En 2015 antes de Macri, un sueldo digno en la era Cristina-Boudou era de 2.000 dolares y equivalia a 5 canastas básicas.

CONCENTRACIÓN, EXTRANJERIZACIÓN, CONGLOMERACIÓN Y DESEQUILIBRACIÓN

Por Julián Denaro*

Hoy, con la canasta básica por encima de los 70.000 pesos, para tener un sueldo equivalente a aquel, el ingreso mensual debería ser de 350.000 pesos, cifra a la que sólo acceden los sectores privilegiados. Esta distorsión muestra el feroz, violento e insensible saqueo efectuado por las corporaciones de poder durante los seis últimos años.

 

Por Julián Denaro (*)

NAC&POP
03/12/2021

Conversando con Martín García en su programa “Yendo de la cama al living” en el transcurso de esta semana, describimos la distorsión de precios existente en la actualidad, que está indudable e indivisiblemente asociada a un plan de saqueo y desestabilización diseñado desde el exterior.

El exterior, claro está, significa intereses externos a los nuestros, externos al bienestar del pueblo argentino.

Es decir, el imperialismo colonialista anglosajón aliado con las oligarquías y poder concentrado, que procuran continuar en el sendero de la infinita concentración económica que esquilma a los pueblos ensanchando la desigualdad y la pobreza.

La referencia se monta sobre la comparación del poder adquisitivo de los ingresos antes y después del gobierno de Macri.

En el 2015, cuando la canasta básica se valuaba en 4.000 pesos, un sueldo digno no alto oscilaba los 20.000.

Pues conocer gente que ganase 20.000 pesos por entonces era bastante común.

Y entonces nos hicimos la pregunta: ¿A cuánto equivaldrían hoy aquellos 20.000?

Entonces, primero lo medimos en dólares: 20.000 dividido 10 pesos, ya que el precio del dólar al terminar el gobierno de Cristina Fernández era 9,60, nos da 2.000 dólares.

Hoy, con el dólar oficial apenas por encima de los 100 pesos, nos da que aquel sueldo no alto debería ser de 200.000 pesos, que hoy sí es un sueldo alto y por ende no habitual.

Pero la exposición es más angustiante aún.

En términos de poder adquisitivo, que es lo más importante ya que nos determina el nivel de vida, aquel sueldo de 20.000 alcanzaba para comprar 5 canastas básicas.

Hoy, con la canasta básica por encima de los 70.000 pesos, para tener un sueldo equivalente a aquel, el ingreso mensual debería ser de 350.000 pesos, cifra a la que sólo acceden los sectores privilegiados.

Esta distorsión muestra el feroz, violento e insensible saqueo efectuado por las corporaciones de poder durante los seis últimos años.

Para ahondar en el asunto, tomamos un informe de Claudio Lozano, que muestra que la facturación de las 500 empresas más poderosas del país equivale al 50% del PBI. En otras palabras, los ingresos por ventas de las firmas más ricas es igual a la mitad del valor de lo que produce el conjunto del país en un año.

Y avanzando en el análisis, tan sólo 200 empresas abarcan el 80% de lo descripto.

En conclusión, sólo las 200 empresas más ricas del país tienen una facturación equivalente al 40% del Producto Nacional.

Pero el problema tiene otras aristas enlazadas y enraizadas. Cerca del 80% de las exportaciones e importaciones de nuestro país son manejadas por estas empresas y, lo que es peor aún, el 78% de las mismas está en manos extranjeras.

Hasta aquí, Concentración y Extranjerización son dos terribles problemas que están asociados entre sí. Y la descripción de la complejidad del problema no termina aquí, porque se ha comprobado que estas empresas actúan como conglomerados, conformando una triple alianza entre Concentración, Extranjerización y Conglomerización.

Este último término no es decorativo sino explicativo de su modo de operación.

Esto quiere decir que planifican, deciden y actúan en bloque, ejerciendo un abuso de posición dominante cuya consecuencia es la extracción de riqueza al conjunto del pueblo argentino.

Para verlo con mayor claridad, para incrementar sus ganancias no necesitan producir más sino manejar los precios.

Con esto, proceden a bajar sus inversiones productivas, que se traducen en reducir la producción, al mismo tiempo que elevan los precios de venta de sus productos, simultáneamente presionan para bajar los precios de sus insumos, materias primas y también del salario, engordando la tasa de explotación, y con ello alcanzan tasas de rentabilidad inauditas pero también inaceptables en los países desarrollados.

Como muestra, se sabe que los márgenes de ganancias permitido en los supermercados son: 1,1% en EEUU, 2,2% en Francia, 3% en Inglaterra, mientras en Argentina superan el 30%.

Nótese que las 80 empresas que cotizan en la Bolsa de Buenos Aires, perteneciendo a los sectores Agropecuario, Alimenticio y Financiero, tuvieron durante el 2020 una rentabilidad superior al 75%, mientras aumentaron la pobreza, la exclusión y el hambre en el país.

Asimismo, la concentración de riqueza en pocas manos, también está vinculada a la fuga sistemática de capitales financieros.

Esto da cuenta de cómo puede ser que en este momento de crisis económica con fragilidad en el equilibrio social, estén aumentando los patentamientos de autos de alta gama y de aviones privados.

En este estado de situación, tenemos que arreglar la deuda con el Fondo Monetario Internacional. Se ha reiterado cansadora pero necesariamente, que se trata de una deuda ilegítima e ilegal, pero cuyas consecuencias son un estorbo para nuestro crecimiento, desarrollo y recuperación de la independencia económica y soberanía política.

