JUICIO POLÍTICO A ROSATTI.
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El funcionamiento de la Comisión va a permitir citar a varios personajes que están implicados en el tema, se los podrá escuchar y dar visibilidad pública. Que se haga público es una de las formas de que toda la sociedad pueda entender por qué pasaron algunas cosas.
Por María Teresa García
Por eso me parece correcto que el Presidente Alberto Fernández ponga el tema sobre la mesa para llevar a juicio político a Rosatti.
Aunque sepamos que no tenemos el número suficiente de legisladores en el Congreso de la Nación para aprobar el juicio político, es necesario construir ese número.
El funcionamiento de la Comisión va a permitir citar a varios personajes que están implicados en el tema, se los podrá escuchar y dar visibilidad pública. Que se haga público es una de las formas de que toda la sociedad pueda entender por qué pasaron algunas cosas.
No es el único Caso.
El tráfico de influencias que vimos con los viajes a Bariloche de jueces para reunirse en Lago Escondido, la relación de Silvia Robles con el ministro de Seguridad de la Ciudad, Marcelo D’Alessandro; los casos de espionaje ilegal no condenados, el rol de operador judicial que cumplía Pepín Simón, son todas muestras de que hay errores que se cometen con demasiada frecuencia como para poder garantizar que el equilibrio de poderes se sostenga como corresponde.
La investigación deficitaria que se vio luego del atentado a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, con la pérdida de pruebas, la adulteración de un celular y el hecho de no haber realizado las conexiones necesarias entre los implicados y políticos de la oposición ante un caso de magnicidio también hablan de las carencias institucionales.
En cuestiones como estas, todo el arco político debería defender la institucionalidad. Los silencios son cómplices. No hablar al respecto o justificar las decisiones de este tipo debilita al sistema en todo su funcionamiento.
María Teresa García
