Más sencillo, más simple, más económico, usemos esa “e” ya instalada en la palabra como genérico: “les estudiantes” y “les jóvenes”.

LA «E» DE EMPATIA

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Por Ruth Aguiar

¿Cumple la función y economiza?. Si.
¿Resuelve un problema?. Si.
¿Simplifica?. Si.
Entonces va a ser usada, lo permitan o no, porque el habla siempre busca la economía, lo más simple.

 

 

Por Ruth Aguiar

NAC&POP

11/06/2022

 

En el colegio nos han enseñado como lo correcto «vosotros habéis llegado tarde».

Sin embargo ninguna gramática ha logrado que habláramos así, aunque algún docente intentara hacerlo cuando estaba frente al aula..

Es natural la búsqueda de la economía del lenguaje, pero fines del siglo XX  el uso del masculino como genérico comenzó a molestar, en realidad  porque era acompañado del ninguneo hacia las mujeres en la vida pública, en los ámbitos de decisión tanto públicos como privados.

Quienes fueron tomando noción de esta situación, comenzaron a especificar “Señoras y señores, chicos y chicas, jóvenes”.

En lo escrito apareció como opción la “@” o la “x” para economizar y evitar fórmulas tan largas y pesadas.

Casualmente en las palabras “jóvenes” “estudiantes” esto ya está resuelto.

Muy metafórico que la juventud se apela sin necesidad de marcar, sin tener que observar primero si tiene tetas y concha o pija.

Ahora es de uso colocar un artículo antes de la palabra y allí volvía el problema “los y las estudiantes” o “las y los estudiantes”.

¡Oh no!

¡No vamos a entrar en el tema si mujeres primero o no! …

Más sencillo, más simple, más económico, usemos esa “e” ya instalada en la palabra como genérico: “les estudiantes” y “les jóvenes”.

¿Cumple la función y economiza?

Si.

¿Resuelve un problema?

Si.

¿Simplifica?

Si.

Entonces va a ser usada, lo permitan o no, porque el habla siempre busca la economía, lo más simple.

Al mismo tiempo tenemos otra realidad insoslayable, es que hoy, con toda la información que hay cotidiana de feminicidios y agresiones a la mujer, da miedo serlo.

Las adolescentes crecen con miedo y los adolescentes con algo de empatía y conciencia les da asco el modelo de los varones que se juntan a hablar de lo que le harían a una mujer o a contar lo que le hicieron.

Hay claramente en estas nuevas generaciones una incomodidad frente al sexo que les ha tocado al nacer e inclusive hay quienes deciden no definirlo, ser “no binaries”.

Ser mujer es frecuentemente aún ser un simple objeto decorativo y/o de posesión y uso. Somos manoseadas en el transporte público, vamos con temor por la calle, violadas, asesinadas.

En muchos trabajos de ventas o hasta periodistas les exigen subirse a tacos, usar escotes, minifaldas, vestirse sexi.

Se comprende entonces que en algunos casos, llegada la adolescencia prefieran borrar, esconder sus atributos sexuales.

Tras la opción de ser “no binarie”, está también el hartazgo de la constante necesidad de actuar y vestirse como un sexo u otro.

Se comprende que estas nuevas generaciones prefieran el uso neutro de la “e”, hasta de nombres o sobrenombres que no impliquen una definición, que cuando alguien les hable no esté mirando primero si tiene tetas o no.

Ahora para saber cómo usar la “e” hay que saber gramática, sino terminan poniéndola ridículamente en sustantivos o adverbios, y aquí entra obviamente la importancia de la enseñanza de la lengua.

Las distinciones gramaticales son necesarias, indispensables, nos hacen valorar el significado e importancia de cada palabra, de una frase bien construida, de cómo hacer llegar un mensaje en forma clara.

En los usos de las nuevas generaciones la lengua castellana tiene a partir de ahora un artículo neutro (singular o plural) y a los adjetivos que describen a personas y tienen doble terminación, se les agrega una tercera terminación neutra.

Varios no lo necesitan porque tienen una sola terminación como veloz, grande, afable, triste, feliz …

La Real Academia esperará 30 o 40 años  para ver si de verdad pasa a ser cotidiano del habla o no,  y lo incorporará como una “forma en que se apela o describe a una persona sin especificar su sexo”.

 

«La E de empatía.»

Ruth Aguiar