Más que nunca es oportuna la referencia a los perversos enunciados de libertad que pronuncian los denominados libertarios.

¿QUIÉNES SE QUEDAN CON NUESTRO DINERO?

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Por Julián Denaro

Quiénes suben los precios? Una parte de la respuesta reside en el hecho de que unas pocas corporaciones se hacen de todo el dinero, mientras el conjunto del pueblo argentino termina pagando con inflación, dentro de un esquema en el cual salarios y jubilaciones no suben por encima del nivel de precios, sino por debajo.

 

 

Por Julián Denaro *

NAC&POP

1 de octubre de 2021

 

Más que nunca es oportuna la referencia a los perversos enunciados de libertad que pronuncian los denominados libertarios.

Ellos son una expresión del conservadurismo que procura la ausencia de regulaciones para ejercer el abuso de su posición dominante, dando como resultado un enriquecimiento para ellos, cuya contracara es empobrecimiento para el conjunto del pueblo.

Es decir, la consecuencia de las consignas neoliberales vociferadas por los conservadores es concentración de ingresos que significa aumento de pobreza.

Yendo al terreno concreto, la libertad en un mercado significa permitirle libertad a los dueños del mercado para ejercer abuso de su posición dominante y así quedarse con toda la plata, sometiendo al pueblo.

En un extremo de la cadena, fijan los precios de compra a los pequeños productores, a quienes le pagan por debajo de lo que corresponde, y en el otro extremo de la cadena, inflan los precios que pagamos todos.

Así las cosas, cuando se habla de inflación, uno puede preguntarse:

Quiénes suben los precios? Una parte de la respuesta reside en el hecho de que unas pocas corporaciones se hacen de todo el dinero, mientras el conjunto del pueblo argentino termina pagando con inflación, dentro de un esquema en el cual salarios y jubilaciones no suben por encima del nivel de precios, sino por debajo.

Ahondando en el asunto, al pagar un paquete de yerba 400 pesos, se advierte que tan sólo 50 pesos van para el yerbatero, 20 pesos al secadero, conformando entre ambos un 17%, al tiempo que 330 pesos lo reciben el acopiador, la empresa que etiqueta y el supermercado, reconociendo preocupantemente una enorme injusticia en la distribución del precio.

Avanzando con el análisis, observamos que la lata de tomate aumentó un 50%, pero que el productor de tomate subió su precio apenas un 10%, con lo cual otorgamos un sentido más relevante aún a la pregunta, quiénes suben los precios?

Las corporaciones intermediarias son las que se quedan con nuestra plata y suben los precios.

La frutilla vale cerca de 500 pesos el kilo en una verdulería de barrio en la Ciudad de Buenos Aires, pero a los costados de la Ruta 2 se ubican puestos en los cuales se ofrecen 3 kilos por 500 pesos, o 2 kilos por 400.

Asimismo, en la estación de Morón, venden el kilo a 250 pesos. Por lo tanto, las distorsiones de precios convocan inexorablemente a reflexionar acerca del mecanismo de formación de precios y enfrentar el accionar de sectores que se quedan con un porcentaje cada vez mayor, concentrando ingresos.

Es evidente que en la medida que uno se acerca a los productores, se gana en calidad y se baja en precio, y en la medida que uno se aleja de los productores, siendo lo más lejano el hipermercado, se baja en calidad, se sube en precio, y por ende aumenta la concentración de ingresos a manos de las corporaciones intermediarias.

La creación del Programa Precios Cuidados, en 2014, que consiste en acordar precios finales con empresas clave en rubros esenciales como alimentos, higiene y limpieza, proviene de una profunda investigación sobre la formación de precios en cada eslabón de la cadena que va desde el pequeño productor hasta la góndola del almacén.

La mirada sobre los procesos de producción, distribución y comercialización debe ser crecientemente activa y determinante para controlar los abusos de posición dominante de las corporaciones intermediarias, acopiadores y monopolios formadores de precios.

Adicionalmente, el ingreso proveniente de nuestras exportaciones es un caudal de dinero muy importante que necesita el conjunto de la Nación Argentina para industrializarse, desarrollarse, generar empleo y mejorar la distribución del ingreso que, caso contrario, queda concentrada a manos de los más ricos.

Para este asunto son indispensables los cupos de exportación y las retenciones.

