipre (900.000), San Marino (34.000), Eslovenia (2.000.000), Estonia (1.300.000), Panamá (4.000.000), Eslovaquia (5.500.000), Letonia (1.900.000), Lituania (2.800.000), Noruega (5.500.000), Finlandia (5.500.000), Suecia (10 Millones) o Canadá (38 Millones).
De hecho, si quitáramos de la lista a los países que tienen menos de 3 millones de habitantes, Argentina ascendería al puesto 39, con los valores de hoy.
Pero lo que urge aclarar, es que el coeficiente estudiado no indica absolutamente nada en términos de bienestar, a tal punto que muchos que tienen un elevado PBI per cápita, sin embargo padecen altos niveles de pobreza.
Entiéndase de la siguiente manera:
Si toda la riqueza del país estuviese concentrada en dos mil personas mientras todos los demás fuesen indigentes, o si el ingreso nacional se distribuyera equitativamente entre todos los habitantes del país, el cociente arroja el mismo resultado, ya que es PBI dividido cantidad de habitantes.
Sin embargo, resulta igualmente cierto que cuanto mayor sea el PBI por habitante significa que hay más para distribuir, por cuanto se propician mayores posibilidades para generar una más justa distribución, con lo cual la disminución de la pobreza sería menos dificultosa de conseguir.
Pero ojo, porque PBI per cápita y concentración de riqueza pueden aumentar en simultáneo, ocasionando que la pobreza aumente pese al incremento del PBI per cápita.
Prestemos atención al caso argentino, que es un país muy particular, en el cual las oscilaciones del PBI suelen ser muy fuertes.
En 2003, el PBI era de aproximadamente 130.000 millones de dólares (M U$D ), habiéndose multiplicado más que por cuatro hasta el 2015, cuando el PBI superaba los 600.000 M U$D .
Por aquellos tiempos, Argentina se ubicaba en el puesto 20 de producción de riqueza por año, razón por la cual ingresó al G20.
Posteriormente, hacia el 2019 el PBI se redujo a los 430.000 M U$D , tras lo cual volvió a incrementarse y, por estos tiempos (2023), se estima cercano a los 600.000 M U$D .
Sin embargo, ahora se ubica en el puesto 25 del mundo, dado que mientras nuestro país disminuyó su producción y luego la recuperó, los demás aumentaron el tamaño de su economía en estos ocho años.
Así las cosas, nuestro PBI per cápita hoy, surge de dividir 600.000 millones por 47 millones, lo cual arroja un coeficiente cercano a los 12.000 dólares por individuo por año.
Pesificando la cifra a un tipo de cambio cercano a los 600 pesos, nos da un valor cercano a los 7 millones de pesos por año por persona.
En definitiva, si el PBI estuviese distribuido de manera perfectamente equitativa entre todos los habitantes de Argentina, cada uno de nosotros tendría un ingreso cercano a los 600.000 pesos por mes.
Está claro que, a los precios de hoy, no habría pobreza con una equitativa distribución.
Entonces, el problema de la pobreza reside en una inequitativa e injusta concentración de los ingresos, en la cual los sectores dominantes se apropian progresivamente de un porcentaje cada vez mayor del producto total.
Una valiosa expresión de Ofelia Fernández en una entrevista televisiva con Novaresio lo manifestó con inmensa nitidez: “No me interesa sobrenarrar las excusas, pero son características que Alberto defiende y que yo no creo, como la idea de que la Política es la Administración de la realidad, o de lo posible, o de los problemas.
Para mí la Política tiene que ser la Herramienta de Transformación de la Realidad.
Parece semántico pero habla del grado de imaginación en la construcción del rumbo y de las políticas.”.
Posteriormente, su reflexión fue aún más clarividente, destacando la problemática previamente desarrollada, y diciendo que el país puede crecer pero sin la gente adentro, para precisamente poner énfasis en que “la cuestión que tenemos que debatir es que el desarrollo tiene que ser con inclusión”.
