La Gran Mina sigue presa de la gestapo de Morales. Acechan Glencore y BlackRock.

LA GRAN MINA DE JUJUY

Por Ignacio Lizaso*

Mientras La Gran Mina de Jujuy sigue presa de la gestapo judicial armada por Gerardo Morales, en la provincia se concreta una extraña operación en el campo de la minería. Integra Capital, grupo de José Luis Manzano, ha comprado la mina Aguilar a la empresa Glencore,  la principal empresa privada en compraventa y producción de materias primas y alimentos del mundo.

Por Ignacio Lizaso

NAC&POP

19/01/2022

Para medir su peso en suelo (y subsuelo) argentino hay que destacar que en 2007 comenzó siendo copropietaria de Renova, la mayor planta procesadora de soja del mundo, en sociedad con la fantasmal Vicentín.

«Mala junta», tituló Julio de Caro a uno de sus tangos.

Y que en diciembre de 2019, cuando las papas ardían para la agroexportadora, adquirió acciones gentilmente cedidas por Vicentín, convirtiéndose en poseedora del 66 % de esos valores.

(Más adelante se aportan precisiones sobre el volumen de negocios de Glencore y sus propietarios).

Lo curioso, en cierto modo contradictorio, es que Glencore anunció su retiro de la explotación de los yacimientos de zinc, plata y cobre de Aguilar debido al «final de la etapa productiva por decrecimiento de los recursos naturales», en tanto que Manzano anticipa que su proyecto prevé exportar la producción por valor de 70 millones de dólares por año.

Alguna de las partes gambetea la verdad.

El ex ministro menemista tiene joven fogueo en la actividad minera: petróleo en Argentina y Venezuela, litio, uranio. Llama la atención que se haga cargo de un negocio que Glencore – líder en el mercado mundial de recursos naturales y con amplia experiencia como proveedora de los sectores automotriz, de la construcción, metalúrgico, energético y alimenticio – considera que «no va más».

Para apreciar la cuestión desde otro ángulo conviene retroceder a fines de 2020.

En ese momento Glencore contaba con 640 empleados y ante el avance del covid procedió a desprenderse de 460 de ellos con un plan de retiros voluntarios, clásico eufemismo laboral que elude hablar de despidos.

Con ese panorama llega Manzano.

Tal como ha ocurrido en otros terrenos, el nuevo propietario está en condiciones de recontratar personal sin antigüedad, ni categorías, en materia salarial especular con la angustia de la desocupación y cuando lo estime beneficioso recurrir a la tercerización de servicios.

La transacción se realizó «con la anuencia» del propio Morales, informa el periódico «El Expreso de Jujuy».

Otra publicación especializada, «Minning Press», también duda de las razones del alejamiento de Glencore y desliza la posibilidad de que los compradores puedan redondear un negocio financiero: la recompra de dólares de importación a 103 pesos.

Voceros de Morales confían en que las inversiones de Integra Capital facilitarán la reactivación de la actividad minera.

 

En este sentido señalan que desde 1992 – cuando se radicó en Estados Unidos, saltando de la política de relaciones carnales a ser un conspicuo consultor internacional – Manzano ha desarrollado inversiones en más de 10 países por 17.000 millones de dólares en rubros tan disímiles como hidrocarburos, medios de comunicación y vitivinicultura.

Eso fue una década más tarde de haberse iniciado políticamente en Guardia de Hierro y luego se sumara a la renovación peronista. Actualmente es socio de la Global Income Fund, grupo constituido en las Bahamas en 2018, y de Daniel Vila en la reciente compra de Edenor, y conductor con Vila de Grupo Uno, integrado por América TV y 48 medios de comunicación.

Manzano devuelve gentilezas.

Dice que es posible que el auge de la minería se constituya en un fenómeno similar al de la soja y que Jujuy es provincia «amistosa» para invertir en la explotación de yacimientos.

