Maneco se las sabìa todas, o eso creìa. Maneco era científico, un experimentador.

EL SUJETO DE MANCHURIA

Por Jorge Luis Ubertalli Ombrelli

El ingreso a la Armada de Maneco como ‘profesional’ no tardò en concretarse. Test psicofísico, orientación religiosa y política, familia como Dios manda, incluidos ambos apellidos, antecedentes, psicografìa integral y…adentro. El ‘quìmico’ ingresò al agujero naval como por un tubo. Y lo enviaron, no se sabe como, èl querìa ir a la dirección de Material, a Inteligencia.

 

 

 

Por Jorge Luis Ubertalli Ombrelli

(5/1/2022

 

Maneco se las sabìa todas, o eso creìa.

De pibe les gustaban las armas y la química, era un poseso desde corta edad en eso de usar armas de juguete y mezclar sustancias de aquel juego de química que le había regalado su tio Claudio, único miembro no castrense de aquella familia de soldados.

El primario lo hizo en el San Ingnoto, ahì aprendiò los preceptos de la religión como ‘deben ser’, la bondad del que manda, la caridad del que tiene, todo lo que conforma la liturgia de los aspirantes a gente de bien, respirando la santidad de los  iguales màs iguales que otros. Era un poco liero y tuvo que ir el coronel a hablar con los maestros un par de veces para bancarse los descarríos del nene, que ya pintaba de lo lindo. Terminò sexto y siguió en la enseñanza media, privada, como no, y allì conoció las manteadas a los primerizos, las ninguneadas de los superiores, la pràctica de la esclavitud en el contexto de las jerarquías, en el marco del ‘òrden, jerarquìa  y justicia’, emblema de la instituciòn.

Aborrecía la tierra, a la que comparaba con el rostro de los ‘negritos’ que pululaban por la ciudad, su ‘ciudad’, norte semipaqueto de esa capital de blancos para blancos. El aire lo asustaba un poco, querìa volar alto, le gustaban las alturas, pero el vacío, ese vacío a sus piès cuando el avión se balanceaba y bailaba entre nubes tormentosas no fueron incentivos para su vocación castrense.

Eligió el agua, quizás porque el fluido limpiaba toda impureza humana  y moral que inundaba, vaya la contradicción, la vida de los virtuosos. Pero cuando pretendió ingresar a la Escuela Naval no pasò el pinet y quedó afuera. La vocación frustrada de militar, por un lado, y el resentimiento hacia los guerreros a los que a admiraba y odiaba a la vez templaron su carácter: serio, implacable, ordenado, insolente, altanero, decidió ingresar a la facultad de Quìmica de esa universidad con nombre de santo, como no. Y allì cursò la carrera con fruición. Su relación con la química tuvo que ver con la transformación de una cosa que nunca volverìa a ser como antes a travès de un proceso de manipulación.

Nunca hubiese podido elegir una ciencia semejante para dar rienda suelta a sus instintos y objetivos: experimentar, transformar, convertir, dominar entes. Quìmica: materia, energía y sus cambios. Y aunque los hombres, según Maneco, no eran materia sino alma, la energìa podía cambiarlos y convertir esa ‘sustancia’ material (y espiritual, ojo) en otra según las interacciones a las que eran sometidos.

El ingreso a la Armada de Maneco como ‘profesional’ no tardò en concretarse. Test psicofísico, orientación religiosa y política, familia como Dios manda, incluidos ambos apellidos, antecedentes, psicografìa integral y…adentro. El ‘quìmico’ ingresò al agujero naval como por un tubo. Y lo enviaron, no se sabe como, èl querìa ir a la dirección de Material, a Inteligencia.

Era la época de las grandes epopeyas militares contra la ‘subversiòn’. Y Maneco no pudo aportar desde su metier grandes ideas ni ejecutar operaciones directas para combatir a los ‘apàtridas’, sobre todo a los prisioneros que la Fuerza mantenía sepultados en los chupaderos y que èl decía ignorar.

Maneco era científico, un experimentador.

Hombre de su tiempo y su arma, fue un buen alumno, sobresaliente en su oficio de transformar la materia, y fuè becado a los Estados Unidos para perfeccionarse en su quehacer.

La civilización occidental y cristiana, en todo su esplendor, lo esperaba para, mediante la química mental, transformarlo decididamente en un malandrín de lujo.

  •     Hello, ¿haw are you?…sit dawn, please

Antes de permirirle sentarse a ese adyentain que se había cuadrado como un autómata frente a aquel hombre de media sonrisa, èste se presentò

  •     I am Big Dog, Chemical Division Chief of Ci Ai Ei …asì lo deletreò (CIA).  I have heard about you very well…

Un retrato de Sidney Gottlieb, antiguo jefe de la División Quìmica de la CIA, fundador y jefe del programa MKULTRA en la era de los 50/70, presidìa aquella reunión desde el centro de una blanca pared.

Y bueno, se consolò una vez màs Maneco. Cuando ni bien llegó a los esteits lo enviaron allì, donde no había que experimentar con materiales para la industria naval ni nada por el estilo, las funciones de un quìmico en Inteligencia eran distintas. La oficina naval USA le hizo llenar formularios y demás papelerìo de rutina, y especialmente uno en donde se consignaba que de aquí en màs todo lo que viese, escuchase o experimentase no podía ser divulgado ante nadie, solo a sus superiores consignados allì para tutorizarlo en su misión, so pena de traiciòn.

