Aquí, se intenta aportar algunos elementos para comprender un poco mejor el sentido de lo que ocurre.

ANDANDO POR LA CORNISA DE UN MODELO

[addthis tool="addthis_inline_share_toolbox_h8hi"]
Panorama Político

Va siguiendo los acontecimientos “en pleno desarrollo”, se trata de una reflexión cada vez retrospectiva sobre el mes transcurrido desde el cierre anterior.

PANORAMA POLITICO

23/04/2023

Este Panorama Político cierra siempre el 22 de cada mes.

Implica, por lo tanto, un corte algo artificial en el flujo de lo que ocurre.

Si bien va siguiendo los acontecimientos “en pleno desarrollo”, como decía el recordado comentarista de internacionales Walter Martínez, se trata de una reflexión cada vez retrospectiva sobre el mes transcurrido desde el cierre anterior.

También sobre el recorrido que viene haciendo, en el tiempo, la justa política.

Este año, dominada casi cien por ciento por las incidencias de la campaña electoral.

Ese recorrido, sin embargo, hunde sus raíces en el tiempo.

Ni los actores principales ni las motivaciones, las fuerzas y las formas -económicas, institucionales y sociales, nacionales y extranjeras- que pujan para modelarla y definir su destino carecen de historia.

Y esa historia no es insignificante a la hora de determinar la actualidad.

Las encuestadoras tratan de mostrar tendencias y de pronosticar, a veces, el futuro inmediato.

Los agentes políticos, económicos y sociales actúan para darle forma.

Aquí, se intenta aportar algunos elementos para comprender un poco mejor el sentido de lo que ocurre.

Tornar un poco más “claro y distinto”, al decir de algún famoso filósofo de la modernidad, lo que se nos presenta en gran medida “oscuro y confuso” en la marea cotidiana de los eventos y las noticias.

De allí que hayamos dividido esta entrega en cuatro partes:

I. una selección de recordatorios sobre lo ocurrido, cuyo criterio es, como cualquier criterio, parcial, orientado a lo esencialmente político (lo económico, inescindible, corre por cuenta de otras secciones de este informe) y que el lector/a que tenga presente los acontecimientos del mes puede saltear sin pérdida;

II. el enunciado de una hipótesis ordenadora sobre la situación política argentina, que ya se venía madurando en entregas anteriores y que fue escrita como marco de lo demás: es decir, primero, aunque habiendo procesado el conjunto de la información-;

III. un cierre proyectivo que recoge las “últimas noticias”,

y

IV un agregado final, haciendo referencia a lo ocurrido sobre el día del cierre, en el Congreso Nacional del Partido Justicialista.

  • Última hora y noticia clave

Casi terminado este Panorama se produjo finalmente una de las noticias más relevantes del mes, si no la más importante, que nos lleva a agregar este “punto 0”: el 21 de abril, en horas de la mañana, el Presidente Alberto Fernández, en un video de 7 minutos anunció que no competirá por una nueva presidencia.

En su mensaje recuerda la desastrosa condición en que encontró el país al asumir, y las tres grandes limitaciones inesperadas que su gobierno tuvo que enfrentar -pandemia mundial, guerra en Ucrania y la mayor sequía en décadas-.

Pasa también revista a lo que considera sus logros, lamenta lo que no pudo conseguir su gobierno y, en su condición de presidente del Partido Justicialista, llama a los “compañeros y compañeras” del “movimiento” (es la palabra elegida) a militar para ganar la próxima elección.

Justifica su decisión rescatando conceptos clásicamente peronistas: Primero la Patria, luego el Movimiento y tercero los hombres.

Y argumentando que la sequía, tanto climática como de divisas, lo obligan a concentrarse cien por ciento en las tareas de gobierno.

El anuncio, esperado y que -como se puede comprobar repasando el mes- venía siendo demandado por una parte importante de los dirigentes y de la militancia de su propio espacio, fue muy bien recibido.

Lo que es lógico: despeja el horizonte electoral del Frente de Todos, que se encontraba empantanado en espera de la decisión presidencial.

Hubo incluso dirigentes que, celebrando la renuncia, lamentaron al mismo tiempo que no se hubiese producido antes…

Los tiempos electorales apremian.

La declinación de la aventura reeleccionista del presidente es, sin dudas, un alivio para quienes abrevan en el Frente de Todos (FdT) en la medida en que su figura concitaba cada vez más rechazos entre el electorado, tanto como la desaprobación, más general, sobre una gestión de gobierno que, como han definido algunos dirigentes del propio FdT, se distanció en su praxis de lo que fuera el compromiso electoral sellado con la ciudadanía en 2019 y, por lo tanto, de las expectativas que aquella ciudadanía tuvo al votar a Alberto Fernández, algo que ya había quedado demostrado en el fuerte ausentismo y derrota electoral del Frente en las elecciones de medio término.

Sin embargo, aun siendo un alivio, no despeja el horizonte del peronismo ni otorga en absoluto garantías respecto del futuro escenario electoral.

Fundamentalmente porque el desistimiento de Fernández no borra los pésimos resultados de la gestión que se cristalizan en una inflación superior al 100% anual que tiene como su peor contracara, en especial para un gobierno de origen pretendidamente peronista, el declive de los salarios e ingresos reales y el tenebroso avance de la desigualdad con los trabajadores perdiendo por goleada en la distribución del ingreso frente a las ganancias del capital.

Mientras que la fatla de dólares en el Banco Central -que algunos dirigentes del FdT han señalado como consecuencia no solo del endeudamiento externo y la fuga de capitales que caracterizó al gobierno macrista, sino también de la mala gestión del frente externo de la economía que protagonizaron el equipo Guzmán-Kulfas-Pesce-Marcó Del Pont, aquella “mesa económica” ungida y sostenida por el presidente Fernández- resulta, más allá de las acciones que la oposición política y ciertos intereses económicos pudieran estar promoviendo para forzar una devaluación del tipo de cambio oficial, el marco objetivo, profundizado significativamente por la sequía, para sustentar las expectativas devaluatorias que efectivamente existen y que, por si faltaba más, la propuesta de dolarización del escendente economista de la nueva derecha, Javier Milei, también profundiza.

Además, el acuerdo con el FMI firmado en marzo de 2022 que el presidente Fernández publicitó con bombos y platillos recoge cada día mayor consenso sobre que, más que una solución a los problemas argentinos, aparece como un ancla para superarlos.

Si la gestión, en especial económica, -y sus resultados- son un lastre para toda la dirigencia del FdT, el acuerdo con el FMI, del que algunos sectores del kirchnerismo se desmarcaron tempranamente señalando la estrategia elegida por el presidente Fernández y sus negociadores como errada e inoportuna, mientras que otros lo hicieron al filo de la hora, con la renuncia de Máximo Kirchner a la presidencia del bloque oficialista en diputados como el gesto más prominente, el aval explícito y públicamente declarado -en contraste con su propio espacio- del Ministro del Interior, Eduardo Wado de Pedro, también podría ser, entre otros, un punto débil para una de las potenciales pre-candidaturas que se promueven desde el kirchnerismo.

El fracaso, difícil de enmascarar, del “albertismo” referenciado con la gestión ejecutiva de los últimos tres años de gobierno, sumado a la ausencia de figuras convocantes, generadoras de la confianza que, tras la experiencia fallida del actual gobierno, reclama el electorado, deja al kircherismo sin muchas más opciones que conducir sus esfuerzos a “romper la proscripción” de Cristina Fernández de Kirchner.

Podría pensarse que el único otro dirigente que da la talla, sería el gobernador Axel Kicillof, pero para que él pudiera encarar una carrera nacional, haría falta una figura de igual o superior volumen para asegurar la estratégica provincia de Buenos Aires:

no hay nadie, excepto la propia Cristina, que pueda asegurar ese resultado bonaerense, con lo cual, siguiendo el anterior razonamiento, la alternativa del kirchnerismo para Cristina Presidenta – Kicillof gobernador,

¿podría ser Kicillof presidente – Cristina gobernadora?

I Un punteo posible, a modo de sumaria cronología

El mes de abril de Panorama Político se inicia, el 26 de marzo pasado, con otra renuncia: la del expresidente Mauricio Macri a presentarse como pre-candidato por JxC.

Había mantenido el silencio al respecto hasta realizar el anuncio, que argumentó pretendiendo que lo hace para “agrandar el espacio político del cambio”.

Macri, en su justificación, destacó la importancia del trabajo en equipo para su alianza.

