"Comodoro Py, un mercenario que le presta identidad a la Esma de la justicia"

EL NOMBRE DE LAS DOS CARAS

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Por Ignacio Lizaso*

 Comodoro Py, Py…un apellido vinculado a los enigmas matemáticos, Py tiene la fonética de la letra griega cuyo valor 3,1416 permitió determinar la longitud del círculo.

Por Ignacio Lizaso*

NAC&POP

05/02/2022

Cuesta entender que un ignoto Comodoro le dé nombre a los tribunales de Retiro donde miles de argentinos que no han dejado de ostentar poder llegan como imputados o sospechosos y salen como ciudadanos impolutos, a los que la justicia adorna con el bronce de la balanza ante la perplejidad (y la creciente bronca) de millones de compatriotas.

Por sus escaleras desfilan de ex presidentes a criminales mayoristas, de jueces a policías, y funcionarios que se han enriquecido en forma escandalosa.

Tipos que entran con una sonrisa y egresan radiantes y virginales.

Más que tribunal parece la sala de un spa.

Se inicia la columna con este texto sobre el hoy penosamente célebre antro de Comodoro Py, escrito por el colega Hugo Presman (con un par de agregados) mucho antes que se dispusiera que queden en manos de Julián Ercolini las causas por espionaje que involucran a Mauricio Macri.

Es útil ventilar aspectos poco conocidos de la trayectoria de este catalán nacido en 1819, en Barcelona, como Lluis Pi i Palá.

Estudió en la Academia Náutica de la ciudad condal y se graduó como piloto.

Época en que la armada de nuestro país, un proyecto en ciernes, requería el fogueado aporte de marinos extranjeros.

En esa corriente se sumaron el irlandés Guillermo Brown, el galo Hipólito Bouchard, el maltés Juan Bautista Azopardo.

Este Py comenzó su carrera en 1843 como oficial en el pailebote San Calá, a las órdenes de Brown.

Hasta 1851 intervino en las operaciones del sitio de Montevideo y contra el bloqueo anglofrancés.

Después de la batalla de Caseros, siempre al servicio de los porteños, colaboró con el regreso de las tropas de Bartolomé Mitre derrotadas en Cepeda (1859) y en 1861 fue designado capitán del puerto de Buenos Aires.

Como ocurriría con otros personajes – sólido ejemplo es Adolfo Bullrich, nombre clave en el despegue social y sobre todo económico de su familia -, contribuyó sensiblemente a su progreso luego de haberse incorporado a las filas de la masonería, avaladas por la presencia de las más altas figuras políticas: el citado Mitre, Domingo Faustino Sarmiento, Julio Argentino Roca y Justo José de Urquiza.

Py era miembro de la primera camada de la logia Regeneración número 5.

Meses más tarde le fue confiado el comando de Guardia Nacional, nave insignia de la escuadra.

Como teniente coronel – extraño grado, ya que se mantuvo dentro del plantel de la armada -, cumplió notable participación en la desigual Guerra del Paraguay, motorizada por la Baring Brothers, capítulo vergonzante de nuestra historia.

Más allá de los elogios y el ascenso a coronel que mereció su actuación militar, en el combate de Paso de las Cuevas murió su hijo, el guardiamarina Enrique Py.

En 1871 Sarmiento reestructuró la escuadra – hay más gringos para este boletín -, liderada por el genovés José Murature, a quien secundaba Py.

De secretario de la escuadra oficiaba un joven Leandro N. Alem.

Un conflicto internacional provocó la aparición de Py, en un rol trascendente.

En 1876 una cañonera chilena capturó a la nave Devonshire, de Estados Unidos, que contaba con autorización argentina para extraer guano de la región.

Años en que el país trasandino no ocultaba las aspiraciones de extender su territorio hasta el estrecho de Magallanes.

El presidente Roca envió a la escuadra, compuesta por modestas unidades construidas para la navegación fluvial, a enfrentar a las modernas naves chilenas.

Tres días después que la escuadra intrusa se retirara del lugar abandonando precarias viviendas que había levantado en la costa, Py izó la bandera celeste y blanca en el cañadón Misioneros, y tomó posesión de las desembocaduras de los ríos Gallegos, Deseado y Santa Cruz, donde procedió a establecer puertos militares.

Ratificación de la soberanía argentina sobre la Patagonia.

