REFLEXIONES E INQUIETUDES
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Cuando no hay un ámbito para el debate interno, éste comienza a darse a través de los medios, hacia afuera, y a partir de allí viene el “vale todo”, que ocurre ante la desorientación y el desconcierto de militantes y votantes. Las operaciones mediáticas se validan como legítimas.
Por Daniel Gollán
NAC&POP
20/03/2022
(Envío estas reflexiones en base a inquietudes de muchxs compañerxs)
Vemos por estos días como se pretende instalar que la crisis que atraviesa el Frente de Todos es una cuestión de buenos y malos, una banalidad que en los tiempos de la política practicada a través de los medios tradicionales de comunicación y de las redes sociales parece haber sido adoptada por propios y extraños, para regocijo del poder real.
“Alberto es buen tipo, Cristina es la mala y no lo deja hacer” (o viceversa), mismo argumento vacío que se utiliza a nivel internacional, Putín es malo, Biden (sí, el mismo que promovió guerras durante 40 años) es bueno.
Y así todo se vacía de análisis racional, de crítica, de autocrítica, de debate orgánico y colectivo, y se lo arroja al espacio del individualismo y las emociones.
Porque lo procura todo el tiempo el poder real, es hacer pasar la contienda entre proyectos políticos por la emocionalidad y vaciarla de contenido político.
No creo que Alberto tenga malas intenciones, al contrario, creo que las tiene y muy buenas, como todos y todas quienes conforman el campo nacional y popular y luchan por una vida mejor para nuestro pueblo.
Pero no se trata de eso, se trata de POLÍTCA y POLÍTICAS, se trata de qué decisiones se toman para alcanzar los objetivos que todos anhelamos.
Se trata de que la política debe decidir la gestión y no al revés y de dónde y cómo se generan esa política y las políticas.
¿Qué imaginamos muchos cuando CFK decidió que Alberto, un compañero con bajísima intención de votos fuera Presidente en un país tan presidencialista como el nuestro?
Creímos que después de mucho tiempo sucedería en la Argentina, en el Movimiento Nacional y Popular y en el peronismo un hito tan reclamado como imprescindible: debíamos ORGANIZARNOS en un nivel muy superior al logrado hasta ahora, debíamos hacer realidad esa frase tan sabia del General Perón de que “sólo la organización vence al tiempo”.
Imaginamos entonces que se conformaría una instancia superior en la que se decidieran los grandes lineamientos que sustentaran las políticas nacionales y la gestión gubernamental.
Imaginamos un presidente tomando decisiones en sintonía con el conjunto de fuerzas que lo llevó a ese lugar al que, por representatividad propia, no hubiese llegado. Imaginábamos una cohesión y articulación de las diferentes áreas de gobierno.
Imaginábamos amplios espacios de articulación y armonización de la riquísima diversidad que tiene el campo nacional y popular, transversales, para que cada uno de ellos pudiera contextualizar su visión sectorial con el conjunto, debatir y sintetizar contradicciones secundarias y, cuando no se pudiera, establecer el orden de prioridades.
La conducción estratégica tomaría las decisiones, como debe ser, no se trataría de un estado de asamblea permanente que quitara ejecutividad al gobierno, sino de un soporte de las políticas, con mucha capacidad de contener a la militancia, de darle un lugar de participación y de formación y de permitirle actuar con mucha mayor fuerza como una verdadera correa de transmisión entre la conducción y el conjunto de la sociedad.
Sería una manera de dar la batalla política, ideológica y comunicacional desde otra perspectiva de poder, sería extraer toda la potencia creativa de nuestro Movimiento.
Pero nada de esto sucedió, no se conformó una mesa de conducción que representara la realidad de la composición del Frente de Todos y a la militancia se la siguió convocando desde agrupaciones, gremios, movimientos sociales, etc., valiosísimas cada una de ellas pero sin una instancia de organización superior.
El gigante del que hablaba J.W. Cooke, está hoy más invertebrado y miope que nunca.
Cuando no hay un ámbito para el debate interno, éste comienza a darse a través de los medios, hacia afuera, y a partir de allí viene el “vale todo”, que ocurre ante la desorientación y el desconcierto de militantes y votantes.
Las operaciones mediáticas se validan como legítimas y hasta llegan a romperse reglas elementales como sacar a la luz pública discusiones internas que se dan en el marco de la confidencialidad.
Nada más liberal para quienes dicen ser parte de un proyecto colectivo que debería ser cuidado antes que cualquier individualidad.
Las construcciones colectivas tienen reglas de juego que deben respetarse si de lo que trata es de construir una opción política transformadora que perdure en el tiempo.
Tampoco, se debe perder de vista que la verdadera legitimidad de los liderazgos los termina definiendo el pueblo, no los dirigentes ni los aparatos ni la rosca.
Vemos a muchísimos con “representatividad prestada” hablar como si los votos fueran de ellos.
Vemos mucho egocentrismo, mucho enamorarse de “carreras políticas” individuales.
Nada de eso tiene que ver con la ideología del peronismo ni del campo popular y termina siendo una afrenta a los miles de militantes que día a día dejan todo de sí en pos del Proyecto popular.
Es absolutamente necesario construir organización transversal, es necesario que los diferentes pilares sobre los que se asienta el Frente de
Todos se organicen, es necesario utilizar las PASO que creó Néstor para dirimir entre diversas listas quiénes representarán electoralmente a las diferentes alternativas que sean capaces de reunir un mínimo de avales establecido.
Tenemos que reconstruir la política.
Tenemos que generar organización.
Tenemos que hacer peronismo.
Nos lo demanda el pueblo y la historia.