San Martín, Gobernador de Cuyo.

EL ESTADISTA SILENCIADO POR LA HISTORIA OFICIAL

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Por Damián Zanni*

La historia escolar redujo durante décadas a José de San Martín al bronce del general victorioso, al estratega del cruce de los Andes, al héroe militar separado de toda dimensión social y política.

Por Damian Zanni

NAC&POP

06/01/2026

Esa operación no fue inocente.

Ocultó deliberadamente a un San Martín profundamente político, incómodo para el liberalismo porteño y portador de un proyecto nacional que chocaba con los intereses dominantes.

Ese San Martín gobernó Cuyo entre 1814 y 1817.

Cuando llegó a Mendoza, en septiembre de 1814, la región atravesaba una situación crítica.

Era una gobernación reciente, periférica para el poder central, empobrecida por el librecambio impuesto desde Buenos Aires y amenazada por la posible invasión realista desde Chile.

San Martín comprendió desde el primer momento que sin organización política, cohesión social y una economía puesta al servicio del interés colectivo, no habría ejército posible ni independencia real.

DEFENSA DEL TERRITORIO Y CONSTRUCCIÓN DE PODER POPULAR

Lejos de esperar recursos que nunca llegarían desde Buenos Aires —más preocupada por la guerra civil contra el federalismo artiguista que por la independencia continental—, San Martín apostó a la movilización del pueblo cuyano.

Con milicias escasas, mal armadas y sin apoyo efectivo del Directorio, comenzó a sentar las bases del Ejército de los Andes.

La defensa de Cuyo no fue una tarea de cuartel sino una causa colectiva.

San Martín organizó milicias, reforzó la disciplina, articuló a los exiliados chilenos y comprometió a la población civil en la defensa del territorio.

El Ejército Libertador nació así como una fuerza popular, integrada por criollos, mestizos, negros, campesinos y artesanos, unidos por un proyecto político continental y no por la obediencia ciega a una autoridad central.

DESOBEDIENCIA POLÍTICA Y RUPTURA CON EL CENTRALISMO PORTEÑO

Gobernar Cuyo implicó, para San Martín, desobedecer.

Retuvo fondos que debían remitirse a Buenos Aires y al obispado de Córdoba, y los aplicó a las necesidades urgentes de la región.

Violó deliberadamente normas administrativas porque entendía que el Directorio gobernaba de espaldas al interior y carecía de un proyecto emancipador profundo.

Esta no fue una rebeldía personal, sino una decisión política. San Martín comprendió que el poder porteño defendía el control del puerto, el librecambio y la subordinación económica antes que la independencia efectiva.

Desde Cuyo, ensayó una alternativa: un poder territorial fuerte, autónomo y orientado al bien común.

EL ESTADO COMO HERRAMIENTA DE JUSTICIA SOCIAL

San Martín entendía que gobernar era intervenir.

En 1815 estableció una contribución extraordinaria basada en la riqueza, haciendo que los sectores más acomodados aportaran más.

Esta medida rompía con el sistema impositivo colonial y liberal, que trasladaba la carga fiscal al consumo popular.

Expropió bienes de españoles prófugos, declaró públicas las propiedades sin herederos y utilizó esos recursos para sostener al Estado cuyano y al Ejército Libertador.

Fue una política redistributiva concreta, aplicada en plena guerra, que revela una concepción avanzada del rol del Estado.

PRODUCCIÓN NACIONAL Y SOBERANÍA ECONÓMICA

Como Belgrano, San Martín fue un decidido defensor de la producción nacional.

Protegió el vino cuyano, gravó los productos exportados fuera de la región y promovió el desarrollo agrícola e industrial.

Impulsó la incorporación de tierras improductivas, fomentó cultivos alternativos y defendió a los productores locales frente a la competencia extranjera.

Fundó fábricas, talleres y una metalurgia nacional de la mano de fray Luis Beltrán.

Más de setecientos operarios trabajaron en Mendoza produciendo armas, pólvora, textiles y pertrechos.

Fue el mayor complejo industrial del territorio rioplatense en su tiempo, una experiencia sistemáticamente invisibilizada por la historiografía liberal.

EDUCACIÓN, CONCIENCIA Y PATRIA

Para San Martín, la educación era una cuestión política central.

Fundó escuelas, bibliotecas y sentó las bases del Colegio de la Santísima Trinidad, inaugurado en 1817.

Su objetivo no era formar élites ilustradas sino ciudadanos libres, conscientes de su pertenencia a una patria nueva.

Prohibió los castigos corporales en las escuelas, enfrentándose incluso al Cabildo mendocino.

En sus circulares a los maestros insistía en infundir patriotismo, virtudes cívicas y conciencia histórica.

Consideraba que la ignorancia era una herencia colonial funcional a la dominación.

San Martín está también en el origen de la Biblioteca Mendocina, a la que donó instrumentos científicos, libros y promovió la llegada de una imprenta.

Para él, las armas daban existencia; las letras, futuro.

