Una esgrima sin sentido. Oposición interna. Errores ejecutivos. Infiernos. Tiempos y proporciones. Peleate con un obispo. Política internacional. Mayor Bernardo Alberte.

FUENTES SEGURAS. EN MEDIO DE LA CONFUSIÓN

Por Gabriel Fernández

Nadie sabe bien qué exigen los agudos críticos al presidente. Los planteos difundidos en las semanas recientes emergieron envueltos en palabras altisonantes y gratas a los oídos militantes. Soberanía, Justicia Social, No al FMI … pero ¿cómo se plasman esas banderas en medidas concretas? Lo cierto es que el desempleo conocido tres días atrás descendió al 7 por ciento y es claro que la cifra condensa el 10 por ciento previo de crecimiento.

 

 

Por Gabriel Fernández *

Radio Grafica

27 marzo, 2022

 

Tras dos años de recuperación el país se detuvo en seco, como si se hubiera topado con una pared invisible. Aunque variables clave continuaron su despliegue, el mundo político resolvió que el cruce entre la vicepresidenta y el jefe de Estado configuraba el suceso más trascendente del período. Es probable que lo sea, pero también que esté sobreimpreso a una realidad material que abre su sendero en otra dirección.

LA ENSALADA.

El otoño llegó, tan contradictorio como los diagnósticos sobre este presente. Un día frío, con vientos contundentes; otro húmedo y pegajoso, con una desembocadura en llovizna que retoma el círculo ambiental. No es lo mismo movilizarse para corregir errores y profundizar aciertos que hacerlo para cuestionar la política en su conjunto. Esa dificultad en establecer un cuadro de situación nítido conlleva a la ensalada que caracteriza el debate presente.

La ensalada, nada sabrosa pues incluye ingredientes que pertenecen a recetas diferentes, mezcla un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que todavía no encuentra aplicación práctica, con un alza de precios que data de bastante tiempo atrás y aparece impulsado por factores pre existentes. Así, se escuchan diálogos imprecisos entre los protagonistas del encono. Algunos apuntan que la negociación no incluye dependencia pues prescinde de las exigencias tradicionales, y otros replican que aumentó el pan.

Así es difícil discutir. Tampoco se logra articular el diálogo intersectorial en el Frente de Todos acerca de la política exterior. Al tiempo que se indica la valía de la secuencia Bolivia, OEA, Grupo de Lima, Mexico, Celac, gira euroasiática y acuerdos pertinentes, manan los cuestionamientos por reuniones colaterales y el intento de mostrar neutralidad pacifista ante la guerra en Ucrania. Hasta pasó desapercibida la convocatoria de Alberto Fernández a un pacto inter americano con Andrés Manuel López Obrador y Luiz Inacio Lula da Silva.

Con preocupación este periodista percibió en las reacciones al andar mundial argentino, una actitud equivalente a la de quienes estimaron, en aquél lejano 1953, que la propuesta del ABC lanzada por el entonces presidente Juan Domingo Perón, no era otra cosa que un ardid para potenciar sus ansias reeleccionistas o para ocultar dilemas intestinos. Algunos agitados opositores emergentes del mismo FDT llegaron a sugerir que la carta enviada recientemente al jefe azteca no era más que una engañifa para pasar por encima el “cogobierno” establecido con el FMI.

QUÉ HACER.

Nadie sabe bien qué exigen los agudos críticos al presidente. Los planteos difundidos en las semanas recientes emergieron envueltos en palabras altisonantes y gratas a los oídos militantes. Soberanía, Justicia Social, No al FMI … pero ¿cómo se plasman esas banderas en medidas concretas? Lo cierto es que el desempleo conocido tres días atrás descendió al 7 por ciento y es claro que la cifra condensa el 10 por ciento previo de crecimiento. Los ingresos promedio, que siguen bajos para toda iniciativa mercado internista, retornaron al indicador del 2019.

Todo esto en medio de una inflación con firma de autor, con responsables empresariales directos que operan en dos direcciones: ganar más de lo mucho que han obtenido por un lado, y debilitar políticamente al gobierno del FDT con el objetivo de abrir el camino a un retorno de los ajustadores y endeudadores más grandes de la historia. En ese marco, sí es adecuado recriminar a la administración por no lograr el freno y por no disponer políticas desmonopolizadoras que licúen el poder de sus propios agresores.

Un frente interno unido en la batalla anti inflacionaria podría ofrecer mejores resultados que los presentes. Sobre todo, un bloque nacional popular asentado en los sindicatos permitiría acelerar la recuperación con vistas a obtener un nivel de ingresos cercano a las instancias previas a la tromba macrista. Allí es donde la pulseada peronismo – desarrollismo re cobraría sentido y facilitaría insuflar vida a las banderas rimbombantes pero etéreas que se han alzado con una intensidad digna de mejores contenidos. Esa pulseada debería incluir el inicio del cese de la informalidad y la precarización; es decir, un aplastamiento más rápido de los inaceptables indicadores de pobreza.

