En 2015 con Cristina llegamos a tener los sueldos y jubilaciones más altos de Latinoamérica medidos en dólares.

LOS INTERESES DETRÁS DE LA INFLACIÓN Y LOS IMPUESTOS

Por Julián Denaro*

Cuando el gobierno de Mauricio Macri elevó la inflación desde el 25% que existía durante el gobierno de Cristina Fernández hasta un escandaloso 55%, llegando al mismo en momentos de casi nula emisión monetaria, los principios ortodoxos cayeron al impactar contra la realidad. Esta no dialoga como los pensadores heterodoxos, sino que se impone.

Por Julián Denaro (*)

NAC&POP
25/02/ 2022

Desde cierta doctrina que difunde liviana y agitadamente sus premisas, se sostiene que la inflación es un mal, y que la misma es responsabilidad del gobierno.

Sin embargo, a estas alturas y después de tantas refutaciones empíricas, corresponde adoptar una postura respetuosa, reflexiva y a la vez profunda.

Es cierto que la inflación del mes precedente arrojó un preocupante coeficiente del 3,9%, que anualizado sería un 60%, lo que, sin lugar a dudas, complica cualquier plan económico que pretenda traducirse en mejoras sociales.

Pero quedarse en el panfleto de catástrofe no conduce a nada productivo ni favorable, sino todo lo contrario, ya que anula por su actitud cualquier análisis de la realidad, que nunca es tan catastrófica como esos mismos panfletos.

Continuando con esta propuesta de convocar al pensamiento e indagar a fondo sobre las causas y consecuencias inflacionarias, se hace presente que aún los más cerrados ortodoxos han admitido que la inflación no es monocausal.

Es decir, tuvieron que aceptar que se equivocaron durante tantos años diciendo que la única causa de la inflación es la emisión monetaria.

La visión heterodoxa siempre se lo fundamentó suficientemente, pero la postura caprichosa para negarlo contra toda demostración era demasiado cerrada.

Sin embargo, cuando el gobierno de Mauricio Macri elevó la inflación desde el 25% que existía durante el gobierno de Cristina Fernández hasta un escandaloso 55%, llegando al mismo en momentos de casi nula emisión monetaria, los principios ortodoxos cayeron al impactar contra la realidad.

Esta no dialoga como los pensadores heterodoxos, sino que se impone, y a veces no permite que la pinten con colores mentirosos.

Pues claro, también se ha expuesto que países con menores tasas de inflación sin embargo realizan mayor ampliación de base monetaria y oferta monetaria que Argentina. Cerrando la boca de los enunciadores y repetidores monetaristas.

Ocurrido este fracaso doctrinario, y admitiendo la multicausalidad de la inflación, se lanzaron sobre el déficit fiscal y la presión fiscal para establecerlas como las causas inflacionarias principales.

Pero también son enunciaciones que caen por su propio peso a partir de un rápido análisis empírico, aunque mucha gente guste por repetir lo que se dice en la televisión sin pensarlo.

La presión fiscal en Argentina oscila cerca del 33%, que surge de realizar el cociente entre Recaudación Tributaria Total y PBI.

Los ortodoxos dicen que la presión fiscal en Argentina es muy alta, pero ya se ha explicado suficientemente que los países con menor inequidad, menor injusticia y menor pobreza tienen una presión fiscal mayor.

Precisamente, el Estado recauda más plata para atender a las necesidades de la población.

Casos ejemplificadores de esto son Alemania, Bélgica, Francia, Dinamarca o Japón, con una presión fiscal mayor al 40%. Por supuesto, la inflación de estos países es menor.

Respecto al déficit fiscal, que Argentina elevó al 8% durante la cuarentena estricta y ahora bajó a cerca del 3%, también muestra porcentajes más elevados en otros países con menor inflación, como Estados Unidos, España o Canadá.

De hecho, uno de los puntos que se ha destacado en numerosos escritos y exposiciones, es que el déficit fiscal debe reducirse a través del aumento en la recaudación, que proviene de impulsar la actividad económica, y no de bajar el gasto, que reduce la actividad y por consecuencia la recaudación, agravando el problema.

En suma, podría decirse que más que equivocaciones, los enunciados de la ortodoxia económica son movidos por intenciones inconfesables.

Eliminar la emisión monetaria es quitarle oxígeno a la política fiscal orientada a inversión social, bajar el gasto significa directamente reducir las partidas presupuestarias dirigidas a salud, educación, ciencia, tecnología, comunicaciones, industria y desarrollo, y bajar el déficit fiscal contrayendo el gasto es también lo último.