En su país, le dijeron muy amablemente mediante un traductor, todo lo aprendido le serviría para acometer el sagrado deber de llevar a cabo la Tercera Guerra Mundial contra el comunismo y llegar al cenit del Arma, con el apoyo los USArmy, por supuesto. Y de allì lo enviaron a la CIA, coberturizado como un capitàn de fragata que iba a cursar  en un instituto naval- travestido en una dependencia de la CIA- un programa de química de guerra naval.

Un poco turbado frente a aquel importante personaje, el adyentain se sentò y comenzó a hablar en su medio inglès. El hombre apretò un timbre y llegó, sonriente, un intèrprete. Y allì se decidió que hacer con aquel Maneco, que al tiempo y luego de un aprendizaje intensivo del idioma y otras cuestiones se transformò- oh, la química – en Sam Horn. El Patricio Hornos Wild, nombre de pila del treintañero Maneco, pasò a ser un renglón, seguido de varios renglones, en una ficha de la Compañìa. Ya estaba adobado para aprender y asimilar la técnica màs poderosa del mundo en cuanto a combatir la escoria roja.

Un duro entrenamiento forjò al personaje.

En el laboratorio de experimentación conoció, no sin asombro, lo màs avanzado en compuestos químicos para transformar la mente humana en una esponja capaz de absorver sensaciones inimaginables. Odio, temor, excitación paroxística, profundas depresiones y otros estados de ànimo, prodigios de la ciencia, fueron desfilando ante los ojos y oìdos atónitos de Maneco-Sam. ¡Que cosa poderosa la química, cuanto se podía hacer combinando elementos para defender al mundo libre del materialismo marxista!- se dijo para sì, aunque el asombro y la duda no dejaban de turbarlo. El era un quìmico naval, diseñado en su país para crear y transformar materiales apto para la guerra en el mar y vencer a los enemigos…si bien sabìa que su misión consistìa en perfeccionarse para combatir al comunismo no esperaba ver y escuchar cosas como las que descubrió allì.

El instructor puertoriqueño de Sam, de nombre Fire Bird, se esmeraba por impartirle al nuevo recluta todos los dimes y diretes en eso de transformar a los hombres en piltrafas o robots agresivos, según se tratara, a través de compuestos que carecían de olor, sabor, densidad, y que se podían administrar por vìa bucal, parenteral, aspiración; a través de las gotas de sudor, de la piel, cual vapores indetectables en cualquier ambiente.

-Este compuesto lo hemos creado y experimentado conjuntamente con la Oficina de Investigaciòn Naval, hombres de tu arma…-sonriò al fìn el latino norteamericanizado.

Y de una alacena donde se hallaban enfrascados diversos fluidos extrajo uno y lo expuso ante Maneco como si fuese una obra de arte.

-Nadie se resiste frente a este…el ‘blanco’, al ser administrado, pierde la nociòn del tiempo, del espacio, de su propia vida…o expulsa lo que tiene en su inconsciente o enloquece…y muere…

Maneco intentò disimular ese algo de temor que ya había contraìdo y tragò saliva … en su subdesarrollado país no se conocían estos compuestos, salvo el pentotal sòdico y alguna que otra minucia que había escuchado se utilizaba para interrogar prisioneros, eran màs gruesas las formas de hacer hablar o transformar a los hombres …su asombro se contradecía con algo que no comprendìa y que comenzaba a aflorar en relación con su pasado, la enseñanza religiosa, la formalidad del bien con mayúsculas, el alma… claro que la guerra contra la subversión era una guerra santa, pero esas técnicas tan sofisticadas, explicadas con tanta displicencia por aquel morocho yanquizado lo turbaban, no llegaba a asimilar el conocimiento tal como debía ser: sin remilgos, tan natural como ver y escuchar llover.

-Esta otra la desarrollamos hace tiempo, es una joya de la Compañìa- siguió Fire Bird- es muy conocida,  LSD … àcido lisérgico…- y levantò el frasco como si se tratara de un trofeo obtenido en un torneo.

Sam-Maneco había escuchado hablar sobre ese compuesto utilizado por los hippies, tan odiados por èl, sucios, desgreñados, amorales, que se oponìan a la guerra de Vietnam. Algo sabìa sobre el LSD, pero no estaba al tanto de quienes lo habían producido…creìa hasta ese momento que había sido obra de los hippies mismos, pero no de los químicos de la CIA travestidos en hippies…

-…y aquí tenemos otras joyas de nuestro arsenal de guerra ‘ no letal’, como le llamamos aquí- siguió despachándose el puertorriqueño.