En lugar de contrastar demostrando que ya nada será igual porque la cúspide del Poder Ejecutivo es integralmente negativa para los intereses locales, recostarse sobre los aciertos estimularía la brega por un alza del 15 por ciento en los salarios durante los dos años venideros para que la dinámica compra – venta – producción se instale como un círculo virtuoso. La módica elevación de las retenciones es un buen inicio para la recuperación de divisas que pueblo y Estado merecen considerar propias.

VARIOS ERRORES.

Contagiado por la fiebre en las redes, algún lector puede creer que en estas líneas se ignoran los errores oficiales. Al no efectuar una calificación absolutamente negativa del Gobierno, se pasa con celeridad a formar parte del (inexistente) club de los aplaudidores. Si la consideración es vana pues medios concentrados y amigos, activos liberales, izquierdistas y nacionalistas, configuran ya la oposición, su razón interna es tenue. En realidad Alberto Fernández mostró gran endeblez táctica al adoptar como interlocutores a las corporaciones que carecen de corazón y operan con el bolsillo.

Luego, perdió la ocasión de absorber una gran empresa alimentaria agroexportadora que hubiera facilitado el accionar sobre un rubro decisivo en los problemas antedichos, así como la designación de funcionarios más apegados al pensamiento nacional en cada uno de los espacios gubernativos. Asimismo, obvió la imprescindible limpieza de operadores antinacionales -excrecencias macristas- en terceras líneas de la gestión; sus tareas son las impuestas por los enemigos del país.

Tampoco halló narradores adecuados. Héctor no me deja mentir y los directivos de los conglomerados mediáticos iniciaron la guerra al FDT pocas horas después de las reuniones inaugurales, mientras las instrucciones presidenciales no eran otras que evitar hacer olas en los medios públicos, sometidos a una anomia lógicamente inconducente. La ausencia de jauretcheanos en esos espacios y su presencia en zonas menoscabadas por la absurda distribución de la pauta publicitaria, obstaculizaron la existencia de una clara información sobre los pasos productivos y latinoamericanistas del propio mandatario.

En la misma línea, el adocenado periodismo oficialista deja de lado ejemplos históricos que despejarían la mirada sobre los tempos políticos presentes. Nadie dice cuántos años costó recuperar el ingreso tras la sana eclosión popular del 2001, nadie evoca los ejes de la negociación por la deuda encarada por Néstor Kirchner. Sólo surgen, desde los opositores internos, idealizaciones que pretenden automática aquella bonanza y sitúan al creador del kirchnerismo peronista como un promotor de moratorias. Pero no fue así.

INFIERNOS.

El primer tramo de Néstor estuvo destinado a sacar al país del infierno, lo cual implicó acrecentar la producción y, durante dos años por lo menos, zanjar muy paulatinamente el desastre social heredado del menemismo y el delarruismo. Recién después del 2005 se empezó a atisbar una mejoría del bolsillo popular. En cuanto a la deuda, se descartó la perspectiva del no pago y se negoció con dignidad buscando flexibilizar los acuerdos sin quebrantar el vínculo con el organismo multilateral de crédito.

La política internacional de Kirchner fue magnífica. El rechazo al ALCA y la simultánea construcción del Unasur, ampliando las actividades del Mercosur, fueron el rasgo saliente de la gestión. Luego, Cristina Fernández de Kirchner potenció el sendero con otros vínculos internacionales que hoy se usufructúan y dio batalla contra los intereses financieros que buscaron ahogar nuestro país y muchos otros.

De allí que en algún momento este redactor fantaseara con que el lugar exacto para la ex jefa de Estado fuera el de una gran canciller estrella que tomara en sus manos la postura argentina ante el planeta.

TIEMPOS Y PROPORCIONES.

Retomamos. Otro de los elementos que deben cargarse a las deficiencias oficiales radica en la sub utilización de los bancos públicos. Una firme intervención de los mismos en la economía podría orientar el crédito y las regulaciones sobre las zonas que lo requieran para activar la inversión y regentear el comercio externo. Desde esas entidades es posible, además, diseñar medidas que operen como colchón de las subas internacionales para garantizar que el ya menguado poder de compra interno no se debilite: se trata de acciones que pueden resultar fundamentales durante el año en curso.

