¿Qué vamos a hacer si nos habita semejante monstruo?

LA CRONICA DEL «ENANO FASCISTA» QUE MACRI LLEVA ADENTRO

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Por Ignacio Lizaso*

Procurando dar a su voz el tono confesional de una sesión de terapia, en un tramo del anhelado anuncio de que no será candidato presidencial del PRO, Mauricio Macri volvió a mencionar al «enano»  que llevamos adentro.

Por Ignacio Lizaso

NAC&POP

06/04/2023

Una interpretación simple sería: qué vamos a hacer si nos habita semejante monstruo.

Traducido al lenguaje macrídeo básico: qué le van a hacer (todos ustedes) si me habita semejante monstruo.

Ya lo había presentado en sociedad en julio de 2019.

Entonces habló del «enano incumplidor».

Es casi automático asociar esta presencia del enano con aquella acusación – a la que se diría que se remitió Macri – que nos asestó la extraordinaria periodista italiana Oriana Fallaci: «los argentinos tienen un enano fascista adentro».

Corresponsal de guerra en Vietnam, la Fallaci ya había osado decirle en la cara «dictador» y «torturador» a Leopoldo Fortunato Galtieri.

Un año después (hace 40) y ante las cámaras de tevé calificó de «colaboracionista» a Bernardo Neustadt.

Y en conferencia pública denunció a Clarín y La Nación: «aquí hubo un genocidio, algo tan atroz que no es posible implantar sin una prensa cómplice».

Con el «llevamos» (no es su estilo desnudar sus múltiples debilidades), Macri hizo suya y pretendió endilgarnos la maldición del enano.

Aunque lo mencionó como si fuera una mascota.

Ha sido extensa la actuación del enano (en adelante, Mauricito), que tuvo consecuencias funestas en la vida de los argentinos.

Se estima que su trayectoria arrancó el 24 de agosto de 1991.

Ese día la banda «de los comisarios» secuestró a Macri (de aquí en más MM) y lo liberó tras el pago de 6 millones de dólares, que hizo efectivo Nicky Caputo.

(De las 9 letras de secuestro 7 aparecen en simulacro, palabras que se vincularon en aquel episodio).

Era el día de San Bartolomé, uno de los apóstoles que murió al ser desollado por no renegar de su fe cristiana.

En las tratativas fue Mauricito quien se encargó de tomar contacto con los capos de la banda: el Turco Ahmed, Poroto Vidal y Jopo Ramírez, y trabó estrecha amistad con el Fino Palacios.

Fenómeno de antología, durante la investigación del secuestro Camilo Ahmed, hermano del Turco, se suicidó en Mar del Plata arrojándose de un piso 11.

Según el informe médico le habían disparado un tiro en la sien.

En su mano se encontró una pistola.

Se ve que al caer – atención, vuelo de más de 30 metros sin soltar el «fierro» -, hombre de palabra, no estando seguro de que se concretara su propósito, por las dudas se pegó un tiro.

Las fotos de la liberación mostraban a MM luciendo bigotitos en el estilo de los de su admirado Freddy Mercury.

Su padre, Franco, tenía un borroso aire a un eufórico Coco Basile en un vestuario triunfal.

Siendo vicepresidente de Socma y asesor estrella de Franco Macri, Jorge Aguado le sugirió que apartara a MM de los negocios familiares.

Se ignora si adujo torpeza y vagancia, o simplemente le inspiraba desconfianza.

Los argentinos bien nacidos jamás le perdonarán tan desastrosa actitud a Aguado, que había sido gobernador bonaerense en los estertores de la dictadura de Jorge Videla y Emilio Massera.

Si el egresado del Cardenal Newman hubiera seguido con los negocios familiares se habría conformado con practicar el contrabando y otros hobbies que lo atraían.

Con buen dinero a disposición, MM y el enano sentado en su muslo derecho, como Chirolita, emprendieron el ambicioso operativo Boca Juniors, base fundamental de la carrera política.

MM logró apoderarse del club en 1995 y recién se alejó en 2007, cuando fue elegido jefe de gobierno de CABA.

