Se trata de organizarse para BUSCAR LA VERDAD SIEMPRE, esa es la base de la autodeterminación popular
EL QUINTO HOMBRE PERONISTA*
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Haber transformado a un gran movimiento nacional como el justicialismo en un partido liberal progresista fue un grave error que nos llevó a sucesivas derrotas.
Por Daniel Di Giacinti_
VILLA MANUELITA
21/11/2025
Haber transformado a un gran movimiento nacional como el justicialismo en un partido liberal progresista fue un grave error que nos llevó a sucesivas derrotas.
Justamente porque son las instituciones democráticas del liberalismo las nuevas formas de poder colonial que impiden hoy la organización popular y la construcción de la armonía social que nos podría liberar._
El peronismo debe definir con claridad la nueva democracia que propone para lograr la unidad de los argentinos marcando las diferencias fundamentales con la democracia colonial que lleva a la desunión y disociación de todos los movimientos progresistas de Latinoamérica.
En ese sentido uno de los asuntos más difíciles para posicionar la idea de la nueva democracia peronista es ver al justicialismo como una nueva identidad revolucionaria con una proyección de carácter universal.
Si bien el lema de la Tercera Posición ahonda ese camino armonizando las potencias espirituales y materiales del hombre, como así también sus fuerzas individuales con lo colectivo como nueva forma de soberanía popular, no alcanza a gestar un espíritu masivo de impugnación evidente a los sistemas que debe dejar atrás.
Su propuesta de tercera posición queda popularmente reducida a un aspecto geopolítico que la refiere a un momento histórico que nuestro movimiento transitó y que coincidía con el reparto de Yalta, Postdam y la guerra fría.
Su desarrollo generaría la Tercera Posición que acompañaría teóricamente al nacimiento de los países no alineados.
*La ilusión organizativa*
A esta circunstancia se sumaría la ilusión organizativa que sufriría la dirigencia peronista en las dos primeras presidencias de Perón, al pasar el Estado de una estructura mínima y colonial al servicio de Inglaterra al poderoso Estado similar en sus estructuras básicas a los estados de bienestar que reconstruirían Europa luego de la segunda guerra.
Es decir, grandes transformaciones que realmente produjeron cambios sustanciales pero que no se correspondían con el sentido organizativo que Perón pretendía.
Perón insistía: ¡hay que organizarse! y las dirigencias peronistas respondían: pero mi general, ¡ya estamos organizados!
También la multiplicación de la afiliación obrera que pasaría de 300.000 a 4 millones sumado a la unificación de la CGT, daría la impresión de un objetivo logrado por parte de los gremios trabajadores.
Algo similar pasaría con las fuerzas partidarias del justicialismo que consolidarían un gran partido nacional con miles de unidades básicas al que se le sumaría el revolucionario Partido Femenino.
Sucesos que también darían la impresión de una institucionalización finalizada.
Todos estos episodios alentaban la idea de que el peronismo era trangresor, era transformador, defendía los derechos de los rabajadores y propendía al fortalecimiento económico independiente de la nación, pero que todo se realizaba respetando las instituciones clásicas de la democracia liberal.
Sin embargo, Perón insistiría con la profundización de la organización popular como algo todavía no realizado. ¿A qué se refería?
*La organización popular*
Perón entendía que todas las instituciones clásicas del liberalismo debían transformarse para alcanzar una nueva dinámica y poder dar paso a una nueva participación ciudadana gestando una nueva filosofía de la acción política para sus dirigencias e instituciones.
Se trataba de que la ciudadanía toda pudiera participar en un proceso de creatividad y toma de compromiso activo respecto del desarrollo de los planes nacionales.
No dependía de instituciones concretas como las del liberalismo donde el sentido de la representación delegaba la soberanía política al poder ejecutivo y legislativo.
Se trataba de fundar un espíritu común para toda la comunidad y sus fuerzas políticas y sociales para que luego trabajaran coordinadamente en la creación y desarrollo de planes de construcción de la Nación.
La soberanía dejaría de delegarse ya que debía ejercerse con otros mecanismos de acción directa donde esos mismos representantes se transformarían en coordinadores de la acción común.
