Folletín «La Carrió – Retrato de una oportunista»

CARRIÓ: ELOGIO A LA TRAICIÓN. CAPÍTULO UNO

Por Carlos Caramello

Corre abril de 2021. Sentada en su lugar preferido (frente a una cámara de TV,  vía zoom), Elisa Carrió Rodríguez, alias “Lilita”, sonríe con una suerte de mueca que conjuga satisfacción y venganza. Ha vuelto.

Por Carlos Caramello*

La Tecl@ Eñe

16/08/2022.

“Amo la traición,

pero odio al traidor”.

Julio César

 

Corre abril de 2021.

Sentada en su lugar preferido (frente a una cámara de TV, aunque en este caso sea vía zoom), Elisa Carrió Rodríguez, alias “Lilita”, sonríe con una suerte de mueca que conjuga satisfacción y venganza.

Ha vuelto.

Por quichicentémilésima vez ha vuelto.

Para embarrar la cancha ha vuelto. Su deporte predilecto. Su marca en el orillo. Su razón de ser.

Por la pantalla de LN+ (aunque a ninguna ama tanto como a la de TN), entrevistada por uno de sus socios periodísticos, Luis Majul, esta abogada (que ha transitado una vida de relaciones amor-odio, las únicas que, pareciera, puede sostener, al menos en la política) le escupe el asado partidario al propietario del canal (que como todo el mundo sabe es Mauricio Macri) poniéndose a favor de postergar las PASO, teoría que abona y negocia el ala blanda de la derecha vernácula encabezada por Horacio Rodríguez Larreta.

Enfundada en violentos violetas, las gafas al tono, la voz monocorde, con beatífica imagen de paz impostada y recurriendo al temor a Dios como respuesta a todo, se pone cómoda y le enmienda la plana a un azorado Majul que termina admitiendo la posibilidad de que ella esté en desacuerdo con él. “Escuché tu editorial -manda Carrió-. Y estoy en desacuerdo”.

Y luego de sus inveteradas referencias a Cristina Fernández de Kirchner, redondea: “Las PASO. Creo que vos incurrís en una contradicción, respetuosamente.

La contradicción cuál es: si nosotros vamos a pasar meses muy difíciles con pandemia, y si la prioridad es la pandemia (…) la pregunta es si podemos votar en agosto.

Y si los políticos pueden estar en campaña en medio de la pandemia”.

Acto seguido, como para no perder tiempo de pantalla, Carrió acota: “Yo no voy a ser, seguramente, candidata (lo que, conociéndola, indica que se estaba candidateando) porque, hasta ahora soy candidata para mantener la unidad de Cambiemos hasta que Juntos por el Cambio decida, de manera tranquila, quienes son los mejores candidatos… o candidatas”.

Una muestra palpable de la infinita capacidad de cinismo que habita en esta señora que, a todas luces, ha sido pieza constitutiva de la anti-política, por lo menos en los últimos 25 años.

Si la cámara en travelling pudiese recorrer la vida de esta mujer con la velocidad con la que dicen que pasan las imágenes en el instante antes de la muerte, podría trasladarnos rápidamente a los meses de mayo, junio, julio y agosto de 1994, a la ciudad de Santa Fe, a la Asamblea Constituyente reformadora de la Constitución Nacional; al bloque radical (¿Se acuerda, lectora, lector, del Radicalismo?), al Paraninfo de la Universidad santafesina, a la Comisión de Tratados Internacionales y a una joven mujer, rubia, abogada, con acento chaqueño, siempre acompañada de una jovencita a la que presentaba como “sobrina” y que estaba encargada de su relación con los medios.

Esa mujer, convencional por la UCR que, no obstante, se presentaba como llegada de “afuera” de la política -aunque todos sabíamos del padrinazgo que el Dr. Raúl Alfonsín, uno de los factótums de aquella reforma-, no tenía empacho en compartir comidas y charlas con representantes de todos los partidos, pedía favores para que la contactaran con periodistas y posaba de neo constitucionalista.

Sin embargo… sin embargo, algo olía a podrido, aunque no estábamos en Dinamarca.

Empezó a notarse cuando, en una rara defensa (?) del Pacto de Olivos, que se entendía trataba de salvarle las papas a Alfonsín, dijo: “…¿cuál es la cuestión aquí?

Es que … que es un Pacto.

