¿Su gestión ha sido más canallesca que la de los Cavallo, Sturzenegger, Dujovne?

«DEMASIADO POCO, DEMASIADO TARDE»

Por Ignacio Lizaso*

No debería resultar tan extraño que Martín Guzmán haya huido subrepticiamente del Ministerio de Economía.

Por Ignacio Lizaso

NAC&POP

05/07/2022

No debería resultar tan extraño que Martín Guzmán haya huido subrepticiamente del Ministerio de Economía, pero enviando un mensaje con intensidad de grito que llegó a la ciudad de Gary, Indiana, Estados Unidos, donde vive su mentor Joseph Stiglitz.

-«Maestro-mire-lo-que-me-hicieron», fue el sentido de la solicitud de auxilio de Guzmán, de cuya condición de ex ministro sólo él tenía noticia.

Reconociendo la voz del muchacho, Stiglitz se apresuró a movilizar un intento de salvataje.

«Sus profundos principios le imposibilitaron continuar en el cargo», dijo el premio Konex (corregimos, premio Nobel) a apenas 24 horas del abrupto anuncio de dimisión mientras hablaba CFK en un acto de homenaje a Perón.

La realidad de nuestro país exhibe un par de monstruosos (y cercanos) antecedentes.

Consagrado su triunfo electoral en diciembre de 2015, Mauricio Macri manoteó un juego de ganzúas y forzando la puerta de emergencia de la Corte Suprema hizo entrar a Carlos Rosenkrantz y Horacio Rosatti.

Cortesanos que desde entonces coparon toda parada judicial y política que pudiera perjudicar al gobierno de Macri y su banda, y llevaron adelante, fierro a fondo, las causas armadas contra representantes del Frente de Todos.

Además, y sin el más leve rastro de rubor, aún sabiendo que su actitud iba a tomar estado público, fueron capaces de votarse a sí mismo en la SCJ y también en el Consejo de la Magistratura.

Cinco años más tarde Pepín Rodríguez Simón, considerado «el cerebro jurídico de Cambiemos», se convirtió en prófugo de la justicia al escapar a Uruguay, donde al cabo de más de 560 días permanece desarrollando una vida se diría que normal, sin ocultar sus pasos.

El estado uruguayo se negó a reconocer su supuesta condición de refugiado político.

Por su parte la jueza María Servini hizo un pedido de captura a Interpol, que un año atrás lanzó una aparatosa alerta roja.

Pero no hubo novedades, de ahí que con humor se estime que el organismo que lo busca debería denominarse Interpro.

Guzmán ha colaborado con Stiglitz en la preparación de una serie de «papers académicos» para la Universidad de Columbia.

Sus amigos cuentan como hecho habitual que Guzmán regale a la gente que lo rodea una edición especial del trabajo de la serie por el que siente predilección.

Se titula «Too little, too late», que traducido al castellano: «demasiado poco, demasiado tarde», suena como una visión sintética del resultado de su gestión, en particular las tratativas con el FMI, y su imprevista decisión de «tomar las de Villadiego».

«Too little…» apunta a la búsqueda de soluciones a las crisis de deuda soberana.

La reciente gestión con el FMI enseña cómo resultan tales soluciones.

Integrante de la cúpula de la agrupación Soberanxs, la ex embajadora y sindicalista Alicia Castro fue cáustica al referirse a la partida de Guzmán.

«Usted es un cuadro del FMI.

Vino a hacer un mandado.

Ahora le van a pagar su comisión».

A Guzmán no le preocupan las críticas.

Ningún problema.

Conserva su carácter de miembro del Institute for New Economic Thinking´s Taskforce de Nueva York y el International Governance Innovation, ente creado por Jim Balsilly, fundador de Blackberry, con la abnegada finalidad de «contribuir a la mejor gobernanza mundial».

Cómo no asociar estas sociedades con vocación filantrópica con fundaciones como la Rockefeller o la Eisenhower, ligadas a la CIA.

Martín Guzmán es joven, el 12 de octubre cumplirá 40 años.

Como lo vienen haciendo varios de sus antecesores, puede regresar con la seguridad de que no le faltarán cámaras, micrófonos y medios gráficos para ratificar la virginidad de sus principios.

¿Será simple demostrar que su gestión ha sido más canallesca que la de los Cavallo, Sturzenegger, Dujovne?

IL/