El fenómeno Bielsa. Solo acepta trabajar en comunidades que se le parecen.

BIELSA Y EL DERECHO DE JUGAR DE IGUAL A IGUAL

Por Santiago Aragon

Bielsa eligió la audacia como forma de vida. Sus destinos están lejos del oro de los jeques o de las luces de las capitales. Asume pueblos orgullosos, que desconfían de lo que se consigue fácil y están dispuestos a la aventura. Solo acepta trabajar en comunidades que se le parecen.

 

Por Santiago Aragon

BAE

02/03/2022

Bielsa es un comunicador con disfraz de Director Técnico.

El más político de los hermanos, busca tormentas, para dejar mensajes en botellas en medio de un naufragio.

Su idea, y sus métodos, le permitieron construir prestigio, vigencia y ser considerado referente en una actividad en la que el exitismo es regla.

Si somos las batallas que buscamos, y la forma de librarlas, Bielsa eligió la audacia como forma de vida. 

Sus destinos están lejos del oro de los jeques o de las luces de las capitales.

Asume pueblos orgullosos, que desconfían de lo que se consigue fácil y están dispuestos a la aventura.

Solo acepta trabajar en comunidades que se le parecen.

Ciudades llenas de Marcelos, en las que arma su proyecto, recordándonos que la clave de un primus interpares es conducir pueblos en los que podés reconocerte, para ser solidario en las malas o socio en las buenas.

Bielsa convierte la duda en autoridad. Confiesa que ha perdido, que puede volverlo a hacer, y que las piedras están para tropezar mil veces.

Su dimensión falible es la llave de su credibilidad.

Con Aristóteles de capitán, te conmueve con sus gestos y te convence con la información.

En tierras y tiempos en los que, quien cuenta con medio don, reclama trato divino, Marcelo elige comportarse como un vecino que lee en el patio y devuelve la pelota sin cortarla.

Su decisión de actuar normal, viviendo “loco”, es un acto de fe en el otro.

Los que mandan lo hacen con su patología a cuestas. En la conducta de nuestros líderes, están inscriptas sus obsesiones.

Quienes conducen, hacen lo que pueden con su idea, mientras cargan su cruz. Adriano (no el del Inter), construyó una Roma entera, solo por temor de que su alma no tuviera donde habitar cuando la muerte corrompiera su cuerpo.

Bielsa trabaja sobre sí mismo, normalizando lo extraordinario, y sobre los demás, invitándolos a la rebeldía de desafiar lo inevitable.

Resultadistas somos todos

Bielsa es realista. Ni idealista ni fundamentalista.

Acepta que lo externo no se puede manejar.

Su “todo se equilibra al final”, testifica que empezamos y terminamos en la incertidumbre.

La de llegar a un mundo que no pedimos, la de irnos sin poder evitarlo.

Él asume esa cancha inclinada y elige su tarea: Perfeccionarse para dar una batalla desigual.

Su concepción heroica es la que enamora.

Sostener la ilusión de que le podés jugar de igual a igual a algo que es más grande que vos, sea el Liverpool, el City o tu destino.

Educarte, en concepto y coraje, para que ese partido no te quede grande.

Avisarte que lo único indigno es no pelear, o perder con tus once adentro del área. En la lucidez de que el final es el mismo para todos, lo que te define es como te acercás a la línea de llegada. Bielsa, como Drexler o Machado, te invita a amar la trama.

Te recuerda que los milagros se merecen y casi nunca llegan.

¿Quiere perder?

No: quiere que juegues

Su prédica exaspera a unos haters tan obsesionados con verlo caer, que fueron capaces de alentar a un club sin poderlo pronunciar, con tal de ver perder al Leeds

Bielsa es un resultadista.

Como vos.

Como todos.

La diferencia es lo que entendemos por esa denominación.

Algunos piensan que el resultado es un número en el tablero, cuando se cumplen los 90 minutos.

Otros creen que el silbato final solo se escucha una vez, y no es el árbitro quien lo toca; que uno juega un partido que dura toda la vida, con cada domingo adentro, y todas las acciones se anotan en un marcador que no conocemos todavía.

En su mensaje, comparte una aspiración social, la de construir sin saber si veremos el fruto de lo que hacemos.

Su prédica exaspera a unos haters tan obsesionados con verlo caer, que fueron capaces de alentar a un club sin poderlo pronunciar, con tal de ver perder al Leeds.

Una tribu de pseudo pragmáticos, que supone que estar tranquilo es no dar ninguna batalla. Esos que viven cuidando el empate y terminan embocados sobre la hora.