Juan Perón plantearía con el lanzamiento del Segundo Plan Quinquenal las claves fundamentales de esa nueva orgánica popular. Primero impulsaría un basamento conceptual para que la Nación toda tuviera principios y valores comunes y pudiera desarrollar una nueva potencia creadora.
Para ello crearía una doctrina nacional que se ofrecería como sustento fundamental para todos las fuerzas sociales y políticas de la Nación.
Luego convocaría a todo el pueblo a tomar un protagonismo movilizado y planificaría la acción de gobierno para que la comunidad pudiera fiscalizarla y acompañarla.
Abriría el poder ejecutivo del gobierno a las Organizaciones Libres del Pueblo a través de Consejos Socioeconómicos y convocaría a la participación colectiva para que la comunidad haga llegar al gobierno sus propuestas.
Se trataba de transformar a la política electoralista liberal en una política constructiva nacional.
Propondría para eso un acuerdo de las fuerzas políticas partidarias para encontrar un plan estratégico común y que la lucha fuera el planteo alternativo para mejorar lo acordado por el conjunto y no la imposición destructiva de un plan propio.
La política debía dejar de ser una pelea entre caminos ideologizados o sostenidos por intereses sectoriales o personalistas para llegar al gobierno y desde allí imponer su visión al resto, para transformarse en un diálogo permanente sobre los distintos senderos posibles para desarrollar la nación.
Para ello sostenía la necesidad de un nuevo acuerdo político social donde el centro de gravedad seria la construcción de la Nación y no la disputa de intereses.
Este acuerdo fundacional que describiría con mayor precisión en el Modelo Argentino sería la clave para poner en marcha la autodeterminación popular.
Por eso la organización que proponía no era ideologizada, ni partidaria, ni de defensa de intereses sectoriales.
Era la organización espiritual de la comunidad toda para poner en marcha la nueva democracia donde el hombre en comunidad podría lograr grados de solidaridades mayores elevando su cultura social al participar de la creación de los planes de desarrollo de la nueva Nación.
Para ello propuso las tres banderas de justicia social, independencia económica y soberanía política al conjunto del pueblo argentino y las incorporó al preámbulo de la constitución justicialista de 1949 como forma de ordenar ese nuevo proceso deliberativo y de diálogo e impedir que se agotara en enfrentamientos secundarios.
*La incomprensión*
Las fuerzas liberales al ver las tres banderas en el preámbulo de la constitución pondrían el grito en el cielo atacando al peronismo como movimiento autoritario y con aires fascistas.
No era así, era un pensamiento revolucionario que tendía a romper la exclusividad de las decisiones sobre las transformaciones sociales y políticas de las fuerzas partidocráticas y grupos corporativos.
Estas grandes modificaciones deberían ser explicadas como una nueva forma de representación ciudadana.
Pero la incomprensión de las dirigencias peronistas redujo la defensa del proceso revolucionario a un culto a la personalidad de las figuras de Perón y Evita que aumentaría las tensiones de la polarización y el enfrentamiento final en 1955.
Jauretche lo señalaría al exclamar: “¡cuando todo suena a Perón, el que suena es Perón!”
La falta de una comprensión del peronismo como un pensamiento revolucionario de carácter universal impediría una comprensión sobre los nuevos roles participativos ciudadanos y de la dinámica de las nuevas instituciones sociales y políticas.
Existe una conducción natural en cualquier comunidad que motoriza la clase media y que incluye, al comercio, la intelectualidad, la industria, los ámbitos religiosos, militares etc. y estos sectores no veían de qué forma podían participar de la nueva democracia propuesta por el peronismo.
La revolución peronista que había sido comprendida por el pueblo trabajador a través de su dignificación social lamentablemente no sería comprendida por la conducción natural de la comunidad y sus instituciones troncales.
Perón sería derrotado por el tiempo histórico que le tocó transitar.
Era un hombre del siglo XXI en el siglo XX.
*La Escuela Superior Peronista y el quinto hombre peronista*
Previendo la dificultad que presentaba la comprensión del proceso autodeterminante en sus dirigencias se lanzaría en 1952 la Escuela Superior Peronista para brindar herramientas de análisis desde la sociológico y filosófico.
En ese marco, en el libro Técnicas de adoctrinamiento Peronista, se desarrollaría la prédica del Quinto Hombre peronista para dar el marco de pensamiento universal que impregnó también los discursos de Eva en la ESP y que se transformarían en el libro La historia del peronismo.
