Al inicio de la dictadura del Proceso (19769, lteníamos una deuda de 8 mil millones de dólares. Al finalizar a en 1983 debíamos 45 mil millones de dólares.

LA DEUDA EXTERNA ES LA DICTADURA

Por Agustín Buzio

Y esta es una nueva oportunidad. Tomar el toro por las astas encarando una solución definitiva a este flagelo y haciendo valer nuestra soberanía. Auditar tramo por tramo de la deuda externa. Investigar cada contrato. Y rechazar todo monto que deba ser rechazado, por nulo, ilegal, inexistente o leonino. Se han detectado “al menos 477 ilícitos

 

LA DEUDA EXTERNA ES LA DICTADURA

 

“Después son las criaturas las que pagan.

En vez de un vasito de leche,

Un vasito de agua.

Eso sí que es triste.”

Por Agustín Buzio

NAC&POP

14/0421

Al comenzar la dictadura cívico militar en el año 1976, los argentinos teníamos una deuda de 8 mil millones de dólares.

Al finalizar la dictadura en 1983 debíamos 45 mil millones de dólares.

Hemos pagado cientos de miles de millones de dólares durante todos estos años y sin embargo hoy supuestamente debemos 323.177 millones de dólares.

De tener una cantidad de pobres que no sumaban más de un dígito, hoy tenemos 40% de pobres.

Y estamos en emergencia alimentaria, aproximadamente 15 millones de compatriotas no tienen garantizado ni siquiera un plato de comida diario.

La catástrofe social está matando niños de hambre en todo nuestro territorio.

Cientos de miles de familias argentinas sin comida; sin agua potable; sin gas; e incluso sin electricidad.

Pero con una deuda de aproximadamente 323.177 millones de dólares.

En este estado de situación nos encontramos hoy, año 2020, los argentinos, discutiendo de deuda y legitimidades.

Valga una aclaración.

La legitimidad es un concepto asociado a la política y al ejercicio de los poderes y la autoridad pública, mientras que legalidad es un término relativo al ámbito del Derecho que se refiere a lo que es legal.

Ya hemos desperdiciado oportunidades históricas para investigar y auditar la deuda externa en su conjunto.

Y esta es una nueva oportunidad.

Una muy buena oportunidad para tomar el toro por las astas encarando una solución definitiva a este flagelo y haciendo valer nuestra soberanía.

Auditar tramo por tramo de la deuda externa. Investigar cada contrato.

Y rechazar todo monto que deba ser rechazado, por nulo, ilegal, inexistente o leonino.

Asumiendo que la deuda es hoy un condicionante total de las finanzas públicas y del bienestar de la población, consideramos necesario y viable realizar, por ejemplo un censo de acreedores con un eje central que determine cuánto debemos, a quiénes debemos y porqué debemos.

Para así dar transparencia a los reclamos de los titulares de los bonos.

Debemos saber quiénes son estos titulares; a quiénes compraron sus títulos; cuándo los adquirieron; qué montos pagaron por ellos; cuánto recibieron hasta el día de hoy, etc.

Qué es la deuda odiosa. Este concepto jurídico se impuso por primera vez por Estados Unidos.

En 1898, Cuba logró su independencia de España, asumiendo Estados Unidos un protectorado sobre la mayor de las Antillas.

Rechazó las pretensiones españolas de cobrar la deuda de Cuba, utilizando dos argumentos fundamentales: que la deuda del gobierno cubano no había sido utilizada en beneficio del pueblo; y segundo, que las condiciones del préstamo habían sido impuestas por España.

De allí en adelante, la doctrina de la “deuda odiosa” ha sido sistematizada por diferentes juristas internacionales.

Un ex presidente del consejo de Ministros de Italia y especialista en derecho financiero, Francesco Nitti, consideró que “los acreedores que han prestado su dinero, saben muy bien a quiénes han prestado y conocen los riesgos que corren.

Si no han previsto la insolvencia, están en la situación de cualquier especulador que se ha equivocado en sus previsiones”.

En el mismo sentido, el Doctor Alexander Sack, en 1927, para evitar fraudes, afirmó que los acreedores tendrían que demostrar, frente a un tribunal internacional, que los fondos prestados se emplearon en beneficio del Estado, y recién entonces se admitiría la exigibilidad de las obligaciones.

Como conclusión podemos establecer que para la existencia de deuda odiosa, tiene que darse alguna de estas tres características:

1) Que haya sido contraída sin la autorización de los representantes legítimos del pueblo.

2) falta de consentimiento nacional; es decir, que se trate de una obligación impuesta.

No sólo se trata de una deuda contraída por una dictadura, sino de aquella asumida por un régimen democrático para refinanciar deudas provenientes de un régimen de facto, a través de una delegación inconstitucional de facultades.

En este caso, es necesario tener presente que las ilegalidades en el origen nunca pueden dar lugar a una obligación lícita.

Para el derecho argentino, los actos ilegales son nulos de nulidad absoluta, y en consecuencia no son susceptibles de negociación alguna.

Ó

3) Ausencia de beneficios para el pueblo.

Este último punto es crucial, porque la odiosidad de la deuda no está dada esencialmente por el régimen que la contrajo, sino si fue empleada en beneficio del país y de su pueblo.

Cuando se habla de deuda siempre se remite a números exorbitantes para la vida cotidiana y para cualquier habitante.

Sólo se analiza la factibilidad de las cuentas, el PBI, el ratio, etc.

Pero nunca se toma en cuenta la situación legal de los contratos.

Para llegar a la concreción de un préstamo se debe anteponer al mismo un contrato, el cual debe estar regido por normas y leyes a respetarse por ambas partes y en materia de deuda aún tenemos pendiente revisar la que tiene sus orígenes en la dictadura, que a modo de ejemplo podemos mencionar el fallo del juez Ballestero al mencionar que se han detectado “al menos 477 ilícitos”.

También deberíamos destacar la investigación sobre la deuda privada transferida al Estado que aún seguimos pagando.

Seguramente si buscamos por estos costados lleguemos por fín al nunca más de la deuda.

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LIBRO Historia de la deuda externa argentina De Martínez de Hoz a Macri
Noemí Brenta