Roger Waters confiesa : “Estoy todo lo avergonzado que pueda estar por nuestro pasado colonial."

LA INFLACIÓN LIBERADA

Por Julian Denaro (FOTO)*

Cuando «libertad» significa desregular el accionar de los grupos de poder concentrados, que continua y sistemáticamente abusan de sus posiciones dominantes para enriquecerse a costa de los demás, que no tienen poder ni herramientas legales para defenderse suficientemente, el término antes escuchado con alegría se convierte en una alarma que convoca a los pueblos a organizarse.

Julián Denaro (*)

NAC&POP

09/04/2022

Se ha convertido en una necesidad para la formación cívica, cultural y humana insistir sobre las injusticias provocadas por la libertad y la desregulación económicas.

Indudablemente que muchos gustan de escuchar la palabra libertad, pero asociándola a aspectos favorables, constructivos y creativos.

Pero cuando libertad significa desregular el accionar de los grupos de poder concentrados, que continua y sistemáticamente abusan de sus posiciones dominantes para enriquecerse a costa de los demás, que no tienen poder ni herramientas legales para defenderse suficientemente, el término antes escuchado con alegría se convierte en una alarma que convoca a los pueblos a organizarse con vistas a cuidar sus propios intereses.

Cristina Fernández de Kirchner (CFK) expresó esta cuestión con máxima claridad: “El mundo y la geopolítica no se dividen entre los buenos y los malos.

Eso es para Netflix.

No hay buenos y malos, hay intereses”.

Roger Waters, referido a esto, confiesa lo siguiente: “Estoy todo lo avergonzado que pueda estar por nuestro pasado colonial. No me enorgullece que durante los últimos 150 años el sol nunca se haya puesto en el Imperio Británico y hayamos estado afuera violando, ocupando y robando todo lo que pudiéramos de todo el mundo, lo más posible.

Eso es lo que no me enorgullece de ser británico”.

En línea con esto, sabemos que los pueblos, incluidos personajes reconocidos como el mencionado, quien fuera uno de los fundadores de Pink Floyd, sienten con independencia de los poderes dominantes que manejan los medios hegemónicos.

Es decir, por más que los núcleos de poder difundan mentiras a través de la prensa, gran parte de las sociedades consigue advertir la operación engañosa de desinformación planificada puesta al servicio de controlar los pensamientos.

Roger Waters, precisamente, utiliza una frase potente en la obra The Wall: “No necesitamos que nos controlen el pensamiento”.

Recientemente se ha efectuado una encuesta por parte de un medio británico, cuyos resultados muestran que para el pueblo británico, las Islas Malvinas son argentinas, publicada la nota bajo la afirmación de que la invasión de las islas es una “absurda resaca imperial que debe terminar”.

El 50% de los consultados opinó que el Reino Unido debería aceptar la soberanía argentina sobre las islas, mientras que tan sólo el 20% opina a favor de continuar la ocupación.

Nuestro Secretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur expresó que “el gobierno inglés ha sido quizás uno de los que con mayor vehemencia condena la violación de la integridad territorial de Ucrania por parte de Rusia, pero ha mantenido persistentemente, por 189 años, una violación de la integridad territorial de Argentina”.

Pues claro, los abusos de poder que se observan en las relaciones internacionales, siempre han estado presentes sin tregua hacia el interior de las sociedades.

Los núcleos de poder concentrado, ubicados estratégicamente en donde pueden manejar los hilos del funcionamiento económico, jamás han sido solidarios, ni socialistas, ni humanistas.

En estos tiempos en los cuales la guerra entre Rusia y la OTAN – Organización del Tratado del Atlántico Norte – comandada desde EEUU en este caso a través de Ucrania, hizo subir el precio internacional de los granos, se vive en Argentina una inaceptable extorsión por parte del poder dominante.

No podemos permitir que las corporaciones especuladoras que integran el complejo agroexportador nos hagan pagar a los argentinos el costo de una guerra localizada a más de 20.000 kilómetros de acá, cuando Argentina es productora y exportadora de alimentos.

Desfachatadamente, las páginas que representan a las patronales del campo, como <<márgenes agropecuarios>> festejan que “finalizó la campaña de trigo con números record (…) nuevo número nacional de 21,8 millones de toneladas”.

El diario Clarín, funcional a sus intereses, declara que “Expoagro explotó en cantidad de gente y en negocios millonarios en la mayor feria del campo”.

Esta breve muestra expone con suficiente elocuencia que estos sectores se han enriquecido y se siguen enriqueciendo como nunca antes, pero atacando el bienestar del pueblo argentino, que ya venía siendo herido durante seis años consecutivos.

El diputado Máximo Kirchner, ante esto, manifiesta que “tenemos que poner límites a los que se abusan con los precios y juegan con el hambre de nuestra gente gracias al amparo mediático (…)

El gobierno ha hecho cosas para bancar los sueldos de los trabajadores en la pandemia, para que no se rompiera el vínculo laboral y ahí también los trabajadores cedieron parte de su salario, ¿qué les pasa ahora que no hay pandemia que les cuesta a los empresarios dar algo ahora para los trabajadores que lo dieron todo?”.

Julián Domínguez, Ministro de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación de la República Argentina, anunció que “quienes no cumplen con los compromisos asumidos con las y los argentinos, no podrán continuar exportando carne”.

Claro está, el complejo agroexportador pretende colocar toda la producción afuera para ellos enriquecerse, sin importarse por el conjunto del pueblo.

O, en tal caso, que si los argentinos queremos comer, que paguemos los precios internacionales.

Esto representa un abuso imperdonable, que se expresa en la voz de Nicolás Pino, presidente de La Sociedad Rural Argentina, amenazando de la siguiente manera: “Si el gobierno insiste con las señales negativas al campo, el malestar nos llevará a las rutas”.

Indudablemente, se requiere de aplicar con rigor herramientas que están a disposición del Estado, como las leyes de abastecimiento, de competencia y de góndolas, además de robustecer Retenciones, Cupos de Exportación, Precios Cuidados y demás instrumentos.

Aunque ciertas voces sugieren que es hora de estatizar el comercio exterior y los puertos, para que nunca más las corporaciones intermediarias abusen sobre los mecanismos de formación de precios o que les hagan faltar la comida a los argentinos.

La sociedad argentina reclama al gobierno un monitoreo y control efectivo sobre los incrementos injustificados de precios en distintos eslabones de la cadena de formación de valor.

No puede seguir pasando que los sectores dominantes continúen saqueando el bolsillo del conjunto del pueblo.

Los productores reciben menos, los consumidores pagamos más, y todo se lo quedan las corporaciones intermediarias. Basta ya, es hora de que actuemos.

 

JD/

NAC&POP: (*) JULIÁN DENARO, Economista (UBA), Columnista Económico en Televisión y Radio, Profesor en Universidades Nacionales (UBA y UNLAM), Doctorando en Ciencias Económicas en UNLAM y terminando la Licenciatura en Psicología en la UBA. Autor de seis libros, siendo los dos últimos “Del país dividido a la revolución cultural” (2017) y “Argentina entre las disputas de poder 2012-2019” (2019), y escribiendo dos nuevas obras. MG/N&P/