Si bien es temerario augurar el destino del gobierno de Alberto Fernández de cara al 2023 asumiré el riesgo de afirmar que éste depende de tres cosas: un rebote, una postergación y un ego.

UNA POSTERGACIÓN Y UN MILAGRO

Por Dante Augusto Palma

Entre el rebote, la postergación y el ego habrá un sinfín de vicisitudes como las que nos tiene acostumbrado este país que cada diciembre parece volver a coquetear con ese destino fatal al que osó asomarse con febril mirada hace exactamente 20 años: el pobre chino llorando, el encapuchado afanando el arbolito de navidad, Cavallo la concha de tu madre, los muertos en la Plaza, el helicóptero.

 

Por Dante Augusto Palma

 

Si bien es temerario augurar el destino del gobierno de Alberto Fernández de cara al 2023 asumiré el riesgo de afirmar que éste depende de tres cosas: un rebote, una postergación y un ego.

El rebote, naturalmente, es el económico y está sucediendo. En todo caso la pregunta es hasta cuándo continuará. Por lo pronto, este año el crecimiento estará por encima de los indicadores más optimistas y se recuperará todo lo perdido en 2020 por la pandemia. Es más, ya son varios los sectores que están por encima de los números de 2019. Aunque las previsiones para el año que viene son más austeras no hay nadie que imagine un crecimiento por debajo del 2,5% si es que el diablo, claro está, en forma de pandemia, no mete la cola. Pero número más, número menos, Argentina crecería 2 años seguidos después de una década. Es algo que el gobierno podría celebrar. Si eso se redistribuye, si llega al bolsillo de la mayoría, si los ingresos en blanco y en negro le ganan a una inflación que da miedo, eso será otra cosa. Pero crecimiento habrá.

La postergación es la que en estos momentos el gobierno estaría negociando con el FMI. Se habla de un acuerdo o al menos un preacuerdo antes de fin de año y se da por hecho que habría “años de gracia” para comenzar a devolver el inédito préstamo otorgado por el organismo para blindar la reelección de Macri. Como mínimo, se habla de comenzar a pagar en 2024 y conocer el resultado de esa negociación es esencial para aventurar el futuro de la economía argentina.

Lo que todos sabemos, igualmente, es que el organismo impondrá condicionamientos que irán más o menos por los carriles de siempre más allá de que desde hace algunos años se intente presentar al FMI como un organismo que aprendió de sus errores. ¿Cómo hará el gobierno para achicar el déficit quitando subsidios a servicios y transporte sin que ello se traslade a inflación y genere un repudio generalizado de una población que le dio la espalda en la última elección? Muchos dicen que en el mismo planteo que acabo de hacer está la trampa. Es que si gastás mucho hay dos maneras de que te cierren las cuentas: una es recortando pero la otra es ganando más. Las opciones no son excluyentes y qué más quisiera uno que el gasto sea eficiente y que la Argentina exporte más para que así puedan ingresar más divisas. Pero aquí el gobierno enfrenta varios desafíos. En primer lugar, la incertidumbre de la pandemia y el desequilibrio de las cuentas a nivel mundial que puede hacer que el viento sea de cola o de frente. Por otro lado, sus propias contradicciones expuestas en el loteo de ministerios los cuales, muchas veces, tienen miradas en tensión respecto a qué modelo de país llevar adelante.

La tercera cuestión a tener en cuenta es el ego. ¿De quién? Por lo pronto de Macri. ¿Ustedes se imaginan a Macri en mayo de 2023 grabando un video diciendo “Le he pedido a Horacio Rodríguez Larreta que encabece…..”? Yo tampoco. Por supuesto que se dirá que la situación no es equivalente y es verdad porque hoy pareciera ser Horacio Rodríguez Larreta el elegido por el establishment para ser el candidato opositor y si todo ese espacio lo aceptara tiene buenas chances de ser el próximo presidente. Del mismo modo que el poscristinismo giró hacia el centro en forma del pasteurizado Alberto, el posmacrismo se encarnaría en una paloma llamada “Horacio”. ¿Pero va a aceptarlo Macri? Romper la coalición opositora sería suicida pero hay buenas chances de que el espacio de los “halcones”, aprovechando que la sociedad “huele a espíritu libertario”, intente forzar una “Gran PASO”, máxime si en el gobierno se cumple la promesa de aceptar dirimir las futuras candidaturas en elecciones abiertas y no a través del dedo. En este escenario, aun si la actual oposición obtuviera un increíble 50% de los votos en las PASO 2023, a Macri podría alcanzarle con un 20% para ganar una interna contra Larreta y contra los radicales que esta vez pueden llegar a los dos dígitos.

Pero si hablamos de ego, el de Alberto tampoco es menor. En este sentido, descartada, entiendo, la posibilidad de una candidatura a presidente de CFK, Alberto puede intentar ir por la reelección aun en un escenario como éste. De hecho, hay quienes indican que Alberto ha hecho una particular lectura de la última elección y que lejos de asumirse perdidoso entendió que el gran derrotado fue el kirchnerismo duro y que es hora de darle al gobierno el perfil que él busca. Si es ésta la interpretación que hace Alberto y si las variables económicas no estallan por el aire, aun unos mediocres dos años podrían darle al presidente el empujón para volver a intentarlo prometiendo la llegada del famoso día 100 (una remake del “segundo semestre”) para su próximo mandato. Agreguemos a esto la posibilidad de que él aparezca como aquel capaz de sobrevolar la interna feroz que se avecina entre massistas, kirchneristas, gobernadores, movimientos sociales, sindicatos, intendentes, y que la única manera de que “la sangre no llegue al río” puede que sea que las partes acuerden apoyar a quien ya habían decidido apoyar en 2019 y es, al fin de cuentas, el presidente. Un guiño a esta posibilidad de continuidad la da el trascendido de que el gobierno le estaría pidiendo al FMI bastante más que dos años de gracia de modo tal que el fuerte de los vencimientos llegue después de 2027.

Entre el rebote, la postergación y el ego habrá un sinfín de vicisitudes como las que nos tiene acostumbrado este país que cada diciembre parece volver a coquetear con ese destino fatal al que osó asomarse con febril mirada hace exactamente 20 años: el pobre chino llorando, el encapuchado afanando el arbolito de navidad, Cavallo la concha de tu madre, los muertos en la Plaza, el helicóptero. Ningún escenario es igual al anterior aunque hay temas que son una constante como los tópicos del tango. En este sentido, el tema de los egos será crucial aunque no tanto como el rebote y la redistribución de aquello que rebota. Pero si hay que elegir uno de los tres aspectos, el de la postergación parece ser clave. Es que si el acuerdo que se va a firmar posterga los pagos a cambio de postergar a las mayorías, no hay gobernabilidad posible ni de éste ni de futuros gobiernos. Así, el 2023, el 2027, el 2031 y los años que platearán la sien de la joven democracia argentina solo definirán traspasos formales de una administración que administrará miseria.

El tango “Volver” agrega “Guardo escondida una esperanza humilde”; una canción más moderna afirma que nos merecemos bellos milagros. Lo que no sabemos es si ocurrirán.