La unidad del FDT en el gobierno en plena preminencia de conducción retardataria resulta funcional a la ooptación del establishment.

DIVIDIR AL PERONISMO. UNA ESTRATEGIA EN CURSO

Por Tomás Pérez Bodria y Victorio Paulón*

Dividir al peronismo no debe confundirse con dividir al FDT. Dividir al peronismo, o sea al campo nacional y popular, ese poder real lo concible mediante la cooptación del gobierno que se convirtió en tal merced al voto mayoritario de los peronistas. Cooptación que si bien no ha culminado, lleva transitada bastante más de la mitad del camino para arribar a destino.

 

Por Tomás Pérez Bodria
NAC&POP

30/01/2022

Este año empezó y no hay tiempo que perder.

En la edición on line del 1o de enero 2022 del diario Página 12 aparece una nota firmada por Victorio Poulón, que se titula «Dividir el peronismo: la gran estrategia de Juntos» (Dividir el peronismo | La gran apuesta de Juntos (pagina12.com.ar)

Esta nota me parece de lo más aproximado que he encontrado como retrato de la actualidad política.

En ella se trasunta una estrategia del poder real que, tras los fuegos de artificio mediante los que su representación política logra fácilmente obnubilar a un gran número de nuestros dirigentes y militantes, avanza raudamente de modo cotidiano.

Dividir al peronismo no debe confundirse con dividir al FDT.

Dividir al peronismo, o sea al campo nacional y popular, ese poder real lo concible mediante la cooptación del gobierno que se convirtió en tal merced al voto mayoritario de los peronistas.

Cooptación que si bien no ha culminado, lleva transitada bastante más de la mitad del camino para arribar a destino.

Entiendo que es misión de la militancia y de la dirigencia del campo nacional y popular, en un momento que no trepido en calificar a partir de las señales contundentes que emanan de la región como la «nueva hora de los pueblos», analizar seriamente el cuadro de situación y vertebrar las medidas que frustren la maniobra en curso.

Para ello, a priori, se van constituyendo dos alternativas principales, sin perjuicio de algunas variantes que pueden sobrevenir:

1) Desplazar de la conducción del gobierno al ala neocolonial claramente predominante al día de hoy a la que, más allá de sus aparentes cabildeos, avala en los hechos, contrariando muchos de sus discursos, el presidente Fernández.

Para que este desplazamiento se pueda materializar, se requiere la puesta en ejercicio del único liderazgo político del campo nacional y popular que, si bien es posible que haya menguado su intensidad, aún está vigente, cual es el de Cristina Fernández de Kirchner.

Ella mantiene todavía el ascendente suficiente para movilizar tras de si y su decisión de colocar al gobierno nacional en disputa en favor de los intereses de la Patria, a una enorme porción del pueblo argentino.

Con su conducción y el pueblo movilizado, las condiciones para un avance triunfal se tornan harto probables.

2) Si la primera alternativa deviene inviable, porque Cristina no la admite y nuestra dirigencia actual no la toma con el vigor necesario y si es cierto, como lo creo, que también en la Argentina, como en el resto de la región, se constituírá necesariamente un pueblo que demande como tal su potente protagonismo para imponer un rumbo casi antogónico al actual (descolonización, recuperación del control de nuestros recursos, de la energía, desconocimiento de la estafa FMI-Macri, la conformación de un modelo no agroexportador y extractivista, que gire en torno de las necesidades de los argentinos y argentinas, compatible con el cuidado de la madre tierra, distributivo, etc.) habrá que dejar de propugnar la unidad del FDT casi como un dogma al que se vienen supeditando todos los anhelos y necesidades del pueblo y de la Patria.

El pregón por la unidad del FDT en el gobierno, en las actuales condiciones de preeminencia de las fuerzas más retardatarias en su conducción y mucho más si nos remontamos a lo espúrio de su génesis (cuestión esta a la que me referiré en otra nota a partir del contundente reconocimiento expresado por CKF en la reunión con artistas y periodistas que concretó en Pilar el día 21/12/2021), resulta perfectamente funcional a la estrategia de cooptación que se encuentra en plena implementación por el establishment.

De seguir con dicha tónica, casi sin darnos cuenta, terminaremos apoyando en 2023, esta vez sin excusas, tal como a tantos y tantas peronistas lo hicieron al apoyar la reelección de Menem en 1995, cuanto será una de las dos alternativas puestas en juego por el poder real: Larreta o Alberto o cualquiera de sus muletos.

