Son la cepa más actual de una sincopada forma de traer belleza al mundo.

AHÍ VIENEN

Por Jorge Elbaum*

Ahí vienen: me emocionan. Son mi vieja cocinando a cualquier hora. Son las minas que fueron violadas. Son las torturadas en la ESMA. Son las Madres y las abuelas de la Plaza de Mayo. Son las putas, las guerrilleras. Las lesbianas orgullosas.

Por  Jorge Elbaum

El Argentino

08/03/2022

Ahí vienen, pibe…

Correte, poque te pasan por encima…

Quienes sintieron alguna vez la sensibilidad de dolor sufrido por lxs otrxs.

Y quienes se asumieron –como decía Husserl– simples funcionarixs de una humanidad a ser construida, no pueden hacerse los otarios acerca de esto que viene pujando como un sortilegio de innovación social de tono cósmico y arrasador.

Toda esa furia acumulada producto de la inferiorización y el desprecio, ese sojuzgamiento ancestral, esas horas de encierro doméstico, ese trabajo nunca abonado, nos está desfibrilando los ojos.

Enhorabuena: habrá que desaprender(nos), reconstruirnos con ellas.

Vienen corriendo de atrás. Son serpentinas de una reyerta lúcida en el lomo naturalizado del mundo.

Arrancaron desde el fondo, son una forma acumulada, esparcida, hermosamente desordenada, compuesta por expresiones silenciadas y/o desoídas.

Las cenizas de las brujas de Salem tejieron su constelación de aquelarre quemado.

Ellas bebieron sus lágrimas de sangre y cantaron sus plegarias desgarradas.

Tenemos la azarosa suerte de ser contemporáneos de un aullido cuyo sonido es un alarde de belleza social colectivizada.

Son la cepa más actual de una sincopada forma de traer belleza al mundo.

Ahí vienen: me emocionan. Son mi vieja cocinando a cualquier hora.

Son las minas que fueron violadas.

Son las torturadas en la ESMA.

Son las Madres y las abuelas de la Plaza de Mayo.

Son las putas, las guerrilleras.

Las lesbianas orgullosas.

Las que no aceptaron los designios de la feminidad hegemónica.

Las que se apropiaron de sus cuerpos para dotarlos de encuentros de alegrías cercanía y placeres.

Las que te escupen cuando las prepoteás en las calles.

Las que te parten una botella en la cabeza cuando les tocas el culo sin su autorización.

Las que eligieron su vuelo en contra de la voluntad putrefacta y perversa de la hegemonía patriarcal.

Las que se cagaron en las versiones edulcoradas de una debilidad impuesta.

Las que enseñan rebeldía mientras miran por sobre el rabillo de su tejido de palabras, relatos y sabores.

Las que dicen que NO y se la bancan incluso cuando el horror las apuñala.

Las militantes de género. Esas que le ponen una pátina de fulgor a un activismo social demasiado cómodo en su tradición de machismo acendrado.

Ahí vienen.

Correte, pibe…

Porque te pasan por encima.

 

jne