De joven comunista a mercenario de derecha y fundador de una casta

MARIO VARGAS YESO

Por Ignacio Lizaso*

Fruto de su descontrolado viraje, en las últimas elecciones peruanas apoyó calurosamente a Keiko Fujimori. Este tipo se sienta a comer con Kissinger y se hubiera sentado a la mesa de Videla, de Pinochet, de Fujimori, con el elevado cachet de los mercenarios.

Por Ignacio Lizaso

NAC&POP

15/12/2021

Recién operado de una maculopatía, los ojos cubiertos, sentado frente al televisor el hombre se limita a escuchar el programa periodístico.

– Así que todos los gobiernos de América Latina son dictaduras y sólo hay progreso en Uruguay.

Este Leuco…, comenta.

– Esperá. A ver… No es Leuco, informa su esposa.

– ¿Quién es, entonces?

– Ahí dice. Vargas Llosa, el escritor.

La escena no es de ficción y sirve para demostrar que el derrumbe ideológico de Mario Vargas Llosa y la falta de escrúpulos con que exhibe su condición de mercenario al servicio de la ultraderecha son estrepitosos.

Eso sí, con elevado cachet, el más caro de los mercenarios.

En marzo de 2019 fue convocado por Mauricio Macri a participar en un acto proselitista con miras a las elecciones de ese año.

Su actuación debía reducirse a formular una pregunta, que a cargo de un periodista del plantel de ortibas no hubiera tenido relevancia.

Un premio Nobel de literatura confiere marcada distinción al episodio. «Si usted es reelegido ¿va a cambiar las líneas centrales de su política?», planteó Vargas Llosa.

Como lo corroboró ordenando el espionaje de los familiares de las víctimas del ARA San Juan, Macri sólo responde a preguntas arregladas o cuyo sentido le es adelantado.

Se echó hacia atrás y con gesto de suficiencia cabeceó el centro tirado por el peruano con la justeza del pie de su compatriota Teófilo Cubillas.

Voy a hacer lo mismo, pero más rápido, dijo.

Cumplidos los pasos guionados los dos sonrieron con satisfecha complicidad.

Por tan acuciante pregunta se dijo que Vargas Llosa cobró 50.000 dólares.

Asistían a la escena Cristiano Ratazzi, Alejandro Bulgheroni, Daniel Funes de Rioja, otro mercenario: el espantapájaros de la OEA: Luis Almagro, y el inimputable comicastro Alfredo Casero, reunidos por la Fundación Libertad.

Con armado local en Rosario, este grupo responde a otra fundación homónima con agencias en Indianápolis, en el oeste de Estados Unidos, y también en Jujuy, prisión de Milagro Sala.

La fundación se autodefine como sin fines de lucro, contra la corrupción y por la transparencia de las políticas públicas.

El último manifiesto de esta Fundación, coherente con dichos principios, fue un reclamo para que no se apliquen impuestos a las criptomonedas. El más duro desde la asunción del gobierno del Frente de Todos fue a favor de Vicentín.

A su juicio, intervenir o expropiar la empresa es una medida de signo chavista y significa un quiebre de las instituciones republicanas.

Claras señales que quedaron rotundamente confirmadas hace apenas unas horas, cuando en sus pagos rosarinos y con su auspicio, Javier Mileikovsky declaró a gritos, con voz svástica, que el presupuesto enviado al Congreso es una farsa acordada entre el Frente y Juntos.

Volviendo a Vargas Llosa su metamorfosis se ha producido quemando etapas en su marcha hacia el extremismo de derecha.

Curiosamente hasta los 10 años este egregio peruano vivió con su familia en Bolivia.

Cursó sus primeros estudios en establecimientos religiosos y luego ingresó al colegio militar de su país.

Tal vez el sello ideológico de ese período fue el signo que lo conduciría a este final como un lobbista itinerante de las grandes corporaciones lanzadas al desarrollo de una reedición del plan Cóndor.

Concluída su experiencia castrense se enroló en las filas universitarias comunistas.

Saludó entusiastamente a la revolución cubana y a partir de 1963 dio comienzo a su brillante carrera literaria con las novelas «La ciudad y los perros» y «La casa verde».

En 1968 adhirió al golpe del general Juan Velasco Alvarado, que derrocó a Fernando Belaúnde Terry y constituyó el Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas.

