El menemismo se fue diferenciando claramente del peronismo, pero Claudia estaba convencida de que Carlos Menem era lo mejor que le podía pasar a la Argentina.

CLAUDIA BELLO NO ES MARIA JULIA

El 9 de julio de 1988, hace ya casi 34 años, Carlos Menem derrotaba al gobernador bonaerense Antonio Cafiero, que en su juventud había sido apadrinado por el mismo general Perón, en una interna democrática. Hacía pocos días que había manifestado en un acto en la Plaza Miserere del Once porteño, que rompería relaciones con los EE.UU. si eso impulsara la independencia de la Patria. Se iniciaba así su conversion al menemismo.


Por Martín García
NAC&POP
27/01/2022

El 9 de julio de 1988, hace ya casi 34 años, Carlos Menem derrotaba al gobernador bonaerense Antonio Cafiero, que en su juventud había sido apadrinado por el mismo general Perón, en una interna democrática.

A partir de ése éxito en la interna peronista Carlos Menem iniciaba su conversión al menemismo.

Hacía pocos días que había manifestado en un acto en la Plaza Miserere del Once porteño, que rompería relaciones con los EE.UU. si eso impulsara la independencia de la Patria.

En ése clima, anti imperialista, comenzaba la campaña presidencial de quien pensábamos sería el continuador de Perón y de Facundo Quiroga, y que lograría nuestro resurgimiento como Nación, después de las experiencias frustradas.

En su apoyo se creaba el Espacio Audiovisual Nacional para impulsar la industria audiovisual argentina con figuras emblemáticas del peronismo como Gerardo Vallejo, el Chango Farías Gómez, Ramón Navarro, “Coco” Blaustein, Pablo Rovito, “Coco” Manoukian, Luis Fuks, y un vasto grupo de realizadores y comunicadores del campo nacional y popular que coordinábamos con Octavio Getino, quien sería luego presidente del INCAA.

Se sumaban Tom Lupo, Carlos Perciavalle, Libertad Leblanc, Isabel Sarli… la “Coca” y muchos otros hombres y mujeres peronistas de la cultura y el espectáculo.

Inclusive Pino Solanas y Envar Cacho El Kadri, estuvieron a punto de convertir las Galerías Pacífico en un lugar de referencia de la cultura latinoamericana, hasta que Menem prefirió dársela al empresario Mario Falak, en una anticipada alvearización del peronismo.

Comenzaba otro sueño militante de la soberanía de la Patria de todo yugo o dependencia contra cualquier potencia extranjera que pretendiera colonizarnos.

En ése marco asomaba una joven mujer, Claudia Bello, miembro de la juventud peronista de la Capital Federal, hija de un dirigente radical, quizás el más peronista de los dirigentes radicales, que militaba en el barrio de la Boca.

Asombrada por el vértigo de la campaña, por las luces del centro, y la maquinaria electoral, heredera de la jotapé de los 70´s -pero de otra generación completamente distinta- se constituyó rápidamente en el cuadro político que le abriría la puerta del gobierno nacional a la izquierda peronista, a los veteranos de Malvinas y a las organizaciones barriales.

Militante “de base”, fanática de Boca Juniors como su padre, amiga del Diego, Claudia cantaba “Valerosos Corazones Compañeros” la canción de Litto Nebbia y el Beto Asurey sumando a los jóvenes que la seguían, y comenzaba a conectarse con hombres y mujeres de larga trayectoria en el gremialismo y el peronismo.

El menemismo se fue diferenciando claramente del peronismo, pero Claudia estaba convencida de que Menem era el legítimo nuevo conductor del peronismo.

Cuando Eduardo Angeloz, el corrupto candidato presidencial del radicalismo, con un buen “toco” de dinero y la colaboración del empresario Daniel Grinbank, organizó la “Gira Mágica” del rocanrol por todo el país, con Luis Alberto Spinetta a la cabeza, con la intención de ganarse a la juventud para la UCR, lo acompañaban Patricia Sosa con La Torre, Man Ray, Virus, Daniel Melero, Juan Carlos Baglietto, Sandra Mihanovich, Celeste Carballo y Los Pericos.

Todo un fuerte despliegue.

En contraposición y con muy pocos recursos, Claudia Bello organizó un Festival de Rock en La Boca, en el escenario que dejaban los ñoquis de Jorge Cyterzpiler para la tercera edad, y bajo el lema: “El Rock nació en los barrios” compitió por la juventud con músicos como los de la banda de Los Intocables, Memphis, la blusera, la presencia de Sky y la “negra” Poli, de los Redondos, el poeta Enrique Symns, y con el debut de “Los Auténticos Decadentes,” ante más de tres mil militantes de la juventud peronista.

Después la Bello creció en responsabilidades, se codeó con ese “gran mundo” que rodeó al menemismo, ganándose la confianza del presidente de la Nación, aunque siguió siendo la Claudia de la Boca, de la jotapé de siempre, con sus frescos veintipico de años.

