Nadie duda que el alegato del fiscal Luciani fue un genuino "plomo".

EL PUEBLO ARGENTINO VOLVIÓ A MODELAR LA ESTATUA DE UNA MUJER

Por Ignacio Lizaso*

La bala de Luciani y la de Sabag, fueron el pedestal de plomo de la estatua de Cristina. Después de 70 años el pueblo ha vuelto a modelar con su sentimiento la estatua de una mujer.

 

Por Ignacio Lizaso

NAC&POP

29/09/2022

Es imprescindible asignarle un uso pacífico, esperanzado, a la ráfaga de metralla verbal que disparó el fiscal Diego Luciani, prolijamente neutralizada por el doctor Carlos Beraldi, y rescatar la sana rebeldía de la bala que se negó a ejecutar el magnicidio.

La aleación de los dos elementos debe constituir el pedestal de plomo que sostenga la estatua de Cristina, que ha comenzado a erigir el pueblo en ese abrazo que se eleva desde la calle.

La suma no es antojadiza, nadie duda que el alegato fue un genuino plomo.

Desde el 22 de agosto, cuando Luciani vomitó su pedido de condena, y sobre todo, 9 días más tarde, en el intento de asesinato, la estatua no ha cesado de crecer.

Fenómeno realmente natural, se trata de una estatua de carne y hueso, está viva.

Se ha acopiado información que exige asociar el frustrado magnicidio y las demás manifestaciones de odio dedicadas a CFK con el comienzo de la guerra ruso-ucraniana, a fines de febrero último.

La ofensiva tendiente a hostigar y descalificar a la vicepresidenta viene de lejos, pero recrudeció el 10 de marzo, cuando su despacho en el Senado fue objeto de un bombardeo a piedrazo sucio, ejecutado por un grupo neonazi cuyos miembros han ido siendo identificados recién después del posterior intento de asesinato.

Exaspera la lentitud con que avanza la investigación tendiente a identificar a los autores intelectuales de los ataques y el atentado.

Es valedero rescatar los testimonios coincidentes de dos personajes sin la menor afinidad con la posición ideológica de CFK.

El periodista Carlos Pagni señaló que el símbolo del sol negro en el tatuaje que lucía Montiel figuraba en el escudo del batallón Azov, milicia neonazi ucraniana que viene combatiendo desde 2014 para impedir la anexión de la provincia de Donetsk a la Federación Rusa.

Agregaba Pagni que esa milicia tenía ramificaciones políticas y económicas en nuestro país. El otro testimonio fue formulado por Jorge Knoblits, presidente de DAIA. Corresponde señalar que esta entidad explicó que «se había retirado de la Casa Rosada sin firmar el documento de repudio por el atentado debido a que incluía un alegato político partidario».

Más allá de esa salvedad, por cierto inexplicable, Knoblits confirmó que el Azov había establecido conexiones con sectores argentinos de ultraderecha.

Enriqueciendo esa línea la revista Crisis informa que ha trascendido que entre quienes financian las actividades del Azov figura Serguei Taruta, gobernador de Donetsk precisamente en 2014 y hoy diputado nacional.

Se ignora si hay otros aportantes y en ese caso su filiación, su nacionalidad.

Agrega Crisis que Taruta sería socio del multimillonario ruso Alexander Katunin, que en el año 2000 descubrió los encantos y la inmensa fecundidad del suelo de la Patagonia.

Con un crédito de 180 millones de dólares del banco ruso VTB – más del 80 % de sus acciones pertenecen al estado -, Katunin adquirió una superficie de miles de hectáreas junto al lago Rosario, en Chubut, y formó sociedades empresarias con «jóvenes de la elite local allegados al colegio Champagnat y su club de rugby, algunos de los cuales terminaron siendo funcionarios del gobierno macrista».

Entre los apellidos citados figura Caputo, que también apareció haciendo efectivo el pago de una alta suma de dinero a Jonathan Morel, el carpinterito que ofrece servicio de delivery con las horcas que suele exhibir.

Katunin no cumplió con las cuotas de restitución del crédito y de una auditoría del VTB surgió que parte del dinero había sido destinado a cuantiosas inversiones.

¿Dónde?

Pues en territorio de la Patagonia.

El viejo mundo, lugar común que se aplicaba a Europa, está más patéticamente viejo que nunca.

Corrobora la calificación el triunfo de Giorgia Meloni en las elecciones de Italia – gobierno número 70 en 80 años -, que consagra el regreso al primer plano de Silvio Berlusconi en yunta con Matteo Salvini.

Una artimaña más del diario La Nación para saborear «entre nosotros».

Mientras todos los medios europeos hablan de la vuelta de la ultra derecha y el neonazismo el diario de una Mitre, los Saguier y el Macri unta la noticia con una capa de vaselina y califica de «postfascista» a la coalición.

La expresión del rostro de Berlusconi en la foto de la victoria es la de un mediocre actor cómico de 90 años internado en un asilo psiquiátrico.

Como nuestro Macri ajeno a todo delito y/o acto de corrupción, santidad bendecida por la Corte Suprema, don Silvio sigue prendido al gobierno.