Sam -Maneco se convertía, tal doctor Jekiil y en un instante, en Sam y en Maneco, según las circunstancias, pero ahora era Maneco el que escuchaba con las cejas arqueadas…

-…heroìna, marihuana, cocaína, mescalina, éter, thorazine, nembutal, seconal, phenotiazine, tetradoxin, scopololamina, acethylcolina, BZ, barandanga…compuestos para producir bloqueos de memoria, delirios, parálisis, amnesia, anular juicios y voluntades, quebrar a los enemigos, estimular o disminuir la agresividad…se puede decir que Dios nos ilumina con su sabiduría- anclò el instructor. Y agregó, antes de que Maneco-Sam-Sam-Maneco…tragara a ese Dios mentado por el puertoriqueño…

-Nuestro maestro Sidney Gottlieb- y señalò el retrato que colgaba de la pared- nos marcò un camino, como el doctor Ewen Cameron, genio de la psiquiatrìa, el doctor Harold Wolff y otros. Antes de morir, Sidney se encomendò al Altìsimo, que lo había guiado en sus acciones para defender a los Estados Unidos…

Cuando escuchò otra vez nombrar a Dios, Maneco se sintió zamarreado…

El instructor siguió con su periplo; cual guía turístico llevaba a diario a Maneco-Sam a los distintos destinos paisajísticos de la química y otras ciencias aplicadas a la Inteligencia, tal como lo definìa aquel morocho que hablaba inglès sin un acento distinto al resto de los demás norteamericanos. Maneco-Sam escuchaba atentamente a aquel personaje que, al revés de la frase de aquel Martìn Fierro que había leído de pequeño en su casa materna, era ‘un istrutor que ¡bruta! sabìa su oficio’, y como lo sabìa, que joder…la pucha que sabìa…y al recordar esa frase Maneco-Sam o Sam -Maneco dubitaba…aunque ponìa atención en aquel interlocutor se revolvía en las contradicciones de sì mismo, que ni la química podìa resolver… cuando sentía que era Maneco se tenía un poco de bronca, el debía ser Sam Horn y nada màs, olvidarse de aquel Maneco que confesaba ante el cura de aquella iglesia paqueta los pecados infantiles: le había contestado a su madre, insultado a su hermanita, pensado que su padre era muy riguroso con èl, con su educación, su sentido de la honestidad, la moral…y mientras Fire Bird seguía mostrándoles las joyas de la Compañìa, el quìmico de mar retornaba sin quererlo a su adolescencia, cuando el cura lo había mandado a rezar cinco avemarías y un padrenuestro por haber confesado el haber tocado con sus manos temblorosas el seno de Felicitas que lo hizo erectar…pero bueno, eran cosas del pasado, había sido becado para aprender las tècnicas màs adelantadas y civilizadas para combatir a los enemigos de la Patria con mayúsculas…

El instructor acompañaba diariamente al ‘nuevo’. Todos los efluvios lìquidos en eso de atormentar al prójimo se hallaban apilados, uno al lado de otro, en esas estanterías. Y Maneco-Sam se convertía en algún momento en Sam –Maneco, deslumbrado por esa panfernalia científica que, claro, negaba el alma guerrera que acompañaba siempre a aquel frustrado infante de marina, porque alguna vez eso hubiera querido ser aquel quìmico, que ahora no soñaba ni pretendía soñar con algo màs que hacer una carrera decente en ‘la Fuerza’ de su país.

Continuaron las teorías, sonrisas, deslumbramientos, descubrimientos de mezclas químicas desconocidas para el quìmico marino de southamèrica, hasta que llegó el dìa.

-Mañana prepárate, todo lo que has aprendido lo veràs aplicado, y entonces comprenderàs lo maravilloso de nuestro esfuerzo por luchar por el mundo libre.

Comenzaban las clases pràcticas, un ligero escalofrìo surcò la espalda de Maneco, pero por suerte Sam lo ayudò. Se despidió y corrió a ducharse a su camarote de tierra, cercano a una piscina donde se remojaban otros reclutas. Hacìa calor y el agua, la única que había allì, brotaba de las canillas de bronce dorado y dormía en aquella piscina rectangular.

Cuando llegó temprano esa mañana al centro de instrucción lo esperaba Fire y dos acompañantes. Sin presentaciones, Fire lo invitò a subir a un auto. Sam no preguntò adonde iban, la prudencia y la discreción eran moneda corriente en esos quehaceres. Enfilaron por una carretera hacia la periferia de la ciudad, se adentraron en un camino asfaltado de una sola mano, avanzaron unos kilómetros hasta llegar a un edificio bastante vetusto, amplio, parecido a un Ministerio de la Argentina, situado en un bosque, emergiendo entre jardines cuidados que se hallaban dentro de una cerca de alambre que rodeaba el perímetro del inmueble. Torretas con guardias en las esquinas delanteras de aquellla mole llamaron la atención de Sam, que ya travestido en Maneco volvió a inquietarse

-¿Qué carajo cuidan estos guardias si esto no es un cuartel?…màs bien parece un hospital o un ministerio-cavilò para sus adentros.

No había terminado de interrogarse cuando el auto se detuvo frente a la cerca del edificio, bajaron los cuatro ocupantes, Fire caminò unos metros hasta el portòn de entrada, tocò timbre…un custodio salió y saludò al puertoriqueño comúnmente, no se cuadrò ni estaba uniformado, solo levantò el brazo, abrió paso a los visitantes, cerrò el portòn y desapareciò.

Los cuatro avanzaron hasta la misma puerta de entrada, se asomò un hombre de blanco.

