Las palabras no suelen empardar el valor de los sentimientos más hondos.

«NO HABRA NINGUNA IGUAL, NO HABRA NINGUNA»

Por Ignacio Lizaso*

La vida de Hebe de Bonafini resultó impiadosa, mágicamente quebrada en dos etapas.»Yo era una mujer del montón, la economía y  desde que desaparecieron a mi hijo entré en un mundo nuevo»

Por Ignacio Lizaso

NAC&POP

21/11/2022

El cuadro sociopolítico de proyección internacional que terminó siendo nació y no dejó de crecer en los 45 últimos años de su vida, a partir de la trágica desaparición de su hijo Jorge Omar.

«Yo era una mujer del montón, la economía y la política no me interesaban; desde que desaparecieron a mi hijo entré en un mundo nuevo», le demandó confesar su tremenda franqueza. (Qué no ha sido tremendo en Hebe…).

Estábamos en el estudio de Radio Rebelde durante el espacio que conduce Martín García.

De pronto Silvia Gamarra entró llorando y alcanzó a balbucear: «murió Hebe».

Creció un silencio de piedra.

Los ojos brillosos, Martín repitió la frase al aire.

Asomó de inmediato el recuerdo de la última vez que nos habíamos cruzado, en la puerta del edificio de radio Caput.

«-Hola», dijo, y superando nuestra timidez frente a esa Hebe gigantesca, le dimos un beso en la mejilla.

Las palabras no suelen empardar el valor de los sentimientos más hondos.

Sin recorrido racional, como debe ser, en ese momento nos vino una frase: «no habrá ninguna igual», y la insistencia: «no habrá ninguna».

Letra de un famoso tango.

A la tarde «no habrá ninguna igual» no retrocedía un paso.

Con una duda: ¿cuál sería la relación de Hebe con el tango?

En eso apareció un dato curioso.

En enero de 2017, enfurecida porque Julián Domínguez operaba a favor de que CFK se abriera del peronismo, Hebe se larga a cantar una versión suya de otro tango clásico: «Julián».

Después del arranque: «¿por qué me dejaste, mi.lindo Julián?«, respetando el texto original llegaban los versos que ella había improvisado.

«Te volviste loco de envidia y de afán. / Estabas tan lindo cuando esto empezó./ Te caiste al pozo, tu vida cagó», y detrás de tan escatológica sentencia el video mostraba una Hebe riendo con la frescura de una niña.

Extendimos la búsqueda.

El autor de la letra es Homero Manzi y siempre se dijo que la sinigual era Nelly Omar.

Nombres y sobre todo militancia que sólo podrían conmover a Hebe.

A Kika – como la llamaban de muchacha – le gustaba el estilo de canto de la Omar.

Cuando accedió al «mundo nuevo» supo algo más: la persecución de las dictaduras por su nunca desertada condición de peronista.

Hubo un par de encuentros y se dio un respeto mutuo.

La Omar salía poco.

En el 2009 intentamos un reportaje y la respuesta fue tajante: «por teléfono y después del mediodía».

Hebe casi no tenía vida privada.

Quedó, entonces, el no-habrá-ninguna-igual.

Sin argumentos.

Las flores se ofrecen en silencio.

La muerte y sus ecos.

Cómo olvidar los 16 días que se extendieron los funerales de Eva Perón, el pueblo haciendo cola en la calle, bajo la lluvia.

Pasaron 70 años y el evitismo es un culto que bordea lo religioso.

La edad de piedra y el paliolítico quedaron atrás.

Hoy padecemos el odiozoico.

A la par de la pandemia, nos azota otra peste, la fascistemia, bendecida en nuestro país por una inviolable impunidad.

Con los líderes de raigambre nacional y popular la orden es terminante: se los mata antes y después de muertos.

Mano derecha de Patricia Bullrich, Gerardo Milman profetizó un «falso ataque a CFK para victimizarla».

Hemos visto colgar en plaza de Mayo bolsas negras que simulaban ser féretros con el nombre de las supuestas víctimas.

Y a los mercenarios que realizaron la marcha de las antorchas, arrojando bombas de estruendo y piedras contra la Casa Rosada, y anunciando la muerte de dirigentes enemigos.

No hay claridad ideológica.

A Sabag Montiel nunca le inquietó la realidad sociopolítica.

Se mueve por guita.

Y en uno de los féretros de plástico se lee «el sobrino de Ginés«, o sea que en estos días podrían haber escrito «Fideo De María».

La investigación no debe ir más allá.

A menos de 8 horas de la muerte de Hebe ya comenzaron a aparecer textos y voces resueltos a manifestar el mandato del odio.

Decenas de miles de odiadores han formado en las redes un multitudinario pelotón de fusilamiento.

Cada uno pretende, enfermizamente, meterle su balazo.

No el clásico tiro de gracia.

Tampoco lo hacen para estar seguros de la muerte.

Es un ajuste de cuentas personal.

Nos jodió la vida, la odio, entonces la maté.

Yo, ¿eh?, yo la maté, sienten, mientras de sus bocas sale una espuma pastosa, amarillenta.

Disparan sin asco.

Uno actualiza el libro en que el miserable de Sergio Schoklender vomita sobre el vínculo que lo uniera con Hebe, marcadamente maternal por parte de ella.

Otro grita «la muerte no exculpa, ni santifica».

Y se echan a andar unas cuantas fake news.

Por ejemplo: con el título «Donde viven los hijos de Hebe de Bonafini», se rescata el relato de un presunto ex marido de Hebe.

El tipo cuenta (en 2002) que acaba de comer en Madrid con los dos hijos desaparecidos y para reforzar la seriedad del informe, dice que en el restaurante se ve a Héctor Alterio.

Falso de toda falsedad: el único esposo de Hebe, Humberto Alfredo Bonafini, murió en 1982.

Cobarde, con Hebe viva no se animaba a mencionarla, Jorge Lanata la acusa de no haber logrado el equilibrio de Graciela Fernández Meijide.

Luciendo su chaqueta rosada, él sí ha logrado el equilibrio físico y mental de Baby Etchecopar.

Pero Hebe no se entrega (cuesta hundirse en el pasado).

Erguida ante los fusiles enemigos la vemos negándose a que le venden los ojos.

Quiere mirar a los matadores y putearlos, claro, putearlos desde lo más hondo de sus espléndidos ovarios.

Azucena Villaflor, Esther Ballestrino, María Ponce de Bianco, Josefina García de Noia.

Las Madres son leyenda.

Ya no se detuvo Hebe, que es el emblema.

En realidad, nada la detendría.

Aplastó toda forma de censura, también la propia.

Calificó de «basura» a Carlos Menem.

En 2010 pregonó: «hay que tomar el palacio de Justicia y echar a los miembros de la Suprema Corte».

Y en una de sus últimas declaraciones aconsejó al presidente de la nación que «hable menos, cuando lo hace, desilusiona».

Miembro del grupo de «curas en opción por los pobres», Eduardo de la Serna la despidió diciendo: «No dejes de molestar, Hebe.

Tendremos que aprender a escucharte de otra manera.

La muerte no te va a callar».

Una misión que ella no renunciará a cumplir.
IL/