Los medios opositores se vieron obligados a ponerse a la defensiva, algo muy infrecuente durante el gobierno del Frente de Todos,

EL GRAN BONETE

Por Hugo Muleiro

Desplegaron una línea editorial sin fisuras para deshacerse de toda responsabilidad en la imposición y afianzamiento del clima de época en que se inscribe el intento de asesinato a Cristina Fernández de Kirchner.

 

 

Por Hugo Muleiro

 

Los medios opositores se vieron obligados a ponerse a la defensiva, algo muy infrecuente durante el gobierno del Frente de Todos, y desplegaron una línea editorial sin fisuras para deshacerse de toda responsabilidad en la imposición y afianzamiento del clima de época en que se inscribe el intento de asesinato a Cristina Fernández de Kirchner.

La línea auto-exculpatoria no significa que hayan abandonado las mañas de siempre, como interpretaciones grotescas según las cuales Néstor Kirchner fue el fundador de la intolerancia política y el odio, barriendo en un párrafo toda la historia criminal de los sectores dominantes a los que sirven, responsables de las mayores atrocidades, las recientes y las más remotas.

El jueves por la noche el dispositivo opositor hizo un intento, finalmente infructuoso, por bajarle el precio a la situación. “Tensión en Recoleta”, decían los títulos en línea de Clarín y La Nación dos horas después de lo sucedido en Juncal y Uruguay, y otro reducía los hechos a la palabra “incidente”.

En la canaleta de Clarín, Florencia Arietto, de Juntos por el Cambio, decía con toda soltura que fue un “montaje K”, frente a animadores enmudecidos.

Después debieron enmendar esta postura, aceptaron la gravedad de lo ocurrido y bajaron el tono transitoriamente, hasta rehacerse mediante la unanimidad para condenar el discurso del presidente Alberto Fernández y el contenido del documento leído el viernes 2 en la Plaza de Mayo.

El punto específico que los saca de quicio es la afirmación sobre que las posturas y discursos de sus medios, de la oposición y de una parte del sistema judicial confluyen para crear un clima de época que convoca al odio y lo naturaliza.

Varios de las y los columnistas regresan en este aspecto a la pose de la “equidistancia”, la “objetividad”: periodistas puros desligados de intereses,  ideas políticas, patrones, auspiciantes.

La cantidad de articulistas que se pronunciaron sobre esto, en sentido idéntico, alcanza para armar un equipo con suplentes para jugar en Los Abrojos. Kirschbaum, Van der Kooy, Lanata, Roa, Fesquet en Clarín; Morales Solá, Jacquelin, Laborda,  Fernández Díaz en La Nación; González, Tenembaum, Aulicino en Infobae, se anotaron, entre otros, para patear la pelotita.

Por supuesto, hay como siempre extremos y, en el apuro, no faltó quien cayó en el ridículo.

El viernes por la noche en el canal de Clarín, Van der Kooy se ocupaba de replicar al presidente y al documento de la Plaza.

Enumeró que en ambos casos se afirmó que los medios, la oposición y la justicia son generadores del clima de odio, para responder: “No, no somos nosotros”, una confesión de pertenencia que exime de la necesidad de pruebas.

El domingo en Clarín, Kirschbaum posa de defensor de la democracia y enumera el tipo de comportamiento que se corresponde con ella.

Habla de los falsos defensores de la democracia, justo en las páginas de la empresa que se apropió de Papel Prensa en acuerdo expreso con el genocida Videla.

Pero, acaso sin querer, termina confesando su ADN: tras la habitual andanada contra el peronismo, amonesta a la oposición porque se parece a “una asamblea en la que hay demasiadas opiniones”.

Como se ve, democracia al palo.

La mascarada se expresó en reiterados títulos engañosos, como el que sostuvo en estos tres medios y su extendido conglomerado otra falsedad: que “todo el arco político” condenó el atentado.

Y, como siempre, exponentes de la oposición política adoptaron estas mentiras y las recitaron en los mismos espacios, como lo hizo el actor Brandoni.

Por el mismo carril se deslizó otro componente del relato: el fundador de la violencia política es el kirchnerismo.

En La Nación, Morales Solá le dio más enjundia a la manipulación culpando a Néstor Kirchner por inspirarse en el filósofo Ernesto Laclau y a Cristina Kirchner porque “resucitó los discursos de Eva Perón”. Refuerza con una frase que atribuye a Eduardo Duhalde: Eva Perón “no fue un ejemplo de convivencia política democrática”.

Este dispositivo de poder, además, no abandona un ápice sus proyectos de fondo, que comprenden la tantas veces preanunciada condena en el juicio por la obra pública: el haber sido víctima de un intento de asesinato no exime a Cristina Kirchner, insiste, de su condición de culpable de la corrupción.

Casi como decir: tenemos más para gatillar.