“Un  frente es como un asado”, decía Perón. “Todos traen algo: algunos la ensalada, otros el carbón, otros la servilleta.. Nosotros traemos la carne”.

TRES REFLEXIONES SOBRE LA RENUNCIA DE MÁXIMO

Por Juan Del Barrio*

Desde hace unos años, y probablemente por muchos más, el mapa político argentino está dominado por dos grandes coaliciones, muy al estilo de lo que previó o imaginó Néstor Kirchner. Se trata de algo inédito en nuestro país y nos obliga a ciertos aprendizajes porque, si una de las dos coaliciones se fragmenta, esto se traduce automáticamente en ventaja para la otra.

 

Por Juan Del Barrio

NAC&POP

28/01/2022

Uno. Hacia una cultura de coalición.

Desde hace unos años, y probablemente por muchos más, el mapa político argentino está dominado por dos grandes coaliciones, muy al estilo de lo que previó o imaginó Néstor Kirchner.

Se trata de algo inédito en nuestro país y nos obliga a ciertos aprendizajes porque, si una de las dos coaliciones se fragmenta, esto se traduce automáticamente en ventaja para la otra.

Sin duda, eso incidió en el tono sereno, prudente y respetuoso de la carta pública de renuncia firmada por Máximo y en la respuesta presidencial, igual de medida.

Más aún, si comparamos esta tensión y el modo en que fue procesada con su antecedente más reciente de la semana de septiembre posterior a las PASO, el avance es innegable: todos los involucrados parecen haber asimilado la lección.

No voló ninguna silla.

Los análisis que acusan a Máximo de irresponsable omiten algunos elementos de peso.

No somos pocos los militantes peronistas y votantes del Frente de Todos que reclamábamos otro tratamiento del tema de la deuda, más enérgico, más central, no sólo con el Fondo, sino especialmente con sus socios locales.

Entre otras cosas, una comunicación y una gestualidad permanente y pedagógica que, como demuestra la reciente encuesta de Analogías, hubiera sido muy necesaria desde diciembre de 2019, para dar un corte definitivo al ciclo de endeudamiento y fugas que, con intermitencias, comenzó en 1976.

¿Quién representaba esas posiciones antes de este gesto de indiscutible potencia? ¿Hasta cuándo iban a permanecer esos sectores dentro de una coalición cada vez más monocromática y desmovilizada?

¿No sería irresponsable dejar ir a una parte del armado, sin hacer nada por contenerlo?

Un error por omisión o falta de reflejos no es menos grave que uno por exceso de audacia.

Dos. Asados, servilletas y ensaladas.

El Frente de Todos tiene tres socios principales, pero no se trata de tres tercios iguales ni equivalentes.

Los análisis que consideran intempestiva o exagerada la renuncia de Máximo consideran sólo la parte visible del iceberg, la pública, desconocen que esta historia tiene una serie de capítulos privados previos, que sólo los protagonistas conocen.

“Un  frente es como un asado”, decía Perón. “Todos traen algo: algunos la ensalada, otros el carbón, otros la servilleta.

Nosotros traemos la carne”.

Nadie duda quién puso la carne en el FdT, pero la conducta de Máximo parece destinada a recordárselo al presidente.

“Si este es el acuerdo, juntá vos los votos”.

“Para este asado, poné vos la carne que yo me cansé”.

Si el presidente logra la aprobación legislativa del acuerdo, Máximo habrá expresado una disidencia interna propia de una coalición dinámica, diversa y revitalizada.

Si no lo logra, entonces habrá que seguir negociando, pero desde una posición más dura.

Las “concesiones” del Fondo a la Argentina, por ejemplo, en cuanto a las reformas estructurales, son casi una confesión de parte de su incomodidad frente a lo expuesta que quedó la institución luego de las tropelías de Trump, Lagarde, Lipton, etc. y su urgencia por dar vuelta la página.

Después de todo, son tácticas de negociación, ni más ni menos.

Tres. Apresurados, bienvenidos.

El peronismo es exitoso cuando logra el equilibrio entre sus sectores más retardatarios y apresurados.

Esto es, entre aquellos que sólo ven la posibilidad de administrar el presente y los que desean transformarlo con independencia de los costos.

Casi todos los análisis coinciden en el sesgo retardatario de este gobierno, sin reparar en que esa es -sin juicios de valor, sin buenos ni malos-, la naturaleza del presidente y de su círculo más cercano.

Entonces, cuando el gobierno escora hacia la banda de estribor, la derecha, ¿es esto atribuible a quiénes hacen exactamente lo que se esperaba de ellos?

¿O hay una responsabilidad por omisión de los sectores apresurados, necesarios para el equilibrio dinámico y virtuoso del que hablaba Perón?

El despertar de los apresurados no parece tener por objeto el asalto al palacio sino apenas las correcciones que reconcilien a este gobierno con las tres banderas históricas y el contrato electoral con la ciudadanía.

JDB/