-Hello, how are you

-Find, y el instructor mostrò una credencial

-Ok, come here, please…

Fire hizo un ademán con su brazo y sus acompañantes, junto a Sam Maneco, se adentraron por corredores vacìos que parecían no terminar nunca, sòlo alguno que otro personaje luciendo guardapolvo aparecía, saludaba y seguía su camino. Al fìn llegaron a un recibidor, donde un hombre esperaba de piè tras un amplio escritorio.

-Hello, dijo Fire, we come for ‘manchù’

-its ok, fill out the form and sign, respondió, y le alcanzò a Fire un formulario que llenò y firmò

Cuando terminò, el hombre abrió una puerta y los tres, junto con Sam Maneco, ingresaron a otra ala del edificio. Recorrieron un nuevo pasillo, a ambos lados se observaban puertas de metal con mirillas…cada cinco metros hombres de blanco observaban y saludaban al paso del cuarteto.

Maneco fijò unos segundos la vista sobre uno de ellos, buscò alguna identificación abrochada a su vestimenta y no la hallò, levantò la vista y se encontró con cámaras de observación que registraban todo movimiento en ese corredor.

En algún momento las miradas de Sam y Fire se cruzaron, Fire detectò la duda en su discípulo. Sin que de Maneco surgiera una palabra Fire hablò en castellano

-Ya llegamos. Aquì està el sujeto manchù…

Y esbozando una sonrisa dijo

-…el experimento comienza ahora…

Los cuatro traspasaron una puerta de metal, custodiada, ahora se veìa claro, por dos guardias que, como los demás, vestìan de blanco.

Sam entonces diò paso definitivamente a Maneco. Para no quedar completamente descolgado, el adyentain preguntò en inglès

-¿what is the subject manchù?

El puertorriqueño sonriò mostrando los dientes.

-I will explain it to you later in spanish……ahora lo veràs con tus propios ojos…

Entraron a una habitación en donde las paredes se hallaban acolchadas y revestidas de tela blanca. Una camilla, aparatos de distinto tipo, tubos de oxìgeno, barbijos, mascarillas de respiración, computadoras, aparatos de consignar ritmos cardìacos y cerebrales y un sinfín de instrumentos y frascos se apilaban uno al lado de otro sobre un cobertor que semiocultaba una mesada de acero.

Dos hombres de blanco ladeaban una puerta que se hallaba en el fondo de la habitación. Fire ordenò a sus tres acompañantes calzarse guardapolvos blancos y calcetines quirùrgicos, èl hizo lo mismo. Tambièn se colocò una gorra de operaciones y ordenò a colocàrselas a los otros tres, incluìdo Maneco Sam, que cuando quiso calzarse uno de los calcetines rasgò la tela y debieron alcanzarle otro. La fuerza que hizo para ponérselo denotò una gran tensión y Fire enseguida lo consignò

-Tranquilo- dijo- siempre ocurre la primera vez

No pasaron cinco minutos cuando la puerta se abrió y entrò un camillero transportando a un hombre del cual solo se veìa el rostro, parecía muerto, pero había algo de color en su piel.

-This is de subject manchù- sonriò el puertorriqueño, señalando al individuo de la camilla, el camillero se retirò y fuè suplantado por los dos hombres de blanco que acercaron la camilla rodante hacia la que parecía ser la mesa de operaciones o experimentos. Uno de ellos tomò una jeringa de la mesada de metal, la introdujo en uno de los frascos e inyecto el contenido en el brazo izquierdo del sujeto horizontal.

El encamillado se hallaba en coma inducido hacìa casi dos meses, según explicó Fire, y durante todo el tiempo se le hacìan escuchar consignas a través de auriculares que, siempre según el instructor, lo liberaban de su ‘personalidad’ anterior. Era un enfermo mental, uno màs de los que vegetaban en ese edificio, un Mental Institute de la CIA, coberturizado como tal. El ‘sujeto manchù’, tal cual lo había definido Fire, parecía ser un masculino de unos 45 años, que según informó padecía esquizofrenia. En èl, según explicó el instructor, se habían utilizado potentes drogas que permitirían- asociadas a electroshocks emitidos a través de voltìmetros estilizados- borrar toda personalidad anterior y ‘crearle’ una nueva. Segùn se explayò el puertorriqueño, esta vez asesorado por los dos ‘especialistas’ situados a ambos lados de la camilla que explicaban en inglès lo que èl repetía en castellano a Sam -Maneco, el sujeto despertarìa en poco tiempo con una nueva mente- sin recuerdos anteriores ni rescoldos de lo que había anteriormente en su inconsciente- cuidadosamente moldeada por los especialistas de la CIA. Serìa lo que se dice un robot viviente, al servicio de sus creadores, nosotros. Su cerebro y sentidos serìan los que la Compañìa querìa que fuesen y sintiesen. Sin culpa ni remordimientos de ninguna especie, podrìa acometer los màs sangrientos asesinatos sin que se le moviese un pelo, obligar a cualquier prisionero a hablar sin ahorrarle ningún tipo de sufrimientos y hasta darle muerte y suicidarse , si eso hacìa falta…

-…aunque eso casi nunca ocurre- acotò Fire a Maneco girando la vista hacia el  adyentain. -A través de la aplicación de LSD o BZ, mezclada con otros compuestos, al ‘blanco’ ( se referìa al prisionero) este revelarìa hasta por demás sus pensamientos y secretos màs ocultos. Claro, eso llevarìa un tiempo, que nuestro sujeto manchù no tendría en cuenta, puesto que cumpliría con su tarea todo el tiempo que nosotros deseásemos. La nociòn del tiempo no formarìa parte de su nueva personalidad…estaría programado….