Esto es así porque al ser deudores del FMI, nuestras proyecciones de política económica pasan por la auditoría del Fondo que puede autorizarlas o no.

Por eso se tiene presente que fue tan importante cuando el gobierno de Néstor Kirchner, en el año 2005, procedió al pago total de deuda con el FMI, que en aquel tiempo sumaba 10.000 millones de dólares por el acumulado de 45 años desde 1956 hasta el 2001.

De esa forma recuperamos nuestra autonomía sin tener que pedirle permiso al Fondo ni tener que escuchar u obedecer sus recetas económicas.

Dujovne, quien fuera ministro del gobierno de Macri, confesó hace pocos días que lo mejor que hicieron fue dejarnos al FMI.

Desde luego, esta confesión da cuenta de lo que son, unos vendepatria repudiables que deberían ser juzgados y condenados con las más duras penas.

El gobierno de Macri, que había iniciado su período de gobierno en un país prácticamente sin deuda externa en moneda extranjera, cercana a apenas el 10% del PBI, nos llevó a una situación de insostenibilidad de deuda en apenas dos años, que fueron la excusa para que volvamos al Fondo.

Por ese camino, se tomó en tan sólo un año y medio, el mayor crédito de todos los tiempos, acordando un préstamo de 57.000 millones, de los cuales fueron desembolsados 44.000 millones.

Pero precisamente aquí tenemos las razones suficientes para considerar nulo ese préstamo.

Por un lado, el endeudamiento de la Nación Argentina debe ser tratado en el Parlamento según lo expresa contundentemente nuestra Constitución.

Eso no ocurrió.

Por otro lado, el estatuto del FMI no permite prestar a países para que financien la fuga de capitales financieros ni para que financien la formación de activos externos ni para que financien deudas insostenibles.

Pues bien, era público y bien conocido que la deuda argentina estaba calificada de insostenible cuando el gobierno de Macri solicita el préstamo.

Siguiendo, ese monto financió la fuga de capitales financieros y la formación de activos externos.

Pero además excedió alevosamente la cifra tope que se le podía prestar a Argentina según su cuota parte del Fondo, siendo la misma 21.000 millones. Y por si fuera poco, a confesión de parte, relevo de prueba. Macri confesó esta semana que el préstamo lo tomó para evitar que los bancos se fueran del país.

Sin embargo, la cuestión de trascendencia aquí reside en que no se trata de un problema de Argentina con los demás países que conforman el Fondo, a quienes está perjudicando y defraudando.

Porque en realidad, lo que ocurrió fue que el presidente de EEUU, Trump, utilizó el dinero de los países para prestarle a Macri con el objetivo de financiar el mayor robo de la historia, como se ha descripto y fundamentado reiteradamente, y para financiar su reelección.

Entonces, a la pregunta de siempre, de por qué los argentinos tenemos que pagar una deuda de la cual no recibimos nada sino por el contrario, sólo recibimos mayores pobreza, desigualdad, hambre y exclusión, se le suma la pregunta de cómo Trump usó la plata de los países para hacerle un préstamo personal a su amigo Macri.

En suma, queda en evidencia que Argentina no tiene un problema con los demás países que constituyen el Fondo sino que la trampa que debe conocer el mundo es la millonaria estafa que desataron los amiguitos Trump y Macri.

En este escenario de cosas, estamos siendo informados que el FMI procederá a evaluar el megaendeudamiento argentino, deseando y pronosticando que esta megaestafa quedará a la vista de todo el mundo.

Ahora, en lo más urgente de todo, que tiene que ver con que nuestra política económica debe ser auditada por el Fondo, y conociendo que siempre nos exigieron políticas de ajuste, nuestro gobierno se está plantando con firmeza.

No podemos permitir que por medio de una deuda ilegal e ilegítima, el FMI nos obligue a recortar el presupuesto asignado a crecimiento e inversión social, con casi la mitad de nuestra población en situación de pobreza.

Toda decisión de Política Económica debe tener como prioridad recuperar el sendero de recuperación, crecimiento, desarrollo, inclusión social, mejora en la distribución del ingreso, sostenibilidad de la deuda, independencia económica y soberanía política.

Hay que estar muy atentos, porque nos quieren mentir permanentemente para desestabilizarnos.

Quisieron instalar el miedo a un nuevo corralito, pero justamente después de la explosión del 2001, el encaje de los bancos sobre las cuentas en dólares supera el 80%. Esto es, que ese dinero se deposita en el Banco Central para proteger cualquier tipo de corrida bancaria, imposibilitando un desfalco en ese sentido.

Para que pueda verse con mayor claridad: los depósitos en dólares en 2019 bajaron de 27.000 millones a 18.000 millones en muy poco tiempo, casi una tercera parte, debido al colapso financiero creado por el gobierno de Macri.

Sin embargo, todos los depósitos estuvieron bien salvaguardados.

Hoy los depósitos en dólares están cerca de los 16.000 millones, pero con el resguardo de un encaje tan elevado, no tiene sentido alguno preocuparse.

 

JD/

 

NAC&POP: (*) Julián Denaro, economista (UBA), columnista Económico en Televisión y Radio, Profesor en Universidades Nacionales (UBA y UNLAM), Doctorando en Ciencias Económicas en UNLAM y terminando la Licenciatura en Psicología en la UBA. Autor de seis libros, siendo los dos últimos “Del país dividido a la revolución cultural” (2017) y “Argentina entre las disputas de poder 2012-2019” (2019), y escribiendo dos nuevas obras. MG/N&P/