Había sido incorporada como miembro del Consejo del PJ, en 1985 y nombrada precozmente presidenta del Partido Justicialista de la ciudad de Buenos Aires en el año 1998.

Tenía pocos años, pero mucho carácter, convicción peronista y una habilidad política heredada.

Después ocupó una silla en la mesa Nacional del Partido Justicialista y fue varias veces congresal nacional, representando a la Juventud peronista.

Cuando ocupaba la Secretaria de Medios de Comunicación del PJ Nacional, organizó un Congreso de radiodifusores comunitarios de todo el país, aunque por entonces se los consideraba “fuera de la Ley” del cual participaron 491 dueños de radios y canales de TV desde Ushuaia a Salta que lograron “imponer su presencia democrática” ante el Ministro de Educación, el pampeano Jorge Rodríguez, el Ministro del Interior, José Luis Manzano, el presidente interino del PJ, el taxista Roberto García, el Ministro de Trabajo, Enrique Rodríguez y el titular del COMFER, León Guinzburg quienes no dejaron de aprovechar semejante audiencia de propietarios de medios de todo el país.

En el gobierno de Menem, Claudia había ya comenzado a actuar en 1989 como Subsecretaria de la Juventud.

Una y otra vez fue designada en cargos de responsabilidad.

Fué Secretaría de Desarrollo Humano y Familia en el Ministerio de Salud y Acción Social; Subsecretaria de Acción Política y Derechos Humanos y Secretaria de Relaciones con la Comunidad del Ministerio del Interior así como Secretaria de la Función pública de la presidencia de la Nación, donde se destacó.

Una persona de confianza.

Leal, ya que siempre fue una menemista convencida de que Carlos Menem era lo mejor que le podía pasar a la Argentina.

Como Presidenta del Instituto Nacional de la Administración Pública fundó la Escuela Nacional de Gobierno e inició la Reforma digital del Estado nacional implementando el SINAPA, e Iniciando la automatización de los trámites en el Estado, capacitando a más de 35 mil trabajadores estatales en la práctica informática.

Desarrolló la firma digital (el chip que hoy hay en las tarjetas), y la seguridad informática.

Invitada por Francia, (junto a la gente de O Globo de Brasil), asistió a la instalación de la Intranet que fue el inicio de Internet en el mundo moderno, reunió a Bill Gates y el Presidente de la Nación, impulsando internet en Argentina, comió con el presidente de Hitachi, se movió en el mundo del futuro con comodidad y estuvo atenta a los movimientos estratégicos de los pioneros.

Culminó su tarea gubernamental plasmando su experiencia en dos libros de su autoría: “El mito del Estado ineficiente” y “Hacia una sociedad de nuevo tipo”, donde destacaba las oportunidades para Argentina en la era digital.

También generó tres proyectos de Ley presentados por su gestión: el de la “Firma Digital” en 1998; el de “Medio Ambiente” en el 94, y el de “Habeas Data”.

Por otro lado, ya había implementado la primera norma del Estado argentino contra el abuso sexual, estableció normas inclusivas de las personas con capacidades diferentes y concretó el primer convenio colectivo de trabajo en el sector público con ATE y UPCN.

Los veteranos de guerra de Malvinas la nominaron Presidenta honoraria de la Comisión Nacional por su militancia en las reivindicaciones solicitadas al ejecutivo nacional.

En 1992 Carlos Menem la designo Interventora Federal de la provincia de Corrientes, tarea que hizo con sorprendente éxito político.

Allí repuso los días feriados del carnaval que la Dictadura del Proceso había eliminado, organizó el Festival Nacional del Chámame que hacía años que no se realizaba; puso en el aire un canal de TV del área de Cultura de la provincia con 23 programas locales realizados por artistas correntinos, sin publicidad oficial de su gobierno.

En la Televisión Cultural Correntina se produjo “La hija del comisario” bajo la dirección del “Pato” Vieyra y “El Crimen de Santa Ana” que relataba como el vicepresidente del Partido Autonomista correntino, un tal Maidana, había matado con un tiro de su revolver a una militante suya reconociéndolo, luego, públicamente.

El caso de Maidana fué declarado como fruto de una “emoción violenta” por la jueza que intervino, madrina de sus hijos, con fallo convalidado por la Corte Suprema de Corrientes, que tenía entre sus filas al hijo de Maidana, causa que, elevada a la legislatura provincial, era “cajoneada” hasta prescribir, por el Senado provincial.

Su estreno en la TV cultural correntina compitió con éxito esa noche con el “Ritmo de la Noche” de Tinelli.

Hasta entonces el único canal de TV, el 13 de Corrientes, solo retransmitía la programación de TE LE FE, de Buenos Aires.

No fue la única decisión audaz de Claudia en esa línea.

Como dirigente política le ofreció la candidatura a diputada nacional por el frente peronista de Corrientes a una gran artista y patriota, Teresa Parodi, aunque no se pudo concretar.