Maneco apenas podía creer lo que veìa y escuchaba, pero había sido enviado allì desde Argentina para aprender y no dejarse tentar por asombro o sentimiento alguno que le impidiera cumplir con su misión.

Por varios minutos los visitantes observaron el quehacer de los especialistas, que medìan y observaban reacciones, si las había, del encamillado que a futuro ‘renacerìa`, Fire se apartò un momento con los especialistas y dialogò con ellos en inglès y en voz baja, Maneco no se animò a hablar con los acompañantes de Fire, que durante toda la visita no emitieron palabra. Al fin el instructor saludò a los de blanco, mandò quitar los atuendos a sus acompañantes y los cuatro se retiraron… a otra sala…

Amplia, exhibiendo los acolchados de rigor en sus paredes, esa sala era especial. Fotos de internos del ‘hospital’ colgaban de las paredes laterales, algunos de frente y perfil, otros demacrados y despistados, otros sonriendo desdentados, otros serios y con rictus agresivos…

Fire enseguida detectò el semblante de Maneco

-Estos son algunos de los sujetos con los que estuvimos trabajando con compuestos y mecánica- se referìa a los electroshocks e intervenciones quirúrgicas cerebrales-. La mayoría reaccionaron como lo programamos, otros no…algunos se fueron…

Maneco arqueò las cejas

Si- agregó el puertorriqueño- es lo que tu piensas, son efectos colaterales no deseados, nada en relación con lo que logramos positivamente…

Tres sujetos de blanco ingresaron a la sala con una pantalla a ser proyectada y una computadora. Mientras uno armaba la pantalla, otros colocaban la computadora y el cañòn proyector, todo era automàtico, no hacìa falta electricidad ni enchufes para que el aparato funcionara. Fire explicó algo sobre su uso que Maneco no tuvo en cuenta, varias sillas con portabrazos, donde habìa anotadores y bolígrafos, se alineaban a unos pocos metros de la pantalla. Una vez que todo estuvo dispuesto

-veremos cine, seguro- se dijo para sì Maneco

Fire comenzó a hablar en inglès, sus acompañantes, como siempre, no emitieron ni gestos ni palabras, uno de los que había organizado la función casi susurrò

-Which one?

-Number three-  indicó Fire.

El otro abriò una valija cuadrada, de las que usan los CEOS empresariales, sacò de ella lo que parecía ser un pendrive o algo asì, lo insertò en la consola y luego de saludar a Fire se retiraron los tres.

Fire entonces hablò para Sam, en castellano

-Tu preguntaste por el sujeto manchù?…bueno, cuando nosotros intervenimos en Corea y casi logramos ingresar a China en 1950 para reestablecer la libertad e instalar la democracia en esos países, algunos de nuestros soldados cayeron en manos de los comunistas. Estuvieron un tiempo prisioneros …y cuando regresaron aquí se comportaron en forma hostil con nuestros comandantes y hasta con nuestro presidente…cuestionaron todo lo que habíamos hecho allì…que para què habían ido…que fueron a morir y a sufrir por grandes empresas militares que enriquecían a unos pocos…que los chinos y coreanos- puaff, espetò Fire- …eran pacíficos y solo defendían su patria…cosas asì. Nosotros supimos que les habían lavado el cerebro, los habían ‘dado vuelta’ como decimos acà…

Maneco escuchaba con atención aunque notò que los dos acompañantes de Fire lo observaban y tomaban nota en sus respectivos anotadores…tratò de disimular cualquier reacción que le produjeran las palabras del instructor, que siguìa hablando

-…como lo que declaraban los ‘dado vuelta’ era consignado por periódicos y demás medios de informaciòn, la Compañìa decidió hacerlos callar, por un lado, y por otro costear un libro y un filme, cuyo autor decidiò llamarlo El candidato de Manchuria. En èl nuestro escritor se refirió a los lavados de cerebro que chinos y coreanos llevaron a cabo en Manchuria con nuestros prisioneros… el libro se convirtió en un éxito, y lo mismo el film, que fuè premiado en todo el mundo libre…a partir de esos hechos la Compañìa decidió experimentar para que los prisioneros comunistas no solo confesaran sus secretos sino que pudieran ser modificados en su…mente, al igual que cualquier individuo que profesara esas ideas. Como se trata de fanáticos, cuyos argumentos pueden ser convincentes, logramos neutralizar sus conciencias a través de procesos que permitieran romperlas, quebrarlas, y convertirlos en individuos proclives a aceptar nuestro modo de vida, nuestra pertenencia al occidente libre y civilizado…por ello a los sujetos que elegimos para experimentar los denominamos ‘sujetos o candidatos de manchuria’, haciéndoles de paso saber a los comunistas que nosotros serìamos màs eficientes que ellos en eso de convencer a sus acólitos que sus ideas o pensamientos son errados, tirànicos, demenciales…

A Maneco no se le movìa un pelo ni un mùsculo del rostro ni de ninguna otra parte del cuerpo, se sentía observado por esos dos mudos que fijaban en èl la vista unos segundos y tomaban nota de no se sabìa que…

-Bueno, concluyò  Fire, ahora veràs algunas escenas de nuestros experimentos, y te aseguro que te asombraràs…

Fire ordenò a uno de sus acompañantes que difuminara las luces de la sala. Se colocò detrás del cañon proyector y comenzó la función

En el primer cuadro del filme aparecía un hombre de unos 25 años, rodeado de público, en un acto llamando al fìn de la guerra de Vietnam, en otro aparecía el mismo personaje, ya entrado en años, escribiendo, y en otro hablando a jóvenes que parecían ser universitarios.