(Hoy su artillería pesada apunta a Román Riquelme, señal de que MM aspira a volver a conducir el club, a distancia, con control remoto).

Mauricito respaldó la designación del Fino como gerente de seguridad, área a la que ingresaron Carlos Stornelli, Raúl Plee y Guillermo Montenegro, una línea media de avería.

En cuanto Boca quedó atrás, el enano (siempre con perfil bajo) no dejó de ser figura fundamental en la trayectoria de MM.

Se juntaba con Jaime Durán Barba a escuchar sus propuestas y tomar unos piscos, le costó aprobar la alianza con la Carrió y fue autor intelectual del fallido intento de declarar a Franco en estado de insanía.

Qué enano de mierda…!

En las elecciones de 2015 el armado del Frente Renovador (reunió el 21.39 % de los votos) y la encarnizada campaña contra Aníbal Fernández en la provincia de Buenos Aires, fogoneada por la Carrió, hicieron que el kirchnerismo supiese qué era la derrota en el plano presidencial.

Después de las experiencias de José Alfredo Martínez de Hoz y Domingo Cavallo (en los 90 y convocado por Fernando de la Rúa), volvía a aplicarse el modelo de privilegiar la especulación financiera sobre la actividad productiva.

Se iniciaba el doloroso peregrinaje que condujo al país de la ilusoria revolución de la alegría a un doble sometimiento: primero a los fondos buitres a través del pago pronto y sin cuestionamientos, y a fines de junio de 2018, con ostensible presión de Donald Trump, al FMI, que le otorgó un préstamo de un monto nunca antes desembolsado por el organismo.

Funcionarios del FMI y estos días senadores yanquis ejercen humillante vigilancia sobre la economía con los ojos puestos en el litio, Vaca Muerta, la hidrovía y demás riquezas naturales.

El balance de la gestión – de la que son corresponsables MM y Mauricito – está plagado de saldos en rojo en materia de inflación, desempleo, salarios, jubilaciones, a lo que se sumó la fuga de capitales, reconocida por el propio FMI en vísperas de la Navidad de 2021.

Paralelamente la justicia, con la Corte Suprema a la cabeza, se transformó en partido político al servicio del poder real: Héctor Magnetto, las corporaciones, el campo en particular, la embajada yanqui.

El nano – persona de reducida estatura en el lenguaje calabrés de la ´Ndranghetta – lucía su cínica sonrisa.

Hasta que en los comicios de 2019 las cifras del escrutinio sentenciaron que el kirchnerismo recuperaba el gobierno.

Cifras que se fueron divorciando de la realidad.

Son millones los conciudadanos que se resignan a admitir que el primer magistrado – categoría que se asignaba al presidente de la nación – es Horacio Rosatti .

Al proveer las Paso un anticipo de ese resultado, Mauricito concibió un acto de venganza de MM, consistente en «incendiar la economía» (título del diario Ámbito) mediante una siniestra devaluación.

La caída fue estrepitosa y no pocos de quienes alcagüeteaban a MM (la versión más burda, con g y diéresis) hicieron oir voces diferentes a las que los distinguían en la época de los bailecitos alrededor de la esfumada Gabriela Michetti.

Mauricito nunca le perdonó a Horacio Rodríguez Larreta el desplante que le dedicó a MM el 8 de septiembre de 2021, en el cierre de campaña de Cambiemos.

Lo hizo ocupar el centro del palco, pidió un aplauso que sonó tibión, «más fuerte», gritó, y a los 27 segundos apoyó la mano en el hombro de su ex jefe y lo fue llevando con oscuro destino de ser uno más en la tribuna popular.

A los 3 meses resonó la revancha, con texto prolijamente diseñado por Mauricito.

El que saque los pies del plato, desaparece, amenazó MM, y reinó el terror en las filas partidarias.

El hombre guardaba legajos armados por los agentes de la AFI, que habían hecho objeto de operaciones de espionaje a Sandra y Florencia, hermanas de MM, a Larreta, a la Vidal, a Emilio Monzó, a Diego Santilli.