Algo que aquí se rescata porque, como sabe sin duda cualquiera de los lectores de estas páginas, tuvo relevancia en las escaramuzas posteriores con Horacio Rodríguez Larreta.

A la hora de repasar esas declaraciones, que pasan por alto, claro está, los cotejos que mostraban su alta imagen negativa y su muy baja intención de voto, lo mismo que en el caso de Alberto Fernández, llama la atención (una vez más, se diría) el modo en que se declina la palabra “cambio” en esta formación política, que, en cambio, valga el retruécano, propone una y otra vez, con distintos matices, repetir viejas recetas conservadoras, recesivas y que han mostrado en el pasado -durante la segunda presidencia de Menem, en la gestión de la Alianza y durante la presidencia de Macri- que conducen al fracaso, destruyen las posibilidades de desarrollo y terminan en masivos e insostenibles procesos de endeudamiento.

Los efectos negativos que semejantes políticas tienen para la economía y la sociedad nacionales se registran de modo inverso en las cuentas bancarias de entre el 1 y no más del 5% de la población, gracias a los fenómenos de creciente concentración de la riqueza que esas políticas impulsan, y a la facilidad con que, deuda mediante, se fugan capitales a otros destinos -especialmente a la amplia red de guaridas fiscales que desplegó la globalización-.

Todos fenómenos, estos, ampliamente estudiados pero que vale la pena recordar porque, propaganda mediática y académica de por medio, fácilmente se olvidan o se pasan por alto, y que explican la alta adhesión de los grandes empresarios y los sectores agropecuarios de capital concentrado a esta repetición que se publicita con el sustantivo “cambio”.

Ese mismo día, Alberto Fernández arriba a los Estados Unidos, donde concretaría por fin, poco después, la tan esperada reunión con su par del “gran país del norte”, Joseph Biden.

Entre tanto, en un movimiento de política internacional que también incumbe a este Panorama, porque participa de los procesos de afianzamiento de la multipolaridad y del acercamiento de los países de América Latina al eje euroasiático liderado por China, Honduras rompe relaciones con Taiwan y reinicia sus relaciones diplomáticas regulares con la República Popular China.

Al día siguiente del anuncio macrista, Patricia Bullrich tras un encuentro con Mauricio Macri, se reúne con los dirigentes de Unión Industrial Argentina.

Los directivos de Arcor y Techint le hicieron llegar, al parecer, un mensaje, que, si se toman en serio las declaraciones de la precandidata, pocos días después, en el Foro de Llao Llao, parecen haber caído en saco roto.

Según fuentes periodísticas confiables, la advertencia fue formulada en los siguientes términos: “Si va a haber apertura, tiene que ser administrada y con protección de las fábricas de adentro”…

¿Cuánto de eso cabe en el programa de shock enunciado por Bullrich en Llao Llao?

Alberto Fernández acudía el 28 a un encuentro del Council off América al que asistieron cerca de 40 empresarios norteamericanos y argentinos, entre los cuales varios de los sectores financiero, farmacéutico, automotor, minero e hidrocarburífero.

En él, un representante de JP Morgan interpeló al Presidente en términos críticos no sólo de su gestión, sino en general, del peronismo.

Le preguntó “Por qué cada vez que gobierna el peronismo a la Argentina le va económicamente mal”. Fernández defendió las gestiones peronistas con datos concretos.

Cabe preguntarse con cuánto éxito. Al día siguiente, se producía la reunión con Joe Biden, cuyos resultados fueron ampliamente publicitados por los medios.

En esa reunión estuvieron presentes, recordémoslo, dada su relevancia a la hora de comprender hasta qué punto es importante Argentina, como proveedora de recursos, para unos EEUU en abierto conflicto con China, además del propio Biden, el Secretario de Estado Tony Blinken; la Secretaria del Tesoro, Yanet Yellen; el Director de Asuntos Hemisféricos del Consejo Nacional de Seguridad, Juan Sebastián González; el Director para el Cono Sur del mismo organismo, Lorenzo Harris; el Asesor en Seguridad Nacional, Jake Sullivan; el Subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental, Brian Nicols, y el embajador de EEUU en Argentina, Marc Stanley.

La sobreabundancia de funcionarios relacionados con la seguridad nacional y la geopolítica subrayan muy bien el movimiento de repliegue sobre América Latina que a todas luces realizan los EEUU, y la posición en que Argentina, además, (enmarañada  en la trampa del acuerdo con el FMI) se encuentra frente a esa estrategia.

Las visitas que recibiría la Argentina unas dos semanas después son indicativas de esa creciente presión por lograr un alineamiento argentino con los intereses de los EEUU en el subcontinente: el 15 de abril llegaría a Buenos Aires Wendy Sherman, vicecanciller estadounidense, interesada en discutir mecanismos de promoción del desarrollo de los sectores minero e hidrocarburífero nacionales a partir de inversiones estadounidenses e intentando desalentar la construcción de Atucha III con tecnología y capitales chinos; poco después, volvería a visitar Argentina la generala Laura Richardson, jefa del Comando Sur-, preocupada por la posible compra por parte de Argentina, de aviones de guerra chinos.

El mismo 28, pero en Argentina, la UCR anuncia que armará listas propias para todos los cargos, en todos los niveles. Una decisión que profundiza la interna de Juntos, agudizando la contradicción dentro del PRO entre el ala “negociadora” encabezada por Larreta, que repudia cualquier tipo de alianza con Milei, y el ala “dura” encabezada por Macri y Bullrich, quienes, en cambio, no solo coinciden con el tono y con varias propuestas del libertario, sino que promueven el diálogo y el acercamiento.

Algo a lo que Milei respondió anunciando que es tiempo todavía de que el Pro rompa JxC y constituya, con LLA, un nuevo frente electoral.

Lo que fue rápidamente desestimado por los dirigentes cambiemitas, pero es revelador de las afinidades políticas e ideológicas que se juegan.

El 2 de abril, el PJ de la Provincia de Bs As decide a) seguir apostando a una candidatura presidencial de CFK, para lo cual programa una serie de acciones que la promuevan y la exijan, y b) presionar a Alberto Fernández para que desestime competir.

Esto último, como vimos, se cumplió.

Algunos esperan que lo primero se cumpla en el Teatro Argentino de La Plata el próximo 27, cuando reaparecería la Vicepresidenta, en el mismo escenario que la vio lanzar u candidatura a senadora nacional en 2005 y su primera candidatura presidencial en 2007.

Ese mismo 2 de abril se convocó por primera vez el acto contra la Corte Suprema y contra la Proscripción que tendría lugar el 13 de abril en la Plaza Lavalle, frente a los Tribunales.

El 8 de abril, en Formosa, las organizaciones K protagonizaron un acto de apoyo a esas pretensiones, y el 11 de abril, en la misma línea, tuvo lugar el plenario de Avellaneda, donde también se exigió el final de la proscripción y que Cristina Fernández fuera la candidata a la presidencia por el FdT.

Entre tanto, el 3 de abril había tenido lugar el asesinato de Daniel Barrientos, a las 4,30 de la madrugada, en un episodio cuyas derivaciones y cuyas características equívocas, ampliamente reseñadas y analizadas en los medios de comunicación, hacen que valga la pena recordarlo, a modo de posible advertencia, en esta especie de archivo pasajero del mes de abril.

El 05 de abril, Unidad Piquetera realizó en todo el país un conjunto de marchas y movilizaciones, con 18 cortes de rutas y calles, para reclamar por la situación en la que se encuentran los sectores más desfavorecidos de la pirámide social, en una primera manifestación de lo que a estas alturas cabe calificar de “plan de lucha”, ya que el 19 del mismo mes se repitió la iniciativa, cortando el Puente Pueyrredón y marchando hasta Plaza de Mayo, en la que se realizó un acampe.

En ambas ocasiones los dirigentes de la organización social solicitaron reuniones con la Ministra de Desarrollo Social, sin resultado a la vista.

Un paréntesis, a propósito de esto último: el crítico cuadro social, derivado de la falta de resultados económicos favorables, lleva a preguntarse

¿cuál podría ser el objetivo que persigue el presidente Fernández y su pequeño núcleo de fieles cuando deciden -según parece- sembrar una candidatura de la ministra Tolosa Paz en una PASO en provincia de Buenos Aires?

Es dificil negar que, a pesar de no ser elecciones generales existe un efecto “demostración”, un impacto simbólico, cuyo arrastre puede hacer mella en los resultados de las elecciones generales.

