8 EXPORTADORES EXTORSIONANDO AL PUEBLO
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Estas corporaciones económicas son los ganadores de la inflación y los ganadores de la devaluación. Por un lado, son los formadores de precios que generan inflación y cada vez que los precios finales aumentan, ellos agrandan su participación en los mismos.
Por Julián Denaro*
NAC&POP
19 /08/ 2022
El crecimiento que está experimentando la economía argentina conforma un escenario favorable para diseñar políticas de mejoras distributivas. Sin embargo, unos pocos grupos económicos se están aprovechando de su poder fáctico para enriquecerse a toda velocidad y al mismo tiempo procurar imponer condiciones al gobierno, lo cual se orienta en sentido inverso a los intereses del conjunto de la sociedad.
Estas corporaciones económicas son los ganadores de la inflación y los ganadores de la devaluación. Es decir, por un lado, son los formadores de precios que generan inflación porque cada vez que los precios finales aumentan, ellos agrandan su participación en los mismos.
Para que se entienda en un caso numérico, si en un momento inicial el precio es 1000 y ellos ganan 300, quedándose con el 30%, luego cuando el precio aumenta a 1200, ellos pasan a ganar 400, elevando su participación al 33%.
Siempre hacen lo mismo, ocasionando un perjuicio al resto de la cadena de producción, distribución y comercialización, que disminuye su participación, en el ejemplo dado, del 70% al 67%.
Ellos manejan una mayoritaria parte de los mercados, con lo cual operan de este modo con casi todos los productos que consumimos.
En resumidas cuentas, le roban al pueblo sistemáticamente, repetidamente e incesantemente.
Por otro lado, son los que siempre pretenden que suba el precio del dólar.
Pues claro, ellos manejan los dólares y son los que se enriquecen cuando este sube su precio.
Al mismo tiempo, cada vez que sube el precio del dólar se pone en acción la principal causa inflacionaria, que es la cambiaria, empobreciendo al pueblo argentino.
Asimismo, la inestabilidad del tipo de cambio y la espiral inflacionaria erosionan la confianza en nuestra moneda soberana y todos los sectores de la sociedad ambicionan hacerse de billetes verdes para conservar sus ahorros.
En consecuencia, si todos demandan dólares, estos no alcanzan para cumplir con las necesidades externas.
Como se ve, el rasgo bimonetario que surge a partir de los mencionados inconvenientes acrecienta la fragilidad de la restricción externa.
Esta es, la escasez relativa de divisas para afrontar los pagos al exterior, básicamente en tres destinos: importaciones necesarias para el crecimiento y el desarrollo, esencialmente insumos, maquinaria y tecnología para proveer a la industria, pago de turismo de argentinos en el exterior y los vencimientos de las deudas externas contraídas.
Para revertir el rasgo bimonetario, se aconseja que podría consolidarse una tasa de interés, o directamente actualización sucesiva, para nuestros ahorros en pesos, de manera de no perder contra la inflación.
De este modo, no se necesitarían dólares para asegurarse no perder valor.
A su vez, se ha sugerido que en vez de ser los bancos quienes ejecuten el mecanismo indexatorio, sea directamente el Estado, a través de Letras del Banco Central, a las cuales se debe poder acceder con total facilidad.
Por cierto, esto último colaboraría con la mayor estabilidad, previsibilidad y seguridad.
Empero, antes de abordar estas cuestiones estratégicas hacia el futuro, deben resolverse aspectos cruciales y urgentes en el ahora. Indudablemente, la aceleración de la inflación propiciada por expectativas y por la causa inercial, se ha erigido en el principal problema a solucionar.
La inflación inercial refiere a que toda inflación futura es estimada según las inflaciones recientes.
Por tanto, situaciones de alta inflación como la actual, causan la permanencia por inercia de esas condiciones, basadas en expectativas racionales, precautorias y especulativas.
Con este panorama, se coincide en suponer que si se robustecieran las reservas internacionales del Banco Central, el mismo se haría de un poder de fuego suficiente como para anular cualquier intento de desestabilización cambiaria.
Pero claro, tenemos cerca de 20.000 millones de dólares escondidos por parte de 8 exportadores que están jugando con la comida de los argentinos y con el equilibrio financiero del país.
Se trata de 30 millones de toneladas de granos, 30 mil millones de kilos (30.000.000.000 kg) que no quieren exportar porque están pretendiendo una devaluación.
Estos 8 grupos responsables de esta extorsión al pueblo argentino son Cargilll, Deheza, Moreno, Cofco, Bunge, Dreyfus, Adm y Aca, quienes controlan el 85% del negocio de cereales, oleaginosas y legumbres, lo cual constituye el 40% de las exportaciones totales.
Por si fuera poco, tal es el nivel de ambición del sector agroexportador, que han enunciado desenmascaradamente su preferencia.
Esta es, que a través de un aumento de precios se reduzca el consumo de carne por parte de los argentinos, así ellos tienen más para exportar.
Asimismo, en lo que respecta a la inflación mundial, especialmente en el rubro alimentos, a causa de la guerra en Europa, también ha perdido relación con el abuso especulativo de los sectores dominantes de nuestro país.
Para dejarlo en claro, el precio internacional de la tonelada de trigo medida en pesos era $39.000 en marzo, ascendiendo a $50.000 en junio y luego descendiendo a $44.000 en julio.
Pero el precio de nuestro pan subió aproximadamente de 300 a 400 desde junio a julio.
Con mucha claridad, los sectores corporativos de nuestro país están haciendo abuso de su posición dominante.
Frente a esto, la consideración de poner desde el Estado un jugador estratégico resultaría clave.
Una alternativa sería establecer una Empresa Nacional de Alimentos, o directamente YPF Agro, que consiga comprar a los productores a precios justos, diseñar un mecanismo de generación de valor que elimine los precios distorsivos con aumentos injustificados, y que anule la evasión y la elusión fiscal, precisamente porque será el mismo Estado quien opere.
En línea con el planteo precedente, la senadora del FdT Silvina García Larraburu ingresó un Proyecto de Ley para crear un Ente Regulador de Granos.
Con el mismo, se regularía el comercio de cereales, oleaginosas y sus subproductos, se garantizaría la provisión y el abastecimiento interno, se evitarían los monocultivos, se eliminarían las triangulaciones y ventas sin declarar ni pagar impuestos, se fomentaría el empleo industrial en el sector de la Manufactura de Origen Agropecuario (MOA) y se impulsaría el desarrollo integral de pequeños y medianos productores.
Queda a la vista que hay mucho por hacerse, y tal como se ha expuesto en columnas anteriores, el modelo de organización para la comunidad que nos enseñó Perón nos trae soluciones para el presente y para el futuro.
En el ejemplo de este artículo, se revitalizan aspectos del IAPI – Instituto Argentino de Promoción del Intercambio –, que fuera una herramienta clave del gobierno peronista entre 1946 y 1955.
Con el mismo, los ingresos provenientes de nuestras exportaciones de alimentos, sirvieron para financiar el crecimiento, el desarrollo y las mejoras distributivas, transformando un país sólo proveedor de insumos y tributario de empréstitos en una nación industrial, tecnológica, científica, aérea, marítima, y hoy deberíamos decir también satelital.
Sin lugar a dudas, las enseñanzas de Perón nos pueden guiar con vistas a construir una patria más justa y soberana.