El gobierno de Cristina se retiró con un 5,3 por ciento de desocupación. El macrismo disparó el indicador hasta el 10 por ciento. Durante la pandemia ese porcentual subió un par de puntos. Con la presente recuperación se llega a una baja que, sostenida, brindará el marco adecuado para la suba salarial. De allí que entre las tareas de la hora se cuente la necesidad de tensionar sobre la administración y las empresas para aprovechar el nuevo horizonte y anular el deterioro impuesto por la debacle Cambiemos. No es imposible; si se trabaja bien el día a día es viable lograr que el dólar no se dispare mientras la producción, crece. Para eso, como se precisó en el párrafo anterior, es pertinente aprovechar el poderío financiero de los bancos estatales.

Es curioso que por estas horas, con el objetivo de sumar nuevas objeciones comparativas, se recuerde elogiosamente el Pacto Social lanzado por José Ber Gelbard en 1973. Los parámetros empleados para el diseño del programa y para su aplicación, fueron reciamente objetados por fuerzas internas del Frente Justicialista de Liberación (Frejuli) mediante pronunciamientos y actividades que denunciaban suavidad para afrontar los desajustes estructurales generados en buena parte de los 18 años previos. Allí también, es preciso recordar, los críticos se ampararon en consignas altisonantes cuyos contenidos se basaban en análisis cerrados que podrían sintetizarse en el que no cambia todo, no cambia nada.

Esa argamasa oposicionista interior estuvo asentada en la difusión de textos surgidos de las plumas de grandes periodistas en las publicaciones partidarias. Era de rigor que los mismos asumieran una identidad social tajante y afirmaran, con seudónimos como El Negro o El Laburante, que no les vengan con paciencia ni con medidas complicadas porque la superestructura engaña y los ricos siguen siendo ricos y los pobres siguen siendo pobres. Esto deterioró la confianza de la militancia nacional popular y revolucionaria en los senderos dispuestos por el tándem Perón – Gelbard y la llevó a concluir que el gobierno se volcaba hacia “la derecha”. No fueron aciertos.

PELEATE CON UN OBISPO.

Lo cierto es que el Acuerdo tan mentado no va muy lejos. Aún en la zona conflictiva –déficit fiscal– no impide el empleo del incremento de la tributación y los beneficios del crecimiento en sentido social. De allí que las voces surgidas de las Pymes y las cooperativas muestren beneplácito y apunten que durante los dos años precedentes la asistencia estatal les permitió una vivificación impensada. Tampoco hay malestar, aunque sí inquietud,  en el seno del movimiento obrero, donde la siempre compleja unidad denota los aciertos de la equilibrada posición de la Corriente Federal y la Central de Trabajadores Argentinos y preludia una demanda incesante –y positiva- por mejora en paritarias para seguir alzando el ingreso social promedio. Ese sí es un camino crítico apreciable y no un flirteo con rupturismos que debilitarían las perspectivas de avance.

Esos intentos de quiebre también anidan en algunos funcionarios que se presentan como albertistas. En medio de la polvareda no faltan quienes sugieren un desprendimiento del kirchnerismo, como si el Frente de Todos pudiera prescindir de una fuerza de indudable masividad. Una acción de esa naturaleza podría recabar el apoyo de un puñado de gobernadores y poco más, y dejaría a la coalición oficial en manos de la oposición, cuya programática no va más allá de la desestructuración de la economía nacional en beneficio particular de dirigentes y empresarios ligados a los factores externos que comandan la debacle del poder rentístico, como se observa en dimensión internacional. Justo ahora, cuando los vínculos establecidos durante el tramo final de la gestión kirchnerista y los primeros pasos de la actual, evidencian posibilidades de financiamiento adecuadas a nuestras necesidades.

-Qué tienen en medio de esta confusión“Esta vez, una historia que representa –a nuestro entender- la situación”. –Escucho“En uno de los peores momentos de su gestión, el presidente Raúl Alfonsín conversó con su colega Felipe Gonzalez. Le dijo me están pegando de todos lados, necesito algo para salir hacia adelante. Rápidamente Felipe respondió peléate con un obispo. Alfonsín re preguntó ¿con un obispo? El español aclaró Si, el obispo siempre va a quedar a tu derecha en todos los temas, convivencia, institucionalidad, economía, con un buen planteo democrático y social, quedas bien parado”. –Entiendo, luego surgió la polémica con monseñor Medina“Claro, pero lo interesante es la proyección presente”–A ver“Ya no te podés pelear con un obispo así nomás, porque es posible que con la política que lleva adelante Francisco te corran por izquierda y encima te doblen la apuesta”. –Entonces… “Peleáte con el FMI. Salir a putear al Fondo siempre da rédito y quedás bien parado. No importa mucho si decís lo que hay que hacer o no, lo que vale es que denuncies al organismo, sus políticas y digas que defendés los intereses del pueblo”. –Está claro. El interrogante es para qué. “Tenemos una idea, pero no se puede decir. Además, ¿para qué?”.