Asimismo es difícil negar, cualquiera sea la medición que se observe, la dificultad del oficialismo para construir un éxito electoral frente de un Juntos que se volvió nuevamente competitivo, en gran medida, por los déficit del FdT, y un Javier Milei que crece gracias al descontento social que tanto el gobierno de Macri como el de Alberto Fernández han provocado, deterioro persistente de la calidad de vida de las mayorías mediante.

Teniendo presentes los dos elementos anteriores ¿una candidatura menor como la de Tolosa Paz, sin chance de imponerse en la interna ante Axel Kicillof y cuya máxima cosecha podría ser la de dividir, aunque más no sea en pequeña proporción, los votos del FdT bonaerense, no debería encender las alarmas en el FdT?

Téngase presente que, a nivel nacional, el FdT no está exento que quedar tercero en la contienda y que, aun si ese escenario no se verificara, si el presidente Fernández insiste en una estrategia, como la que asoma en Provincia de Buenos Aires, de auspiciar candidatos que dividan el voto del FdT en distintos distritos, surge un serio riesgo de que incluso el candidato más votado dentro de la PASO del FdT, aparezca en cuarto lugar, al contabilizar los votos como candidatos individuales.

Eso, sin dudas, podría tener un “efecto demostración” que empeoraría las chances de la coalición oficialista en las elecciones generales. Son elementos que los estrategas electorales del Frente deberían estar sopesando…

Pero volvamos a nuestra cronología.

El 9 de abril se produjo uno de los acontecimientos que más conmovieron el tablero electoral, sobre todo, dentro de la principal coalición opositora:

Horacio Rodríguez Larreta anunció que en CABA se realizarán elecciones concurrentes para Jefe de Gobierno, con boleta electrónica y lista única.

Lo que anulaba la posibilidad de que Jorge Macri, elegido de Mauricio para el cargo, fuera el candidato de consenso de la alianza para el “cambio” en la Capital Federal, y volvía a poner en carrera a Fernán Quirós, a Soledad Acuña y, sobre todo, al radical Martin Lousteau.

Algo que fue al mismo tiempo uno de los principales motivos que tuvo el alcalde porteño para tomar la decisión y la causa del subsiguiente enojo de Mauricio Macri, quien le reprochó ácidamente a Larreta el hecho, acusándolo de ignorar el trabajo en equipo y tomar decisiones inconsultas, por su propia cuenta.

También Patricia Bullrich, y todo su sector, salieron a protestar en los mismos términos, tensando al máximo la interna del PRO, y estimulando la sonrisa de los radicales.

Larreta se escudó en cuestiones legales y desestimó las críticas.

Cuatro días después (y algo más de una semana antes de la visita de la subsecretaria de Estado norteamericana) es decir, el 10 de abril, Argentina, en un nuevo ejercicio de equilibrismo geopolítico, se reincorporó a la UNASUR.

Lula da Silva haría lo mismo unos días más tarde. Mientras tanto, la OPEP+ decidió recortar la producción de petróleo en más de un millón y medio de barriles diarios, de los cuales 500 mil corresponderán a los recortes rusos, y la mayor parte del restante a Arabia Saudita.

Los Estados Unidos protestaron por la medida, que permite a Rusia mejorar sus ingresos, dada la elevación del precio del crudo que, además, encarece a los EEUU la importación que requiere para terminar de atender su consumo doméstico, para el que no alcanzan los 16 millones de barriles diarios que produce.

El 12 de abril, en otro movimiento de cierta autonomía, el Ministro de Defensa, Jorge Taiana, recibió a la comitiva de SASTIN (Administración Estatal para la Ciencia, la Tecnología y la Industria de la Defensa Nacional de China), organismo que reúne a las industrias de defensa chinas, con quienes se pretende establecer protocolos de cooperación productiva.

Tras la concentración del 13 de abril (que se realizó bajo la consigna “Democracia o Mafia Judicial”, en rechazo de la proscripción a la Vicepresidenta de la Nación, en la que los oradores caracterizaron en durísimos términos el proceso de lawfare antidemocrático encabezado por los miembros de la Corte Suprema), el dia 15, el secretario general de la CTA, Hugo Yasky, junto con el de La Bancaria, Sergio Pallazzo, Abel Furlán, secretario general de UOM, los docentes Roberto Baradel y Sonial Alesso y Mario Manrique, subsecretario general de SMATA y Secretario Gremial de la CGT, visitaron a Cristina Kirchner en el Senado de la Nación para pedirle que aceptara ser candidata a la presidencia por el FdT.

La Vicepresidenta no se definió al respecto, pero dejó una frase que recorrería el mundo político local y sería repetida más de una vez, como una clave.

Los llamó a tranquilizarse porque, en todo caso, no pensaba dedicarse al cuidado de los nietos.

El mismo día, otro anunció movió el avispero: el gobernador de la Pcia de Buenos Aires anunció que no desdoblará las elecciones y no compartirá su boleta con Alberto Fernández, de presentarse éste como candidato.

Algo que contribuyó sin lugar a dudas a restarle al actual presidente no sólo apoyos, sino posibilidades electorales, dado el peso decisivo de la Provincia de Buenos Aires, y las fuertes posibilidades de que Kicillof gane la contienda en ese territorio.

Probablemente, este anuncio, haya sido un elemento de peso para terminar de decantar el posterior anuncio del presidente.

Entre el 17 y el 20 se realizó en el Hotel Llao Llao, en San Carlos de Bariloche, organizado por Carlos Galperín y Eduardo Elsztain, el foro empresario que reúne a algunos de los nombres más encumbrados de la Argentina y que lleva el nombre del hotel en cuestión.

A él acudieron, como es lógico, Elsztain, de IRSA y Galperín, dueño de Mercado Libre, hoy la empresa más grande del país; pero también, entre otros, Marcos Bulgheroni (Pan American Energy); Federico Braun (La Anónima); Gómez Minujín (JP Morgan); Gustavo Grobocopatel (Los Grobo); Martín Migoya (Globant); Verónica Andreani (Andreani); Roberto Murchison (Adecoagro); Sebastián Bagó (Laboratorios Bagó); Sofía Pescarmona (Lagarde); Pierpaolo Barbieri (Ualá); Santiago Siri (UBI DAO) y Andy Freyre (Soft Bank).

Un listado de lo que constituye una genuina nueva oligarquía de negocios argentina, que se viene sumando a la más tradicional, ligada al frente agropecuario.

Entre los precandidatos que presentaron allí sus ideas se contaron Patricia Bullrich, Horacio Rodríguez Larreta, Javier Milei, Gerardo Morales y María Eugenia Vidal.

Como se verá, esta reunión, de contenido previsible, tuvo impacto decisivo a la hora de movilizar ciertas discusiones políticas y programáticas.

Más adelante, en el punto II de este Panorama, se harán algunas referencias a lo allí hablado, que ocupó también amplio lugar en todos los medios de comunicación y que, además, podría no haber sido neutro para el frágil frente cambiario, en la medida que, si en algo todos los citados precandiadtos coincidieron, fue en la decisión de devaluar la moneda (en el caso más extremo, el de Milei, dolarización incluida) y -aunque esto no se diga en voz alta- necesariamente profundizar la licuación salarial que domina el cuadro socio-económico argentino desde 2016.

El domingo 16 de abril tuvo lugar, entre tanto, el hecho político más irrevocable de abril (descontadas las dos renuncias, de Macri y Fernández): las elecciones provinciales en Neuquén y Río Negro.

En esta última provincia los resultados fueron inequívocos en términos de interpretación política, ya que Alberto Weretilneck, de Juntos Somos Río Negro, la fuerza provincial de la que es fundador, se impuso a su inmediato competidor por el 20% de los votos.

El armado de Weretilneck, un aliado del FdT en el Senado, fue altamente transversal: compuesto por miembros originarios de su propio partido, radicales, massistas, pejotistas y “hasta un delfín de La Cámpora, como es Martín Doñate, el senador que la Vicepresidenta quiso para el Consejo de la Magistratura y que la Corte Suprema le negó”, según escribió con gracia un medio de prensa.

Desde el gobierno llamaron a “no nacionalizar” la elección, pero queda como hecho el fracaso de JxC (para no hablar de los libertarios) en la construcción que intentaron en esa Provincia.

El caso de Neuquén es más complejo y algo más equívoco. Allí triunfó Rolando Figueroa reciente fundador del sello Comunidad y ex vicegobernador por el Movimiento Popular Neuquino (MPN), partido del que proviene, que salió segundo en los comicios y que resulta derrotado por primera vez desde su creación, hace 61 años.

