Lo que está en discusión, siempre, es como se reparte la riqueza que genera el trabajo humano

FRANCIA ARDE PORQUE TIENE UN PRESIDENTE VALIENTE

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Por Claudio Corriés

¿Cuándo se van a ajustar los ricos?. Mientras tanto, Francia arde entre los medios de comunicación, los poderes fácticos y las minorías acomodadas que califican a Macron de valiente y los millones de franceses que se resisten, con valentía, a ese cobarde.

Por Claudio Corriés

10/04/2023

La VALENTÍA ha sido siempre considerada una virtud.

Tener el coraje de enfrentar las adversidades poniendo “el pecho a las balas” para defender causas justas es, palabras más, palabras menos, la definición de valentía.

Desde la antigüedad, todas las civilizaciones (Grecia y Roma por ejemplo) y más acá nuestros patriotas ejercieron la valentía de enfrentar a los enemigos con coraje y desprendimiento.

Pero las palabras van perdiendo –o mutando- sentido con el correr de los siglos.

Viene esto a cuento de los elogios que la prensa prodiga en estos días al Presidente de Francia, Emanuel Macron.

Sucede que Monsieur Macron ha resuelto establecer por decreto un cambio en el régimen previsional para los franceses, aumentando la edad de jubilación.

Proyecto hecho a medida de los fondos de especulación financiera (los que asesoran a Macron) que azotan no solo a los pobres del mundo sino al mismísimo capitalismo productivo.

LOS MISMOS fondos especulativos que promueven esas reformas son los propietarios de las grandes cadenas de medios de comunicación que califican de valiente a Macron por “hacer lo que hay que hacer”, es decir quitarles derechos a los más vulnerables.

Los tanques mediáticos (los explícitamente de derecha y los que se autoperciben progresistas), están todos alineados detrás de esa supuesta valentía.

Similar valentía a la que mostraron Fernando De la Rua, Ricardo Lopez (ley de) Murphy y Patricia Bullrich Luro Pueyrredon cuando redujeron las jubilaciones y el presupuesto universitario, entre otras maravillas discursivas aplaudidas por la patria mediática.

La “inviabilidad” de los sistemas de jubilación es uno de los caballitos de batalla, bajo argumentos que parecen serios pero que esconden otras razones.

No importa donde, cada vez que un gobernante reduce las jubilaciones o alarga la vida laboral lo tildan de “valiente”.

Lo que está en discusión, siempre, es como se reparte la riqueza que genera el trabajo humano.

Nuestra(s) sociedad(es) se encuentran frente a cada problema con esa disyuntiva.

El obsceno aumento de las riquezas de las grandes corporaciones y de los megaultra millonarios contrasta con el aumento de la pobreza y las presiones para que todo ajuste sea pagado por los pobres.

La FAO advierte sobre la inminente hambruna que azotará África producto de la guerra de Rusia contra la OTAN.

En los últimos dos años el PBI argentino (y el mundial) aumentó y también la pobreza, casi en el mismo nivel.

¿Quién se quedó con ese aumento de lo producido por el trabajo?

Los cuatro vivos de siempre.

¿Y el derrame?

Solo un ignorante puede sostener que tal cosa existe.

Nunca, jamás, ninguna riqueza derramó nada.

La codicia, base del capitalismo y perfeccionada por el capitalismo financiero no prevé derrame alguno.

Cuando más libre es el mercado, menos libres son las personas.

Pero volviendo al tema de la valentía:

¿quién es el valiente?

¿El que baja las jubilaciones o el que enfrenta a los poderosos?

¿El que justifica que los que ganan una mierda deben ganar menos, trabajar más tiempo o el que les dice a los que ganan fortunas a costa de la miseria que son ladrones?

¿Quién es el valiente?

¿El que justifica las utilidades injustificables de las empresas o el que quiere ponerles un tope?

¿Son de verdad valientes la multitud de malthusianos que llenan los estudios de TV y sostienen que es mejor la miseria de muchos porque no alcanza para todos?

Porque todo ajuste es, en el fondo, producto de ese pensamiento pasado de moda, que huele a pis de gato y que destila odio y violencia hacia los más vulnerables.

¿Cuándo se van a ajustar los ricos?

Mientras tanto, Francia arde entre los medios de comunicación, los poderes fácticos y las minorías acomodadas que califican a Macron de valiente y los millones de franceses que se resisten, con valentía, a ese cobarde.

Los pueblos hemos seguido –siempre- a los que se atreven, a los que dicen NO, a los que se plantan frente a las injusticias, a los que se “equivocan” a favor de los vulnerables, a los que tienen el coraje de enfrentar al poder, a los y las que no hacen la política en base a la tapa de los diarios o las modas.

Los proyectos que enamoran, los que merecen ser militados y seguidos, son los que tienen la valentía de no arrodillarse.

Los que no acomodan el cuerpo según de dónde sople el viento.

También, claro, hay valentías cotidianas e ínfimas:

defender a los y las vulnerables y a los y las vulnerados, ponerse del lado de quien sufre, decir NO ante los pequeños robos cotidianos de los que somos objeto, espetar las contradicciones y los abusos de los grandes o pequeños poderes.

O hacerse el distraído para, supuestamente, pasarla mejor.

Corren tiempos en los que son necesarios las y los valientes.