"Un sencillo reconocimiento a uno de los tantos pensadores nacionales olvidados o censurados en los ambientes académicos tradicionales."

FERMÍN CHAVEZ, UN PENSADOR NACIONAL.

Por Ana Jaramillo*

“Sólo podremos tener un continente latinoamericano libre y soberano, si somos capaces de formarlo con países también libres y soberanos. Pero la libertad y la soberanía no se discuten, se ganan con la más firme voluntad de lograrlo”. Juan Domingo Perón

Por Ana Jaramillo

NAC&POP

20/11/2021

La reedición de las obras de Fermín Chávez constituye un sencillo reconocimiento a uno de los tantos pensadores nacionales olvidados o censurados en los ambientes académicos tradicionales.

También es un pequeño homenaje al autor por haber desentrañado la influencia del iluminismo en la cultura argentina para muchos desconocida antes de leer a Fermín Chávez, así como por su análisis de la perspectiva historicista que recupera grandes pensadores europeos opuestos al positivismo, al cartesianismo y a los metarrelatos históricos del idealismo y el materialismo.

Dicha corriente, que niega las escatologías y la heteronomía de la historia sostiene que la historia la hacen los hombres y es lo que realmente podemos conocer.

Al decir de Giambattista Vico, con su verum ipsum factum, implica que el hombre sólo puede conocer lo que ha hecho, su propia historia, su propia creación.

La verdad es lo hecho, la realidad.

Los textos de Fermín Chávez que reeditamos, no sólo constituye un homenaje póstumo al maestro entrerriano, sino que fundamentalmente pretende instituirse en una herramienta para generar la necesaria conciencia crítica en los jóvenes que en el siglo XXI se comprometen día a día a apoyar y continuar un proyecto nacional y de integración latinoamericana que ha dejado atrás la imitación, copia o plagio de modelos europeístas así como rechazado las recetas surgidas del “mito globalizador” y de sus organismos financieros internacionales.

Es interesante para quienes investigan la perspectiva historicista redescubrir otros filósofos e historiadores que influyeron en Nuestra América y en nuestro país en particular desde los albores de la construcción nacional.

Muchos de los que nos dedicamos a estudiar, investigar enseñar y también analizar problemas sociales o filosóficos aprendimos de Fermín con su meticulosidad, (que podríamos decir de “coleccionista de pulgas”) en épocas donde no existía internet ni el famoso buscador.

En sus investigaciones, Chávez detalla hasta el cansancio la cultura en épocas de Rosas, como teatros, periódicos, música, litografías imprentas, artes plásticas y todas las expresiones artísticas de esa época que desmienten la supuesta barbarie.

Para Fermín Chávez nada está “más alejado de la verdad que una negación de la riqueza y de la importancia de las expresiones culturales del periodo rosista” .

En su texto que subtitula como “la descolonización mental ” explica que hay ciertos pueblos que deben plantearse “problemas esenciales de autoconciencia nacional”.

A la escuela revisionista o movimiento cultural Chávez propone denominarlo “historia de la descolonización” por su aporte a la autoconciencia.

Distingue en el mismo texto el “nacionalismo de fines” del “nacionalismo de medios”.

Al nacionalismo de fines lo asocia subordinado al colonialismo como el iluminismo encabezado por Sarmiento por la conocida disyuntiva entre barbarie y “civilización del mercantilismo portuario y de la Europa agresora”.

Por el contrario, a Rosas lo asocia al nacionalismo de medios donde lo que importaba eran los “medios”, instrumentos, instituciones concretas que permitieran alcanzar los fines nacionales.

Chávez nos documenta para facilitar las investigaciones aún pendientes, los archivos de los cuales saca toda la información, así como la genealogía intelectual de las posiciones anti- idealistas, anti-positivistas, anti-naturalistas de historicismo que influyeron en los posicionamientos ideológicos e intelectuales de muchos de nuestros pensadores y líderes políticos siempre ocultados, no reeditados, vituperados por lo que Chávez denomina la mitrolatría.

En sus propias investigaciones, refuta la universalidad del iluminismo y la supremacía del racionalismo universal, rescatando la posición viquiana sobre la historia de los pueblos, rechazando toda heteronomía y toda escatología ya sea idealista o materialista y afirmando como el sabio napolitano que nuestra realidad es la verdad y viceversa.

