Nuestro país debe afrontar el pago de importaciones de gas por U$S 3.000 millones sin utilizar reservas internacionales.

¿QUIÉN DEBE MANEJAR EL COMERCIO EXTERIOR?

Por Julián Denaro*

El manejo de los recursos del país en pocas manos surge de una concentración económica que ha recrudecido, en tres períodos liberales: Dictadura (1976-1983), Menemismo (1989-2001) y Macrismo (2015-2019).

Por Julián Denaro

NAC&POP

31/07/2022

Hoy, resulta visualmente impactante atender a imágenes y videos de las 30 millones de toneladas de granos bajo los silobolsas.

Esos treinta mil millones de kilos significan cerca de 20.000 millones de dólares que las corporaciones agroexportadoras no quieren exportar porque esperan un mejor precio para ellos.

Para no redundar en explicaciones acerca de columnas anteriores, quieren forzar un precio de dólar que a ellos mismos enriquezca inmediatamente, aunque el costo sea empobrecer al conjunto del pueblo.

Nótese que si aceptaran comercializar esos granos y entregar los dólares al Banco Central de la República Argentina, las Reservas Internacionales se volverían suficientemente holgadas como para compensar cualquier tipo de corrida en el mercado financiero.

Pero no, extorsionan al gobierno para recibir una mayor tajada para ellos.

El eje del asunto es que el gobierno argentino debe responder a los intereses del pueblo que lo votó, y por ello no corresponde que se doblegue ante los caprichos del poder concentrado.

En función de esto, el gobierno sostiene el precio del dólar oficial por senderos lógicos y predecibles.

Pero claro, el poder concentrado maneja los medios de comunicación, a través de los cuales manipula sentimientos, comprensiones y creencias.

Los mercados paralelos a través de los cuales se cotiza el dólar informal han elevado su precio de manera escandalosa, pero se trata de operaciones financieras, que por sí mismas no inciden sobre la economía real.

Sin embargo, a través de los medios, se genera una expectativa devaluatoria e inflacionaria que descontrola el manejo de todos los precios.

Así las cosas, el gobierno está haciendo equilibrio entre las demandas sociales y las exigencias de los agroexportadores y el poder concentrado.

Las primeras, provienen de una población golpeada sucesivamente durante seis años – 4 de neoliberalismo y dos de pandemia más los coletazos recibidos por la guerra en Europa –.

Las segundas se originan en las ambiciones de las corporaciones agroexportadoras que se creen dueños de la vida de 47 millones de argentinos.

Lo cierto es que nuestro país debe afrontar el pago de importaciones de gas por 3.000 millones de dólares sin utilizar reservas internacionales.

Pero nuevamente, se entiende con mucha claridad que si los granos dejaran de reposar bajo silobolsas sobre los campos argentinos sólo porque menos de diez empresas concentradas ejercen un abuso de posición dominante, los compromisos externos serían cumplibles con suficiencia.

Sin lugar a dudas, queda a la vista que el comercio exterior de nuestro país no puede ser decidido por unos pocos que, producto de sus ambiciones, es capaz de perjudicar al conjunto del pueblo.

Es oportuno, por tanto, recordar el Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI) que organizó el Comercio Exterior de nuestro país durante el gobierno de Perón de 1946 a 1955.

Durante aquellos tiempos, el Estado argentino administraba la cadena de producción, distribución y comercialización evitando formaciones injustificadas de precios a lo largo de toda la generación de valor. Pero en lo que respecta al problema que se está describiendo, el sector externo, el Estado Argentino era el único que exportaba e importaba.

Así, lo mejor para el pueblo era decidido por el gobierno, que no responde a intereses particulares sino a los intereses del pueblo que representa.

De esa forma, nada podrían determinar los caprichos de unos pocos que quieren enriquecerse haciendo uso de su posición dominante.

Hoy, en 2022, Argentina produce alimento para 400 millones de personas pero todo ese flujo de dinero es manejado por unos poquitos.

Bueno, es hora de que nosotros, el conjunto del pueblo argentino, seamos quienes utilicemos el producto de nuestro trabajo para las cosas que nosotros mismos necesitamos.

Entonces, la responsable administración del comercio exterior por parte del pueblo a través del Estado, permitiría un excedente financiero a utilizar por parte del propio pueblo dirigido hacia desarrollo, infraestructura y mejoras en la distribución del ingreso.

Lo antedicho incluye soberanía fluvial, marítima, portuaria, energética, satelital y sobre la explotación de los recursos naturales que se extraen de nuestros suelos.

El contrabando de mercancías provenientes del exterior, lo cual destruye nuestra industria nacional, sería reducido a su mínima expresión.

Los mecanismos de fraude fiscal con que las corporaciones dominantes proceden a eludir impuestos, evadir tributación y estafar a través de declaraciones juradas que sobrefacturan importaciones y subfacturan exportaciones quedarían eliminados, porque sería el Estado el encargado de hacerlo.

En la misma línea, la desbordante riqueza ictícola – pescados y mariscos – de nuestro Mar Argentino, corresponde que sea utilizada por nosotros y no por buques factoría extranjeros que usurpan sin límites nuestra pampa azul.

Asimismo, potenciar la construcción de satélites nacionales, de lo que somos uno de los pocos países del mundo en hacerlo, nos acercará a ampliar nuestra soberanía satelital.

Así, se lograría garantizar internet, telefonía y señal de televisión gratis para todos, prescindiendo de empresas corporativas trasnacionales que abusan de su poder para imponer precios e instalar opinión.

Al mismo tiempo, en otro orden de cosas y con la misma lógica, también se observa el abuso de posición dominante en el hecho de que algunas empresas de micros de larga distancia compran la totalidad de los pasajes en tren, porque ellos venden los boletos diez veces más caros.

Ellos se abusan de la situación porque se aseguran llenar todos los buses, pero el pueblo es perjudicado.

Si el precio del pasaje en tren es 200 pesos y el de micro es 2000, hay mucha gente que no tiene suficiente dinero como para poder costearlo, especialmente aquellos que viajan en familia.

Muchos optarían por viajar en tren, pero no hay boletos disponibles, porque los compran las empresas de buses, y los trenes viajan vacíos.

La gente que busca pasajes, sólo consigue disponibilidad en micro.

Esto no puede ser permitido sin penalidades que anulen este comportamiento.

¿Hasta cuándo vamos a permitir que unos pocos sigan haciendo abuso de su posición dominante perjudicando al conjunto del pueblo? Es imprescindible organizarnos suficientemente, para lo cual son indispensables la formación y la información, que debe multiplicarse responsablemente para generar una necesaria toma de conciencia que convoque al pensamiento crítico permanente.

(*) JULIÁN DENARO, Economista (UBA), Columnista Económico en Televisión y Radio, Profesor en Universidades Nacionales (UBA y UNLAM), Doctorando en Ciencias Económicas en UNLAM y terminando la Licenciatura en Psicología en la UBA. Autor de seis libros, siendo los dos últimos “Del país dividido a la revolución cultural” (2017) y “Argentina entre las disputas de poder 2012-2019” (2019), y escribiendo dos nuevas obras.