Entonces, quienes se llenan la boca diciendo todas estas cosas, qué intereses defienden?

Por un lado, pretender reducir al mínimo las opciones de políticas expansivas por parte del Estado, evidencian una clara intencionalidad orientada hacia la concentración económica.

Esto es, que las necesidades sociales no sean atendidas, para que cada vez un mayor porcentaje del ingreso nacional se concentre en pocas manos, vale decir, quienes motorizan la divulgación de dichos enunciados.

Por otro lado, poner en debate permanente aquellos postulados, distrae respecto de una pesada causa inflacionaria: LA PUJA DISTRIBUTIVA.

Los sectores concentrados, los formadores de precios, las corporaciones ubicadas en posiciones dominantes, buscan ampliar sus márgenes de ganancia incrementando precios en cada uno de los eslabones que manejan sin que dicho aumento esté justificado.

Así, los dueños de grandes empresas estratégicamente dispuestas en la cadena de valor, inflan a toda velocidad sus capitales mientras empobrecen al conjunto de la sociedad, que paga cada vez más caros productos y servicios que no tuvieron otro motivo para aumentar de precio que la infinita avaricia de dichos sectores concentrados.

Al mismo tiempo, y conociendo que la inflación elevada es amiga del descontento social, los intereses imperialistas y colonialistas anglosajones, que se oponen a los gobiernos nacionales, populares y latinoamericanistas, también le dan de comer a las oligarquías dominantes para desestabilizar gobiernos que no desean.

Por otro lado, el tema impositivo también está en la misma línea de intereses.

Indudablemente ellos prefieren que en los programas de televisión se hable de bajar el gasto, de ajustar, de reducir el presupuesto.

Pero no van a querer que se desnude uno de los más grandes problemas: la evasión y la elusión fiscal efectuada por ellos mismos.

Esto es, que las corporaciones dominantes, distorsionan sus declaraciones juradas, no pagan los impuestos que tienen que pagar, y las exorbitantes ganancias que acumulan suelen derivarlas a guaridas fiscales en el exterior.

De esto sí habría que hablar: de aplicar la tecnología fiscal, con todos los sistemas modernos de información y monitoreo para reducir al mínimo el fraude y al mismo tiempo diseñar una estructura tributaria más progresiva, que incluya el impuesto a las grandes fortunas a pagar todos los años, del cual deben formar parte los activos de argentinos en el exterior.

Desplegando las intenciones que se esconden detrás de los repetitivos y aburridos enunciados, también es pertinente aclarar ciertas relaciones.

En primer lugar, el verdadero problema de la inflación ocurre cuando se deteriora el poder adquisitivo de salarios y jubilaciones.

Pero si los ingresos aumentan por encima de la inflación, tal como sucedió durante el período 2003-2015, entonces el poder adquisitivo aumenta año tras año.

Puesto en números, si la inflación es del 25% y los sueldos suben un 30%, los trabajadores van a poder comprar cada vez más.

Al mismo tiempo, si la inflación es mayor que la devaluación, se verifica que los sueldos aumentan en dólares.

Véase que si el sueldo es 50.000 pesos con un dólar a 100 pesos, medido en dólares es 500. Si el dólar sube un 20% y los sueldos un 30%, el sueldo nominalmente subió a 65.000, y medido en dólares subió a 542, siendo el nuevo tipo de cambio 120.

Con este mecanismo acumulado, en 2015 llegamos a tener los sueldos y jubilaciones más altos de Latinoamérica medidos en dólares.

A eso tenemos que volver.

Y si además las tarifas de servicios suben cada año por debajo de la inflación, las familias aumentan su poder de compra, ya que año tras año entregan cada vez un menor porcentaje de sus ingresos al pago de servicios.

Roberto Navarro lo explica con claridad, al decir que “cada vez que un gobierno popular intentó cambiar el orden de las cosas, la élite local y el imperio, juntos, subvirtieron el orden constitucional e impusieron sus intereses a los del pueblo”.

JD/

NAC&POP: (*) Julián Denaro, Economista (UBA), Columnista Económico en Televisión y Radio, Profesor en Universidades Nacionales (UBA y UNLAM), Doctorando en Ciencias Económicas en UNLAM y terminando la Licenciatura en Psicología en la UBA. Autor de seis libros, siendo los dos últimos “Del país dividido a la revolución cultural” (2017) y “Argentina entre las disputas de poder 2012-2019” (2019), y escribiendo dos nuevas obras.MG/N&P/