Como interventora gubernamental había luchado para defender el derecho de la población a ver jugar el seleccionado nacional de fútbol por televisión declarándolo de “Interés cultural del pueblo de Corrientes” pero no solo eso, invitó a los demás gobiernos provinciales a hacer lo propio, innovando en este derecho y forzando a “Torneos y Competencias” a abrir las pantallas de los canales de cable que competían entre sí, para que el pueblo argentino ejerciera su soberanía y pudiera ver al seleccionado en cualquiera de ellos, lo que hasta entonces no era posible.

El mismísimo Carlos Ávila la llamó por teléfono para zanjar la situación, ya que a él, se le había ido de las manos.

Su gestión como interventora duró hasta que el Ministro del interior de Carlos Menem, Gustavo Béliz, decidió cerrar el canal de TV cultural y reemplazar a Claudia por el radical Ideler Tonelli, un abogado y político que ejerció los cargos de Secretario de Justicia y Ministro de Trabajo durante la presidencia de Raúl Alfonsín.

El menemismo no fue una enfermedad del radicalismo como si lo fue el macrismo, al que le dio su infraestructura para que estafaran y sometieran al país.

El menemismo fue una enfermedad del peronismo, en una situación muy particular del mundo donde terminada la guerra fría entre Rusia y los EE.UU. y este último surgía como el gran triunfador.

Menem decidió hacerse al menos de un lugarcito en la gran marcha triunfal de los norteamericanos, aplicando aquel consejo de la mafia, que sentenciaba:-“Si dejaras de ser el capo di tutti capi, trata de ser el mejor lamebotas del mundo al servicio del que te ha reemplazado”

Casi todo el peronismo participó de ése período que el pueblo argentino volvió a votar, mayoritariamente, ratificando su marcha luego de los primeros cuatro años de gobierno de Menem.

Sobre todo porque los cuadros peronistas siempre intentaron “hacer peronismo” en la circunstancias que fueran, para lo que necesitaban algún “poder” que les permitiera accionar.

Menem con su triunfo en las urnas les daba esa oportunidad.

Así que mientras el gobierno de Carlos Menem, con Domingo Cavallo detrás, se desprendía de las empresas de servicios regalándoselas a los grupos económicos extranjeros por “chirolas” muchos cuadros dirigentes peronistas hicieron “peronismo” mientras las circunstancias lo permitieran hacerlo con honradez y dignidad.

Con o sin dignidad, cientos de dirigentes peronistas participaron del gobierno menemista y muchos de ellos fueron más menemistas que Menem.

Allí había peronistas de Perón, peronistas de Evita, de las “formaciones especiales,” peronistas antidiluvianos, peronistas asiduos visitantes de la embajada de los EE.UU; en fin, un amplio espectro que no dejaba afuera a casi nadie.

“Todos son peronistas” sentenciaba el general Perón.

Es que, a pesar de los vaivenes, los claroscuros, los renuncios, los flashes, las agachadas, las picardías, las avivadas y los errores, el peronismo es un movimiento antimperialista por excelencia que cree a rajatablas en la igualdad de los seres humanos y aborrece de las castas privilegiadas.

Como se advirtiera durante el macrismo, afuera del peronismo solo hay esclavitud, miseria, explotación y sometimiento para este maravilloso, trabajador, creativo y tenaz pueblo argentino.

Con el cambio de milenio surgió el efecto Y2K, causado por un error de software derivado de la costumbre de los programadores de omitir la centuria en el año para el almacenamiento de fechas por economizar memoria.

Se venía la “fin del mundo” informático y todos los gobiernos del planeta se sintieron obligados a actuar.

El miedo global se basó en que los sistemas informáticos pudieran fallar provocando así el caos y graves daños de todo tipo en los países y empresas.

Finalmente, al llegar el 1 de enero del año 2000 solo se detectaron problemas menores.

Esto se debió a las fuertes inversiones económicas y tecnológicas que realizaron los gobiernos y empresas con anterioridad, como prevención, actualizando esos sistemas a unos más seguros.

A nivel mundial, se invirtieron cerca de 214.000 millones de euros para evitar el «efecto 2000».

En Argentina, con la urgencia del almanaque, el área que condujo Claudia Bello realizó una campaña publicitaria de 9 millones de pesos o dólares, que por entonces valían lo mismo, con avisos y repartiendo 500.000 carpetas anunciándole a todo el mundo las medidas necesarias para evitar el colapso.

Su decisión, sin licitación, por el tema del Y2K, fue llevada a la justicia que, sin embargo, la absolvió en el año 2011.

En su exilio interior, mientras tanto, Claudia decidió estudiar abogacía en la UBA, como una estudiante más y luego sobrevivir con su profesión, apelando a su relación con los compañeros de los sectores sindicales que sabían de su valor.

Siempre pensé que la lealtad era un valor militante y la hipocresía un rasgo de la decadencia burguesa.

Acertando o equivocándose, claramente, Claudia Bello no es ni ha sido nunca María Julia Alsogaray.

Cada cosa en su lugar, y un lugar para cada cosa.

Nobleza obliga

MG/