SALUD PÚBLICA, HUMANISMO Y DIGNIDAD

En 1814 firmó un bando de vacunación obligatoria contra la viruela, creando juntas sanitarias y asignando responsabilidades médicas al clero.

Fue un pionero de la salud pública, entendiendo que la defensa de la vida era parte inseparable de la defensa de la patria.

Esa concepción humanista se expresó también en la reforma del sistema carcelario.

San Martín sostuvo que las cárceles no eran castigos sino resguardos, y que los presos no dejaban de ser hombres.

Ordenó mejorar la alimentación, la higiene y el trato, rompiendo con la brutalidad heredada del régimen colonial.

SAN MARTÍN, LAS GUERRAS CIVILES Y EL FEDERALISMO

San Martín se negó sistemáticamente a utilizar el Ejército de los Andes en guerras civiles.

Rechazó combatir a Artigas y desconfió del Directorio unitario. Su decisión de no desenvainar la espada contra hermanos no fue una postura moral abstracta, sino una posición política concreta: la independencia no podía construirse sobre la sangre del pueblo.

Sin proclamarse federal, su práctica política lo colocó objetivamente del lado de quienes resistían el centralismo porteño y defendían la autonomía de las provincias.

UN GOBIERNO QUE INCOMODÓ A LOS PODEROSOS

Su política le ganó el apoyo popular y la resistencia abierta de comerciantes, terratenientes, burócratas y sectores del clero.

Su intervencionismo estatal, su control sobre los privilegios eclesiásticos, su defensa de la producción local y su desprecio por el poder porteño lo convirtieron en una figura peligrosa.

San Martín gobernó para liberar, no para agradar.

En Cuyo dejó en claro que la independencia no era solo cambiar de bandera, sino transformar las estructuras económicas, sociales y mentales heredadas de la colonia.

EL SAN MARTÍN QUE HABÍA QUE CALLAR

El San Martín gobernador fue silenciado porque cuestiona el relato liberal.

No fue un héroe neutro ni un militar obediente.

Fue un estadista nacional, popular, intervencionista, defensor del trabajo, la educación y la soberanía económica.

La historia oficial necesitó un San Martín militar y mudo.

El San Martín de Cuyo —el que cobra impuestos a los ricos, protege la industria, regula al clero, humaniza las cárceles y desobedece al poder central— resultaba demasiado incómodo.

Recuperarlo hoy no es un ejercicio académico: es un acto de memoria política.

FUENTES

SAN MARTÍN, GOBERNADOR DE CUYO: EL ESTADISTA SILENCIADO POR LA HISTORIA OFICIAL

La historia escolar redujo durante décadas a José de San Martín al bronce del general victorioso, al estratega del cruce de los Andes, al héroe militar separado de toda dimensión social y política.

Esa operación no fue inocente. Ocultó deliberadamente a un San Martín profundamente político, incómodo para el liberalismo porteño y portador de un proyecto nacional que chocaba con los intereses dominantes. Ese San Martín gobernó Cuyo entre 1814 y 1817.

Cuando llegó a Mendoza, en septiembre de 1814, la región atravesaba una situación crítica.

Era una gobernación reciente, periférica para el poder central, empobrecida por el librecambio impuesto desde Buenos Aires y amenazada por la posible invasión realista desde Chile.

San Martín comprendió desde el primer momento que sin organización política, cohesión social y una economía puesta al servicio del interés colectivo, no habría ejército posible ni independencia real.

DEFENSA DEL TERRITORIO Y CONSTRUCCIÓN DE PODER POPULAR

Lejos de esperar recursos que nunca llegarían desde Buenos Aires —más preocupada por la guerra civil contra el federalismo artiguista que por la independencia continental—, San Martín apostó a la movilización del pueblo cuyano.

Con milicias escasas, mal armadas y sin apoyo efectivo del Directorio, comenzó a sentar las bases del Ejército de los Andes.

La defensa de Cuyo no fue una tarea de cuartel sino una causa colectiva. San Martín organizó milicias, reforzó la disciplina, articuló a los exiliados chilenos y comprometió a la población civil en la defensa del territorio. El Ejército Libertador nació así como una fuerza popular, integrada por criollos, mestizos, negros, campesinos y artesanos, unidos por un proyecto político continental y no por la obediencia ciega a una autoridad central.

DESOBEDIENCIA POLÍTICA Y RUPTURA CON EL CENTRALISMO PORTEÑO

Gobernar Cuyo implicó, para San Martín, desobedecer.

Retuvo fondos que debían remitirse a Buenos Aires y al obispado de Córdoba, y los aplicó a las necesidades urgentes de la región.

Violó deliberadamente normas administrativas porque entendía que el Directorio gobernaba de espaldas al interior y carecía de un proyecto emancipador profundo.

Esta no fue una rebeldía personal, sino una decisión política.

San Martín comprendió que el poder porteño defendía el control del puerto, el librecambio y la subordinación económica antes que la independencia efectiva.

Desde Cuyo, ensayó una alternativa: un poder territorial fuerte, autónomo y orientado al bien común.