Nos propone una epistemología de la periferia que deje de ser ahistórica y que el campo cultural (y pedagógico) no se siga analizando desde “el eurometrismo cultural”

Hemos elegido reeditar la trilogía por Chávez definida, compuesta por sus obras: Historicismo e iluminismo en la cultura argentina de 1977, La recuperación de la conciencia nacional de 1983 y Porque esto tiene otra llave de 1994 porque entendemos que es allí donde se ocupa más que en otras obras de explicitar lo que entiende por historicismo y por epistemología de la periferia así como la necesidad de continuar con la descolonización mental.

EL HISTORICISMO DESDE NÁPOLES AL RIO DE LA PLATA

Rastreando el historicismo y su perspectiva, así como su llegada al Río de la Plata, vemos que la influencia de Giambattista Vico (Nápoles, 1668 – 1744), comienza antes de la sanción de la Constitución de 1953.

El filósofo napolitano influyó tanto en Pedro de Angelis ((Nápoles, 1784 – Buenos Aires, 1859) quien redactara un proyecto de Constitución completa en 1852, como en Juan Bautista Alberdi a quien se le reconoce la autoría de la Carta Magna de 1853.

Sin embargo, más allá del reconocimiento a Vico, según Gonzalez Arzac , podemos conjeturar, pero no afirmar el conocimiento de Alberdi de la Constitución de 1852 escrita por el viquiano Pedro de Angelis.

De lo que no caben dudas es que los constituyentes de 1853 conocían el proyecto redactado por el napolitano ya que así lo afirmó el Secretario del Congreso Constituyente, José María Zuviría al señalar “que los proyectos de Alberdi y de De Angelis fueron analizados por los constituyentes”.

Pedro De Angelis, escribió su Proyecto completo de Constitución a pedido de Urquiza.

Pero su adhesión al rosismo fue razón suficiente para olvidar a quien frecuentara a intelectuales en Paris así como también el legendario Salón literario de Marcos Sastre en Buenos Aires introduciendo la Ciencia Nueva de Vico en ambas ciudades.

Para Sarmiento, De Angelis era el “sabio mazorquero”.

Benedetto Croce, en 1912 , escribe sobre Andrea y Pedro de Angelis hablando de los exiliados italianos en Una famiglia di patrioti ed altri saggi storici e critici.

Haciéndose eco de una revista de Buenos Aires de filosofía, Croce cree que De Angelis “en el Nuevo Mundo, y en medio de estos novísimos asuntos políticos e históricos, olvidaba su culto napolitano de Vico” ya que la revista citada decía: “Pedro de Angelis, cultísimo escritor italiano al servicio del gobierno desde Rivadavia hasta Rosas, intentó dar a conocer en Buenos Aires la Ciencia Nueva de su compatriota Juan B. Vico, por quien tenía particular admiración…su esfuerzo fue estéril y en ningún escritor argentino de esa época hemos visto mencionado el nombre del famoso filósofo de la historia”.

Croce creyó en lo publicado por esa revista de filosofía (la de José Ingenieros), pero sabemos que tanto Sarmiento como Alberdi, Mitre y Vicente F.López, no sólo lo citan sino que también demuestran de distintas formas la influencia viquiana en ellos.

Croce habla de De Angelis como “hombre oscuro” y sostiene la necesidad de realizar un libro sobre los exiliados italianos recomendándole a quien lo haga que se ocupe de los “hombres oscuros”.

Su curiosidad por los hombres que “participaron en “las revueltas acaecidas entre fines del siglo XVIII y los primeros decenios del siglo XIX” para Croce reside en que son ellos, los que acumularon experiencias y alimentaron sentimientos que fueron divulgados , y son los que “transformaron a los viejos italianos de la decadencia en los italianos del resurgimiento” .

Lo que quizás no tuvo en cuenta Croce es que De Angelis no era un “hombre oscuro” sino un hombre oscurecido por la historia oficial por sus ideas y su compromiso y participación política. Si bien para algunos es el primer historiador argentino que publicara los siete tomos de la Colección de obras y documentos relativos a la historia antigua y moderna del Río de la Plata, fue ocultado y olvidado.