Fire detuvo el filme un momento

-A este sujeto lo venimos controlando hace años, es comunista…o por lo menos lo era, y peligroso, sabìa convencer a la gente cuando podía pensar, hablar y ser escuchado…ahora veràs…

Continuò con el filme y en otro cuadro aparecía el mismo personaje charlando con varios alumnos en un descanso de clase…uno de sus alumnos le convidò con un cigarrillo, el sujeto no aceptò y sacò de su bolsillo un chicle que conservaba…la cámara, invisible para el personaje, enfocò el chicle y al sujeto cuando se lo llevaba a la boca…el cuadro siguiente, sonoro, mostrò al sujeto hablando a un auditorio… de pronto comenzó a decir frases incoherentes y a rascarse la cabeza…hablaba mientras se rascaba, guturalizaba a veces intentando explicar alguna cosa…de pronto comenzó a rascarse la entrepierna…un alumno preguntò algo y el individuo le contestò de mala manera e hizo varios gestos obcenos…la clase comenzó entonces de a poco a rertirarse, el individuo pareció decir algo a una alumna que se retiraba y esta lo increpò…al poco tiempo la clase quedó vacìa…solo el sujeto parecía hablar para sì, como un demente …

En el último cuadro cuatro policías y dos enfermeros sacaban al entonces profesor fuera del claustro…una càmara clandestina enfocò su rostro desencajado, el cabelllo revuelto, la bragueta del pantalòn abierta…fìn

Fire riò con ganas.

-El sujeto ingiriò un compuesto preparado por nosotros, dietilamida del àcido lisérgico, LSD, ya lo conoces…Fire sonriò buscando complicidad en los observadores que tomaban nota y que parecían comprender el castellano…sabes que altera la mente e induce a la locura,  nosotros le vendimos el chicle en un comercio que solìa frecuentar, nosotros le ofrecimos el cigarrillo sabiendo que no iba a fumar, ya que estaba dejando la adicciòn y en su lugar masticaba chicle de la marca que nosotros sabíamos utilizaba…nunca màs pudo convencer a alumnos o cualquier joven de nada, quedó totalmente desacreditado, quedó internado por un tiempo y le seguimos dando el àcido sin que supiera, nunca supo nada de eso, debió jubilarse y al retornar a su normalidad se dedicò a cuidar el jardín de su casa…

Sam no hizo gesto alguno de asombro, aprobación, desaprobación o algo que pudiera llamar la atención de los mirones…se sentía pesquisado y de reojo veìa a los dos ayudantes de Fire tomar nota luego de observarlo…había algo que olìa a trampa, a the troof, ¿lo estaban poniendo a prueba?.

La segunda parte del filme había comenzado cuando Maneco estaba de regreso de sus coartadas gesticulares, el primer cuadro transcurrìa en un burdel, varios individuos eran filmados allì cuando pretendìan penetrar a prostitutas…uno de ellos perdió la calma porque no podía erectar y la golpeò, en otro cuadro se enfocaba a un segundo individuo muy excitado y blasfemando, en un momento se tomaba la cabeza entre las manos y se sentaba en la cama, la impotencia sexual había hecho presa de èl y la prostituta sonreía y no salìa de su asombro, tanto uno como el otro eran individuos jóvenes…un tercero, filmado en otra habitaciòn se deprimìa y lloraba cuando la prostituta se quitaba el corpiño y las calzas, el hombre gemìa y pedìa por su madre, la llamaba por su nombre…

Fire, sin sonreir, cortò el filme y explicó

-Estos sujetos, sin que supieran, claro, fueron seleccionados debido a su juventud y salud mental, y además porque sabíamos que profesaban ideas opuestas a nuestro modo de vida, para probar compuestos que causan impotencia, depresión y deseo de asesinar…no llegaron a ello porque oportunamente nuestra gente ingresò al prostíbulo hacièndose pasar por agentes del FBI y en unos minutos detuvo a los ‘candidatos’, los sacò de circulación por un tiempo embutiéndolos en un espacio clandestino y luego, después de drogarlos, los abandonò en distintos puntos de la periferia citadina, de donde fueron verdaderamente arrestados por la policía del condado…supimos por nuestros informantes que no recordaban nada de lo pasado en ese prostíbulo, ni siquiera el haber estado en èl…