Figueroa obtuvo el 35% de los votos y Marcos Koopman, candidato del MPN, 33%. Tercera quedó la boleta del FdT, con 12% de los votos, que llevaba como candidato a Ramón Rioseco, exintendente de Cutral Có, cuarto el mileista Carlos Eguía, con 8% y al final Pablo Cervi, de JxC, que cosechó apenas el 4% de los votos.

El triunfo de Figueroa fue reivindicado enseguida por Mauricio Macri, quien lo había apoyado, pero celebrado también por el Movimiento Evita, Sergio Massa y Eduardo Wado de Pedro, además de una parte del FdT, ya que, como circuló internamente en los foros de discusión peronistas, si bien hubo miembros del PRO acompañándolo, así como algunos radicales “que huyen del PRO”, (según testimonios cercanos),

“En torno a Figueroa se armó una alianza con una parte importante del FdT, el Frente Grande, el Evita, y otras fracciones del peronismo: la candidata a ministra de educación, Soledad Martínez, es una excelente compañera kirchnerista”, escribió para cerrar una dirigente intermedia neuquina.

También María Esperanza Casullo, pese a subrayar la decisiva importancia de la derrota del MPN, un partido que nació desde el Peronismo, matiza, desde Neuquén, el sentido del triunfo de Figueroa:

“Antes que opositor, Rolando Figueroa es una figura nacida y criada (como gustan decir los neuquinos) en el Movimiento.

Nieto del primer maestro nativo, fue intendente de Huiganco y de Chos Malal (dos ciudades del norte provincial, núcleo del MPN histórico), diputado provincial, funcionario y vicegobernador (por el MPN, claro está) en 2015. (…)

Además, la estrategia política y discursiva de su campaña se basó en actualizaciones de principios históricos del MPN; la afirmación de la neuquinidad por sobre la cercanía ideológica a partidos nacionales (el primer slogan de campaña fue “Neuquinizate”) y el uso de las listas colectoras como manera de recabar apoyos, digamos, heterogéneos. (…)

Entonces, si bien no puede minimizarse la derrota emepenista, de alguna manera la victoria de Rolo Figueroa expresa la “externalización” de una interna que, por primera vez, no pudo procesarse adentro. (…)

Este año, al no existir las PASO para cargos provinciales, la interna partidaria habría sido cerrada, sólo para afiliados, en donde el oficialismo provincial -liderado por Jorge Sapag- corría con ventaja por el peso del llamado “aparato”.

De allí la decisión de Rolo de competir por afuera”.

María Esperanza Casullo deja planteadas algunas cuestiones que, por considerarlas pertinentes, recogemos aquí: la primera es qué pasara, a la hora de armar gobierno y repartir cargos, con los distintos aliados nacionales que contribuyeron a su triunfo y que están enfrentados irreconciliablemente (no sólo por cuestiones de espacios de poder político, sino por sus concepciones de país, económicas y sociales) a escala nacional; la segunda tiene que ver con cuál será la relación de Figueroa y su construcción con el “sector azul” del MPN, al que batió por sólo 2% de los votos y que conserva el control de ciudades importantes como Neuquén Capital, Zapala y San Martín de los Andes.

“¿Apostará Rolo de alguna manera a volver a su partido y asumir él su liderazgo?

¿Apostará a armar una fuerza verdaderamente nueva e inaugurar una etapa desde cero?

Ambas cosas son posibles”, concluye Casullo.

Hasta aquí esta breve cronología, que se completará en los dos puntos finales de este Panorama, para dar paso, entre tanto, a un ensayo de interpretación más abstracta y general de lo que está ocurriendo en la política argentina, ensayo escrito mientras los acontecimientos seguían su curso.

II Un ensayo de interpretación

El devenir político del mes de abril parece refrendar la hipótesis adelantada en el pasado Panorama Político: se está en presencia de la crisis de un cierto modelo de democracia política.

El inaugurado por Raúl Alfonsín, consolidado por el Pacto de Olivos, cuyas dirigencias sufrieron su primera crisis de representatividad en los inicios del siglo XXI, con la crisis de deuda de finales del gobierno de Menem y del gobierno de la Alianza y el fin de la convertibilidad.

Un modelo revitalizado por los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, pero que tuvo como límite la no modificación de sus estructuras jurídicas y económicas básicas.

Son esas estructuras las que hoy parecen crujir, dando paso a lo que puede interpretarse como una nueva crisis de representatividad política, en un contexto internacional, por lo demás, a diferencia del de principios de siglo, en pleno proceso de reconfiguración.

Ambas crisis fueron solidarias, hay que subrayarlo, de cuellos de botella económicos de importancia, generados por la dependencia de la economía argentina post-dictadura de la disponibilidad de dólares, tanto para abastecer a un aparato productivo mucho más dependiente de importaciones que en la etapa previa, como para la mayor demanda de dólares financieros, también impulsada a partir de la última dictadura; y por la incapacidad de enfrentar exitosamente -es decir, de forma solvente y sin erosionar el crecimiento económico y la distribución progresiva del ingreso- el peso de la deuda externa, pública y privada.

La principal característica de ese modelo democrático (liberal) consistió en no poner en discusión en los hechos el patrón de acumulación instalado por la dictadura y consolidado por el menemismo.

Ese patrón de acumulación fue (es), se sabe, predominantemente financiero, de concentración de la riqueza, de desindustrialización progresiva, de prescindencia del Estado en el control y la regulación de las relaciones económicas, al tiempo que privilegia los derechos de la inversión extranjera concentrada desprotegiendo a los capitales nacionales.

Su instalación supuso también el intento parcialmente exitoso de subordinación, que se quiso “definitiva” -silenciosa pasividad- de los trabajadores y sus organizaciones a los dictados, las necesidades y los intereses del gran capital y de sus dueños y operadores.

Es decir, su no participación en la discusión acerca de los modos de producir y de la distribución del excedente.

Este patrón de acumulación conllevaba también, como quedó expresado en la política exterior de la década del 90, una subordinación sin matices -económica y geopolítica- a los intereses estadounidenses y europeos, cuya hegemonía estaba fuera de discusión por aquellos años, algo que nadie podría afirmar seriamente hoy en día.

La crisis del 2001 fue la primera crisis importante de ese modelo democrático y de ese patrón de acumulación fundado en el endeudamiento y la fuga de capitales, que se dio a sí mismo, como se dijo, un marco jurídico acorde, que facilitaba y premiaba sus operatorias, dificultando y castigando las que correspondían a aquel caracterizado por el esfuerzo de industrialización por sustitución de importaciones y el logro de una sociedad de pleno empleo, modelo inaugurado por el peronismo y que se prolongó, con bemoles, hasta 1975.

La instalación, a partir de ese año, del nuevo patrón de acumulación no se consiguió sin ejercer la violencia. Sistemáticamente y sin límites legales o morales.

Es un dato político no menor en un momento, hoy, en que ese patrón vuelve a mostrarse inviable para contener a la mayoría de los argentinos y argentinas al tiempo que la violencia política, discursiva, pero también física, vuelve a emerger como factor político y aun como promesa electoral, en clave represiva y en nombre del “orden”, como propuso Patricia Bullrich en el Foro Llao Llao.

Lo que mereció la ovación de la concurrencia empresaria (entre otros: Galperín -Mercado Libre-, Bulgheroni -Pan American Energy, Elztain -IRSA-, Migoya -GLOBANT-, Gómez Minujin -JP Morgan-).

Tras aquella primera crisis de viabilidad en el 2001, Néstor Kirchner consiguió elaborar una respuesta macroeconómica consistente para salir del atolladero, reactivando una parte de la industria nacional, redistribuyendo la riqueza y reconstruyendo el mercado interno, para lo cual se apoyó en las demandas, la organización, la tradición institucional y la capacidad de acción del movimiento obrero organizado, reactivando las paritarias como instrumento político-económico, comprometiéndose a no reprimir la protesta social, lo que equivalió a legitimarla, relanzado los juicios por delitos de lesa humanidad y apoyando al movimiento de Derechos Humanos, y liberando al país de la tutela del FMI.

Cristina Fernández avanzó luego en la renacionalización de YPF y del sistema jubilatorio, recuperando importantes frentes patrimoniales para la sociedad Argentina.

Fue Cristina también quien introdujo la idea de “ampliación de derechos”, pero sin llegar a poner en discusión las matrices, jurídicas y de estructura económico-productiva, del modelo instalado por la dictadura y que está en la raíz tanto del carácter bimonetario de la economía argentina como de su extraordinaria dependencia de las divisas.