Croce tampoco sabía que él mismo correría una suerte similar al no haber sido reeditado por más de medio siglo.

Benedetto Croce, (Pescasseroli, 1866 – Nápoles, 1952) , ya en el siglo XX, reconoce su genealogía intelectual en Vico a quien reverencia por ser uno de los mayores maestros de la historia de la filosofía de la cual su propio pensamiento está compenetrado y sobre el cual escribe su libro “La filosofía de Giambattista Vico”.

Benedetto Croce, quien escribiera la protesta por el Manifiesto de los intelectuales fascistas influyó en el siglo XX sobre los mexicanos Vasconcelos y Antonio Caso en el Ateneo, así como sobre varios políticos como Mariátegui en Perú y envió su ponencia al Congreso de Filosofía en 1949 cuando Perón presenta su ponencia La comunidad organizada.

Perón también sostiene que la única verdad es la realidad.

Pero las luminarias filosóficas que sostuvieron que la historia la hacen los hombres fueron siempre oscurecidos por los avatares políticos, por los “ilustrados poderosos” que pretenden siempre importar y universalizar civilizaciones y paradigmas.

Por eso son importantes los hombres como Fermín Chávez y las corrientes revisionistas de la historia y por eso también Chávez fue “oscurecido”.

Chávez nos explica que en castellano la palabra historicismo deriva del alemán Historismus, utilizada por Kurt Werner en 1877 para hablar de la filosofía de la historia de Giambattista Vico. Para Fermín la palabra historismus o historicismo significa una corriente “filosófica y la metodología que exigen comprender y juzgar hechos, pueblos y épocas del pasado de acuerdo a sus condiciones históricas particulares, es decir, con exclusión de toda generalización racional de los mismos” .

También nuestro pensador sostiene que el historicismo federal fue explicado y justificado por los principales expositores en el Salón de Marcos Sastre en 1837donde la “presencia de Herder en la librería es sólo indirecta, pero la de Vico asoma como una introducción directa debida a Pedro de Angelis” a quien califica de historicista romántico.

Distingue el historicismo en dos “faces”: la puramente jurídico institucional semejante al federalismo norteamericano y la “face” cultural “en la que la teoría cede su preponderancia a los ingredientes metarracionales, como me gusta llamarlos: las creencias fundamentales del pueblo argentino, actuantes como la corriente de un río”.

Alberdi reconoce la influencia de Vico por su principio de los corsi e ricorsi de acuerdo al cual, el Derecho evoluciona en forma cíclica y como la lengua aparece con carácter propio, “a par de los otros elementos de la civilización”, por lo cual el pueblo debe modificar sus leyes de acuerdo a las nuevas necesidades de progreso.

También reconoce la influencia del napolitano en su concepción del hombre como hacedor de su propia historia.

Para Chávez, el historicismo de Alberdi se manifiesta claramente en el Fragmento preliminar al estudio del Derecho cuando sostiene “Al paso que nuestra historia constitucional no es más que una continua serie de imitaciones forzadas y nuestras instituciones una eterna y violenta amalgama de cosas heterogéneas…Los pueblos como los hombres hacen sus jornadas de pie y paso a paso”

Hablando del Salón literario de Marcos Sastre, Chávez nos recuerda que el nacionalismo cultural se atribuye fundamentalmente a Echeverría y a Alberdi, pero frecuentaban el salón también López y Planes, Pedro de Angelis y Felipe Senillosa.

Allí se hacían lecturas de Vico, de Herder y de Jouffroy.

Reconociendo la impronta viquiana y herderiana, Chávez cita a Sastre cuando afirma que “ La razón y la experiencia han puesto al descubierto el extravío de una marcha política que guiada sólo por teorías exageradas, y alucinada con el ejemplo de pueblos de otra civilización, no ha hecho más que imitar formas e instituciones extranjeras; cuando todo se debía buscar en el estudio de la naturaleza de nuestra sociedad, de sus vicios y sus virtudes, de, su grado de instrucción y civilización, de su clima, su territorio, su población y sus costumbres; y sobre todo establecer el sistema gubernativo que mejor los llenase.