Los cupos de exportación limitan las exportaciones de alimentos porque debe asegurarse la provisión necesaria para que nuestro pueblo se alimente, tras lo que el excedente se vuelve un saldo exportable.

Pero primero, tenemos que comer los argentinos.

Las retenciones están en línea con ese objetivo, ya que consiguen financiar al Estado y al mismo tiempo bajar los precios en la mesa de los argentinos.

Se aclara que la Política Arancelaria es selectiva, lo cual significa que el Estado decide a cada momento los bienes sobre los que se aplica y en qué porcentaje a cada uno, que se va regulando conforme a la conveniencia estratégica y las oscilaciones de costos internos y precios internacionales.

Vale decir como ejemplo, que podría aplicarse: cero sobre los bienes industriales, dado que deben estimularse nuestras exportaciones con alto valor agregado, 50% a la soja, 30% a la carne, 25% al trigo, 20% al maíz, 15% al girasol, etcétera.

Pero la aplicación de estas políticas es de vital importancia, que se explica con el ejemplo de la carne, cuyo saldo exportable, según muchos analistas sectoriales, no debe superar el 24% de la producción, para asegurar que todos los argentinos podamos comer buena carne a precios razonables.

Aplicar retenciones del 30% significa que, si entran al país 1.000 pesos por kilo de carne, 300 pesos de cada kilo los recauda el Estado, financiando salarios, jubilaciones, obra pública, industrialización y desarrollo.

Por su parte, el exportador, que es una corporación intermediaria, recibe 700 pesos por kilo, con lo cual el precio hacia la mesa de los argentinos baja inmediatamente de 1.000 a 700, debido a que sus ingresos por exportaciones lo hacen de ese modo.

Pero claro, el “campo”, que entre comillas significa los consorcios concentrados de poderosos intermediarios, no quieren pagar retenciones, porque quieren toda la plata para ellos, sin preocuparles que estarían desfinanciando al Estado, además de que subirle el precio al exportador resulta automáticamente un traslado de esa suba al precio de los alimentos.

Por todo esto, Perón decía que la economía nunca es libre.

La economía es siempre dirigida. O la dirige el Estado, es decir el conjunto del pueblo a través del Estado, para conseguir la grandeza de la Nación y la felicidad del pueblo, o caso contrario la dirigirán los consorcios financieros trasnacionales para destruir a las naciones y esclavizar a los pueblos, consiguiendo la desdicha de sus habitantes.

Para conseguir que el pueblo dirija su propio futuro, Perón armó el Instituto Argentino de Promoción para el Intercambio, IAPI, en 1946, nacionalizando el Comercio Exterior, precisamente para que el dinero proveniente de nuestras exportaciones sea utilizado para financiar nuestra industrialización, desarrollo, inclusión social y mejorar la distribución del ingreso.

Bajo la misma visión estratégica, también se procedió, desde aquel mismo 1946, a la Nacionalización del Banco Central y los Depósitos Bancarios.

Esto está enunciado en la Constitución de 1949, que fuera anulada por un decreto de la dictadura militar que derrocó el gobierno de Perón luego del bombardeo a la plaza de mayo del 16 de junio de 1955.

Y se justifica enunciando que el caudal constante de ahorro del pueblo argentino, en vez de financiar la ganancia multimillonaria de la banca trasnacional, debe ser manejado por el Estado y dirigido a tres canales de producción y distribución: el Ministerio de Obras Públicas para financiar las obras de infraestructura necesarias, al Banco Hipotecario Nacional para construir viviendas y al Banco de Desarrollo Industrial para levantar industria.

En suma, también respondiendo a otra pregunta: Quiénes deben usar nuestro dinero?

Nosotros mismos para sueldos, jubilaciones, industria y desarrollo, o los bancos para la fuga?

 

*Julián Denaro, Economista (UBA), Columnista Económico en Televisión y Radio, Profesor en Universidades Nacionales (UBA y UNLAM), Doctorando en Ciencias Económicas en UNLAM y terminando la Licenciatura en Psicología en la UBA. Autor de seis libros, siendo los dos últimos “Del país dividido a la revolución cultural” (2017) y “Argentina entre las disputas de poder 2012-2019” (2019), y escribiendo dos nuevas obras.