Macri, discípulo de Astiz y Etchecolatz: ahora amenaza desaparecer a su propia gente

DE LAS PATAS EN LA FUENTE A LOS PIES EN EL PLATO

Por Ignacio Lizaso*

Cada mañana Diego S. deja la cama sigilosamente y se instala en el baño, listo para cumplir el primer acto del día. Sentado en el bidet se quita las pantuflas y calza medias negras de seda y zapatos de vestir. Desde que fue sometido a espionaje existe un riguroso registro de las señas particulares de sus pies: juanetes, callosidad en un meñique, empeine chato, uña ennegrecida.

Por Ignacio Lizaso

NAC&POP

01/02/2022

Cada mañana Diego S. deja la cama sigilosamente y se instala en el baño, listo para cumplir el primer acto del día.

Acto impostergable desde hace un tiempo.

Sentado en el bidet se quita las pantuflas y calza medias negras de seda y zapatos de vestir.

Sobre el suelo hay un plato de porcelana limoges.

Apoya los pies en el centro y fotografía la escena con el celular.

Ha pensado recurrir a un sustituto.

Le contaron que desde que fue sometido a espionaje existe un riguroso registro de las señas particulares de sus pies: juanetes, callosidad en un meñique, empeine chato, uña ennegrecida.

Aunque dicen que es suficiente que los pies no se aparten del plato, se siente más seguro exhibiendo la foto que día a día lo demuestra.

Diego S. sabe qué destino dar al testimonio de tan sumiso acatamiento al ultimátum, planteado buscando estentórea difusión por Mauricio Macri. (Sólo faltó que lo hiciera publicar en el boletín oficial).

La foto debe llegar a la unidad de cómputos, que en enero tuvo sede en Villa La Angostura.

Por los diarios Diego S. se enteró de que le habían infiltrado una mucama en su casa.

Se la masticó.

Ahora le han confirmado que él es uno de los 178 titulares de carpetas de la AFI que siguen siendo vigilados.

Del ultimátum de Macri le tiene miedo a la palabra final.

Cinco sílabas, apenas diez letras. Aún conserva un lugar en la primera fila partidaria.

Mordiéndose los labios eleva su oración: ruega que le dejen ocupar un cachito de plato, limoges, hojalata, lo que venga.

¿Es posible que en el seno de Juntos y sus estiercolizados suburbios nadie estuviera en conocimiento, hace 140 días, de que estaba a punto de lanzarse al mercado la fábula del sagrado plato de la famiglia, la prohibición de que los pies cautivos se alejen y la amenaza sin eufemismos: cualquiera que los saque, desaparece?

(La palabra que aterroriza a Diego S.).

El 9 de septiembre último, en el acto de cierre de campaña electoral en el reducto de Costa Salguero, Horacio Rodríguez Larreta se mostraba como incuestionable jefe de la agrupación al manejar con gozosa suficiencia, acaso impiadosamente, el brevísimo paso de Macri por el palco central.

Lo hizo subir, «más fuerte», pidió sin convicción que se intensificaran los magros aplausos, y exactamente a los 26 segundos, tomándolo del hombro, fue llevando a un Macri con aire resignado hacia su destino de platea anónima.

Saltaron las pruebas del espionaje a que la AFI, obediencia debida a órdenes del ex presidente, sometió a miles de argentinos y comenzó a desencadenarse una interna feroz.

El símbolo del extremo cuidado que era aconsejable tener, aún con el blindaje de la justicia y los medios, fue la fuga de Pepín Rodríguez Simón.

Quedaron expuestas y probadas las maniobras de la mesa judicial.

Trascendió que la Vidal había acordado la habilitación de 6 bases de AFI en el conurbano.

Y como muestra más fresca se vieron imágenes y se escucharon audios de la reunión – según la Majdalani, realizada con el okay de la ex gobernadora que cruzó desesperada la avenida General Paz en busca de refugio electoral – en que su ministro de trabajo Marcelo Villegas, en presencia de un par de funcionarios de AFI, confesaba como en sesión de psicoanálisis: «si yo tuviera una Gestapo para terminar con todos los gremios…».

Deseo obscenamente nazófilo.

«Nada por aquí, nada por allá», era una muletilla de los ilusionistas de medio pelo, y de la galera salía la paloma o el conejo.

Groseramente insano y extorsionador – las taras de salud mental y moral que le atribuyó a su padre y se advierte que ha heredado -, de pronto Macri entendió que maduraba el momento de descargar la galera desbordante de información que había acopiado sobre la vida íntima, secreta, de un montón de desprevenidos (pero no inocentes) argentinos.

Tanto que habían caído en la volteada su hermana Florencia y su pareja Salvatore Pica, Larreta, Emilio Monzó, Waldo Wolff, Hugo Alconada Mon, Carlos Pagni y cientos de fulanos, amigos y compañeros, a la par de seres de los que había jurado vengarse, con CFK a la cabeza.

Como en el tute, con esas cartas arrastró.

Suena ridícula la excusa de la autonomía de acción de los «cuentapropistas».

¿Qué francotirador de AFI se animaría, sin instrucciones previas, a enchufarle un micrófono a la sorella del capo?

También resulta ridícula la forma en que Macri escalonó su discurso.

«Existen muy pocas posibilidades de que Juntos se rompa.

La gente tiene todo clarísimo», sostuvo.

Detrás llegó el por-las-dudas, dirigido a algún aspirante a rompedor.

«El que saque los pies…».

¿Para qué tamaña amenaza si todo estaba clarísimo?

