¿Por qué el Estado tiene que ayudar a las inmobiliarias a tener departamentos vacíos?

EL ENGAÑO QUE BUSCA DESESTABILIZAR

Por Juliàn Denaro*

Algunos poquitos que tienen el poder para manejar recursos escasos y bienes preciados, deciden a quiénes dárselos y a quiénes no.

Por Julián Denaro (*)

NAC&POP
1/07/2022

Algunos países del mundo carecen o escasean de suficientes insumos productivos, sea por insuficientes recursos naturales, por un penoso atraso en el desarrollo de los medios de producción, por decisiones de política económica que nunca adoptaron una visión estratégica hacia el futuro, o por diversas cuestiones entre las cuales subyacen las relaciones internacionales.

Es vox populi que en algunos países de Latinoamérica suelen existir faltantes en productos esenciales, pero destáquese que los hoteles cinco estrellas que reciben turismo internacional poseen abundancia de esos productos que escasean para la población común.

Entonces, algunos poquitos que tienen el poder para manejar recursos escasos y bienes preciados, deciden a quiénes dárselos y a
quiénes no.

En otros países como el nuestro, que si bien no calificamos como país desarrollado – aún – sino como país emergente – aún –, la abundancia de diversos recursos naturales y la existencia de una estructura industrial con destacadas virtudes en ciencia y tecnología, nos permite ser productores de la mayoría de los bienes que necesitamos.

Sin embargo, también es cierto que en algunos períodos de nuestra
historia reciente hubo ciclos que tendieron a destruir nuestra industria alentando las importaciones – Dictadura (1976-1983), Menemismo (1989-2001), Macrismo (2015-2019) –.

También forman parte de nuestra historia períodos en los cuales escasearon productos básicos en los almacenes, farmacias, y negocios de diversos rubros, siendo estos los gobiernos de Alfonsín (1983-1989) y De La Rúa (1999-2001), en los cuales la especulación de unos pocos primó por sobre las necesidades de la sociedad.

Como se ve, en una u otra condición, los sectores concentrados de la economía hacen prevalecer sus intereses por sobre los demás, pero como manejan los medios de comunicación, hacen creer a la gente que la culpa es del gobierno.

En los tres casos que se nos vienen inmediatamente a la mente – Argentina, Venezuela y Cuba – los gobiernos son de corte nacional, popular y latinoamericanista, clasificación que disgusta enormemente al imperialismo colonialista anglosajón y a las oligarquías serviles a ellos.

Por eso, procuran desestabilizarlos y generar un enorme disgusto en
la población, que les permite competir electoralmente a través de partidos políticos antipopulares, como aquí la alianza radical – macrista.

Bullrich, perteneciente a Juntos por el Cambio, y Milei, perteneciente a La Libertad Avanza, con toda la protección mediática, manifiestan impunemente que lo que harían es reducir impuestos, ajustar el gasto y liberar la producción.

Pero claro, el achicamiento del Estado, precisamente, amplía los grados de libertad de las corporaciones concentradas para concentrar aún más el ingreso nacional bajo su propio dominio.

Ellos quieren libertad para ellos mismos, pero no le explican a la gente que la mayor libertad para ellos significa menor libertad para el conjunto del pueblo.

¿Cómo es que pueden competir en las elecciones?

Por un lado, porque mienten continuamente a través de los medios de difusión hegemónicos.

Por otro lado, porque operan a través de mecanismos desestabilizadores que ocasionan disconformsmo y disgusto en la población respecto al gobierno actual.

La actividad económica está verificando un sostenido crecimiento con una significativa recuperación en el nivel de empleo, lo cual permite registrar el mejor nivel operativo de los últimos seis años en comercio, turismo interno, industria y oficios diversos.

Pero la forma de desacreditar al gobierno es causando insatisfacción en la población, a través de mecanismos inflacionarios que empujan a que los precios suban por encima de los salarios y jubilaciones.

El truco más exitoso de los últimos tiempos ha sido generar expectativas devaluatorias.

Las últimas semanas hicieron correr el rumor de que el gobierno
entraría en cesación de pagos de deuda interna en pesos.

Algo totalmente falso, pero que motivó a muchos especuladores, más los temerosos, más los distraídos, más los desinformados, más los etcéteras, a salir de las operaciones en pesos y correr hacia el
dólar.

Pobrecitos, que no suba el precio del dólar con sus colocaciones en pesos.

Queda escrito así porque en un país con una pobreza cercana al 40%, no podemos privilegiar el interés del sector financiero especulativo conformado por los más ricos de la pirámide de distribución socioeconómica.

Pues claro, la presión sobre el dólar, habría de elevar su precio, lo cual se verificó en los mercados paralelos, y eso provoca una reacción inflacionaria, ya que si sube el precio del dólar suben todos los precios.

La feroz expectativa, insistente a través de los medios, hace que algunos hasta se guarden los productos y no los pongan a la
venta, ocasionando escasez.