TERCERA POSICIÓN.

Marzo avanza contradictorio, cabe refrendar. Se despliegan incrementos en los combustibles, la electricidad, el gas, la educación y la indumentaria. Las drásticas consideraciones del titular de Comercio Interior, Roberto Feletti orientan, pero no alcanzan para desarticular el poderío del conglomerado anti popular. El funcionario apuntó que “con la suba de retenciones dispuesta por Agricultura, eso son 350,360 millones de dólares, es posible mantener estabilizado el precio del trigo en 25 mil pesos la tonelada, con lo cual la molinería me puede poner la bolsa que se usa para elaboración de pan, pastas frescas, pizza, a 1150 pesos, que había llegado a tocar los 2000 pesos; es una baja importante”. Añadió que “Hay que tener firmeza en esto porque no hay ninguna razón de plan de negocios, comercial, de rentabilidad que admita una disparada de precios, es cubrirse por las dudas”.

Es posible que todo lo actuado por un Alberto Fernández en versión mejorada con respecto a sus momentos previos a la designación impuesta por Cristina Fernández de Kirchner el 18 de mayo de 2019, pueda perderse debido a los embates inflacionarios. Como la política necesita resultados concretos en un lapso específico, de trastabillar, la historia recordará que no fue capaz de instalar un dique a ese aluvión. También es probable que hoy como ayer, el peronismo logre sacar adelante la economía nacional y, sin prisa pero sin pausa, mejorar el nivel de vida de la población. Nuestra historia está abierta, aunque la del planeta posea un rumbo bastante acentuado.

Hay un apunte que vale la pena subrayar: si el Gobierno persiste en la política internacional que concretó hasta el presente, aumentarán sus perspectivas de éxito.

MAYOR BERNARDO ALBERTE.

Finalmente. El ministro de Defensa de la República Argentina, Jorge Taiana, está ofreciendo, este lunes, un homenaje al Mayor Bernardo Alberte. Su director de Derechos Humanos, Eduardo Jozami, la docente Ana Lorenzo y el investigador Eduardo Gurucharri, exponen sobre la intensa y extensa trayectoria de quien fuera edecán de Juan Domingo Perón durante su presidencia, delegado personal del líder en la Resistencia y respaldo de la CGT de los Argentinos a lo largo del tramo final de los agitados 60.

Alberte, militar peronista, fue el primer asesinado tras el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Las fuerzas de la anti patria advenidas conducción del Estado irrumpieron en su hogar y lo arrojaron por la ventana. Su hijo, Bernardo, su familia y sus compañeros, mantuvieron viva la obra y el mensaje del lúcido militante. La concreción de esta vindicación en el emblemático Edificio Libertador también es una señal que cabe remarcar; el Mayor lo merece, y también contribuye a brindar un cuadro más completo de la situación por la que atraviesa el país.

Por lo pronto, semejante inyección popular en el ámbito de los uniformes, es posible porque Taiana está al frente de la cartera. En la misma dirección, ya Néstor Kirchner había planteado su realce, en compañía de la ministra Nilda Garré, del comandante del Estado Mayor del Ejército general Roberto Bendini, del secretario de Derechos Humanos Eduardo Luis Duhalde y numerosos compañeros. Sobre el arranque de aquella gestión, Alberte fue evocado con el afecto y el respeto correspondiente. Por entonces, las palabras de Gurucharri (miembro del MR17, director de En Lucha, autor de Un militar entre obreros y guerrilleros), retumbaron:

“Alberte recogió el legado histórico de Valle. Y fue, no lo dudo, el militar que mejor lo interpretó y lo desarrolló. Alberte terminó siendo, de hecho, el heredero político del general Valle (…) Por eso, tantos años después, estamos aquí con satisfacción. Es un servicio al futuro de nuestra patria, es un servicio al futuro de nuestro pueblo, es una contribución a lo que yo entiendo como un piso civilizatorio entre los argentinos de buena voluntad, que militares con honor y civiles que combatimos a las dictaduras de militares sin honor estemos hoy juntos para recordar a un hombre que nunca conspiró contra un gobierno constitucional y que siempre defendió la soberanía popular”.

Este periodista, amigo de Bernardo Alberte hijo, de Eduardo Gurucharri, de Ana Lorenzo y de Eduardo Jozami, colaborador en el Area de Prensa de la Secretaría que comandó el mítico historiador revisionista, se hace presente otra vez en una evocación del Mayor. Su figura no está solo en el ayer: también marca indicios sobre lo que vendrá.

La historia argentina, está en movimiento.

 

  • Area Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal