No podemos seguir permitiéndoles decir semejantes barbaridades.

LAS «PRIORIDADES» DEL LIBRE MERCADO

Por Julián Denaro*

Horacio Rodríguez Larreta está al mando de la jefatura de gobierno de una de las ciudades más ricas del mundo.en producción de riqueza por año

Por Julián Denaro (*)

NAC&POP
16 /09/2022

La simple observación del presupuesto de la Ciudad de Buenos Aires, así como de su ejecución, o subejecución, es suficiente para entender suficientemente las prioridades del alcalde la ciudad, quien se presenta como uno de los candidatos a presidente hacia el año próximo.

Horacio Rodríguez Larreta está al mando de la jefatura de
gobierno de una de las ciudades más ricas del mundo.

Ciertamente, Buenos Aires es la ciudad número 30 del mundo en producción de riqueza por año, lo cual vuelve inaceptable cualquier decisión de política que esté al margen de encontrar soluciones a las necesidades colectivas, ya que no está escasa de recursos.

En otro orden de cosas, que también la hace receptora de divisas,
Buenos Aires es la ciudad número uno de Sudamérica en Turismo Receptivo.

Pero esas virtudes no se distribuyen de manera justa y equitativa entre sus inmodificables tres millones de habitantes.

Además ya sabemos cómo las cuevas, los arbolitos y las casas de cambio se quedan con esos dólares.

En resumidas cuentas, hace décadas que el número de habitantes en la Capital Federal es el mismo, mientras se observa una prolífica edificación constante de torres modernas, pero los problemas habitacionales persisten año tras año sin mejora alguna.

Pues claro, indudablemente, se trata de la responsabilidad de la política.

Vale decir, qué se hace con los recursos de una jurisdicción tan rica.
Mientras se vende tierra pública en pesos a desarrolladores inmobiliarios para la construcción de edificios suntuosos accesibles para el 3% más rico, desde el gobierno no se asigna crédito alguno para la primera casa.

En simultáneo, la ejecución del presupuesto dirigido a educación e infraestructura escolar no supera la tercera parte.

Lo antedicho muestra a las claras cuáles son los intereses del oficialismo porteño.

Por un lado, favorecer a los intereses de los sectores concentrados.

Por otro lado, despilfarrar en pauta publicitaria, propaganda y maquillaje, dinero que sería necesario para que los porteños vivan mejor.

Lo que refiere al maquillaje, por cierto, no olvida la observación de tantas calles y veredas que, estando en perfectas condiciones, son
rotas y vueltas a hacer, sólo para justificar el emblemático cartel que dice “La transformación no para”.

Se conoce perfectamente que uno de los medios inexpugnables para conservar ahorro son los ladrillos, es decir, invertir en inmuebles.

El asunto es que en la ciudad de la furia se verifica un comportamiento bastante generalizado por parte de muchas inversiones inmobiliarias.

Esto es, que las viviendas están vacías, o sea, que los propietarios no las ofrecen en alquiler, lo cual no colabora con el problema de déficit
habitacional.

Resulta oportuno entonces recordar que Mariano Recalde, quien perdió las elecciones de jefe de gobierno porteño a manos de Larreta, proponía cobrar impuestos a la vivienda ociosa.

Esto es, incorporar una especie de multa o recargo a la vivienda que no se usa como tal, en una ciudad en la cual hay cerca de 3 mil personas en situación de calle, entre quienes duermen en la calle literalmente y los que pasan sus noches en paradores.

Con la misma lógica que las descripciones precedentes, el presupuesto asignado a salud también se va reduciendo año tras año, mientras aumentan exponencialmente las asignaciones a publicidad y propaganda.

Claramente, y conociendo el efecto que producen los medios de difusión en el conjunto de creencias de un significativo porcentaje de la población, Larreta prefiere gastar allí y no en mejorar la vida de la
gente.