Esa errada marcha es la que he designado con el nombre de error de plagio político”

HACIA UNA PEDAGOGÍA NACIONAL Y LATINOAMERICANA

“Sólo queda un camino, completar la emancipación política con una emancipación mental”
Andrés Bello

“Es el colonialismo el que crea el patriotismo del colonizado”
Jean Paul Sartre

Muchos intelectuales latinoamericanos se han mirado en un espejo deformado por el cual se creían otros, como definían el boliviano Tamayo y el mexicano Antonio Caso catalogándolos de bováricos, aludiendo a Madame Bovary que se creía otra, negándose a sí misma.

Llama la atención que tanto en México como en Bolivia tomen una novela francesa de Gustave Flaubert para describir a los intelectuales que se miran a sí mismos desde el iluminismo o positivismo europeo o de una pretendida razón universal.

Pero no llamaría tanto la atención si recordáramos que quienes hicieron la revolución republicana antimonárquica con sus banderas de libertad, igualdad y fraternidad en 1789 y proclamaron la Declaración de los derechos del Hombre para todos los ciudadanos franceses , dos años después de bloquear a Montevideo y Buenos Aires, en 1837, se produce la primera intervención francesa a México y en 1862 intervienen nuevamente a ese país y ocupan la ciudad de México logrando en1863 coronar, con apoyo vernáculo, al Emperador Maximiliano que ejerció su mandato hasta 1867 cuando las tropas republicanas lo fusilan.

La razón ilustrada republicana y la primera Declaración de los derechos del hombre eran sólo para los europeos ya que a América Latina le impusieron un monarca a sangre y fuego, así como sus diversas expresiones culturales, idioma, filosofía, literatura, artes plásticas, música o teatro.

Era más culto copiar a Rodin que cualquier expresión artística autóctona.

Durante mucho tiempo, en Nuestra América se menospreció el pensamiento latinoamericano, sosteniendo que no era una verdadera filosofía, pensamiento minusválido que supuestamente no se acercaba a los paradigmas griegos y europeos que tenían “verdaderos filósofos” como Platón, Aristóteles, Hegel, Descartes entre tantos otros.

Quienes desprecian el pensamiento latinoamericano pueden desconocer que quiere decir filosofar o quizás son “profesores de filosofía (ajena)”, de teorías griegas o europeas que reflexionaban sobre el ser, la relación del hombre con su mundo, con su época o con la naturaleza”

Al decir de Leopoldo Zea, “sobre el ser, el conocer y el querer”.

Quizás como dice el filósofo mexicano, suscribían lo que decía Hegel de nuestra cultura que era “eco del Viejo Mundo y reflejo de ajena vida” .

Ya hace tiempo que sabemos que la filosofía no es la creación de un sistema cerrado en sí mismo, una cavilación abstracta y abstrusa, sino una reflexión, un afán de saber, de resolver aporías y enigmas, no de un Hombre abstracto y universal, sino de un hombre en una época y circunstancia concreta.

Los filósofos siempre intentaron resolver problemas de su propia realidad, encontrar una salida de los callejones oscuros y muchas veces indescifrables laberintos.

Para Zea, el filósofo trata de reflexionar “de volverse sobre sí mismo y sobre la realidad, enfrentando sus problemas y tratando de darles la solución más adecuada, lo más amplia y, de ser posible, la definitiva” .

Es fundamentalmente una tarea, una actitud crítica.

Esa actitud crítica fue la que llevó a muchos filósofos latinoamericanos a profundizar sobre la conciencia y el ser nacional, sobre la problemática compleja de una región mestiza desde la llegada de los colonizadores que se encontraron con culturas ancestrales propias.

Pensadores que buscaban cómo resolver los problemas desde la experiencia del hombre americano, que sabían que el que copia se equivoca como decía Simón Rodríguez, el tutor de Simón Bolívar.

Por eso José Martí nos decía que la Universidad Europea debía dejar paso a la Universidad Americana. Para ello, la Universidad Americana debe enseñar la historia de América, de los incas a nuestros días al dedillo “aunque no se enseñe en detalle la de Grecia”.

Concluye que “nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra…Los pedantes, los que ven con desprecio nuestra historia, nuestro modo de pensar y actuar, deberán callar, que no hay patria en que pueda tener el hombre más orgullo que en nuestras dolorosas repúblicas americanas” .

