Tras dos meses de alta tensión los aliados occidentales parecen haber dado la razón a Moscú.

¿EN UCRANIA TRIUNFÓ LA RAZONABILIDAD SOBRE LA FUERZA?

Por Eduardo J Vior

Después de una escalada militar y declarativa que hizo temer por la paz mundial, entre el fin de semana y los distintos actores de la crisis que tiene a Ucrania como motivo –no como causa- dieron señales de distensión.

Por Eduardo J Vior

TELAM
16/02/2022

Después de una escalada militar y declarativa que hizo temer por la paz mundial, entre el fin de semana y este martes los distintos actores de la crisis que tiene a Ucrania como motivo –aunque no como causa- dieron señales de distensión que, de confirmarse, indicarían que los aliados occidentales se someten a las mismas reglas internacionales que ellos acordaron en la década de 1990 y que desde entonces violaron sistemáticamente.

Si así fuera, la resolución diplomática del conflicto en Europa Oriental tendría consecuencias mundiales.

Luego de anunciar que sus tropas se están retirando tras la finalización de las maniobras cerca de la frontera con Ucrania y Polonia, Moscú ha insistido en que las predicciones de que podría estar a punto de ordenar una invasión en toda regla se han demostrado falsas.

En un encendido comunicado, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Maria Zajarova, despreció semanas de informes y afirmaciones de funcionarios estadounidenses y europeos de que las fuerzas armadas de Moscú podrían estar a pocas horas de lanzar un ataque contra su vecino.

«El 15 de febrero de 2022 pasará a la historia como el día en que la propaganda bélica occidental fracasó», escribió.

Según ella, Occidente ha sido «avergonzado y destruido sin disparar un solo tiro».

Poco tiempo antes, el Ministerio de Defensa ruso anunció que los distritos militares del Sur y del Oeste de Rusia han comenzado a enviar a sus tropas a sus lugares de origen tras completar sus ejercicios.

Por su parte, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, calificó este mismo martes como positiva la respuesta de Occidente ante las iniciativas de su país sobre la seguridad europea.

En Washington, el presidente de EE.UU., Joe Biden, ha declarado el mismo día que su gobierno está dispuesto a sellar por escrito acuerdos en materia de seguridad con Rusia.

El mandatario dijo haber trasladado a Vladímir Putin su firme voluntad de apostar por la vía diplomática al más alto nivel y añadió que EE.UU. aún no ha verificado que el repliegue militar ruso se esté efectivamente produciendo.

Entre tanto, fuentes de Moscú citadas por Intel Slava comentan que el proyecto del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso aprobado por el presidente con las respuestas de Rusia a la OTAN sobre las garantías de seguridad se convertirá en una «sensación mundial».

A su vez, Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, respondió a la declaración de Lavrov declarando que “las señales de Moscú sobre la continuación de los esfuerzos diplomáticos son alentadoras“.

Acto seguido los principales medios occidentales salieron en cadena a agitar que “gracias a nuestra firmeza Rusia retiró sus fuerzas”, obviando que los ejercicios militares conjuntos en Bielorrusia y los de las fuerzas rusas en el sur del país estaban planeados desde hace tiempo y sus fechas de comienzo y fin eran conocidas.

Claro que, como los aliados occidentales habían retirado de Rusia su delegación supervisora, no pudieron acompañar las maniobras sobre el terreno.

En segundo lugar, nunca durante la crisis informaron sobre los 150.000 efectivos ucranianos concentrados en la línea de demarcación con la cuenca del Don y en la frontera rusa de Crimea.

Como tratando de evitar que su contrincante se retracte, este mismo martes, al recibir al Canciller alemán Olaf Scholz, Vladimir Putin declaró que Rusia no puede hacer la vista gorda ante la libre interpretación del principio de indivisibilidad de la seguridad por parte de EE.UU. y la OTAN.

«EE.UU. y la Alianza Atlántica interpretan con bastante libertad y a su favor los principios clave de la seguridad igual e indivisible, consagrados en muchos documentos comunes europeos», señaló el mandatario ruso.

Y avanzó un paso más: “Rusia está dispuesta a continuar el suministro de gas natural a Europa a través del territorio ucraniano más allá de 2024”, cuando expire el contrato de tránsito.

«Por supuesto, si se mantiene la demanda entre los importadores europeos, la rentabilidad [del tránsito] y el propio sistema ucraniano de transporte de gas se encuentra en estado técnico funcional», señaló el mandatario ruso en rueda de prensa tras su reunión con el canciller alemán Olaf Scholz.

Scholz, a su vez, informó que «(el presidente ucraniano) Zelensky prometió firmemente que todos los proyectos de ley sobre el estatus de Donbass y los cambios en la constitución se discutirían pronto en el grupo de contacto».

Un enorme avance, si se recuerda que todavía la semana pasada los líderes ucranianos daban los acuerdos de 2015 por “muertos”.

El jefe del gobierno alemán, asimismo, calificó la retirada tras las maniobras del personal militar ruso a los lugares de despliegue como una buena señal de desescalada.

Entre tanto, el voto de la Duma (parlamento) de la Federación pidiendo a la presidencia de Rusia el reconocimiento diplomático de las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk podría servir como medida de presión suplementaria sobre Occidente.