Hazaña de la que se jacta a pesar de que la fiscalía de Milán lo ha procesado por mantener un harén de «esclavas sexuales a sueldo» para alternar en sus fiestas.

«Esclavas sexuales», definió el fallo hace 4 meses, a lo que el Gran Mishé – título que le asignaría nuestro lunfardo – comentó: «soy un tipo travieso, pero nada más».

Es sugestivo que estas representaciones clandestinas de un neonazismo en alza escojan como escenario de sus andanzas a la región patagónica.

Hace nada más que 24 años fue condenado a prisión perpetua el hauptsturmführer Erich Priebke, correponsable con Herbert Kepler del asesinato de 335 civiles italianos (75 judíos) en las Fosas Ardeatinas, en los suburbios de Roma, el 24 de marzo de 1944.

Ordenó esta matanza el propio Adolf Hitler, como venganza por la muerte de 33 agentes de las SS, en una emboscada que armaron los partisanos, anónimos combatientes de la resistencia.

Radicado en Bariloche, Priebke llegó a ser la personalidad más influyente en la comunidad alemana de esa zona.

Cuando fue detenido por el equipo de «cazanazis» dirigido por Simon Wiesenthal en ningún momento admitió sentir arrepentimiento.

«He elegido ser yo mismo», se limitó a decir.

«Existe la justicia de Dios, fíjese que el Profesor vivió 100 años», escuchamos subrayar con orgullo a uno de sus seguidores.

Es verdad, Priebke murió a esa edad en 2013.

En un reportaje se atrevió a considerar que «la idea del nazismo era buena», pausa y añadió: «el final fue terrible».

Como nunca renegó de esa «idea» es evidente que en torno al Profesor había un pacto de silencio.

Lo prueba la sorpresa que simuló exteriorizar la comunidad al «revelarse» quién era el Profesor.

¿No sería ingenuo suponer que se ha extinguido la «simpatía» de demasiada gente de Bariloche por el nazismo?

También Josef Mengele, «el ángel de la muerte», vivió entre 1959 y 1960 junto al Nahuel Huapi.

Mengele fue famoso por las experiencias genéticas que realizaba con los prisioneros de los campos de concentración, en particular con judíos y gitanos del de Auschwitz.

Estaba obsesionado por la genética de los gemelos y los enanos.

Y en los ratos libres se ocupaba de seleccionar a quienes debían morir en las cámaras de gas.

Lucía Puenzo dirigió una película basada en aspectos de la vida de Mengele, en la que se cuenta que tuvo la protección económica y algo más del industrial Robert Mertig, propietario de Orbis.

Convendrá no descuidar los pasos de lo que ocurra en las tierras compradas por Katunin y los jungen (muchachos en alemán) del macrismo.

A la cabeza del afinadísimo coro de quienes proclaman que el atentado a CFK fue una patraña y a la vez reivindican el supuesto asesinato de Alberto Nisman se destaca la estentórea voz de madame Bullrich.

Por una vez aceptamos que su actitud es plenamente comprensible.

Muy por encima de lo racional, a madame la une un profundo lazo de hermandad con Sabag Montiel y los cómplices de la banda que se paseaban por Juncal y Uruguay llevando en un bolso un cóctel molotov como los que se fabrican en serie en cervecerías de Kiev.

Madame conoce la entrañable emoción que embarga a un espíritu cristiano que oculta entre sus ropas una bomba destinada a segar la vida de un semejante (no va semejante, se reemplaza por enemigo).

En diciembre de 1976, caracterizada como Cali, militante de Montoneros, bajó de un fiat 128 rojo y depositó un cartucho de gelamón en la entrada de la casa del intendente de San Isidro, coronel José María Noguer.

Cuando regresó al coche su cuñado, Rodolfo Galimberti, le guiñó un ojo, cuenta Ricardo Ragendorfer en la biografía titulada «Patricia».

Episodio que la protagonista jamás desmintió.

El fiat no se alejó de esa esquina de Acassuso hasta que se escuchó el estallido.

Empardando la frustración de Sabag Montiel, el coronel Noguer resultó ileso y la casa no sufrió daños severos.

Pero la emoción de acunar una bomba o una pistola abrigando la decisión de matar debe ser imborrable y hermana a las almas en pena.

Al poderoso bloque que conforman Héctor Magnetto,el partido judicial, el embajador Marc Stanley, el establishment y demás deudos les preocupa la fortaleza de la estatua de Cristina.y la luz que su faro no deja de emanar.

No ha sido casual el rotundo rechazo de la Cámara de Comercio de Estados Unidos al proyecto de ampliación de la Corte Suprema.

Grosera intromisión, típica del imperialismo en flor.

El objetivo es voltear la estatua, aún a sabiendas de que es de carne y hueso.

O precisamente por esa razón.

A las estatuas de mármol o yeso se las derriba.

Así cayeron las de Mussolini, Stalin, Ceaucescu.

A las estatuas que están vivas se las mata.

Después de 70 años el pueblo ha vuelto a modelar con su sentimiento la estatua de una mujer.

La de Cristina es más necesaria que nunca.

IL/