Pero ese desabastecimiento es a causa de que algunos
no quieren vender a los precios actuales, sino esperar a que los precios suban para vender el mismo producto más caro.

Esa especulación de unos pocos, ante la cual el gobierno reacciona con timidez y pasividad, es pagada por todos.

Es hora de que el gobierno aplique la Ley de Abastecimiento, que obliga a productores y distribuidores a producir lo que hay que producir y distribuir lo que hay que distribuir para evitar el desabastecimiento que tan malos recuerdos nos trae a los argentinos.

Además, las mentiras invaden hasta el sentido común.

Se ha corrido el rumor de que hay desabastecimiento de papel y que no se consigue ni pañuelos ni papel higiénico porque no hay celulosa.

Pero es mentira, Argentina produce suficiente cantidad de celulosa como para abastecer toda la producción interna.

En otro orden de cosas, a pesar de que es urgente e impostergable mejorar la matriz distributiva para sacar de la pobreza a millones de argentinos, es mentira que hay recesión, y se puede corroborar con la medición de la actividad en cada sector económico.

Todos recordamos que durante el gobierno de Cristina Fernández (2007-2015) era imposible sentarse en un restaurante sin pedir turno previo, y también recordamos que durante la segunda mitad del gobierno de Macri (2015-2019) no era necesario reservar porque había mesa libre en todos lados.

Esto último es indicador de recesión, claramente.

Pero en la actualidad, se está volviendo a la situación en la cual es imposible concurrir a un restaurante sin reserva y conseguir mesa.

Quienes asisten sin reserva se anotan y hacen la fila afuera del restaurante.

Es habitual distraerse en escuchar conversaciones ajenas.

Algunos gustan de “parar las orejas” más que otros, pero es imposible no escuchar hablar de recesión en la fila de espera.

Obviamente, se trata de una enorme manipulación mediática que causa disgusto hasta en quienes están mejor que antes.

En esta descripción, justamente, están los que no tenían plata para ir a comer afuera durante el gobierno de Macri y ahora están
pudiendo hacerlo nuevamente.

Es decir, estamos hablando de una parte de la población que está mejor que antes.

Sin embargo, el engaño mediático es tal que se sienten disgustados con este gobierno y hasta serían capaces de votar a la vertiente política que los había privado de darse estos gustos.

Es muy llamativo esto y por eso la convocatoria, desde este humilde lugar, a pensar reflexiva y analíticamente.

Al m,ismo tiempo, y conociendo los negocios inmobiliarios del Larretismo – Macrismo, es oportuno destacar algunas cuestiones.

En principio, se recuerda que el Frente de Todos propuso cobrar impuestos a la vivienda ociosa, para conseguir dos objetivos:
uno es que aumente la oferta y que baje el precio de los alquileres, el otro es aumentar la recaudación de manera progresiva, ya que quienes se rehúsan a alquilar y conservan su inmueble deshabitado pertenecen a los más ricos de la sociedad.

Luego, resulta de interés público el discurso de Ofelia Fernández, legisladora de la Ciudad de Buenos Aires por el Frente de Todos, que se trascribe de manera textual: “En 1947 había 3 millones de habitantes en la Ciudad de Buenos Aires, en 2010, 3 millones,
ahora, 3 millones.

No crece la población pero sin embargo es cada vez más la parte de esa población que vive o en barrios populares o hacinados o no puede ni imaginarse en comprar una casa.

O jóvenes que no pueden irse de la casa de sus viejos a alquilar un mísero monoambiente.

Y digo más: en esta legislatura, a pedido del ejecutivo, se hace lo que quieren los desarrolladores inmobiliarios para que puedan construir lo que quieran.

Desde que entré acá, es torre por acá, torre por allá (…)

Si se están construyendo más viviendas, si tenemos la misma población ¿por qué es tan difícil vivir bien en esta ciudad?

¿Pueden explicar por qué el Estado tiene que ayudar a las inmobiliarias a tener departamentos vacíos?

¿Por qué les damos tierras públicas y normativa?

No le encuentro el sentido.

Y lo que me tiene ahora realmente desvelada es esto de que la transformación no para.

Lo que no para son los carteles de que la transformación no para (…)

Están gastando 8 millones de pesos por día en publicidad y
propaganda ¿de verdad les parece prioritario?

Creo que si tan en la onda de los cartelitos están, pueden ponerle un cartel a Jefatura de Gabinete que diga “Búnker de campaña Larreta 2023, porque ahí está la guita de la ciudad”.

JD/

NAC&POP: Juliàn Denaro es economista (UBA), columnista económico en Televisión y Radio, Profesor en Universidades Nacionales (UBA y UNLAM), Doctorando en Ciencias Económicas en UNLAM y terminando la Licenciatura en Psicología en la UBA. Autor de seis libros, siendo los dos últimos “Del país dividido a la
revolución cultural” (2017) y “Argentina entre las disputas de poder 2012-2019” (2019), y escribiendo dos nuevas obras. MG/N&P/