Está claro que en el fundamento del choque de proyectos que representan las dos coaliciones mayores que hoy se enfrentan en la arena electoral, JxC y el FdT, pero también al interior del FdT (como ya le había ocurrido al peronismo con el proyecto encarnado por Menem), se encuentra una vez más el conflicto entre la reproducción de ese patrón de acumulación, o el intento de superarlo, donde no debería perderse de vista los cambios en la situación geopolítica y económica  internacional actuales.

Las dirigencias de JxC están comprometidas, sin medias tintas, en aquella reproducción, así como los sectores sociales y los actores económicos que constituyen todavía su base propia de electores. Sin embargo, la pregunta que aparece cada vez con más fuerza, incluso entre las dirigencias gran-empresarias es

¿cuánta violencia social -o aun política- será necesaria para sofocar los conflictos y las resistencias que una reproducción sin concesiones de ese patrón de acumulación, regresivo y elitista, van necesariamente a suscitar?

En el seno de JxC,  esta cuestión y sus modos de encararla generan una parte del conflicto entre el ala más radical, representada por el propio Macri y por Patricia Bullrich, que llaman a desregular completamente la economía, coquetean con la dolarización, y prometen represión sistemática e implacable de la protesta social que saben inevitable -se habló de “bancarse los muertos”-, y el ala larretista, más interesada en articular con los radicales y presentarse como una opción que garantice una gobernabilidad no (tan) violenta.

En una intervención sorprendente, porque expresa la profundidad de la desorientación por la que atraviesa la alianza configurada por el PRO, la UCR y la CC, María Eugenia Vidal llamó el 17 de abril a “bajar momentáneamente todas las candidaturas”, “barajar y dar de nuevo” y ponerse de acuerdo en qué clase de propuesta se le hará al electorado.

El fracaso del PRO en sus apuestas rionegrinas y neuquinas jugó su papel en esta expresión de alarma que pide parar el juego, pero semejante -desoída- proposición no sería siquiera imaginable si no mediara una ausencia real de consensos respecto del camino a seguir en caso de ser gobierno.

Y para llegar a serlo.

La falta de claridad tampoco es exclusiva de la alianza opositora. Dentro del FdT, no solo parecen convivir proyectos diferenciados (por simplicar, el expresado en las presidencias de Néstor y Cristina Kirchner versus el expresado en las presidencias de Carlos Menem y Alberto Fernández) sino que, entre los sectores más progresistas, tampoco se observa con claridad cómo se configura la alternativa al patrón de acumulación “neoliberal”.

Los discursos existen, y algunas propuestas de sus intelectuales orgánicos y de algunas organizaciones sindicales y sociales también, pero las dirigencias políticas no han elaborado una síntesis que exprese esa discusión.

La dificultad no es menor, ya que la superposición de medidas coyunturales es insuficiente para configurar una transformación semejante sin un consenso claro sobre, al menos, los grandes objetivos estratégicos que se busca alcanzar o el orden de prioridades necesario.

Si se acepta que el patrón de acumulación imperante desde mediados de la década de 1970 está agotado, preguntas tales como

¿qué otro patrón de acumulación sería posible y cuáles son las medidas que habría que tomar, y en qué orden estratégico, de manera que el camino fuera viable, para salir del régimen de acumulación financiera y dependiente que se llamó “neoliberalismo”?

No pueden permanecer sin una respuesta articulada desde la política.

Es de suponer que la ausencia de una expresión política y pública de semejante discusión (o, peor aún, la ausencia de la discusión misma) contribuye sustancialmente a la proliferación de la confusión, el enojo y la desesperanza que fogonean la simpatía -en algunas localidades, mayoritaria- por la iracundia y la destructividad respecto de cualquier institucionalidad política, estatal, y por lo tanto nacional y comunitaria, que alimentan Javier Milei y sus libertarios.

El auge de esta fuerza de reciente constitución puede entenderse en parte como la encarnación, un tanto desesperada, de ese proceso de descomposición de los imaginarios de nación y de colectivo que, de maneras diferentes, incluso antagónicas, consolidaron el peronismo, y, a su manera, en términos de una épica de las virtudes de la asociación dependiente -las “relaciones carnales”- el liberalismo -aun en su faz “neo” de la primera mitad de los 90 (recuérdese si no la orgullosa celebración de la Argentina como “mejor alumno” de las instituciones que comandaban el nuevo orden mundial, la globalización)-.

Entre las limitaciones de las reformas encaradas por Néstor y Cristina Kirchner, que, según se ha sugenido más arriba, emergen hoy como conflictos, las que quizás importe subrayar para tratar de aclarar un poco los vaivenes inmediatos de la lucha política actual son las que inciden directamente en la configuración de los aparatos políticos y su funcionamiento.

No cabe duda de que la llegada a la presidencia de Néstor, y su continuidad en la primera presidencia de CFK representaron una revitalización y una relegitimación de la política, que llevaron a superar el estado de ánimo antipolítico instalado luego de la caída de Fernando de La Rúa y con la crisis del 2001-2003, estado de ánimo que quedó reflejado muy expresivamente en los porcentajes de votos volcados a cada uno de los candidatos en la primera vuelta electoral del 2002.

La sorpresiva aparición de una figura con decisión política autónoma y un programa viable de recuperación económica (salario real al alza, reinstalación de las paritarias, relanzamiento de la producción industrial, renegociación con quita de la deuda externa, pago integral al FMI, impulso exportador), reintegración social y reconstrucción democrática (relanzamiento de los juicios de lesa humanidad, anulación de las Leyes de Punto Final y Obediencia Debida, reforma de la Corte Suprema de Justicia) mostró nuevamente el valor de la potencia transformadora de la política ejercida con inteligencia y decisión, lo que sedujo a una sociedad cansada de que se le predicara que había un solo camino posible, el determinado por las consignas del Consenso de Washington, las instrucciones del FMI y las instituciones del sector financiero globalizado.

La aparición casi explosiva de nuevas corrientes y organizaciones dentro del movimiento nacional y popular, constituidas esencialmente por jóvenes, y de nuevos partidos políticos que se hicieron cargo de la defensa del status quo -el PRO- marcan el período.

No obstante, la construcción política del kirchnerismo no logró reconstruir, en términos organizativos, bases (territoriales, sindicales, intelectuales) lo suficientemente sólidas para sustentar una fuerza político-partidaria coherente ni formar un conjunto de cuadros político-doctrinarios que compartieran una concepción estructurada y elaborada de los destinos económicos, sociales y políticos de la Argentina y que pudieran asumir la conducción del núcleo partidario del peronismo y, a través del mismo, del movimiento nacional y popular.

Todo esto, pese a que muchos de aquellos jóvenes que se incorporaron a la política hace casi 20 años, forman hoy parte de los cuadros directivos del Partido Justicialista y del movimiento peronista.

Pero el Partido Justicialista siguió en buena medida ajeno a la corriente de ideas reformadoras del kirchnerismo, así como una parte decisiva de la dirigencia sindical.

El kirchnerismo no fue capaz tampoco de reformar ni la estructura productiva fuertemente dependiente de las exportaciones de bienes primarios y con cadenas de valor descompuestas e industrias que dependen en alto grado de insumos y bienes intermedios importados, ni la estructura impositiva regresiva, así como no pudo revertir la alta tasa de informalidad laboral estructural heredada, ni modificar los marcos jurídicos impuestos por la dictadura y que dieron pie a la revolución neoconservadora y extranjerizadora que tuvo lugar durante el menemismo: básicamente la ley de entidades financieras, la ley de inversiones extranjeras y el régimen de privatización de puertos y vías navegables o las leyes que constituyen el marco legal habilitante para la inversión minera en el país.

Este conjunto de hechos ayuda quizás a comprender no sólo la facilidad con que el gobierno de Cambiemos logró dar marcha atrás una parte sustancial de los logros progresivos de los gobiernos kirchneristas (que no se coordinaron en una estrategia de desarrollo orgánica y consensuada con los sectores comprometidos, sino que descansaban en la voluntad política presidencial, en medidas coyunturales -aun virtuosas- y sobre estructuras económicas y jurídicas desarticuladas y regresivas), sino también las dificultades actuales de las dirigencias del Frente de Todos.

