En enero de 1974 el general Omar Torrijos Herrera visitó nuestro país y fue recibido por su viejo amigo el general Juan Domingo Perón.

PERÓN Y PANAMÁ: LA VISITA DE TORRIJOS A LA ARGENTINA

Por Emanuel Garro

Durante la visita diplomática del panameño se fortaleció la relación entre ambos camaradas en el marco de la integración latinoamericana y el sueño de la Patria Grande que ambos militaban. A 47 años de esta reunión, cabe preguntarse qué condujo a que estos líderes políticos latinoamericanistas confluyeran en el mismo sueño de ver consolidado un gran bloque regional que busque la emancipación y la felicidad de los pueblos.

 

 

Por Emanuel Garro

Revista Movimiento

En enero de 1974 el general Omar Torrijos Herrera visitó nuestro país y fue recibido por su viejo amigo el general Juan Domingo Perón. Durante la visita diplomática del panameño se fortaleció la relación entre ambos camaradas en el marco de la integración latinoamericana y el sueño de la Patria Grande que ambos militaban. A 47 años de esta reunión, cabe preguntarse qué condujo a que estos líderes políticos latinoamericanistas confluyeran en el mismo sueño de ver consolidado un gran bloque regional que busque la emancipación y la felicidad de los pueblos.

Perón en Panamá

Luego del golpe de Estado y su paso fugaz en Paraguay, Perón pasó nueve meses en Panamá, entre algunos amigos argentinos que intentaron rodearlo y con panameños que conoció siendo presidente. Lo acompañaron Isaac Gilaberte, un improvisado secretario privado propenso a la aventura y el exembajador argentino en Panamá Carlos Pascali, que al enterarse de la llegada de Perón en tierras caribeñas decidió abandonar sus tareas diplomáticas para acompañarlo. Luego de su llegada, se dirigió al hotel Panamá, invitado por el gobierno y acompañado por el ministro de Hacienda Alfredo Aleman, quien aseguró: “yo me encargué de llevar al general Perón al hotel El Panamá, donde se alojó en la suite presidencial en calidad de huésped del gobierno panameño. A pesar del golpe recibido, el general no se mostraba deprimido. Muy por el contrario: me dijo que tenía la convicción de que regresaría a su Patria” (Civita, 1974).

Durante su paso por estas tierras, Perón pudo redactar la Fuerza es el Derecho de las Bestias, donde rechazó toda la infamia de la que fue acusado por la revolución fusiladora, defendiendo la acción del gobierno justicialista. Comenzó también una profusa tarea epistolar para, poco tiempo después, organizar la resistencia peronista. En este marco, Washington empezó a presionar al presidente Arias para que intentara impedir la tranquila vida que llevaba el líder argentino. Luego de algunas idas y vueltas, se trasladó a la ciudad de Colón, al norte de Panamá, una ciudad caribeña cercana al Canal, lugar en el que residió hasta su traslado –en contra de su voluntad– a Caracas.

Más allá de la presión recibida por Washington, se le asignó protección a través de la Guardia Nacional. Entre los miembros de esa fuerza asignados a proteger a Perón se encontraba el edecán Omar Torrijos Herrera, oficial que en esos años adquirió prestigio y luego se convirtió en el jefe de la revolución que devolvería el Canal a los panameños y las panameñas luego de los tratados Torrijos-Carter de 1977.

Por otra parte, la profundidad del pensamiento de Perón y sus dotes para la oratoria y la conversación imantaba la atención de sus interlocutores. Torrijos de a poco fue conociendo al general argentino y sus ideas, y así modeló su pensamiento a partir del diálogo con Perón. Ya comandante de las Fuerzas Armadas de Panamá, en varias declaraciones agradeció haber conocido a un hombre tan importante para la causa latinoamericana (Aparicio, 2010).

Durante su estadía en Colón, Perón tuvo la oportunidad de estrechar relaciones con el comerciante cubano Arnaldo Parra, quien fuera dueño de un balneario en Panamá donde pasó parte de su asilo para refrescarse del sofocante calor. En esas jornadas conoció a Isabel Martínez, compañera que posteriormente fue la primera vicepresidenta electa de la Nación.

La presencia de Perón en Panamá no estuvo exenta de sospechosos argentinos que viajaron para estar cerca de él con el fin de atentar contra su vida. Tal como relató Landajo (Galasso, 2005: 800), “en esa época se registraron varios intentos de asesinar a Perón, todos orquestados desde la Argentina por los gorilas”. Como consecuencia de la presión, la comitiva que acompañó a Perón en Panamá rápidamente buscó asilo en otra parte.

Torrijos en Argentina

Ya siendo Perón presidente por tercera vez a mediados de enero de 1974, recibió con todos los honores a Omar Torrijos Herrera y a la delegación de Panamá. A pesar de su delicada salud, Perón no quiso que pasara desapercibida la presencia de quien luego iba a firmar un tratado con el presidente de Estados Unidos para la devolución del Canal, herramienta geopolítica clave para la economía mundial.