EL ESTADO COMO HERRAMIENTA DE JUSTICIA SOCIAL

San Martín entendía que gobernar era intervenir.

En 1815 estableció una contribución extraordinaria basada en la riqueza, haciendo que los sectores más acomodados aportaran más.

Esta medida rompía con el sistema impositivo colonial y liberal, que trasladaba la carga fiscal al consumo popular.

Expropió bienes de españoles prófugos, declaró públicas las propiedades sin herederos y utilizó esos recursos para sostener al Estado cuyano y al Ejército Libertador.

Fue una política redistributiva concreta, aplicada en plena guerra, que revela una concepción avanzada del rol del Estado.

PRODUCCIÓN NACIONAL Y SOBERANÍA ECONÓMICA

Como Belgrano, San Martín fue un decidido defensor de la producción nacional.

Protegió el vino cuyano, gravó los productos exportados fuera de la región y promovió el desarrollo agrícola e industrial.

Impulsó la incorporación de tierras improductivas, fomentó cultivos alternativos y defendió a los productores locales frente a la competencia extranjera.

Fundó fábricas, talleres y una metalurgia nacional de la mano de fray Luis Beltrán.

Más de setecientos operarios trabajaron en Mendoza produciendo armas, pólvora, textiles y pertrechos.

Fue el mayor complejo industrial del territorio rioplatense en su tiempo, una experiencia sistemáticamente invisibilizada por la historiografía liberal.

EDUCACIÓN, CONCIENCIA Y PATRIA

Para San Martín, la educación era una cuestión política central.

Fundó escuelas, bibliotecas y sentó las bases del Colegio de la Santísima Trinidad, inaugurado en 1817.

Su objetivo no era formar élites ilustradas sino ciudadanos libres, conscientes de su pertenencia a una patria nueva.

Prohibió los castigos corporales en las escuelas, enfrentándose incluso al Cabildo mendocino.

En sus circulares a los maestros insistía en infundir patriotismo, virtudes cívicas y conciencia histórica. Consideraba que la ignorancia era una herencia colonial funcional a la dominación.

San Martín está también en el origen de la Biblioteca Mendocina, a la que donó instrumentos científicos, libros y promovió la llegada de una imprenta.

Para él, las armas daban existencia; las letras, futuro.

SALUD PÚBLICA, HUMANISMO Y DIGNIDAD

En 1814 firmó un bando de vacunación obligatoria contra la viruela, creando juntas sanitarias y asignando responsabilidades médicas al clero.

Fue un pionero de la salud pública, entendiendo que la defensa de la vida era parte inseparable de la defensa de la patria.

Esa concepción humanista se expresó también en la reforma del sistema carcelario.

San Martín sostuvo que las cárceles no eran castigos sino resguardos, y que los presos no dejaban de ser hombres.

Ordenó mejorar la alimentación, la higiene y el trato, rompiendo con la brutalidad heredada del régimen colonial.

SAN MARTÍN, LAS GUERRAS CIVILES Y EL FEDERALISMO

San Martín se negó sistemáticamente a utilizar el Ejército de los Andes en guerras civiles.

Rechazó combatir a Artigas y desconfió del Directorio unitario.

Su decisión de no desenvainar la espada contra hermanos no fue una postura moral abstracta, sino una posición política concreta: la independencia no podía construirse sobre la sangre del pueblo.

Sin proclamarse federal, su práctica política lo colocó objetivamente del lado de quienes resistían el centralismo porteño y defendían la autonomía de las provincias.

UN GOBIERNO QUE INCOMODÓ A LOS PODEROSOS

Su política le ganó el apoyo popular y la resistencia abierta de comerciantes, terratenientes, burócratas y sectores del clero.

Su intervencionismo estatal, su control sobre los privilegios eclesiásticos, su defensa de la producción local y su desprecio por el poder porteño lo convirtieron en una figura peligrosa.

San Martín gobernó para liberar, no para agradar.

En Cuyo dejó en claro que la independencia no era solo cambiar de bandera, sino transformar las estructuras económicas, sociales y mentales heredadas de la colonia.

EL SAN MARTÍN QUE HABÍA QUE CALLAR

El San Martín gobernador fue silenciado porque cuestiona el relato liberal.

No fue un héroe neutro ni un militar obediente.

Fue un estadista nacional, popular, intervencionista, defensor del trabajo, la educación y la soberanía económica.

La historia oficial necesitó un San Martín militar y mudo.

El San Martín de Cuyo —el que cobra impuestos a los ricos, protege la industria, regula al clero, humaniza las cárceles y desobedece al poder central— resultaba demasiado incómodo.

Recuperarlo hoy no es un ejercicio académico: es un acto de memoria política.

DZ/

FUENTES

  • Galasso, Norberto — Seamos libres y lo demás no importa nada. Vida de San Martín
  • Galasso, Norberto — San Martín. El libertador de América
  • Ramos, Jorge Abelardo — Historia de la Nación Latinoamericana
  • Chávez, Fermín — José de San Martín y el problema de la revolución
  • Lettieri, Alberto — La construcción de la república de la opinión pública