LA DISPUTA DEL PODER A TRAVÉS DE LA INFLACIÓN Y EL DÓLAR
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Lo negativo del ciclo Guzmán está vinculado a que la recuperación del poder adquisitivo de los ingresos reales no tuvo lugar hasta ahora.
Por Julián Denaro (*)
NAC&POP
8/07/2022
El ciclo de Guzmán como ministro de economía tuvo éxitos y fracasos, aciertos y desaciertos, virtudes y falencias.
A favor se podría destacar la reestructuración de la deuda impagable que dejó el gobierno de Macri, aunque puedan ser cuestionadas las formas.
De todos modos ese capítulo no terminó porque la deuda con el FMI está sobrecargada de ilegalidades e ilegitimidades.
De cualquier modo, todos los argentinos recordamos que eran muy pocos los
que imaginaban a la Argentina sin cesación de pagos, y eso se evitó.
Entretanto, la recuperación económica luego de los cuatro años destructivos del gobierno de Macri, seguido por la pandemia, está más bien determinado por el cambio de modelo de organización socioeconómica y política, habiendo pasado de un modelo neoliberal – financiero, especulativo, liberal, desregulado y promercado – al modelo nacional, popular y latinoamericanista – productivo, industrial, tecnológico y científico –.
Se consiguió una destacada recuperación de actividad y de empleo, aunque se sabe que una gran parte del enorme superávit comercial fue atesorado por el poder concentrado, que gusta más de la especulación y de la fuga.
Lo negativo del ciclo Guzmán está vinculado a que la recuperación del poder adquisitivo de los ingresos reales no tuvo lugar hasta ahora.
Es filosófica e ideológicamente peronista, anclado en valores profundos, mejorar el nivel de vida del conjunto de la sociedad, impulsando la movilidad social ascendente, con trabajo, salud y educación.
Al haber faltado este aspecto que es crucial, central y vital para el peronismo, el ciclo de Guzmán llegó a su fin sin haberlo conquistado.
El comienzo de la era Batakis debe estar inexorable y vigorosamente orientado
por esta impostergable necesidad de la mayoría de la población, cuyos ingresos deben mejorar en términos de su poder de compra.
Se vuelve necesario, para lograr el objetivo mencionado, estabilizar el precio del dólar y desacelerar la inflación.
Pero claro, los núcleos de poder concentrado y el sistema financiero, que tanto se han beneficiado con la alta inflación, la brecha cambiaria y la tensión devaluatoria,
no gustan del auge del modelo productivo con mejoras sociales, ya que la quieren toda para ellos.
Por ende, buscan desestabilizar por todos los medios al objetivo estratégico antes
mencionado.
A través de los medios de difusión, están intentando instalar en el conjunto de creencias de buena parte de la sociedad, la idea de que la suba de salarios es causa inflacionaria.
Ellos no quieren que el pueblo viva mejor porque pretenden continuar su ciclo de rápido enriquecimiento, sólo para ellos.
Entonces, instalan una serie de mentiras culpando al gobierno de todos los males.
Y culpando al populismo, claro.
Sin embargo, se recuerda muy bien que el gobierno de Macri bajó los salarios y
simultáneamente subió la inflación.
Los salarios pasaron de participar en el 52% del producto total del país al final del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, a reducirse al 42%, porcentaje que se mantiene casi inalterado desde entonces.
Pero la inflación subió desde el 25% al 55%.
Y si se quisiera medir en dólares, los salarios mínimos bajaron desde 600 hasta
300.
Aquí, la suba de la inflación en simultáneo con la baja de salarios demuestra
suficientemente que los salarios no son causa inflacionaria.
Pues bien, para defenderse de los embates desestabilizadores, se está diseñando una compleja serie de herramientas a aplicar.
Por un lado, el plan Ahora 12, que se orienta a financiar la producción nacional, establece cuotas muy por debajo de la inflación.
El cuádruple propósito es, primero, proteger la industria argentina, segundo, facilitar el consumo de los sectores postergados que necesitan satisfacer sus necesidades básicas, tercero, utilizar el aumento del consumo como efecto multiplicador que propulsa la producción que genera empleo y, cuarto, servir como ancla para la inflación.