Y yo acá voy a traer a Guillermo O’donnell, si usted me permite leer una frase, sr presidente; cuando hablando de estas democracias consociativas, dice: » Un pacto puede definirse como un acuerdo explícito aunque no siempre explicitado o justificado públicamente, entre un conjunto selecto de actores que procuran definir las reglas que rigen en el ejercicio del poder, sobre la base de garantías mutuas concernientes a los intereses vitales de quienes los acuerdan.

Dichos pactos pueden tener una duración prescripta, o depender meramente de un consentimiento que se va obteniendo sobre la marcha.

Algunos de esos pactos cristalizan después en reglamentos o constituciones«.

El palo de la cita de O´Donnell era para don Raúl, al que se suponía ella estaba rescatando. Y en otro tramo de la alocución, mostraba su esencia: “He venido aquí́ con una posición que es discrepante de la de mi partido en punto a la cuestión vinculada con el articulo 5° de la ley 24.309.

Pero he escuchado todas las opiniones y debo señalar que el mayor problema que tiene el intento de ser no dogmático es que se termina indefectiblemente en la incerteza (…)

He venido a este debate con una posición propia, pero a lo largo de él he terminado con una profunda confusión”.

Aquel speech es largo.

Y no es difícil de encontrar en las redes para los que estén interesados.

Lo cierto es que mientras sonaban los circunstanciales aplausos de cierre de ese discurso, dicen que se escuchó a César “El Chacho” Jaroslavsky mascullar: “si así lo defiende a Raúl, lo que va a ser cuando lo ataque”.

Un visionario. Años después, cuando ya los puentes estaban dinamitados, cuando Elisa Carrió había fundado su Coalición Cívica arrastrando a varios dirigentes radicales y competía contra el espacio político de don Raúl, y cuando ella ya se había convertido en poco menos que una estrella de rock, llegó a decir que ese Alfonsín de 2011 se parecía más “al del Pacto de Olivos que al de 1983” renegando, sin ambages, de la pseudo defensa que había intentado en la Convención Constituyente.

Es más, en referencia a aquel acuerdo que dio origen a la reforma constitucional, agregó que “Cuando se llega al poder de cualquier manera, surge cualquier cosa».

En “Esa”, que amagó en Santa Fe en 1994, se había convertido finalmente: una política aviesa, una sofista refinada capaz de hacer una afirmación y de contradecirla en el mismo discurso, una dirigente que, una vez abandonado el radicalismo cuando le advirtieron que se bajara del ponny porque era muy recién llegada, fue creando y destruyendo “espacios” políticos de acuerdo a su conveniencia y la de sus mandantes.

Alfonsín lo había advertido allá por 2009, cuando desde una tribuna estalló: “Otra candidata, la doctora Carrió… enemiga de la Unión Cívica Radical (…)

Es lo peor en cuanto se pueda pedir a enemigo, porque es hipócritaSe hace la que nos quiere, y va pasando la ambulancia por todo el Comité para ver si consigue un radical que la apoye.

Pero, cuando después de la Convención de Rosario nosotros resolvemos dialogar con los partidos políticos afines opositores, la primera gestión que hizo el Comité Nacional fue con el ARI; y el ARI contestó que no dialogaba con la Unión Cívica Radical. Así nos trataron. Antidemocráticamente.

Dijo siempre que éramos la vieja política. Y la vieja política es la hipocresía.

Decir lo que no se siente.

Esa es la vieja política.

¿Por qué?

Porque a la doctora Carrió le va a ganar muy fácil.

Porque le falta estabilidad emocional… entre otras cosas”.

Sabía, don Raúl. Y preanunciaba, en el seno de su partido, lo que veía venir si no se seguía el rumbo histórico.

Carrió siempre intentó reaccionar con ironía a aquellas palabras pero en el temblor de su voz se trasuntaba cuánto la habían afectado.

Sin embargo, todos los socios posteriores de Lilita deberían haber aprendido de la experiencia de Alfonsín.

Y actuado en consecuencia.

No era la primera traición.

Ni sería la última.

La daga en la espalda del hombre que le había abierto la puerta a la política grande, fue un hito. “Tu también…Bruta”.

CC/

*Licenciado en Letras, escritor y periodista.

*** La Tecl@ Eñe publica el primer capítulo del folletín «La Carrió – Retrato de una oportunista». El título de esta segunda entrega es «Elogio de la Traición”, y en su desarrollo se prefigura la esencia del ser que clavará una daga en la espalda del hombre que le abrió la puerta a la política grande: Raúl Alfonsín.