"El nuevo dueño de Milei" arrastra al caos, pero no se hace responsable

LA NUEVA ADQUISICION DE MACRI

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Por Ignacio Lizaso*

«Nos perdonamos», dijo Patricia Bullrich, con notoria falta de convicción, el día siguiente de la caída al abismo, aferrada al salvavidas libertario. Javier Milei se prendió en el abrazo de utilería que exigió el interventor en LLA, Mauricio Macri, pero no ha confirmado que el perdón haya sido recíproco.

Por Ignacio Lizaso

NAC&POP

02/11/2023

Tras ese presunto rasgo de caridad cristiana, sumándose al estilo de su nuevo aguantadero la flamante casta vomitó desesperada: «que explote todo».

En el lapso entre la declaración pacifista y el enunciado de la doctrina explosiva Bullrich sufrió el ataque con críticas y acusaciones que le dispararon – como revancha, viéndola en retirada – los enemigos que supo conquistar a lo largo de su despótico ejercicio del poder.

En vano pretende que no trascienda una serie de burlas que le toca bancar. Pero la comunicación que se filtra a través de «las redes» es incontenible.

Un ejemplo: por esa vía se ha sabido que remitentes anónimos hicieron circular una esquela finamente impresa. «Antonia Macri y Karina Milei autorizan y participan el enlace partidario entre Mauricio, progenitor de Antonia, y Javier, hermano subalterno de Karina, que tendrá lugar el 22 de octubre próximo en la Iglesia Evangelista Pentecostal de San Isidro.

¡Vivamus libero, characulus!», reza el texto.

Pieza que revela la acción humorística del odio como combustible, incluída la traducción al latín vulgar del grito de guerra de Milei (todo un hallazgo characulus = carajo).

¿Quedó atrás el cruce de insultos soeces en materia de terrorismo, corrupción, inmoralidad, desequilibrio emocional, o está guardado en formol, a temperatura ambiente, para ser usado por una y otro en cuanto lo exijan las cambiantes circunstancias de esta realidad política?

Los dos habían cargado la lengua con napalm.

Pero por su extensa campaña, plagada de estentóreas mudanzas partidarias, Bullrich es mucho más vulnerable y Milei aprovechó esa ventaja.

De todas maneras Macri los frenó con el break que en boxeo indica que los púgiles se separen.

Lo cierto es que a los 67 años madame vive momentos de honda angustia.

Logró infligirle dura derrota a un Horacio Rodríguez Larreta, que se creía holgado vencedor en las PASO, pero no le dieron tiempo para gozar de la victoria.

Pronto debió soportar verse condenada – antes en las encuestas, luego en las urnas – a un oscuro tercer puesto en los comicios definitivos.

Titular de un yacimiento de odio que hizo sentir en carne propia a compañeros y opositores, pero no le sirvió para lastimar a Milei y a Sergio Massa, no pudo superar la casi certeza que abrigaba de que su seudo socio Macri la estaba engañando.

Dice que no, pero juega para Milei, le susurraban al oido.

Elisa Carrió admite que fue una de esas informantes y que contrariada, la Bullrich optó por no hablarle más.

De un relevamiento de sus datos biográficos surge un par de preguntas.

¿Cuánto hacía que esta señora no perdonaba a nadie?

Quedó registrado un episodio que mostraba tempranamente su escasa vocación por la piedad.

Según cuenta el periodista Ricardo Ragendorfer en su libro «Patricia, de la lucha armada a la seguridad» – y no fue desmentido -, en enero de 1977 la veinteañera Bullrich participó en una operación conducida por su cuñado Rodolfo Galimberti, importante cuadro de Montoneros.

El objetivo consistía en plantar una bomba en el domicilio del coronel José Pedro Noguer, intendente de San Isidro por la dictadura genocida.

La Bullrich depositó el artefacto y huyó en el auto que manejaba Galimberti.

Una falla en el mecanismo explosivo impidió que volara la casa, sita en Acassuso.

Personificando a Carolina Serrano, su apodo dentro de «la orga», cumplió su misión de concretar el atentado.

No hubo perdón para Noguer.

En este punto asoma otro interrogante.

En varias ocasiones la Bullrich, a cargo del ministerio de seguridad, deslizó su propósito de que ante manifestaciones populares multitudinarias se podía recurrir a la intervención de las fuerzas armadas.

Conocido su protagónico rol en el atentado a Noguer, que sólo por azar no fue exitoso, ¿se prestarían los altos mandos a colaborar con sus sueños represivos?

¿O su constante transformismo y su grosera derechización eran suficiente argumento para borrar lo que la metafísica tanguera de Enrique Cadícamo explicaría como «locuras juveniles, la falta de consejos»?

Fervorosa servidora de los uniformados y civiles que impusieron la dictadura, ¿cómo juzga Victoria Villarruel aquel intento criminal contra un coronel de la nación y funcionario del Proceso?

No mereció perdón Santiago Maldonado, detenido el 1° de agosto 2017 por participar en un corte de ruta en la provincia de Chubut, en apoyo a la defensa de los derechos ancestrales de la comunidad mapuche.

Recién 77 días después – casualmente el 17 de octubre – apareció el cadáver de Santiago, muerto por ahogamiento y habiendo permanecido «siempre bajo el agua y no en otro medio».

El ministerio de seguridad, a cargo de la Bullrich, negó la desaparición, ocultó evidencias y gestionó que miembros de la familia Maldonado fueran sometidos a espionaje.