La resolución parlamentaria no vinculante fue impulsada por el bloque del Partido Comunista, que así pretendía correr por izquierda al mayoritario de Rusia Unida,

Si el presidente quisiera ponerla en práctica, necesitaría primero la declaración de independencia de ambas repúblicas de mayoría rusa en el este de Ucrania, para después poder reconocerlas diplomáticamente.

Como tal acto desataría un ataque ucraniano que obligaría a Rusia a reaccionar, probablemente Putin no aplique la resolución, sino que deje pendiente la amenaza de reconocimiento como un instrumento más de presión sobre Occidente.

Consecuentemente, en la rueda de prensa del martes 15, después de su reunión con Olaf Scholz, Putin dijo “comprender” el sentimiento de los rusos hacia sus compatriotas de la cuenca del Don, pero que el diferendo debía resolverse dentro de los acuerdos de Minsk, es decir, dentro de las fronteras de Ucrania.

Sergei Lavrov

Cuando el ministro Lavrov mencionó la “respuesta de Occidente”, se refería a dos misivas de EE.UU. filtradas por el diario madrileño El País el pasado 2 de febrero a pesar de su carácter reservado, que respondían a las propuestas rusas de diciembre pasado.

Según los dos documentos, EE.UU. se muestra dispuesto a «considerar acuerdos» con Rusia junto con sus aliados para abordar las respectivas preocupaciones en materia de seguridad, pero insiste en la política de “puertas abiertas” de la OTAN, rechazando así la principal exigencia del Kremlin de no incorporar en ningún momento a Ucrania en la Alianza Atlántica.

Al mismo tiempo, Washington aseguró en esos documentos estar preparado «para una discusión sobre la indivisibilidad de la seguridad», tema en el que insiste Moscú, pero agregó que se enfocará también en sus «respectivas interpretaciones de ese concepto», que «no puede ser visto de manera aislada».

De acuerdo a los documentos internacionales en los que Moscú se apoya, no sólo que todas las cuestiones que atañen a la seguridad interior e internacional están interrelacionadas, sino que ningún país, ninguna región y ningún individuo puede aspirar a vivir en un entorno seguro a costa de la seguridad de los demás.

Entonces pareció que el camino de la negociación estaba bloqueado.

Sin embargo, en los últimos días hubo varias señales de que los aliados occidentales podrían prescindir de la incorporación de Ucrania a la OTAN y aceptar el principio de Derecho Internacional reclamado por Rusia.

El pasado fin de semana el embajador ucraniano en Gran Bretaña, Vadim Prystaiko, dijo en una entrevista con la BBC que Ucrania podría abandonar su intento de unirse a la OTAN, para evitar una confrontación militar con Rusia.

El diplomático indicó que su país sería «flexible» sobre su objetivo de sumarse a la alianza militar occidental y recalcó que Ucrania es un país «responsable».

Por su lado, Dmitri Peskov, portavoz de la presidencia rusa, declaró el lunes 14 que el hipotético rechazo de Ucrania a la idea de ingresar en la OTAN ayudaría a Occidente a responder de una forma «sustancial» a las preocupaciones de seguridad rusas.

Claro que el embajador fue el mismo lunes sancionado por la cancillería de Kiev y tuvo que retractarse, aclarando que la incorporación a la OTAN es una finalidad del Estado ucraniano anclada en la Constitución (tras la reforma de 2018).

No obstante, por primera vez desde que comenzó la crisis en noviembre pasado, al menos un representante de Ucrania toma en cuenta uno de los reclamos fundamentales de Rusia: la no incorporación a la OTAN.

Como recogiendo la pelota que le pasó el diplomático ucraniano, en la rueda de prensa del martes 15 el jefe de la diplomacia rusa detalló que se ha dirigido por escrito a todos sus colegas de los países que anteriormente respondieron a las propuestas de Rusia, para pedirles aclaraciones sobre qué entienden exactamente por el principio de la indivisibilidad de la seguridad.

«[El principio] exige antes que nada evitar cualquier tipo de acciones que vayan a reforzar la seguridad en detrimento de la seguridad de cualquier otro país», argumentó Lavrov.

Por último, prometió que Moscú responderá a la brevedad los documentos en materia de seguridad recibidos de parte de EE.UU. y la OTAN.

No queda aún claro qué nuevo mensaje envió EE.UU. a Rusia, como para que ésta vea la posibilidad de una distensión. Obviamente, si bien las maniobras militares estaban anunciadas y su duración era conocida, sirvieron como presión para doblar la voluntad de Kiev.

Es que, ante la declaración de Joe Biden de diciembre pasado de que EE.UU. no intervendría en Ucrania en caso de invasión rusa, los líderes de ese país entendieron que debían buscar una solución política.

Sin embargo, Washington tiene que haber dado alguna señal de que está dispuesto a aceptar la indivisibilidad de la seguridad y a reconocer el derecho de Rusia a vivir sin amenazas.

Si es así, EE.UU. habrá restablecido la vigencia de un principio colectivo que violó sistemáticamente desde principios de siglo.

Si este principio vuelve a tener vigencia, tendrá una fuerza mayor en la regulación de los conflictos en numerosas regiones del mundo, como Medio Oriente, el Océano Índico, el Atlántico Sur y la Antártida. Implicaría el triunfo de la razonabilidad sobre la fuerza.

EJV/

 

NAC&POP: Eduardo J. Vior es analista internacional. MG/N&P/