Ideológicamente, el conservadurismo al que representa es el mismo pro mercado que se expresa elocuentemente en las palabras del expresidente de EEUU Ronald Reagan entre 1981 y 1989: “El Estado no es la solución sino el problema”.

En el mismo sentido, Margaret Thatcher, Primera Ministro del Reino Unido de Gran Bretaña entre 1979 y 1990, también sostenía que “El Mercado es la única solución y no el Estado”.

Lo que sucede en el caso argentino es más grave aún, porque el conservadurismo se liga indivisiblemente a la entrega de la Patria, poniendo en marcha de manera simultánea medidas de concentración de riqueza y políticas de endeudamiento y extranjerización.

Así fue que, bajo la proclama de “Achicar el Estado es agrandar la
Nación”, la Dictadura Cívico Militar Genocida de 1976 a 1983 desreguló el comercio exterior, liberó las importaciones, engendró el mecanismo de la bicicleta financiera como un medio de saqueo veloz a manos del poder financiero trasnacional y el poder concentrado, y fue incrementando la deuda, la pobreza y el desempleo hasta niveles
desconocidos hasta ese momento.

La Convertibilidad (1991-2001), el modelo económico tan elogiado por Milei, sería en palabras de Macri el segundo tiempo de la dictadura.

La apertura indiscriminada de las importaciones, la libertad para que las empresas extranjeras y las corporaciones fuguen dólares con facilidad, la venta del patrimonio nacional y la eliminación de la
legislación laboral llevó a la Argentina a la peor situación política y socioeconómica  de su historia.

Desde Juntos por el Cambio, que gobernó el país en lo que sería el tercer tiempo de la dictadura a través de la presidencia de Macri, Melconián dijo que “un día, alguien promediando los años 2.000 agarró a tres millones y medio de personas que no habían aportado y les regaló la jubilación”.

Más claro echale agua, es la lógica del libre mercado.

El que no puede comer, que se muera.

Pero olvidan que fue la destrucción del tejido productivo y social ocasionado por la convertibilidad, lo que dejó fuera del sistema a millones de personas.

En la segunda mitad de la década de 1990, el desempleo era mayor al 25%, y muchos no realizaban sus aportes porque no tenían cómo pagarlo, además del fraude ejercido por muchas empresas que no aportaron.

Gracias a la Ley de Moratoria Jubilatoria consagrada por el período kirchnerista (2003- 2015) y vuelta a aplicar durante el actual gobierno de Alberto Fernández, esos millones de personas que trabajaron pero sufrieron la discontinuidad de sus aportes, consiguieron jubilarse.

Durante un período inicial compuesto por numerosos meses,
les descontaron un pequeño porcentaje de sus haberes y fueron pagando lo que debían.

Luego recibieron la jubilación mínima de manera completa, que es
infinitamente más que cero.

¿O es lo mismo cobrar 40 mil pesos por mes que no cobrar nada?

Y además el aguinaldo que sirve para las vacaciones…

Milei expuso su visión con total desfachatez: “El populismo le roba al que trabaja para repartir entre los vagos”.

Pero la realidad pareció y parece ser otra: que el libre mercado le permite a los sectores de poder robarle a los pueblos y luego echarle la
culpa a los pobres a través de los medios de difusión.

No podemos seguir permitiéndoles decir semejantes barbaridades.

Es urgente restablecer la Ley de Servicios de Comunicación Audivisual, conocida como Ley de Medios, para detener o disminuir esta monopolización mediática que justifica todas las injusticias cometidas por los sectores dominantes.

JD/

 

NAC&POP:  Julián Denaro, economista (UBA), columnista económico en Televisión y Radio, Profesor en Universidades Nacionales (UBA y UNLAM) y en Universidad de Morón (UM), Doctorando en Ciencias Económicas en UNLAM y terminando la Licenciatura en Psicología en la UBA. Autor de seis libros, siendo los dos últimos “Del país dividido a la revolución cultural” (2017) y “Argentina entre las disputas de poder 2012-2019” (2019), y próximo a publicar dos nuevas obras. MG/N&P/