Leemos en el libro Técnica Peronista de Adoctrinamiento:
“Yo no quiero mandar sobre los hombres, sino sobre los corazones”
(Perón, 17 de octubre de 1946).
“… *a).- En las masas.*
Los caudillos de todos los tiempos han dejado en el mundo una experiencia que es interesante: el importante papel que desempeñan los sentimientos en las reacciones de esos grupos de hombres, amorfos, sin personalidad, ni conciencia, ni organización social, que reciben el nombre de “masas”.
Ellos han sido los “técnicos” de la explotación y manejo de esos sentimientos. Las masas, conglomerados primitivos de la evolución social, actúan y reaccionan de una manera similar al hombre sin cultura, sin formación ni personalidad.
Tienen las masas un primitivismo, en muchos puntos, similar al “hombre de las cavernas”, porque las masas están en los albores de la evolución social.
Estas múltiples reflexiones nos conducen a interpretar la tumultuosidad de las reacciones de las masas; el enceguecimiento de sus sentidos; la obnubilación de sus potencias superiores y la explosión de sus instintos.
Es que los grupos de hombres como los mismos, en la parábola de su vida, deben tener un crecimiento armónico, orgánico y jerarquizado.
Cuando un hombre crece sin medida, en una sola faceta de su personalidad, es un monstruo, de la misma manera que es un monstruo si se desarrolla su cráneo en desproporción con la arquitectura de su tronco y de sus miembros.
Así también, las masas son formas primitivas y monstruosas en el estado actual de la evolución social, porque han desarrollado únicamente el sector afectivo y sus instintos con prescindencia de las otras notas humanas que circunscriben una personalidad, una conciencia y una organización sociales.
*b).- En los pueblos.*
Pero, cuando los grupos de hombres establecen entre sí lazos de índole superior, cuando cada uno de ellos tiene “conciencia de ser una dignidad y una vocación hacia formas superiores de vida”; cuando todos tienden hacia ideales comunes de bondad, de belleza, de solidaridad y de verdad, entonces las cosas cambian; los grupos de hombres pasan a ser grupos humanos.
Las masas se convierten en Pueblos.
Y la cultura social se traduce en una personalidad, una conciencia y una organización sociales.
Los Pueblos crecen y evolucionan en la armonía del orden y en la jerarquización de sus valores sociales.
Ya desaparecen las reacciones intempestivas, para dejar paso a las decisiones deliberadas, donde la inteligencia y la voluntad marchan hermanadas y al calor de los más nobles y generosos sentimientos y afectos.
La inteligencia le da al Pueblo conocimiento de su valor como grupo humano: de allí surge su conciencia social.
La voluntad dirige sus decisiones por el camino de la verdad y del bien y eso fundamenta su personalidad social.
Los buenos sentimientos le hacen vivir la necesidad de una armonía fraterna y solidaria con los otros hombres y ello le induce a configurar una organización social.
Y en todo el panorama campea la cultura social que es el ejercicio de los valores sociales del hombre.
Esta armonía, este equilibrio, esta jerarquización, no restan en manera alguna su importancia a los sentimientos en la psicología popular, antes bien la robustecen y le dan nuevo rango.
Los Pueblos están compuestos de hombres y los hombres, ha dicho bien un poeta, son “un pedazo de fuego con forma de corazón”…
Nunca han sido malos los sentimientos humanos; lo malo es la dirección que a veces se les ha imprimido.
*El hombre de la antigüedad clásica, el “primer hombre”.*
El hombre de la antigüedad clásica, el “primer hombre”, centró su vida en torno a la naturaleza.
La creación fue el “leit motiv” de su existencia y en ella cimentó su humanismo.
“Lo que le faltó a Grecia para la perfecta definición del hombre y el Estado fue precisamente lo aportado por el cristianismo: su hombre vertical, imagen de Dios” (Perón, 9 de abril de 1949).
No culpamos a Homero, a Fidias, a Aristóteles, a Horacio o a Cicerón de haber pulsado “el tema de la creación” en el maravilloso concierto de la historia.
Sólo queremos señalar que toda su potencialidad afectiva giró en torno de ese “tema” y la definición del hombre fue incompleta.