Maneco se hallaba verdaderamente turbado, no sòlo por la exhibición de esa panfernalia química en acción sino por la manera que el puertorriqueño daba cuenta de ella durante el filme…los acompañantes seguían anotando y observando, el marino adyentain hubiese querido salir de allì pero supuso que dentro de los experimentos de la Compañìa se incluìa el suyo propio…¿estaba siendo instruìdo para operar en su país, donde todo lo que aprendìa allì no se conocía en absoluto o muy poco, y sus instructores querìan ‘formarlo’ para que hiciera buen uso de sus experiencias?…eso pensaba y se tranquilizaba un poco…pero esos acompañantes, esos bolígrafos garabateando el papel con anotaciones que quien sabe que decían, que consignaban…

En el último tramo del filme distintos expositores, con sus rostros difuminados, explicaban operaciones cerebrales que permitìan modelar personalidades acordes con cada arquetipo que la Compañìa pretendía incentivar. Instalaciòn de chips cerebrales, extirpaciones y /o manipulaciones de lóbulos frontales, inoculaciòn de compuestos químicos en presos de distintas prisiones, sin que ellos supiesen, para producirles enfermedades venéreas, estados de ànimos, alucinaciones…los que hablaban parecían ser científicos, no sòlo químicos, sino psiquiatras, cirujanos, neurólogos, hasta sociólogos, antropólogos y psicòlogos conductistas, reflexólogos y otros.

La visita al Mental Institute de la CIA durò casi todo el dìa. Maneco-Sam-Maneco- Sam…, transfigurado tantas veces como segundos, minutos y horas insumió esa jornada, se hallaba exhausto, pero no gesticulò ni decayó en su ànimo de comprender y asimilar lo visto y oído hasta que llegó a su cuarto y corrió hacia la ducha.

El agua caliente destensò su cuerpo, relajò su mente, desbrozò las espinas mentales del sinuoso camino recorrido ese dìa. La lluvia caìa sobre su rostro y se perdía en la rejillla del baño, que contaba con tina de inmersiòn. Maneco no pudo esperar a que se llenase, o no quiso, la tina llena se le antojaba un buque de su arma que se iba a pique. Se refregó el rostro

-Estos tipos están locos- balbuceò.

Y comenzó a secarse.

Patricio ‘Maneco’ Hornos Wild, quìmico adcripto a la armada argentina como capitán de fragata, concurrió al sitio de instrucción portando buen semblante y disposición de ser Sam Horn. Intuìa, pasado algùn tiempo, que experimentaban con èl los tutores de su misión USA y el puertorriqueño, que cada vez màs se introducía en los laberintos de la tortura y manipulación del prójimo con verdadera fruición narrativa. Ya Maneco sabìa que los acompañantes de aquellla visita al Mental Institute formaban parte de los ‘instructores’, eran la sombra de Fire, de ese Pàjaro de Fuego, y las cámaras de vigilancia de èl mismo.

La comunicación le llegó por carta, aunque tardìa. Habìan pasado dos meses desde que su madre, Aurora, como la canciòn a la bandera, le había escrito realmente preocupada.

-‘Papà salió ( la misiva citaba una fecha y una hora) y nunca regresò. Me dirigì a la comandancia del Arma, solicitè una audiencia al comandante del Ejèrcito, que me recibió de muy buenas maneras aunque negó conocer la suerte de tu padre, el coronel Alcides Hornos. Sì me indicó donde concurrir- hospitales, sanatorios, Campo de mayo, Escuela de Infanterìa, de suboficiales y hasta morgues- pero nadie supo darme noticias de Alcides. El mismo comandante me prometió ocuparse del asunto de tu padre, pero no supe nada hasta ahora que te escribo. No quiero que regreses, estaràs aprendiendo mucho allì, están muy adelantados, Marita, tu hermana, tus tios Amado y Claudio, tus tìas, las chicas de los viernes de canasta, todos y todas los que quieren a papà y admiran su sentido del honor y patriotismo, su moral y sentido del bien, su honestidad, estàn tratando, junto a nosotros, de encontrarlo, de saber que le pasò, si tuvo que ir a alguna misión (aunque sabes que està retirado) secreta, o algo asì…No pensaba escribirte para alarmarte, pero estoy casi desesperada y sos mi hijo, Manequito, tenès que saber lo que està pasando…’

Entre la fecha en que su madre citò la desaparición de su padre y la llegada de la carta habían pasado màs de tres meses. Nadie había llamado por teléfono a su destino falso, en donde el adyentain recibiría mensajes- el Comando de la Armada USA, división Quìmica,- ni particularmente ni institucionalmente. La Armada Argentina, que lo había destinado a esa misión en EE.UU., había brillado por su ausencia en ese momento, solo le habìa enviado Memos institucionales y noticias del Arma.

Maneco recibió la carta en la dirección figurada de la Armada USA, y de allì le avisaron de su llegada.  Cuando la recibió  se sumió en una profunda duda …dudaba, dudaba de èl, de la carta (si no era apòcrifa), de la experimentación sobre èl mismo, de la verdadera intención de sus tutores norteamericanos, del puertorriqueño instructor, de los acompañantes mudos…

Logró salir ese dìa de la instrucción alegando un malestar pasajero. Como contaba con un auto a su disposición, y un chofer, agente de la Compañìa, le pidió a èste que lo acercara a la ciudad màs próxima a fìn de comprar algunas cosas. El chofer dudò por un momento, se comunicò con alguien por el walkie- talkie cerrado del auto y accedió luego a la petición de Sam Horn, único nombre que conocía, de trasladarlo hasta la ciudad. Al llegar, Sam le pidiò en su inglès elemental- aunque había cursado inglès intensivo se hallaba como alejado de ese idioma y todo lo que connotaba- que lo esperara. Entrò en una tienda y observò al chofer, cuando èste se descuidò Maneco salió y en un restaurante preguntò donde había un teléfono público para hablar a larga distancia. Y hasta allì fuè