Tanto las que encontraron para trazar un camino coherente y consensuado de acción ante la herencia recibida del gobierno anterior, en especial el tratamiento de la cuestión de la deuda externa, (también aspectos centrales de la relación entre crecimiento, desarrollo y distribución del ingreso, etc.), como los que hoy enfrentan a la hora de definir candidaturas y estrategias electorales convocantes en un contexto de proscripción de su figura principal, Cristina Fernández de Kirchner, y de pérdida acelerada de intención de votos.

Las cosas no parecen marchar mejor en la alianza opositora, Juntos por el Cambio.

Por razones en parte similares y en parte diferentes.

Similares en la medida en que los distintos precandidatos de JxC carecen ellos también de una propuesta económica y social viable, clara y tentadora para la mayor parte de la ciudadanía.

La memoria de la debacle económica y del deterioro del bienestar que representó el gobierno de Mauricio Macri sigue viva.

Pero la coalición sólo puede proponer como remedio la radicalización brutal de aquel programa hasta límites que, como profetizó una ilustre visitante extranjera, implican para el pueblo argentino “soportar el dolor”.

¿En silencio y con resignación?

Es lo que se le propone.

Pero casi seguramente no lo que el pueblo argentino está dispuesto a tolerar.

De allí el también explícitamente prometido retorno de la represión social y política.

En semejante contexto el mes de abril mostró dos fuertes movimientos:

  • a) una tendencia creciente a la fragmentación y la “localización” de las opciones políticas, expresada en los resultados de las elecciones rionegrina y neuquina, donde predominaron alianzas de facciones y dirigentes provenientes de partidos enfrentados en el plano nacional (¿cristalización, además, de que varias de las expresiones enfrendatas en el plano nacional no expresan, en el fondo, alterativas verdaderamente diferenciadas?), algo que deja en una especie de nimbo de incertidumbre el plano de lo nacional, y que marca, al mismo tiempo, un camino (de alianzas transversales al servicio de los intereses locales concretos)
  • b) un crecimiento en las encuestas -por el momento, sólo en las encuestas, no así en las primeras compulsas electorales- de la opción antipolítica con discurso  ultra-liberal en la concepción del Estado y las relaciones económicas, neoconservador y neo-fascita en lo político, que expresa la construcción de Milei.

Este apoyo, que en algunas localidades se manifestó en la calle -Ushuaia recibió a Milei con una multitud celebratoria-, y en otras aparece como alternativa en las encuestas -en La Matanza, si Cristina no fuera candidata,

Milei recogería parte de sus votos y, según declaraciones de intención de voto, haría una excelente elección- no deja manifestar aspectos incoherentes y contradictorios: tanto Tierra del Fuego como La Matanza son distritos cuyas poblaciones deben gran parte de su bienestar -real o posible- a una decidida acción progresiva por parte del Estado.

Que Milei, que aboga por acabar para siempre con esta intervención estatal recoja en esos distritos semejantes simpatías, resulta paradójico, excepto, tal vez, porque el bienestar efectivo lleva más de siete años de ausencia.

El significado de estos hechos se torna problemático y su proyección real dudosa. Lo que lleva a pensar que la ausencia, no sólo de una candidata -pues de eso se trata, de Cristina Kirchner- sino también de una propuesta decidida y rupturista por parte del FdT pesa hoy en el campo político con más fuerza que las presencias que en él se manifiestan.

A la fecha, los más importantes actores económicos locales y mundiales dan por sentado el triunfo electoral de la oposición, con algunas dudas acerca del papel, más o menos protagónico, que desempeñará en ello La Libertad Avanza.

Sin embargo, a la luz de estas contradicciones y paradojas, y de la radicalización extrema de las propuestas de la oposición defensora del status quo -y aun reaccionaria- vale preguntarse:

¿Qué clase de propuesta le hará el FdT al electorado, con qué candidato/a y de qué modo?

¿La presencia en campaña del FdT tendrá un efecto de reordenamiento de las preferencias electorales?

Es incierto, pero no imposible.

Nada parece decidido todavía.

Esta ausencia de un discurso y un/a candidato/a claros y determinados por parte del FdT, y en especial el silencio autoimpuesto por parte de CFK, amén de tener el resultado negativo de dejar huérfano de representación y propuestas a un electorado que en otras rondas apoyó candidatos “peronistas”, quizás haya tenido, casi como un efecto colateral, no buscado, la virtud de no ofrecer prácticamente blanco para los ataques de la oposición, que, entre tanto, profundiza su interna, desgastándose en ella y viéndose los candidatos en la necesidad de explicitar sus diferencias y sus propuestas.

Una cosa y la otra subrayan ellas también el estado de fragilidad y precariedad en el que se encuentran hoy las dos grandes coaliciones que venían protagonizando el conflicto político.

Algo que no sorprende, si los análisis borroneados en estas páginas tienen alguna validez: ambas coaliciones -más aún la del FdT- tratan de hacer convivir posiciones reformadoras, que intentan conciliar los intereses populares y los del gran empresariado, así como entre los intereses nacionales con los de las grandes potencias, en especial EEUU y sus socios europeos, con posiciones que expresan y sostienen la imposibilidad actual de semejante conciliación, lo cual complica aún más el tablero político y es una razón más de confusión para la mayor parte del electorado.

Sobre todo, aquel entre 40 y 50 % que no está adscripto de antemano a una u otra de las dos grandes formaciones políticas.

Esa búsqueda de “claridad”, de simplicidad, quizás sea otro elemento que contribuye al éxito de la prédica libertaria, haciendo olvidar su contenido concreto y objetivo.

Por otra parte, existe el frente externo, en el que está comprometido centralmente el gobierno, como no puede ser de otro modo en la medida en que se sigue viviendo en el seno de un Estado-Nación, algo que por momentos parece desaparecer de la conciencia tanto de los votantes como de las dirigencias, (lo que no deja de ser un síntoma preocupante).

Allí las condiciones no son mejores, pero si diferentes.

En este frente la situación es mucho más clara: lo domina y condiciona la fricción geopolítica entre la potencia en retroceso, los Estados Unidos, todavía dominante, con sus socios europeos a rastras, y una China que emerge como potencia mundial para discutir la hegemonía de los EEUU, aliada para ello con Rusia y el cinturón de naciones euroasiáticas a las que supo asociar a su proyecto de reemplazar un régimen mundial de hegemonía unipolar por un orden multipolar equilibrado en el que tengan cabida los países hasta ahora periféricos y semiperiféricos como algo más que proveedores de materias primas: lo que llama una “comunidad de destino compartido”.

No es novedad para nadie que la situación en la que se encuentra Argentina en relación con el Fondo Monetario Internacional y su carácter de fuente de importantes recursos naturales, mineros, energéticos y agropecuarios, así como su ubicación geopolítica en el Atlántico Sur y su historial de ocupación antártica tensan la relación con los EEUU (y Gran Bretaña, va de suyo), dada la creciente presencia China en América del Sur, y muy especialmente en Brasil.

Las recientes reuniones de Alberto Fernández con el presidente Biden y de Sergio Massa con las directivas del FMI, que dieron por resultado inmediato la llegada de la vicecanciller Wendy Sherman -la funcionaria que invocó la necesaria capacidad del pueblo argentino de “soportar del dolor” si quiere salir adelante, una mezcla de novia de Peter Pan y el más famoso tanque de guerra norteamericano- así como la nueva visita de la generala Laura Richardson, marcan la pauta de hasta qué punto los EEUU apuntan hoy a distanciar a la Argentina de cualquier avance en la asociación con China (fueron enfriados los tres proyectos que Argentina mantenía con China en el sector energético: la central nuclear y las dos represas; aunque, por otra parte, el Ministro de defensa recibió en abril una importante delegación de su homólogo chino para avanzar en programas de cooperación).

Su otro objetivo, quizás más importante, sería fragmentar el frente latinoamericano, en la medida en que Brasil, con Lula a la cabeza, avanza decididamente en la dirección contraria.

No sólo aboga por una reunificación institucionalizada de América del Sur, con intercambio comercial en monedas locales, sino que propone abandonar el dólar en el comercio bilateral con China, critica la política internacional de los EEUU y pretende intervenir, como una actor mundial de primera línea, en la pacificación de la guerra de Ucrania, pero salvaguardando los intereses de seguridad reivindicados por Rusia y acompañando activamente a China en el seno de los Brics (al respecto, el hecho de que Dilma Roussef haya asumido el comando del Bando de Desarrollo de los Brics no es un dato menor).

