Se trata de vaciar la democracia de contenido popular

DETALLES, OSCUROS DETALLES

[addthis tool="addthis_inline_share_toolbox_h8hi"]
Por Carlos de los Santos*

Las contratadas:  MSA fue señalada en Honduras por irregularidades;  Smartmatic enfrentó denuncias de manipulación en Venezuela, e Indra fue investigada por corrupción en España.

Por Carlos de los Santos

NAC&POP

01/11/2025

PRIMERO: Las empresas contratadas para tareas complementarias, como la transmisión de telegramas de escrutinio, fueron Magic Software Argentina (MSA), Smartmatic e Indra.

Ninguna de ellas es ajena a la polémica: MSA fue señalada en Honduras por irregularidades en el sistema de transmisión (TREP), Smartmatic enfrentó denuncias de manipulación en Venezuela, e Indra fue investigada por corrupción en España.

Es decir, el control tecnológico del conteo electoral quedó en manos de corporaciones con antecedentes opacos, vinculadas a gobiernos y estructuras financieras internacionales.

SEGUNDO: combis del Correo Argentino, estacionadas en zonas apartadas, intercambiaron sobres y boletas con personal de Gendarmería.

Este tipo de escenas, lejos de ser anecdóticas, revelan el grado de connivencia entre sectores del aparato estatal y fuerzas de seguridad en los márgenes del proceso democrático.

TERCERO: cientos de personas no aparecieron en los padrones.

No es un error técnico: es una forma moderna de exclusión política.

Cuando el pueblo trabajador es borrado del registro electoral, se consuma un fraude silencioso: el derecho a decidir se vuelve privilegio de quienes controlan el sistema.

CUARTO: se promovió deliberadamente el abstencionismo.

No fue casual la falta de sanción ni el discurso mediático que desalentó la participación.

La desmovilización del electorado es parte del fraude estructural: se busca que la población descrea, se retire, abandone la disputa política.

En el fondo, este fraude no se reduce a la manipulación técnica del voto: es una estrategia de dominación ideológica.

Se trata de vaciar la democracia de contenido popular, convertir el sufragio en una simulación y reinstalar el orden neoliberal bajo apariencia de legitimidad.

El fraude del siglo XXI ya no se hace en las urnas, sino en los sistemas, los medios y las conciencias.

CDLS/