LA GRAN APUESTA DE JUNTOS: DIVIDIR EL PERONISMO

Por Victorio Paulón

Página/12
30 /12/2021
(Fuente: Bernardino Avila)
Imagen: Bernardino Avila

Por primera vez en mucho tiempo el poder concentrado dominante de nuestro país parece apostar a la democracia y pretende construir una mayoría sólida que le permita gobernar por décadas.

La cooptación de algunos dirigentes en el pasado reciente le permite soñar con multiplicar el fenómeno y aislar al kirchnerismo. En el terreno sindical ya logró conformar núcleos como el del “Momo” Benegas que le respondieron fielmente.

La subordinación del radicalismo plasmada en la convención de Gualeguaychú dejó a la centenaria UCR convertida en una nostalgia de la historia.

Antes, la sumisión de la Federación Agraria Argentina a la Mesa de Enlace, antagonistas de siempre que explicaban su existencia por oposición mutua. Son varios los hitos que alimentan la hipótesis de trabajo que encabeza Horacio Rodríguez Larreta.

Sumar al peronismo no kirchnerista se ha convertido en una obsesión política.

Lejos de una estrategia destituyente, estamos en presencia de una oposición feroz que busca desgastar al máximo al gobierno hasta transformarlo en una decepción colectiva.

Una verdadera embestida superadora del grotesco macrista, mucho más agresiva y ambiciosa. En todo cálculo hay imponderables, pero la aparición reiterada de Cavallo y su séquito sumado al enfoque de los medios dominantes de la crisis del 2001, a 20 años de lo sucedido, muestra la voluntad de recuperar la vieja bandera de la dolarización.

El regreso de los muertos vivos no es para subestimar.

Razones tienen para avanzar sobre la idea: debilidades propias más confusión y personalismos le dan materialidad.

No caer en la tentación de ver exabruptos donde funcione la máquina de impedir.

No reducir el análisis a sus contradicciones y peleas.

Estamos en presencia de una fuerza hegemonizada por el poder real. Los dirigentes cooptados no tienen retorno.

Son orgánicos de la fuerza enemiga.

Esta es la batalla central que se está librando.

El juego político se va reduciendo y las decisiones vienen de más arriba.

El poder judicial está en medio de esta batalla y su implicancia se verá en los resultados finales.

Chubut tiene mucho de ese fenómeno. No hacía falta ser muy avisado para entender que una votación forzada como la de la autorización de la megaminería generaría la reacción popular que produjo el estallido. Sin embargo, embistieron y tuvieron que recular con el enorme costo político y social acarreado.

Cuando el poder real y el pueblo empoderado se ven la cara de trinchera a trinchera, el territorio de la política se encoje y la historia queda a merced de esa relación de fuerzas.

John William Cooke y los viejos resistentes de los cincuenta y sesenta lo probaron más de una vez.

Sólo a la luz de esta vigente contradicción se entiende el carácter básico que plantea la necesidad de la UNIDAD.

Unidad a como dé lugar, Unidad hasta que duela, pero Unidad para la acción.

No se puede vivir “desfilando” en nombre de la democracia y los derechos humanos.

No es lo mismo un pueblo movilizado desde las entrañas de su propia resistencia que un pueblo convocado a actos oficiales con protocolos establecidos para mostrar fuerzas en términos numéricos. Vivimos un momento crucial de nuestra propia historia.

O libramos la batalla con nuestras propias banderas o cambiamos de banderas y nos resignamos a la subordinación eterna y a un peronismo sin perspectivas de cambiar la realidad.

La suerte está echada, la tarea es convencer y organizar.

Los antecedentes de derrotar jugadas del poder real abundan en cada etapa.

A cada organización su tarea y a todos, la centralidad de una conducción estratégica que entienda hacia dónde vamos.

Gestapo para los sindicatos, flexibilización de los derechos individuales y colectivos para los trabajadores.

Espantarse es ingenuo, el deber es preparar la confrontación.

Los gestos de estos últimos días de la CGT y la CTA alumbran un camino esperanzador.

No hay antecedentes en democracia de una persecución sistemática al sindicalismo como la llamada “Gestapo”.

Naturalizarlo sería una especie de suicidio colectivo.

Para eso el movimiento obrero deberá ganar la lucha contra el negacionismo sindical. Solamente con un profundo conocimiento del terrorismo de Estado es posible dimensionar lo sucedido en el macrismo para darle adecuado volumen a la resistencia.

VP/