«Valiente, sereno, honrado y amigo de los hombres libres», calificó Murature a Py, que se ganó las jinetas de comodoro.

Un nombre con dos caras.

A la luz de lo que ha pasado a representar eso que se llama a secas Comodoro Py – enaltecido por paradigmas como Claudio Bonadío, Carlos Stornelli y Ercolini -, suena grotesca la exaltación de la amistad de ciudadanos libres.

Actualizando nombres cabe preguntarse: ¿CFK? ¿Amado Boudou?

En 1879 el Zorro Roca ordenó que la escuadra conducida por Py emplazara sus naves en el puerto de Patagones.

Por su posición geográfica, a orillas del río Negro, que 30 kilómetros más adelante vuelca sus aguas en el Atlántico, el objetivo fue considerado antojadizo y aún incomprensible.

Pero era ajedrecísticamente una movida estratégica.

El Zorro se aseguraba que las naves y sus efectivos dieran respaldo y sobre todo apoyo logístico a la campaña de genocidio de tribus originarias y apropiación de sus tierras tramposamente llamada conquista del desierto.

La meta era arribar a Choele Choel, población cuyos aledaños llegaban al mencionado río Negro.

Haberse prendido en gestas como la Guerra de la Turra Alianza y el exterminio de indígenas son rastros que manchan el legajo de Py.

En su momento se habló de que habría incursionado en prácticas de contrabando y de excesos disciplinarios en el trato de su soldadesca.

Al morir Py, en 1884, el diario La Prensa. que entonces propiciaba la campaña de Roca y el arrebato de campos a beneficio del modelo agroexportador, ya centrado en pocas manos – su fundador, José C. Paz, era un acaudalado estanciero -, le dedicó una sentida necrológica.

«Jamás salpicaron su reputación las miles de acusaciones que han caído sobre el personal de la Marina», sentenciaba.

Sorprende que en esa época, con un rudimentario sistema de difusión de noticias, se hubieran registrado «miles de acusaciones». (Off the record, don José Clemente: ¿tres o cuatro no serían valederas?).

No sorprende, en cambio, la adhesión vitalicia de los Paz a la Marina.

En medio de un feroz ejercicio del antiperonismo, desde 1956 era habitual que en el comedor del gigantesco edificio que pertenecía al diario, sobre avenida de Mayo al 500, ocupara una mesa el almirante Isaac Rojas, rodeado de directivos y redactores aportantes al Servicio de Informaciones del arma amiga.

Se ha tornado infinita la longitud del círculo que se adueñó de los mayores estrados de la justicia.

Cuando de la Suprema Corte en más los tribunales recuperen independencia y credibilidad es posible que Comodoro Py pierda la desusada fama que ha ganado no precisamente en buena ley y que le valió erigirse en la «Esma de la justicia».

Se creyó que este régimen caería simultáneamente con el reemplazo del gobierno de Macri.

Ilusa creencia.

Ha superado el lustro y también el sexenio de tropelías y avasallamiento de derechos.

Airosamente se lo aprecia avanzar hacia una todavía inconcebible nueva edición de la década infame, ya padecida por la república.

Pero no con un gobierno avalado de elecciones con un marco democrático.

A lo largo de la década de 1930 se sucedieron el gobierno de facto del general José Félix Uriburu, el fraudulento del también general Agustín P. Justo y el del doctor Roberto M. Ortiz, tempranamente muerto y sustituido por Ramón Castillo.

Los cortesanos con Horacio Rosatti y el angosturado Carlos Rosenkrantz a la cabeza, la institución Comodoro Py, Héctor Magnetto y Macri como locutor manejan el plato del que «cualquiera que saque los pies, desaparece».

Es curioso, la última misión encomendada a Luis Py fue en Patagones.

 

Con esta palabra Hernando de Magallanes denominó a los indígenas habitantes del extremo sur de nuestro país.

El nombre fue inspirado por el tamaño de las huellas que dejaba su andar por la nieve.

Patas grandes, patagones.

Y resulta que el tribunal al que le colgaron el apellido de Py está cada día más hondamente ligado a quien se autodesignó único examinador de la relación entre pies y plato.

Enigmas matemáticos, inalterable longitud del círculo, discreto encanto del spa, prisiones pedestres.

El Coinodoro está que arde.

IL/