LA DERROTA, LA RESISTENCIA MÍSTICA Y EL AGUA MÍNIMA
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Desde arriba y a la distancia, la ciudad semeja un tapiz multicolor desplegado en medio de la inmensidad de los Andes.
Por Pablo Cingolani
NAC&POP
19/12/2023
Manso el espectáculo, aunque terrible: eso que, a lo lejos, parece algo quieto o dormido, no lo está.
Es un monstruo que, cada vez, se agiganta más, crece y crece con desmesura y sin control y con sus zarpazos y sin clemencia va devorando, va demoliendo, va destruyendo a las montañas que antes le brindaron amparo.
Dicen que la urbe es la mejor creación humana.
Que, desde allí, dentro de sus muros que la diferenciaban y la alejaban del ámbito hostil que las rodeaba, nació y se arraigó la creatividad de los humanos.
Cinco mil años después, son lo que hay, es lo que ves.
Y lo que hay y lo que ves es un artefacto disfuncional, un ámbito de alienaciones, una maquinaria atroz desde donde se planifica la desolación y la extinción de la naturaleza.
La ciudad no tiene piedad.
Ninguna.
En La Paz, vaya nombre paradigmático, es igual que en cualquier otra urbe.
Sin embargo, aquí, la agonía y el réquiem es más doloroso aún: son las montañas las que padecen, son las piedras las mutiladas, es más triste el destino, el camino inexorable hacia la derrota final.
No hay que hacerse ilusiones.
Los últimos meses, y no me pregunten porque ya que no lo sé, pero he visto las/más señales de cómo esa victoria de lo infausto y lo desolador se está manifestando con todo su descaro y su deshonor.
Traducido en criollo: están haciendo mierda todo lo que restaba.
El monstruo está más vivo que nunca y avanza, avanza demarcando sus dominios, proclama a una naturaleza acosada e indefensa: esto es mío.
Son los heraldos negros del progreso y la codicia los que truenan y nadie escucha, enredadas sus vidas en el fárrago desangelado de una modernidad infecunda.
Antes diríamos: ¿qué hacer? Ahora, ni eso, queda.
Con mi hermano Fakv encontramos un antídoto contra el dolor y la tristeza: la resistencia mística.
Para expresarla en todos los ámbitos hemos creado nuestra propia organización, la ODD, la Orga De Dos.
Es un proyecto/experiencia siempre larvaria, siempre en construcción, siempre decidida -como los pequeños grandes ejércitos populares que se armaron durante la gloriosa Guerra de la Independencia continental que se auto bautizaron así, como los decididos, los que se decidían ir a la lucha, acudir al llamado de la tierra y de la sangre y al horror de la batalla, a la victoria o la muerte en combate.
La resistencia mística, base y fundamento de la activa y actuante decisión odedista, ancla sus raíces y eleva sus intenciones, en todo lo que vive y se nutre de la vida -es un ecosistema de pensamiento breve pero feliz- y para no abundar en pajas teóricas -algo que la ODD en su conjunto detesta-, transcribo uno de los himnos odedistas que, simplemente, dice, dicta y expresa cabalmente lo que la ODD entiende y conjuga como resistencia mística.
Mao contó alguna vez: hicimos la revolución porque el pueblo chinés se moría de hambre y se comía la corteza de los árboles y por eso, nos acompañó en la Gran Marcha.
Jesús, en El sermón de la montaña, propuso: “Amen a sus enemigos, bendigan a los que los maldicen, hagan el bien a los que los aborrecen, y oren por los que los ultrajan y los persiguen”.
Mucho Javier, mucho Mao y mucho, mucho, pero mucho, Jesús.
Llueve y la quebrada se llena de agua, agua bendita, agua que fluye.
El agua, se sabe, es lo que horada la piedra.
Gota a gota, el agua es invencible.
Y la piedra lo sabe, y porque es sabia y porque es buena, la piedra la deja hacer: se volverá más bella, es, será, también invencible.
Frente a tanta derrota, resistencia: resistencia mística.