Pero nadie podrá afirmar que el “primer hombre” careció de sentimientos.
Bien que puramente natural, el sentimiento dirigido y jerarquizado por la razón brinda un colorido muy real y muy humano a la personalidad del “primer hombre”.
*En el medioevo. El “segundo hombre”.*
“Situar al ser humano ante Dios es definir la jerarquía del hombre” (Perón, 9 de abril de 1949).
Tal es el aporte del cristianismo y su resultante: “El hombre del medioevo”.
Atraído por las bellezas del espíritu y alentado por la aspiración a lo sobrenatural, el “segundo hombre” centra su vida en Dios y rinde culto a la vida interior, a las virtudes, a la religión.
Con una perfecta definición de su valor, el “segundo hombre” hubiera podido realizar el ideal humano si la fuerza de su amor a lo sobrenatural no hubiera sacado sus pies de la tierra.
Hubo, es cierto, un Santo Tomás de Aquino, filósofo de Dios y la creación…
Pero las maravillas de Dios hicieron que el “segundo hombre” olvidara la belleza de la tierra…
Y mientras el Pueblo contempla a Dios, ¡los señores feudales dominaron al mundo y a los Pueblos!…
Fue tan intenso el sentimiento de amor a Dios en el medioevo, que el Pueblo no sólo soportó heroicamente el dolor del sometimiento material, sino que salvó la civilización en torno de las paredes de los conventos y monasterios.
*En el Renacimiento. El “tercer hombre”.*
Y con el Renacimiento, resuena en el mundo la voz del “tercer hombre” que entona un himno a la razón y a la libertad. Erasmo, Descartes, Voltaire, Darwin y el liberalismo y el capitalismo siguen, con matices, la misma línea.
Todos los sentimientos del ser humano se vuelcan en la lucha por la libertad de pensamiento, de decisión y de acción.
Tanto, que se llega al “hombre lobo del hombre” y el “tercer hombre” es dominado por el hombre explotador.
Nunca como entonces se manifestaron tan exclusivamente los sentimientos.
Luchas, rebeliones, guerras, dolor, con el saldo de varios siglos de endiosamiento de la razón y la libertad.
*El hombre comunista. El “cuarto hombre”.*
Así las cosas, aparece en la historia el “cuarto hombre”… el hombre comunista.
Frío, sin afectos, sin celos, sin prejuicios, es hombre del colectivismo, el hombre científico, que vive nada más que para el Estado.
Sin embargo, su posición antiafectiva es más de forma que de fondo.
Los Pueblos, aún del otro lado de la cortina de hierro, siguen anidando sus sentimientos humanos.
También el nazismo preparaba “un cuarto hombre” y la realidad ha demostrado la utopía…
Los sentimientos pueden cohibirse.
Pero son un resorte que ante la presión desmedida pueden reaccionar violentamente.
“El cuarto hombre” es un mito comunista, que solamente se da en la realidad de los jerarcas, pero que no vive en el fondo de los Pueblos.
*5).- “Quinto hombre peronista”*
Mientras se disputan el panorama de la historia los cuatro hombres que hemos estudiado, escuchamos la voz del general Perón.
“El hombre es una dignidad.
Es una vocación hacia formas superiores de vida” (Perón, 19 de abril de 1949).
Es que Perón quiere un hombre donde se armonice el amor a la creación, a Dios, a la libertad, y a la comunidad…
Un hombre donde valores materiales, espirituales, individuales y colectivos, sean jerarquizados y armónicamente cultivados.
Tal, el “quinto hombre peronista”.
Un hombre que sabe que “el amor es lo único que construye” y que “sólo redime al hombre el trabajo y el amor” (Perón, 15 de noviembre de 1950).
Un hombre alentado por los más puros sentimientos de amor a la naturaleza, a Dios, a su libertad y a sus hermanos…
Un hombre nuevo y perfecto, un hombre bueno.
Por ello, dice Perón que quiere “mandar sobre sus corazones”, porque sabe “que los hijos del amor son los mejores”.
“Solamente los fanáticos del amor por una causa son capaces de morir por un ideal” (Perón, 17 de octubre de 1950)…! …»
_Juan Perón, Técnica peronista del adoctrinamiento_
*La democracia peronista*
El peronismo anuncia el nacimiento de un nuevo hombre que debe derribar las formas de representación coloniales que impiden su maduración y desarrollo orgánico.