Todas las víctimas coincidieron en que MM no tenía nada que ver con esta canallada, y surgió la teoría de los «cuentapropistas».

Con grosera intención destituyente, Santilli acaba de pronosticar que este gobierno «no aguanta hasta diciembre».

Precisamente él, espiado junto a sus hijos – testimonio de su ex esposa, Nancy Pazos -, y que exhibiendo una infrahumana capacidad de aguante no trepida en aparecer abrazado a quien ordenó que se vigilara su intimidad.

Es así, señores, con tal de no desaparecer hay que bancarse cualquier degradación.

Todo indicaría que por ahora las carpetas permanecerán archivadas, tal como se le aconsejó a MM – ¿quién le habrá puesto esta vez la mano en el hombro para sacarlo del escenario mayor? – cuando recibió instrucciones para que desistiera de su candidatura y limitara su puja con Larreta a la erección de su primo Jorge Macri como aspirante número 1 a jefe de gobierno de CABA y la confección de las listas partidarias.

Conjetura: la callada quietud del archivo quizás se prolongue mientras Mauricito no sienta necesidad (y urgencia) de producir un nuevo episodio de venganza.

No debe olvidarse que en ocasión de propinar el masivo castigo de la devaluación fue capaz de confesar: «tengo que estar tranquilo, si me vuelvo loco les puedo hacer mucho daño a todos».

No es fácil descubrir la identidad de Mauricito.

Hemos escuchado que su apellido podría ser Villardita, el creador de ´Ndranghetta.

Acaso se trate de un apodo.

Otra versión sostiene que han sido varios los «enanos» que habitaron las entrañas de MM y que (argumento irrebatible) ninguno soportó residir demasiado tiempo en ese aguantadero.

Según esta teoría, el último habría sido el ínclito Fabián Rodríguez Simón, autor del proyecto que habilitó el ingreso a la Corte por asalto del citado Rosatti en yunta con Carlos Rosenkrantz, delegado de Magnetto.

Pero como Sarmiento, como Alberdi y otros grandes, Pepín debió emprender el camino del exilio.

Lo cierto es que la impunidad de que aún gozan las figuras destacadas del macrismo y el Pro permitió que el nano se convirtiera en violador serial.

Violador de derechos humanos y esfínteres surtidos.

Ya lo consagró Larreta y lo reafirma Santilli, nobles espíritus sometidos a espionaje hasta en sus sesiones de bidet: MM es absolutamente ajeno a las tenebrosas maquinaciones de sus Mauricitos. Salvedad final.

Es ridículo que les adjudique a 45 millones de argentinos llevar adentro el mismo monstruo que lo habita.

Del diagnóstico de radiografías de MM, la Bullrich, Javier Mileikovsky, iglesias, wolffs y milmans surgiría que no se advierte la presencia de enanos, sí de gigantescos descendientes de Goliat, por supuesto, fascistas, acendradamente fascistas.

¨* La Fallaci escribió 12 libros, de los que se vendieron 20 millones de ejemplares.

Se la ubica como genuina precursora del periodismo moderno enfrentando en reportajes que de pronto se tornaban insolentes a personajes de la relevancia de Gandhi, Arafat, Sinatra, Gadafi, Jomeini y Kissinger.

Es interesante rescatar algunos tramos de su charla con Kissinger.

Lo llamó «nodriza mental de Nixon», «cultor del maquiavelismo», le dijo que no entendía cómo había llegado a ser «más famoso y popular que un presidente» y terminó deslizando que era «un ajedrecista muy frío» y que en el diálogo sin concesiones parecía «tímido».

Tocado por Oriana, Kissinger se salió de cauce: «no soy lo que se cree ver, jamás le diré a nadie quién soy», juró.

En sus últimos años a la Fallaci la afectó una enfermiza preocupación por la ola inmigratoria islámica hacia Europa.

El sentimiento creció hasta evidenciar rasgos de islamofobia y llamativos puntos de contacto con el fascismo que denostara agriamente.

Fiera venganza la del tiempo, sentenció Enrique Santos Discepolo (1,62 de estatura).

IL/