Macri juega con un mazo de naipes marcados.

Por ahora no se aprecia quien apueste un criptomango en contra.

Y no para de sobarle el culo al mundo político: almuerza con Julio Conte Grand, veranea con Carlos Rosenkrantz y se jacta de su impunidad con la amenaza del plato y el desafío de blandir como picana el verbo desaparecer.

Su simple mención basta para que en forma instantánea se lo vincule con Jorge Videla, Emilio Massera, Alfredo Astiz, Miguel Etchecolatz, Christian von Wernicke y demás criminales de lesa humanidad.

Vinculación que a Macri no le molesta.

Es más, la esgrime procurando recuperar el rango de paladín de la derecha antipopular, corrupta y colonialista.

Al margen de su torpeza expresiva y de que se lo considera capaz de decir cualquier cosa, no fue accidental que Macri eligiera (o le dictaran) el verbo desaparecer.

Como antecedente de plena coherencia el día de la Inmaculada Concepción de María de 2014 llegó a pontificar: «conmigo se acaban los curros de los derechos humanos».

La dictadura cívicomilitar dejó un saldo de 30.000 desaparecidos.

La amenaza de Macri va dirigida esencialmente a la citada elite de 178 personajes – modesta cifra, pero quizás haya metástasis -, objeto de sus sospechas, su desprecio, su odio.

Aquella noche de oprobio el actual concesionario del plato no alcanzó, siquiera, a durar medio minuto frente a Larreta.

De producirse hoy un nuevo encuentro pinta aventurado arriesgar quién y en qué round tirará la toalla.

Rosenkrantz jamás lo admitirá, pero en su intimidad habría contado que mientras caminaban junto al lago Nahuel Huapi de pronto Macri, en desleal actitud hacia el repertorio de su admirado Freddie Mercury, se permitió tararear un tango. «Las pruebas de la infamia las traigo en la maleta…», arrancó.

Pausa y completó: «las trenzas de Larreta y el corazón…».

No pudo seguir, afectado por un ataque de risa.

Y sí, eso de las trenzas de Larreta suena desopilante.

Dicha en días de exilio en Madrid, de ahí cierto sabor hispano que rezuma, la frase originariamente expresada por Perón era: el que saca los pies del plato es porque se está pasando al enemigo.

Remate mucho más mesurado y que coincide con una sentencia de Raúl Alfonsín, cuando le dedicó la extremaunción a Elisa Carrió.

En un congreso partidario, año 2007, al tratarse el caso Carrió alguien la acusó de traidora.

Alfonsín corrigió: esta señora se ha convertido en enemiga.

No sería extraño que le hayan avisado a Macri que iba a repetir una frase de Perón.

El tipo no le hace asco a ninguna situación.

En octubre de 2015 osó inaugurar el monumento a Perón erigido frente a la Aduana, al cumplirse 120 años de su natalicio.

Aspiraba a sumar votos para el ballotage.

Foto comprometida, al lado de Macri se veía a Larreta, Eduardo Duhalde, Hugo Moyano y Gerónimo Venegas.

Si fuera requerida, la explicación sería: «Yo estuve por el General.»

El logrado objetivo de Videla y cómplices fue torturar, asesinar y convertir en desaparecidos a quienes se atrevían a alzar su voz de denuncia y oposición al Proceso, y sobre todo a los enrolados en la resistencia armada.

Lo que no tiene sentido, ni base racional es que el objetivo de Macri, ese siniestro «desaparecer», va dirigido a los que primero sometió a espionaje: hermanos, amigos que tal vez mantenga, su plana mayor, tantos sirvientes y bufones.

En una palabra, su gente, esa gente que según su ultracontradictorio discurso tiene todo clarísimo.

¿Si para estos sujetos amenaza con la desaparición, qué habrá urdido y reservado para CFK?

Frente a los pies en el plato limoges se yergue la siempre poderosa vitalidad de las patas en la fuente.

El morocho Juan Molina, de pilcha negra a rayas blancas, que ni siquiera se quitó el saco (apuntaría Fermín Chaves); el pibe santiagueño Armando Ponce, en musculosa, y la mujer de rodete, traje sastre y tacos altos que mira la cámara, siguen siendo los protagonistas de la clásica foto que testimonia el rito pagano de hundir los pies en la fuente de plaza de Mayo, aquel 17 de octubre del 45.

«Murgas carnavalescas con muchachones descamisados y elementos del hampa», alertaba La Vanguardia, periódico socialista desde el que Américo Ghioldi pretendería justificar los bombardeos del 16 de junio y la matanza de José León Suárez.

«Salvaje estallido de las hordas analfabetas, estupefactas por el alcohol», decía, ebrio o dormido, Enrique Mosca, radical promotor de la represión en la huelga de La Forestal y candidato a vicepresidente por la Unión Democrática en 1946.

«Parecían marcianos», fantaseaba Mariano Grondona, autor del comunicado 150, sustento ideológico del golpe liderado por el general Juan Carlos Onganía.

Visión simiescamente enfermiza, aún hoy vigente, que 31 años más tarde serviría de argumento para que el verbo desaparecer se hiciera carne y ahora surja como el arma de triunfo (¿aparente, momentáneo?) que maneja Macri.

Sublimadas por la poesía de Leónidas Lamborghini, las patas en la fuente fueron felices hasta el 55.

Después dieron pelea y no cesarán de darla por volver a chapotear donde sea en defensa de sus derechos.

Aquella fuente refrescó mentes, ovarios, cojones y patas, y tajeó en dos partes la historia de nuestro país.

IL/