Por eso persuadimos sobre la necesidad de construir la nueva democracia para romper definitivamente los impedimentos para el desarrollo de los pueblos, y hacer posible la construcción de una nueva patria.
“…Dentro de la terminología del adoctrinamiento peronista entendemos por Pueblo un grupo humano que posee conciencia, personalidad y organización sociales.
De esto ya hemos hablado anteriormente. Cuando un Pueblo dirige su conciencia, su personalidad y su organización hacia un objetivo común, de carácter económico, político o social, es decir que se encuentra vinculado por lazos e ideales comunes, recibe el nombre de Nación.
Si a esto se suma la presencia de un territorio, una organización jurídico política y un Poder o autoridad para hacerla cumplir, podemos hablar de listado.
Y finalmente, cuando contemplamos a un Pueblo, Nación o Estado determinado, dentro del marco de su tradición, su idiosincrasia, sus costumbres, su historia y sus ideales, entonces estamos frente al concepto de Patria.”
_Juan Perón, Técnica Peronista del Adoctrinamiento_
La idea del nuevo hombre del peronismo impulsaría un proceso de autodeterminación política que debería dejar atrás a las ideologías opresoras que alimentan una pesada partidocracia dispuesta a utilizar sus privilegios institucionales para la defensa de sus privilegios de clase.
Perón anunciaría el surgimiento de un nuevo hombre que en dialogo constructivo podría junto con su Comunidad elevar su cultura social y acceder a grados de solidaridad crecientes, social, nacional y continental.
De esta forma haría visible las nuevas formas de colonización que a través de las instituciones de la democracia liberal impiden este proceso gestando lo que hoy se conoce como democracias blandas sostenidas por un hombre masificado.
Las nuevas luchas por la liberación deben impulsar la organización popular que permita la transformación de la masa colonial en pueblos libres y movilizados para poder ejercer un nuevo derecho humano universal como es de CREAR su propio destino.
Además, se debe poner marcha un proceso de maduración colectiva de la comunidad logrando una mayor unidad nacional para poder enfrentar la complejización de la conflictividad sociopolítica en aumento y la sofisticación de las herramientas de manipulación informativa y sociológica hoy potenciadas por la IA.
La dirigencia peronista ha alimentado una desviación al acomodar al justicialismo dentro de los esquemas institucionales liberales, cómo partido político o como organización revolucionaria vanguardista.
Para que la nueva democracia fructifique se debe evolucionar de una fe en lo ideológico que es lo que da contención al verticalismo institucional liberal, a una nueva fe en las potencias espirituales de las comunidades.
Para eso debe dejar atrás la idea de que la moral y ética política depende de una interpretación ideológica previa, (una deformación de la moral del saber platónico) y pasar a una fe en los basamentos populares de los pueblos (las Virtudes Populares).
Se ha demostrado que el mecanismo liberal de soberanía política sostenido sobre representantes está desbordado por la aceleración de los procesos políticos y la multiplicación de su complejidad.
No se trata de buscar una nueva verdad universal para que luego desde ahí un grupo de iluminados marque el camino, sean ellos progresistas, liberales, marxistas o anarcocapitalistas.
Se trata de que las comunidades interactúen sobre esa realidad en forma comunitaria.
No hay organizarse para ENCONTRAR LA VERDAD, se trata de organizarse para BUSCAR LA VERDAD SIEMPRE, esa es la base de la autodeterminación popular.
Hoy se trata de que las comunidades se organicen, NO para tratar de comprender la complejidad del mundo sino para RECORRERLA construyendo en ese esfuerzo una nueva identidad en evolución permanente.
Los pueblos deben recuperar su dignidad perdida ante el embate de las plutocracias que los reduce a meros individuos infantilizados embarcados en una competencia destructiva y un materialismo extremo.
Las dirigencias peronistas deben abandonar la idea de ser los iluminados que analizan el problema y dan la solución, y humildemente predicar sobre las tres banderas históricas de nuestro movimiento para unirse a su Comunidad en la búsqueda de la solución a los problemas de la Patria.
Ese es el objetivo del quinto hombre peronista y de la Comunidad Organizada.
DG/