-Hola tio Claudio, habla Maneco desde los Estados Unidos…si claro tio…estoy en un público, contame ràpido, ¿que pasò con papà?…ah, claro…¿Cómo?…

Maneco comenzó a transpirar en aquella cabina…cada dos o tres minutos miraba hacia afuera…y seguía escuchando..,

-si Manequito, tu papà habìa discutido con el Comandante, vos sabès como es tu viejo…no…la discusión fuè porque Alcides no estaba de acuerdo con el rumbo que había tomado el ejército en cuanto a la lucha contra la subversión…claro…claro…tu viejo siempre fuè fiel a sus principios, en la guerra se mata pero al enemigo hay que respetarlo, ese era su lema…no, no…el no estaba de acuerdo con las ‘desapariciones’ ni la represión ilegal, además amigos le pidieron que averiguara sobre el destino de sus hijos y el viejo se moviò, fuè de aquí para allà, recurrió a gente conocida de la Fuerza y nadie le diò una respuesta,  estaba muy enojado y…claro…se lo espetò al comandante en su propia cara, imagínate…y sì, creo que sì…a los pocos días de esa gran discusión, que transcurrió en el propio despacho del comandante, en el mismo Edificio Libertador, desapareció…parece mentira pero asì es Patricio …claro, claro…comprendè Manequito, la cosa es asì, vos hacè lo que te parezca pero creo que a Alcides lo desaparrecieron por lo que hizo y dijo a boca de jarro al comandante, y con estos no se juega, yo sè que vos sos tambièn militar y debès comprender que aquí la cosa asì no va, no và…de acuerdo sobrino, te queremos todos acà…pensalo Patricio, pensalo…te tengo que cortar porque a lo mejor escuchan lo que estoy hablando contigo, vos sabès…yo tambièn te mando un gran abrazo…si, si…le voy a decir a Aurora que hablaste, asì la pobre se queda por lo menos tranquila con vos…chau  Manequito, chau…Felicitas està bien, sobrino, te espera y quiere casarse , ja…bueno, chau, hasta pronto, y pensà lo que vas a hacer…

Maneco ya no era Sam Horn, no podía serlo. Dios mìo, se dijo para adentro, que ha quedado de todo lo que papà respetaba, siempre claro y sin vueltas el viejo, siempre asì, ni podría comprender lo que estoy viviendo yo acà, èl no estaría de acuerdo con esto como no estuvo de acuerdo con lo que viò y viviò allà, sentiría asco y rabia, eso… ¿Que le habràn hecho a mi papà, como estarà, lo habrán matado?..¡Hijos de puta!…¡¡¡son hijos de puta como estos, iguales…que occidente ni tercera guerra mundial hijos de puta, que cristianos ni altísimo basuras, eso son, basuras!!!

Patricio saliò de la cabina telefónica puteando por lo bajo…y lo alto, nadie comprendìa lo que decía, hablaba castellano, spaniol como decían allì… aunque era blanquito, alto, de ojos claros, era de otra parte, del sur…no, se dijo, no serè nunca como ese puertorriqueño de mierda, negro de mierda chapoteando en la mierda amèrican way, si algún dìa deja de ser agente de la CIA lo meten en un contenedor y lo reenvían a su país, ya muerto, efecto colateral no deseado dirían…¡hijos de putas!…

Cuando regresò al auto el chofer estaba semidormido

-Hello!- dijo al verlo- ¿its find?

-Si…yes, i am find, very well…

-Ok…ok…wait  a moment, y need to go to the bathroom..

El chofer parò en una estación de servicio, era media tarde, se perdió en la entrada del baño.

-Debo ir a la estación, Fire estarà esperando mi regreso, ese hijo de puta y sus dos monos…¿como voy a salir de esta, papà, donde estaràs…?

Un imperceptible vapor se colò por la ventanilla semiabierta, el emisor se alejò caminando, Maneco ni se percatò …despertó en su camarote, en la estaciòn…

-Hello Sam, how are you?…Los dos acompañantes, mudos,  se acercaron a Maneco, que intuyò algo y ensayò una defensa inútil….

En aquella habitación, un nuevo foreign student ci ai ei se aprestaba a observar su primer experimento. La puerta del fondo se abrió y emergió el hombre de blanco empujando una camilla.

El instructor era tipo caucásico, tal como dicen allì.

Los acompañantes, mudos, observaron al alumno, los especialistas se acercaron al sujeto de la camilla, que se hallaba en coma profundo…tenía un semblante sereno, el cabello cortado al ras le daba un aspecto de marine…

-He is marine?, inquirió el nuevo

-No, he is south american schizophrenic, but now will serve our cause.

La jeringa ingresò en el brazo izquierdo de aquel hombre.

Nadie viò, o no quiso ver, esa mìnima làgrima que corriò por su pàlida mejilla y se perdiò rostro abajo…

JLUO/