Desde hoy el FMI vuelve a cogobernar la Argentina. Cada tres meses mandarán la requisa a revisar si cumplimos o no con sus metas.

¿EL FIN DE LA UTOPÍA?

Por Jorge Giles

Hoy, quizás, se acabó el sueño de volver mejores. Es lo que sentimos muchos y muchas de quienes no representamos a nadie más que a nuestras propias almas. Es que el presidente Alberto Fernández aceptó hacerse cargo de la deuda contraída por Macri con el FMI, la legitimó definitivamente.

Por Jorge Giles*

NAC&POP

29/01/2022

Hoy, quizás, se acabó el sueño de volver mejores.

Es lo que sentimos muchos y muchas de quienes no representamos a nadie más que a nuestras propias almas.

Es que el presidente Alberto Fernández aceptó hacerse cargo de la deuda contraída por Macri con el FMI, la legitimó definitivamente.

Ahora esa deuda la vamos a pagar con los dólares que nos vaya entregando el propio FMI, siempre y cuando el gobierno cumpla con el nuevo acuerdo.

Lo que entra hoy, sale hoy mismo.

Macri, el FMI y el poder económico-mediático real, festejan.

Ya no es “la deuda de Macri”, sino la deuda de este gobierno.

Parece joda, pero no lo es.

Además, se reducirán progresivamente el “gasto público” y el «déficit fiscal», eufemismos que siempre emplea el Fondo cuando impone un plan de ajuste a un país.

Desde hoy el FMI vuelve a cogobernar la Argentina. Cada tres meses mandarán la requisa a revisar si cumplimos o no con sus metas.

«Que eso no se hace, que eso no se toca».

No sabemos si este «acuerdo» va romper o no la estructura del FdT.

Ojalá que no.

Pero sí creemos que se producirá irremediablemente una nueva fuga por donde emigrarán más votantes.

Hoy no perdió el kirchnerismo, como ya están vociferando los medios dominantes; hoy perdió la Argentina.

Digamos que el presidente, quizá,  rompió el contrato electoral del 2019, que no es lo mismo.

La soberanía económica recuperada con Néstor Kirchner y consolidada con Cristina se hizo trizas con Macri y en este día tan triste para los intereses de la nación y el pueblo.

Los pueblos siempre vuelven; el FMI, desgraciadamente, también.

Por eso habrá que reconstruir un nuevo horizonte justo, libre y soberano; una nueva utopía nacional, popular y democrática.

La paciencia también es revolucionaria.

JG/