Para lograr esa fragmentación política del subcontinente, así como la subordinación de la economía y la sociedad argentinas a los intereses materiales y políticos de los EEUU, la mejor garantía que puede encontrar la gestión norteamericana es que no se produzca un triunfo de la única opción política competitiva que, a la luz de las gestiones de gobierno que la respaldan, podría encarar una estrategia volcada a la integración regional y la consolidación de una autonomía estratégica latinoamericana que contribuya a posicionar a América Latina y el Caribe como uno de los polos de poder del nuevo mundo multipolar y pluricéntrico, para lo cual la inhabilitación para ejercer cargos públicos sobre Cristina Kirchner es por demás oportuna.

Una vez más, la política interna y la exterior están estrechamente entrelazadas, y ésta camina también por la cornisa de un modelo, esta vez mundial, el de la globalización unipolar, hoy en crisis terminal y, también de alternativa en gestación.

La mayor parte de los votantes, sin embargo, (y se diría que aun algunos dirigentes) desconocen las consecuencias que una u otra política internacional tienen sobre sus vidas concretas y en sus expectativas de futuro.

Como desconocen el parentesco y la solidaridad que existe entre las políticas de subordinación al “frente atlántico” –“la civilización occidental”, la llama Milei, en un fraseo que recuerda el de la Dictadura Militar- y las opciones político-económicas antipopulares y regresivas tanto en términos de salarios como de desarrollo económico, de creación de empleo y de autonomía científico-técnica.

Esta falta de claridad generalizada también expresa un déficit de la construcción y la comunicación política por parte de partidos, militancias y dirigencias, ninguna de las cuales pone en primea fila, en su oferta electoral, el afianzamiento de la soberanía nacional y el desarrollo autocentrado, indispensable para proyectar a la Argentina a un lugar de mayor protagonismo internacional y bienestar general interno.

Considerando las expresiones de orgullo nacional multitudinario que tuvieron lugar con el triunfo de la selección, semejante ausencia no deja de llamar la atención.

Es explicable en el caso de JxC, más aún en el de LLA, pero del todo incoherente y contraproducente en el caso del FdT, si no fuera por la intensa contradicción interna que lo habita y, con ella, la competencia entre proyectos divergentes.

Lo que quizás exprese una vez más la dificultad de las dirigencias políticas a la hora de captar, expresar y traducir en propuestas las demandas y el humor sociales, populares y ciudadanos.

III Cierra el mes, mueven los sindicatos, asoma la discusión por el modelo

Las referencias a los hechos políticos que contienen las páginas anteriores, escritas antes del 20, merecen ser completadas.

Entre el 19 y el 20 de abril algunos movimientos empezaron a mostrar aristas silenciadas en los días previos.

Por una parte, siempre en el contexto del Foro de Llao Llao, Gerardo Morales salió a desmarcarse de la retórica prepotente de Patricia Bullrich, y prometió, en cambio, un poco como lo había hecho Horacio Rodríguez Larreta, pero con más determinación, ordenar la economía con racionalidad, bajando el costo laboral y fiscal a las pequeñas empresas y sin decisiones brutales, sino a partir de consensos que, según sostuvo, está seguro de poder conseguir.

Al parecer, fue muy aplaudido y se hizo merecedor de los mejores comentarios por parte de la concurrencia.

Como se sugirió más arriba, y, antes, en el Panorama Político del mes pasado, la dirigencia gran-empresaria argentina divide sus preferencias.

El sector agropecuario, y una parte del financiero y del energético (entre los que despuntan Mercado Libre, actualmente la más grande de las empresas argentinas, y JP Morgan) celebran los programas maximalistas y represivos, mientras las dirigencias más tradicionales y ligadas al sector industrial prefieren, al parecer, las opciones intermedias, que pretenden hacer de la negociación y el gradualismo, y no del shock y la represión, sus principales herramientas.

La pulseada permanece, por el momento, indecisa.

El mismo 19 por primera vez en muchos meses se alzó con claridad una voz sindical proveniente de la CGT.

Mario Manrique, secretario gremial de la Central, número dos del SMATA y uno de los dirigentes sindicales que había visitado a Cristina Kirchner en el Senado para solicitarle sea candidata, se despachó.

Trató a los empresarios reunidos en el Llao Llao de “desestabilizadores”:

“Es obvio que todos los que están en el Llao Llao quieren desestabilizar al gobierno (…);

se creen que son los dueños de la Argentina, (…)

es obvio que quieren prender fuego el país”.

“A ellos hay que prenderles fuego”, se enojó al aire en una entrevista concedida a Radio 10.

Y agregó, en faz autocrítica:

“Este gobierno fue demasiado prudente: entramos en una inacción y dejamos espacios para que los ocupen otros”.

Enseguida, se corrió del eje discursivo de su propia central, marcando un límite programático, pero también político-social :

“La CGT mañana va a sacar un comunicado para que haya un consenso social.

¿Con quién vamos a consensuar?

¿Con un empresariado que decidió boicotear al gobierno? (…)

¿Voy a consensuar con la UIA, con el círculo rojo?

No estamos viendo las realidades”.

Y remató: “La cabeza del laburante está preocupada y nadie del gobierno dice nada.

La CGT tampoco.

Debería salir a decir que si esto sigue así se pudre todo”.

No se trata, a juicio de este espacio, de meras expresiones subjetivas de enojo y angustia.

Sino de la manifestación de una creciente conciencia, en una parte del movimiento sindical, del mundo de los trabajadores y trabajadoras, del antagonismo que con claridad aparece formulado por los dirigentes del gran empresariado nacional, entre un programa de profundización sin límites de la explotación privada de la fuerza de trabajo y los recursos naturales, es decir, de mayor desigualdad y concentración de la riqueza y el poder, solidario también de una mayor dependencia geopolítica y económica de lo que, ya hoy, podría llamarse “la región dólar” (en Llao Lao se habló incluso de dolarización), y uno de mayor independencia económica y de inclusión social progresiva.

En este último sentido se expresaron también, de distintas maneras, el mismo 19 de abril, algunos dirigentes kirchneristas.

El gobernador de la Pcia de Buenos Aires cerró, en Mar del Plata, el Congreso Nacional de Delegados de la Unión Obrera Metalúrgica, la UOM.

Vale la pena citarlo, porque en sus declaraciones cobra cuerpo una vez más la expresión del antagonismo que anima hoy la lucha político-económica en Argentina, y que el fárrago mediático y la retórica políticamente correcta, cuando no antipolítica, se empeñan en ocultar, contribuyendo a aquellas “oscuridad y confusión” a las que se había referencia al comienzo de este Panorama.

En el cierre del Congreso de la UOM, frente a 500 delegados de todo el país y acompañado por el secretario general del gremio, Abel Furlán, Kicillof sostuvo, entre otras cosas:

“No van por Cristina, sino por los derechos de los trabajadores”.

Y abundó:

“La derecha va también por las jubilaciones.

Siempre son un botín de guerra.

El ajuste siempre, siempre incluye o llega a las jubilaciones”.

Y aseguró que en los medios “nunca se discute el modelo de país, pese a que está en pugna todos los días”.

En ese sentido, apuntó que de los que se trata es de avanzar “en un modelo de desarrollo con justicia social”, y que, en semejante tarea, “el movimiento obrero es la columna vertebral de la Argentina, y está de pie y luchando”.

En otro pasaje de su alocución llamó a los delegados a estar “más despiertos y activos que nunca, porque nos van a dar con todo. (…)

La discusión pública va a estar igual o más degradada que nunca, pero sabemos que no la vamos a ganar en los medios.

Tenemos un solo lugar donde dar esta discusión: las fábricas, los clubes, el barrio, y el instrumento que tenemos es la militancia popular”.

No dejó de referirse, también en términos programáticos, a un tema central, tanto desde el punto de vista económico como político y geopolítico en el escenario actual: los recursos naturales.

“No alcanza con tener recursos naturales si esos recursos no generan mejores condiciones de vida para todos los argentinos.

El litio, el petróleo, la pampa húmeda. Está muy bien, pero (…) nosotros creemos que la riqueza que generan tiene que ser para nuestro pueblo.

Primero la Argentina, primero los trabajadores, lo que hay que hacer es agregarle valor, trabajo argentino, ahí está la discusión”, apuntó, en una crítica indirecta a la gestión de los RRNN que pone el acento en el papel de la inversión (y apropiación) extranjera y que privilegia ante todo el sesgo exportador.

Wado de Pedro, en una entrevista radial con Radio El Destape, se pronunció en una dirección similar, si bien poniendo el foco en otros aspectos de la realidad.