La humanidad del perdón tampoco alcanzó aI joven Rafael Nahuel, un mes más tarde, asesinado por la espalda por un balazo disparado por tropas de la Agrupación Albatros de la Prefectura Nacional Marítima.

De origen mapuche, a los 22 años Rafael se hallaba cerca del lago Mascardi, territorio de Río Negro, donde se llevaba a cabo el violento desalojo de ciudadanos de la comunidad Lafken Wincul Mapu.

Cinco efectivos de Albatros comprometidos en la represión no han dejado de sostener que la muerte se produjo durante un enfrentamiento armado.

Combate en el que Rafael parece haber luchado dando la espalda a sus asesinos.

En el tumultuoso 2001 la Bullrich se desempeñaba como ministra de trabajo del gobierno de Fernando de la Rúa.

En medio del caos que asfixiaba al país la hoy casta decidió rebajar en un 13 % los magros haberes de los jubilados.

La condena a la miseria recayó sobre 533.000 personas, que no le perdonaron la canallada.

Vestida con «un trajecito blanco» explicó en la mesa de Mirtha Legrand que era una medida «dolorosa, pero necesaria».

El 11 de octubre último, flanqueada por Luis Petri con su aire de personal trainer y Carlos Melconian calculando en qué momento desempolvará su antigua teoría de que «esto se soluciona con el 25 % de desocupación», la Bullrich habló en un acto de JxC.

«Milei dice que le pone más chispas al fuego para que el país explote, yo creo que ningún argentino quiere que eso suceda», consideró, simulando alarma ante el discurso incendiario.

Disfrazada de ese argentino cuya existencia negaba, dos semanas más tarde sale a escena despidiendo chispas por la boca.

«Lamentable sincericidio», calificó Ámbito.Financiero.

Hasta el harto complaciente Jonathan Viale la interrumpió advirtiendo que «entonces explotamos todos».

Hace poco más de un siglo el uno por ciento de la munición que generosamente se prodigaron Milei y la Bullrich hubiera originado que uno de los contendientes le enviara los padrinos a su rival.

Entre «hombres de honor» el duelo era una institución caballeresca.

Pero hoy «el honor está en el horno», oimos opinar en la cola para pagar el ABL.

Solía contar Fermín Chaves que en una reunión con un grupo de escritores Eva Perón se había interesado por la mecánica del duelo.

Le explicaron que los duelistas se citaban al amanecer, sacos con las solapas levantadas, media vuelta y disparaban la pistola o cruzaban las espadas.

Eva preguntó qué pasaba cuando se encontraban.

Nada, no podían dirigirse la palabra.

Y ahí surgió la réplica: «pero con tanta bronca adentro ¿cómo hacen para no putearse, o que uno se le vaya encima al otro para meterle una piña?».

Maravillosa reflexión de genuino cuño popular.

Fernando Borroni trazó un paralelo entre la campaña de Macri 2015 y la de LLA 2023, ahora que el diario Perfil titula: «Macri es el nuevo dueño de Milei».

Globos al aire, promesas tan demagógicas como falsas, los símbolos juntos y cambio en el lema de la alianza y hasta la inauguración de un monumento de Perón adornaban la imagen de aquel Macri.

El rotundo fracaso de su gestión y el derrumbe económico basado en su pacto con el FMI alimentaron su creciente desprestigio y obligaron a modificar el estilo.

De ahí su confesión: «si me vuelvo loco les puedo hacer mucho daño a todos ustedes».

Acorralado por un Larreta que llegó a bajarlo del palco en la proclamación de la fórmula para las elecciones 2021, meses después sentenció: «quien saque los pies del plato desaparece».

Su voz sonó como la de Miguel Etchecolatz.

Lanzado al operativo venganza, para eliminar a Larreta usó a Bullrich, a la que acostó al rato, jugado a favor de Milei.

Ahora las amenazas del daño a todos y una segunda camada de desaparecidos surgen ilustradas con el logo de la motosierra.

Escondiendo las raíces ´NDranghetta de su familia, el padre que especula con la inocencia de Antonia le endilga a Sergio Massa «hacer política mafiosa».

Es probable que mañana mismo lo acuse de haber sometido a espionaje a la hermana de Milei.

Al margen del break al duelo Bullrich-Milei, el desembarco de Macri en LLA lo muestra resuelto a ganar por nocáut, si fuera preciso con un fierro en cada guante.

En Unión por la Patria se mantienen los mandatos propios del fair play: eso-no-se-hace, eso-no-se-dice, confiados en el triunfo por puntos.

Una duda: ¿el jurado seguirá siendo Rosatti-Rosenkrantz-Maqueda?

En defensa de su acuerdo con el libertario Macri empardó el sincericidio de la Bullrich.

«Votar a Milei es como ir en un auto a 100 por hora.

Vas a chocar contra un paredón, sabés que te matás. Entonces te tirás del auto.

¿Vas a sobrevivir?

Qué sé yo… Pero tenés una chance. ¿O no?», admitió.

Reposando en el freezer por consejo del interventor, Milei asomó la cabeza para resaltar «la humildad y la grandeza» de Macri.

Ayer (jueves 1°, día de todos los santos) lo presentaron leyendo una declaración.

Al fondo se veía una biblioteca sin un solo libro.

Nos trajo el recuerdo de una reciente foto de Julian Assange en la cárcel de Belmarsh.

Volviendo al ejercicio del perdón, ¿quién le puede perdonar a un líder que arenga a su gente el irresponsable qué-sé-yo?

Detrás ya está lista, al dente, la justificación: -Yo te avisé, flaco…(en latín vulgar, jodete).

IL/