Fue una lucha desigual, pero determinante.
EL LABERINTO DE OCCIDENTE
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El 20/11/1845, La Confederación Argentina, con Juan Manuel de Rosas, enfrentó a Gran Bretaña y Francia, en la Vuelta de Obligado.
Por Luis Gotte
LA TRINCHERA BONAERENSE
11/12/2024
Por un Occidente hispanista
El 20 de noviembre de 1845 marcó un hito en la historia de la soberanía hispanoamericana.
La Confederación Argentina, liderada por Juan Manuel de Rosas, enfrentó a las potencias europeas, Gran Bretaña y Francia, en la batalla de la Vuelta de Obligado.
El objetivo era claro: impedir la navegación no autorizada de los ríos interiores argentinos, una acción que habría comprometido gravemente la soberanía, economía nacional y el control del territorio.
Fue una lucha desigual, pero determinante.
Si no se hubiera adoptado esa postura firme, el destino de América del Sur podría haber sido similar al de la India bajo el dominio británico o al de China sometida por las potencias extranjeras.
Más de un siglo después, en 1962, el mundo se enfrentó a la posibilidad de una guerra nuclear.
Durante la crisis de los misiles en Cuba, Gringolandia y la Unión Soviética estuvieron al borde del conflicto armado. John F. Kennedy, entonces presidente gringo, optó por una estrategia de bloqueo naval que, aunque arriesgada, persuadió a los soviéticos de retirar sus misiles.
Kennedy fue celebrado como un estratega del equilibrio y la paz en Occidente.
Hoy, en un contexto diferente, pero con resonancias históricas, la Federación de Rusia vive una situación que recuerda aquellos momentos.
El conflicto en Ucrania y la respuesta de la OTAN reavivan las tensiones entre bloques geopolíticos.
Sin embargo, más allá del relato hegemónico que presenta a Rusia como un nuevo enemigo del «mundo libre», cabe preguntarse: ¿qué es realmente Occidente?
La Crisis de Occidente
Occidente no es solo una construcción geográfica; es, fundamentalmente, un concepto cultural y político.
Su origen se remonta a la España de los Reyes Católicos, cuya reconquista culminó en 1492 con la toma de Granada.
Fue entonces cuando Occidente adquirió una identidad humanista y cristiana, con una fuerte impronta espiritual que se reflejó en las grandes corrientes de pensamiento de la Escuela de Salamanca.
Este Occidente hispánico trascendió lo material, priorizando la dignidad humana y la justicia social.
Con la invasión napoleónica y las luchas de independencia de la España Insular, conocida como América, esa esencia occidental comenzó a fragmentarse.
La hegemonía pasó a Gran Bretaña, cuyo espíritu materialista, colonialista y liberalista moldeó un nuevo orden.
Ese Occidente industrial, capitalista y dominado por el pragmatismo económico, contradice los ideales originarios.
Según Umberto Eco, este modelo comenzó su declive hace décadas, ingresando en una suerte de «Edad Media» moderna, marcada por el vacío espiritual y la decadencia cultural.
América Hispana: el renacer del nuevo Occidente
Ante la crisis y decadencia del Occidente, Hispanoamérica emerge como un posible baluarte de renovación
Nuestra región, heredera de esa tradición humanista y cristiana, tiene la capacidad de reimaginar un Occidente más justo y solidario.
Como José Vasconcelos postuló en La Raza Cósmica, América Hispana tiene un destino universalista, integrador, capaz de superar las divisiones artificiales impuestas por el colonialismo.
Sin embargo, este desafío requiere aliados.
En este sentido, la Federación de Rusia podría ser un socio estratégico.
Más allá de las diferencias geográficas e históricas, Rusia comparte con Hispanoamérica una profundidad espiritual que la acerca a las raíces cristianas y trascendentales del primer Occidente.
En lugar de alinearse con China y reforzar la dicotomía Oriente-Occidente, Rusia podría contribuir a un renacimiento occidental basado en principios más humanos y comunitarios.
El camino hacia el futuro
La reconstrucción de un nuevo Occidente exige más que estrategias geopolíticas; requiere un cambio de paradigma.
Es necesario abandonar el individualismo y el materialismo que caracterizaron la era de la hegemonía anglosajona y recuperar los valores fundacionales del humanismo cristiano.
Este Occidente renovado debe abrazar la solidaridad, el respeto por la dignidad humana y la justicia social como pilares de su identidad.
América Hispana tiene un papel fundamental en este proceso.
Desde su historia de resistencia hasta su riqueza cultural y espiritual, nuestra región está llamada a liderar esta transformación.
Pero para ello, necesitamos claridad de propósito, unidad y el coraje de reconocer nuestra misión histórica.
En un mundo donde las tensiones entre bloques parecen irreconciliables, es posible imaginar un camino distinto, un puente que conecte a las naciones y las culturas.
Este puente debe estar cimentado en los valores que un día hicieron grande a Occidente: la fe, la solidaridad y el amor al prójimo.
Solo así, lejos de las sombras de la decadencia, podremos construir un futuro más humano, para un Occidente hispanista y para el mundo entero.
LG/