Antes de su asociación con Vicentín el prontuario de Glencore exhibe denuncias por evasión impositiva, corrupción administrativa, triangulación por offshore, cierre de empresas y comercio con dictaduras.

Su fundador, Marc Rich, debió huir de Estados Unidos por «fraude, comercio con el enemigo, desfalco y negocios ilegales».

Halló seguro refugio en el cantón suizo de Zug.

Hombre ambicioso, se largó a explotar minas de coltán en la república del Congo, regiones en las que se cuidan de no operar Shell o Texaco.

Milicianos mercenarios controlaban el trabajo que incluía a niños de 12 años.

Su evolución fue tan estrepitosa que hoy controla el 50 % del mercado mundial de cobre, el 60 del zinc, el 45 de plomo y el 28 del carbón para centrales térmicas.

A propósito, Glencore ha adquirido la mina de carbón El Cerrejón, en Colombia, la mayor en el plano mundial.

En alimentos básicos controla casi el 10 % de la producción de trigo y el 25 de la de cebada, girasol y colza.

(La columna no va a concluir sin que se den a conocer los nombres de los dueños de Glencore).

Aquí y ahora hay versiones de que a partir de la posesión de dos terceras partes de las acciones pretende quedarse con los restos de Vicentín.

En esa línea Glencore ya cuenta con terminales portuarias en Rosario, Necochea y Bahía Blanca, con libre acceso a ese río privado que es la hidrovía.

Al acrecentar su paquete accionario en Renova los herederos de Rich le tiraron un cable a Vicentín, tras la investigación que demostró, entre groseras irregularidades, la pérdida del 93 % de su patrimonio neto, a pesar del padrinazgo de Javier González Fraga, presidente del Banco Nación, que le había otorgado créditos de 800 millones de dólares y 2.000 millones de pesos en el último semestre de 2019, cuando el grupo tenía deudas vencidas con el mismo banco.

Las ocho letras de Vicentín se sienten cómodas en las once de vaciamiento.

Los cambios de titularidad de activos obran en perjuicio de los acreedores al resentirse el capital que debería responder por las deudas del grupo Vicentín.

Es un cable distinto (pero cable) el que Manzano le ofrece a Glencore para sacarla de escena.

El default de la agroexportadora configura un capítulo clave de la historia del saqueo al Estado nacional.

En medio del escándalo judicial creado en torno a Vicentín se ha requerido el testimonio de empresarios argentinos, pero no se ha registrado citación alguna a representantes de Glencore.

Pero La Gran Mina de Jujuy sigue presa desde hace seis años.

Wado de Pedro sostuvo que el gobierno la considera «presa política» y en tal carácter reclama su liberación a Rosatti, Rosenkrantz, Sociedad de Irresponsabilidad Ilimitada.

La gestapo bonaerense apuntaba a dirigentes sindicales.

La filial jujeña nació en cuanto Morales fue elegido gobernador.

A las 4 de la mañana de una sesión en diputados se votó la ampliación de miembros del Superior Tribunal de Justicia, equivalente provincial a la suprema corte.

Un par de los diputados que acababan de asumir: Pablo Baca y Beatriz Altamirano, se dieron una ducha y junto con el ex legislador Federico Otaola asumieron como flamantes cortesanos.

La prisión de Milagro Sala era prioridad esencial del plan del gobernador.

 

 

«La Milagro no está en libertad porque Morales no quiere», ha confesado Baca.

Ella simboliza la lucha por la dignificación de la vida del laburante y la creación de trabajo genuino, de ahí la inquietud de Carlos Blaquier, señor feudal de Jujuy, quien cada 16 de enero, fecha de la ilegal, arbitraria detención, eleva su copa de champán francés.

 

 

Entre los propietarios de Glencore aparecen Qatar Investment Authority, el banco de Noruega y.

los falconiformes (vulgo buitres) de BlackRock, acreedores de la monstruosa deuda externa.

Laurence D. Fink

 IL/