Ante todo, criticó los posicionamientos de los candidatos de JxC y libertarios en el Foro Llao Llao (en el que, significativamente, no habló ningún representante del oficialismo). “Se puede retomar un gobierno peronista con firmeza y orden”, dijo, “pero no como el que predica Patricia Bullrich, que pide orden para gobernar para los más ricos, apostar a la concentración económica, redistribuir menos y dale palos a jubilados y trabajadores”.

“El orden y la firmeza deben ser para recuperar a la clase media y tener una industria nacional propia de un gobierno peronista”, resumió.

Y puntualizó que para ello es indispensable rediscutir íntegramente el acuerdo con el FMI, porque “el acuerdo que se firmó es inflacionario: promover una tasa de interés y una devaluación permanente crea un círculo vicioso que termina siendo inflacionario, con lo cual hay que rediscutir todo”, reconoció.

Adecuada pero tardíamente, se diría, si se tiene en cuenta que desde que se conocieron las condiciones generales del acuerdo, aun antes de su firma, vario/as economistas y dirigentes del propio peronismo habían alertado, con puntillosos argumentos analíticos, que esas mismas serían las consecuencias…

No fueron escuchados.

Y, como señalábamos más arriba, el hecho de que encumbrados dirigentes, como es el caso de De Pedro, exponga tal falta de claridad, opinando un año después, lo contrario a lo que -pese a las públicas y notorias advertencias- él mismo sostenía en el momento de discutir y aprobar un acuerdo que fue, por lo demás, un parteaguas, es un hecho del que debería tomarse nota ya que son este tipo de inconsistencias las que socavan la confianza de la sociedad, le restan credibilidad a la política y hacen de caldo de cultivo para la emergencia de fenómenos como los de LLA.

De Pedro adelantó también el eje general de una propuesta:

“Volver al modelo virtuoso de poder adquisitivo creciente + consumo interno + inversión + ciencia y educación, que son los verdaderos ejes para garantizar una mejor calidad de vida”.

Y señaló que serían esos los ejes de la discusión del viernes 21, en la reunión del Consejo Nacional Justicialista en la que, además, se trataría de “ordenar nuestra fuerza política en función de una coyuntura en la que urge tomar decisiones para que la sociedad tenga una alternativa” y “no termine votando en contra de sus propios intereses”.

La CGT, por su parte, también movió sus piezas tras meses de quietud.

Mientras se escriben estas líneas la central obrera sostiene un encuentro cuyo sentido había adelantado a los medios previamente: todas las corrientes que la componen intentarán ponerse de acuerdo en la elaboración de un “gran consenso político, económico y social que promueva el desarrollo, la producción y el trabajo como instrumentos hacia un horizonte de crecimiento con justicia social”, según se supo.

Ese mismo consenso cuyos límites señalaba en sus declaraciones Manrique.

También se trata de acordar la realización de un acto masivo el 2 de mayo, para conmemorar el día del trabajo y mostrar la capacidad de movilización con que cuenta el movimiento sindical. Algunos párrafos del borrador del documento fueron comunicados a los medios.

En él se responsabiliza de la catastrófica situación social actual tanto a la oposición como al oficialismo, a cuyos dirigentes se llama por igual a asumir la responsabilidad de reconstruir un país con inflación controlada, desarrollo sostenible y justicia social.

Valdrá la pena leer, una vez oficializado el documento, la serie de diez puntos que pretenden transformarse en ejes del consenso que se exige.

Consenso difícil, se diría, atendiendo a los adelantos conocidos, ya que entre lo que se propone se pueden encontrar orientaciones como las siguientes

(los subrayados son de Panorama Político):

“fortalecer los sistemas de salud y seguridad social;

promover un proceso de movilidad social ascendente;

recuperar la independencia económica para evitar que nuestras decisiones soberanas sufran los condicionamientos de intereses ajenos a la Nación;

demandar un mayor compromiso de responsabilidad social empresaria en los sectores formadores de precios;

lograr una mayor participación de la ciudadanía para fortalecer las instituciones democráticas; reconstruir un Estado promotor del desarrollo, que proteja los recursos estratégicos de todos los argentinos y argentinas y que explote nuestras riquezas de manera sustentable y en beneficio de la sociedad; garantizar que estas actividades no agraven la problemática ambiental,

y abordar los cambios en el trabajo asociados a las tecnologías de la información y la comunicación, la inteligencia artificial y a la automatización de los procesos productivos promoviendo el diálogo entre los actores sociales involucrados con el objeto de activar los mecanismos regulatorios necesarios que permitan hacer de la revolución tecnológica un instrumento transformador para el desarrollo con inclusión social”.

No se ve cómo estas propuestas, que recuperan, aunque con cierta timidez, conceptos que parecían olvidados, podrían ser la base para consensuar políticas con sectores que explicitan un proyecto que se centra en disminuir el costo laboral, reprimir la protesta social, desregular el trabajo, afianzar el movimiento privatizador, apropiarse del excedente económico de modo exclusivo, llamar al pueblo argentino a “soportar el dolor” -que están dispuestos a infligirle, hay que agregar- y aprovechar las nuevas tecnologías para desarrollar, como es el caso de Mercado Libre, economías de plataforma que tienden a generar monopolios articuladores de varios sectores (el comercial y el financiero para empezar), que evaden sistemáticamente impuestos, impiden a sus trabajadores toda forma de sindicalización, hacen lobby para mantener desregulada la actividad laboral en sus empresas, ejercen y defienden la sobreexplotación de los trabajadores, y aprovechan sistemáticamente las guaridas fiscales.

En otras palabras, si las propuestas de la CGT expresan seriamente las posiciones político-programáticas del movimiento obrero organizado, es decir, si en verdad las organizaciones sindicales están dispuestas a defenderlas y promoverlas, lo que se avecina no puede ser más que el conflicto.

Es una buena noticia que los términos de ese conflicto estén empezando a cobrar forma pública y explícita, y que tanto desde la dirigencia política como desde las dirigencias sociales empiece a haber expresiones claras de ello.

En el mismo sentido operan, siempre cerrando el mes, la Marcha de las Antorchas, el acampe en Plaza de Mayo y las declaraciones de Unidad Piquetera que tuvieron lugar el 19, y que prometen confluir a futuro con protestas equivalentes de las organizaciones sociales “oficialistas”.

Se verá.

Un día antes de resignar sus aspiraciones a la reelección, en una medida que tanto la Provincia de Buenos Aires como el ala kirchnerista del FdT venían reclamando casi desde inicios de su mandato, el Presidente abrió la licitación para el dragado del Canal Magdalena, resistido tanto por las grandes cerealeras argentinas como por el gobierno uruguayo, que comparte la administración del Río de la Plata y se beneficia de la necesidad en la que se ven los barcos que exportan las cargas argentinas de usar el canal de Punto de Indio.

Fernández, acompañado por el gobernador de la Pcia de Buenos Aires, Axel Kicillof, argumentó que, así como Uruguay cuida sus intereses nacionales, otro tanto merece hacer la República Argentina, y subrayó la importancia que para la afirmación de la soberanía nacional y el control de las exportaciones tiene la obra. Kicillof, más enfático, insistió en que sin el Canal Magdalena,

“Argentina queda partida al medio”.

El Magdalena permitirá, además de conectar el Río de la Plata con la costa atlántica, rearticulando por sus vías navegables la unidad nacional, desarrollar y aprovechar los puertos platenses, de excelentes condiciones y hoy relegados.

IV Sobre el cierre: qué ocurrió en el Consejo Nacional Justicialista

“Poca cosa”, sería la respuesta a la pregunta implícita en el título de este último punto. La reunión, a la que asistieron unos 70 dirigentes (entre ellos el Presidente de la República) duró menos de una hora.

En ella solamente se definieron el lugar y la fecha del Congreso Nacional del Partido Justicialista, evento que tendrá lugar el 16 de mayo en el Microestadio de Ferrocarril Oeste.

Quizás, desde el punto de vista de la política electoral, más significativo que la decisión en sí, necesaria, esperada y formal, sea el hecho de que el portavoz de la reunión haya sido Axel Kicillof.

El gobernador señaló que el encuentro sirvió para cumplir con los requisitos institucionales de convocatoria partidaria, y para consensuar como prioridad la necesidad de ordenar tanto al Justicialismo como al FdT y darse una estrategia clara para la campaña electoral.

Interrogado sobre si habrá candidaturas consenso o PASO, Kicillof subrayó que, por el momento, todas las opciones están abiertas, y que la discusión de ese punto será una de las tareas del Congreso partidario.

Foto Estilo Sud