En nuestro país, Torrijos recibió el mismo calor que Perón sintió en Panamá 18 años atrás. Al llegar, lo esperó la vicepresidenta Isabel y afirmó: “Afortunadamente hoy, en Latinoamérica, la geografía ha perdido la fatigante vigencia de sus distancias. (…) Pueblos y fronteras, hombres y naciones, han recorrido un largo camino en la búsqueda de esta unidad continental”. Agradecido, el jefe de la revolución panameña sostuvo que se sentía conmovido porque Panamá había obtenido la adhesión de muchas naciones en su lucha por recuperar el Canal, y resaltó el apoyo “de dirigentes como el general Perón, quien desde hace tiempo trata de unificar a los países pequeños y se atrevió a replantear en el mundo que la única defensa que teníamos los débiles era reagruparnos contra los grandes malintencionados” (Editorial Hoy, 1974).

El 18 de enero Torrijos recibió el Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires. En su discurso, afirmó: “cuando lo conocí a Perón, me di cuenta de que estaba ante un militar diferente, un militar con carisma, un militar humanista. Me di cuenta de que estaba ante un hombre superior y desde aquel entonces, siempre que mantuve relaciones con él, dejé que hablara, pues cuando se habla con un hombre así, si uno habla no aprende. El que habla mucho, no aprende nada”. Luego sintetizó: “este hombre tiene dimensiones continentales” (Civita, 1974: 174).

Perón fue entrevistado por periodistas panameños que acompañaron a Torrijos. Le consultaron, entre otras cosas, por su posición sobre la negociación que llevaba Panamá con el gobierno de Estados Unidos. El presidente respondió fervoroso: “hemos conversado sobre eso, y pienso que Panamá tiene toda la razón del mundo. Si no se tomaran medidas para hacer lo que Panamá quiere, sería injusto y una arbitrariedad que algún día tendrá que enfrentar Latinoamérica como un problema de todo el continente” (Perón, 1984).

Finalmente, luego de cuatro días Torrijos abandonó nuestro país, y ambos mandatarios prometieron la visita de Perón a Panamá a fines de 1974. Lamentablemente, la pérdida física del general Perón truncó el deseo de volver a tierras panameñas.

La integración latinoamericana para la emancipación de los pueblos

Cuando Perón gobernó entre 1946 y 1955, la bandera de la Tercera Posición no tuvo la adhesión suficiente como para que triunfara en plena Guerra Fría. El triunfo militar de las superpotencias ensordeció a los pueblos que no se identificaron con la posición norteamericana ni con la posición soviética, subyugando a quienes no adhirieron a un bloque o al otro. Esta relación equidistante entre ambas potencias en 1950 era una posición difícil de sostener. Sin embargo, dieciocho años después, el panorama se mostraba alentador. Los procesos independentistas en Asia, África y América Latina fortalecían la tercera posición en el mundo. Como sostuvo Perón en la IV Cumbre de los Países No Alineados de 1973: “nuestra Tercera Posición Justicialista, diremos que, en el orden político, implica poner la soberanía de las Naciones al Servicio de la Humanidad, en un sistema cooperativo de gobierno mundial, donde nadie es más que nadie, pero tampoco menos que nadie”[1] (Perón, 1975).

En el mismo sentido, Torrijos llevó adelante una revolución social y política similar a la efectuada por Perón en la Argentina. Realizó una reforma laboral que consolidó los derechos de los trabajadores y las trabajadoras y una reforma previsional, entre otras medidas. Sin dudas, el hecho político trascendental que le valdría la vida fue la nacionalización del Canal de Panamá y la denuncia de la intromisión norteamericana en el Caribe. Con una clara concepción latinoamericanista, entendió el papel estratégico de las Fuerzas Armadas para la defensa de la nación, como puede apreciarse en el borrador que redactó en la VI Cumbre de los Países No alineados, donde afirmó, haciendo alusión a los miembros de las fuerzas: “hombres que viven en la misma miseria en la que vive el pueblo, se están dando rápidamente cuenta de que la dirección de fuego y de ataque de sus fusiles debe ser apuntada hacia los que esclavizan y no hacia los que liberan” (Torrijos, 1982).

El proceso de integración latinoamericana es un paso clave para lograr la emancipación de este bloque regional, tal como lo entendieron Perón y Torrijos, ya sea en un mundo bipolar como el de la segunda mitad del siglo XX, o en un mundo multipolar como el que estamos viviendo actualmente. El deber de cualquier latinoamericano o latinoamericana que pretendan la felicidad de su pueblo es el de tener una conducta antiimperialista, como supieron encarnar estos hombres de la Causa Latinoamericana.

 

Bibliografía

Aparicio J (2010): “Cuando un patriota latinoamericano se nos va”. Geopolítica Mundial, 31-10-2010.

Civita C (1973): Perón, el hombre del destino. Buenos Aires, Abril.

Galasso N (2005): Perón. Exilio, resistencia, retorno y muerte (1955-1974). Buenos Aires, Colihue.

Perón JD (1974): Doctrina Universal. Continentalismo, Ecología, Universalismo. Buenos Aires, Culturales Argentinas.

Revista Noticias (1974): “La Causa Latinoamericana”. Noticias, 54.

Revista Noticias (1974): “Torrijos con Perón y la JP”. Noticias, 55.

Perkins J (2004): Confesiones de un Gánster Económico. Barcelona, Editrends.

Perón JD (1984): Tercera Posición y unidad latinoamericana. Buenos Aires, La Baldrich.

 

[1] Frase escrita en el cuchillo de Ángel Peñaloza (1798-1863), gaucho y caudillo argentino que se enfrentó al centralismo porteño durante la lucha entre unitarios y federales.