El programa tiene vigencia todos los días e incluye espectáculos y eventos culturales.
Todas las tasas están por debajo de la inflación.
Para tres cuotas, el recargo es de 5,39%, que anualizado es el 23%.
Para seis cuotas, el recargo es del 10,82%, que anualizado también está en el orden del 23%.
Para doce cuotas, 22,22%, para 18 cuotas 40,53%, que anualizado es 25%, y para 24 cuotas el recargo asciende al 55,85%, que anualizado es tan sólo el 25%.
Como se ve, es una medida con múltiples objetivos.
Por otro lado, los Precios Cuidados, producto de los acuerdos con empresas dominantes de los distintos rubros esenciales, prevén incrementos del 3,3% para julio, 3,2% para agosto y 2,5% para septiembre.
Vale decir, se planifica una importante y significativa desaceleración inflacionaria que debe estar sostenida con la Ley de Abastecimientos.
Esta sirve para que el Estado obligue a los productores a producir lo que tienen que producir, y a los distribuidores a distribuir lo que tienen que distribuir, para garantizar que no haya escasez ni faltantes en los puntos de venta.
Adicionalmente, los desestabilizadores también vienen con el cuento de que el dólar está atrasado.
Esto significaría que el dólar está barato, cuya interpretación económica es que no
está competitivo.
Lo que proponen, en consecuencia, es elevar su precio para conseguir un
nivel competitivo.
Esto significaría que las importaciones no estén baratas y que nuestras
exportaciones no sean caras para el resto del mundo.
Contrariamente a lo que dicen ellos, la realidad demuestra que el dólar sí está competitivo.
El precio del dólar básico está, medido en términos reales, más caro que en otros momentos en los cuales se reconocía competitivo.
Pero además, la política arancelaria complementa a la política cambiaria con aranceles, retenciones, reintegro de impuestos, subsidios y diversas medidas que ajustan el precio conveniente para el intercambio comercial según cada producto.
Indudablemente, la restricción externa debe ser cuidadosamente atendida.
Esto es, la escasez relativa de divisas para atender a todas nuestras necesidades.
Por eso, no se brindarán cuotas para pasajes y servicios turísticos en el exterior, incluidos los freeshops.
Se considera que los sectores mejor posicionados en la escala de distribución de ingresos no necesitan que el conjunto de la sociedad les abarate o les financie los viajes al exterior.
Pero sí habrá flexibilización para importar autopartes, fertilizantes, productos fitosanitarios e insumos que son necesarios para producir internamente, focalizando en que las importaciones de insumos se traducen en exportaciones de bienes finales.
Por ejemplo, importar autopartes que no producimos, impulsa nuestras exportaciones de automóviles.
De esta forma, se importan bienes con bajo valor agregado para exportar productos con alto valor agregado, ganando en la diferencia.
Asimismo, la inminente incorporación de Argentina al BRICS, complementando nuestra reciente incorporación a la Franja y la Ruta – la nueva ruta de la seda –, presupone importantes inversiones estratégicas por parte de China y Rusia.
La aplicación de las mismas a desarrollo supone mejorar en términos de infraestructura, cuyos resultados más impactantes se darían sobre el nivel de empleo y sobre el sector financiero.
Vale decir, la escasez relativa de divisas habría de encontrar un camino para reducir su asfixia.
A través de los medios de difusión, el poder concentrado quiere instalar la idea de la crisis, cuya culpa es del gobierno.
Pero al mismo tiempo, se están abriendo posibilidades para continuar la recuperación de la actividad, y esta vez, con mejora distributiva, lo cual es un
emblema del peronismo.
Depende de nosotros.
JD/
NAC&POP: Julián denaro es economista (UBA), columnista económico en Televisión y Radio, Profesor en Universidades Nacionales (UBA y UNLAM), Doctorando en Ciencias Económicas en UNLAM y terminando la Licenciatura en Psicología en la UBA. Autor de seis libros, siendo los dos últimos “Del país dividido a la revolución cultural” (2017) y “Argentina entre las disputas de poder 2012-2019”
(2019), y escribiendo dos nuevas obras. MG/N&P/