La identidad del bielsismo es oponerse a sus antis.

Los que se alivian con cada audacia que es derrocada, los que sostienen que solo los poderosos tienen derecho a atacar, los que piensan que perder seguido es ser un perdedor.

Bielsa sabe que la derrota es más frecuente que la victoria.

Te obliga a no temerle.

A desafiarla con lo que tengas a mano, aunque sea un marcador de punta con los pies redondos.

Conduce comunidades que le creen y lo acompañan, rosarinos, marselleses o vascos, que recordaron, lo que sabían y olvidaron:  el derecho de jugar de igual a igual y que nada está escrito si tu voluntad no se domestica.

Le importa el resultado, pero no el de un partido, ni el de un campeonato.

Sabe que ganar es otra cosa.

Bielsa nos obliga a ser mejores. Nos recuerda que tenemos derecho a la victoria por lo que somos, pero, con lo que somos, no alcanza.

Comunica algo que excede a la actividad que desarrolla.

En en ese plano, logra sostener dos identidades que se explican en la acción:

Es, al mismo tiempo, un compañero y un conductor.

Toda la energía que dedica en trabajar por lo que nos apasiona, nos recuerda que el verdadero par, es aquel que ama y vive por lo mismo que vos.

Lo que lo convierte en conductor, es que su desempeño legitima la actividad que realiza, más allá de los límites de quienes forman parte de ella.

No agrega valor que un líder logre que el militante se interese por la política.

El mérito es atraer al ajeno, al que no está dentro de la estructura.

Si lo conseguís, la actividad a la que te dedicás, se vuelve más ancha y legítima.

Cada persona a la que, sin importarle el fútbol, se interesó por el resultado del Leeds, terminó entendiendo que es lo que hacemos y cómo sufrimos los que vivimos con una pelota en la cabeza.

Los que no quieren más problemas

Bielsa sabe que no puede durar.

No le interesa liderar.

Sus ciclos terminan cuando los grupos confunden salir primeros, con ganar.

Las victorias parciales te vuelven chambón, te hacen creer que ya no podés aprender más nada.

A la larga, son los protagonistas de sus procesos los que no lo soportan más.

Aquellos que creyeron en su mensaje y se beneficiaron de sus métodos.

Los que ganaron el ascenso jugando de una manera, pero, ya en la A, quieren llegar a la Selección saliendo todas las noches.

Los que creen que “el sacrificio ya lo hicimos, vamos a disfrutar un poco de lo logrado” o “no me podés pedir lo mismo ahora que estoy en primera”.

Los que se cansan, los que se relajan, los que se olvidan de donde vinieron.

Los que no quieren más problemas.

Los que no se aguantan dos domingos nublados y salen a buscar técnico.

Esos, que se olvidan de jugar, terminan conducidos por uno que piensa que el resultado es lo que queda escrito después de los 90 minutos.

Pronto los volvés a ver, colgados del travesaño y peleando el descenso.

Bielsa es una idea. Que las copas se oxidan y al puntito inteligente del domingo te lo olvidas el lunes.

Que cuando el laurel se seca, sobreviven las razones y el derecho a jugar a ganador, seas quien seas. La audacia de sublevar la voluntad, aunque el terreno esté escarpado, con los recursos que mejor te definan.

La obsesión por mejorar esos recursos, para no quedar regalado.

Mejor lugar sería este, si cada uno de nosotros hiciera por su actividad lo que Bielsa logró con la suya: sostener el derecho a no guardarse nada, poner en valor la audacia para legitimar la conquista, obligar a propios y a rivales a jugar mejor y hacer que el hábitat que elegís crezca por tu intervención.

El Marcelo entre Marcelos, dejó otro banco vacío, para seguir construyendo su resultado final. 

Hoy, en el invierno inglés, una ciudad lo empezó a extrañar.

Cuando la niebla se disipe, y las goleadas en contra sean noticias en un papel que envejece mal, sobrevivirá el método que los hizo creer que la victoria está al alcance de los pies.

En Leeds y en Marsella, en Bilbao o en Rosario, una vez más, su nombre se hace mensaje, cuando su trabajo concluyó.

Su recuerdo dura, en esos rincones, más que el sinsabor del último revés que ya olvidaron.

Bielsa es un ganador que aprendió a vencer a la derrota

SA/

NAC&POP: Santiago aragón es Director de la Maestría en Gestión de la Comunicación-UNL. ZMG/N&P/