De su programa aquel Vargas Llosa de 32 años apoyó fervorosamente el proyecto de reforma agraria.

El sonado boom de la letras lo acercó a Gabriel García Márquez, que se convirtió en su gran amigo y a cuya obra dedicó un enjundioso ensayo.

Los dos eran figuras sobresalientes del boom, partidarios de la nueva Cuba y vecinos en un barrio de Barcelona.

Pero en 1976 se registró un episodio explotado por la prensa amarilla.

En medio de una reunión Vargas se acercó a Gabo y tras decirle: «esto es por lo que le hiciste a Patricia», le pegó una trompada.

Patricia Llosa era la segunda mujer con que se casó Vargas.

Nunca se supo qué le había hecho Gabo.

En este punto cabe señalar una extraña coincidencia: la primera esposa de Vargas era hermana de su tía política y Patricia era su prima carnal.

Eludiendo toda mención al unilateral pugilato Vargas empezó a subrayar diferencias ideológicas con Gabo, el «cortesano de Fidel», dijo.

Paralelamente hizo declaraciones expresando su inclinación por las ideas liberales.

En esa línea en 1990 se presentó como candidato a presidente de Perú, pero fue derrotado por Alberto Fujimori.

Dato fresco: condenado a prisión hasta 2033 por crímenes de lesa humanidad – asesinato de 25 personas y múltiples secuestros -, Fujimori acaba de retornar a la cárcel al superar problemas de salud.

Allí sobrevive sus penurias en tres ambientes y mientras se entretiene ante el televisor, come ceviche y bebe pisco, insiste en proclamar su inocencia.

De la mano de su representante Carmen Balcells, Vargas ya había logrado la consagración universal como novelista.

Faltaban los premios: en 1994 le otorgaron el Cervantes, en 2010, el Nobel y este año entró a la Academia Francesa, siendo el único miembro de ese cuerpo que no ha escrito obra alguna en la lengua de Gustave Flaubert.

Unos días atrás Varguitas – así lo llamaba peyorativamente su ex esposa, la citada Patricia – se despachó con una sarta de barrabasadas en un acto realizado en Coral Gables, Florida, que contó con calificada concurrencia del nivel de Lenin Moreno y el ex juez Sergio Moro.

En esa tribuna atacó a Andrés López Obrador, Evo Morales, «el comandante» Ortega, el colombiano Gustavo Petro y el chileno Gabriel Boric.

Sostuvo que todos ellos – también Alberto Fernández – son o serán partícipes del «sistema transnacional de dictaduras».

A Jair Bolsonaro sólo lo tildó de payaso, pero no dejó de denunciar el peligro de que recupere la presidencia Lula, «ese ladrón».

Y rescató la situación de Uruguay, único reducto donde él y Pepín Rodríguez Simón advierten síntomas de progreso.

Del texto de semejante atentado contra la Patria Grande surge una sensación inesperada: este tipo se sienta a comer con Kissinger y se hubiera sentado a la mesa de Videla, de Pinochet, de Fujimori.

Fruto de su descontrolado viraje, en las últimas elecciones peruanas apoyó calurosamente a Keiko Fujimori, a pesar de que era acusada de lavado de activos, organización criminal, obstrucción a la justicia y corrupción, y representaba al partido de su padre.

«Todo se compra, todo se vende», tituló una película Andrzej Wajda.

Mario Vargas Llosa podría haber sido el protagonista.

En materia de ventas, claramente prostituido va a «vestir» cualquier evento al que le proponen una asistencia rentada.

Con respecto a compras, concretó una que documenta la descomposición que caracteriza el ocaso de su trayectoria.

El Nobel no le alcanzaba.

Un año después de recibirlo, en 2011 el corrupto rey Juan Carlos I creó a su medida el título de Primer Marqués de Vargas Llosa.

No se sabe cuánto le costó esto de inaugurar una casta.

El Borbón cazador de elefantes, que no era amigo de regalos, concedió 51 títulos de nobleza, la abrumadora mayoría hereditarios y en esta emergencia el árbol genealógico carecía de savia.

Jubilada la pluma, exaltado el verbo, como diría en joda Gabo, el marqués no tiene quien le escriba.

Pero cuando se lo menciona oficialmente es menester tratarlo de ilustrísimo.

El pedestal de la estatua con la que sueña.

 

IL/