En realidad, desde los filósofos griegos hasta los pensadores europeos se ocuparon de los problemas del hombre con la naturaleza, del hombre ante la crisis de la polis o la reorganización social después del fin de la esclavitud o de la democracia después de la revolución francesa.

Y para expresarse, usaron los diálogos, las máximas, la poesía o el teatro sin constituir sistemas cerrados. Por el contrario eran experiencias dialógicas abiertas en su interpelación.

En fin, para Zea, toda la filosofía europea u occidental termina en una preocupación política.

Así fue que la teoría de las ideas de Platón terminó en La República; la Metafísica de Aristóteles en La política; la filosofía de la historia de San Agustín en el orden de la Iglesia o El Discurso del Método cartesiano que orientó la Revolución francesa.

Concluye el filósofo mexicano que los latinoamericanos “se enfrentarán de inmediato, a la búsqueda de un orden libertario que sustituya el orden colonial.

Cambiar la sociedad y cambiar al hombre… los latinoamericanos propondrán no sólo nuevas formas de organización sino, además lucharán por su realización…

Pensarán sobre la forma de cambiar una realidad, que consideran que le es ajena, pero luchando al mismo tiempo por hacer realidad tal pensamiento. Son al mismo tiempo, hombres de pensamiento y de acción. Filósofos y políticos” .

Quizás podamos comprender mejor cómo y por qué en la actualidad se amalgaman en torno a la Causa Malvinas los pueblos y gobiernos de Nuestra América que han sufrido tanto la conquista como el despojo y la colonización territorial y mental, frente a una nueva embestida militar de los británicos en suelo americano.

Quizás el “continente de siete colores”, al decir de Arciniegas, poblado por pueblos originarios, con pueblos traídos como esclavos desde el África, con asiáticos llegados desde el pacífico y con europeos descendientes de colonizadores o migrantes huyendo de guerras o hambrunas en su propia tierra, se emancipe mentalmente y deje de copiar modelos económicos y sociales e importar ideas que no surgen de su propia realidad.

Quizás podemos reconocer en la actualidad a nuestros filósofos que comprendieron el colonialismo económico y mental y buscaban comprender el ser nacional y los destinos continentales como los argentinos Scalabrini Ortiz, Jauretche, Marechal, Ugarte o los mexicanos como Vasconcelos o Alfonso Reyes, o el uruguayo José Enrique Rodó o el venezolano Andrés Bello, o el cubano José Martí y tantos otros que pensaron el colonialismo y lucharon contra él.

Quizás llegó la hora de asumir, como le escribió en 1819 Artigas a Bolívar que “Nosotros no debemos tener en vista lo que respectivamente podamos, sino lo que podrán Todos los Pueblos Reunidos, porque adonde quiera que se presenten los peninsulares, será a Todos los Sudamericanos a quienes tendrán que enfrentar”.

Nuestra América, nos dijo Martí, Patria Grande, nos dijo Ugarte, Indoamérica, nos dijo Haya de la Torre, Hispanoamérica, nos dijo Vasconcelos, Eurindia, nos dijo Ricardo Rojas y otros tantos nombres que nos indicaban la necesidad de pensar desde nuestra realidad y para reunir en un mismo destino lo que intereses políticos y ajenos a la región, habían logrado fragmentar.

Franz Tamayo, en 1910, en su libro “Creación de la pedagogía nacional”, sostiene que “los internacionales europeos se disfrazan de universales: Ideal de la humanidad!

Esa es una irrealidad que no ha existido nunca sino como un producto artificial y falso del romanticismo francés (oh, ingrato Rousseau!) y que las naciones no han practicado jamás, ni hoy ni antes.

Imaginaos un poco al Imperio Romano o al Imperio Británico teniendo por base y por ideal el altruismo nacional.

Qué comedia!”

Otro boliviano, Guillermo Francovich en 1945, en “La filosofía en Bolivia” sostiene que el hombre universal no existe, “cada tipo humano es una manera de encarar el mundo.

Por consiguiente, a cada hombre le corresponde una filosofía, una gnoseología, una lógica y una ciencia propia … surgirá una concepción del mundo indoamericana que será expresión de su propio modo de sentir, ver y pensar” .

Es el momento en que los universitarios argentinos debemos aprender y enseñar finalmente desde la historia y también desde la filosofía, los problemas que aquejan a nuestra región así como la vocación y la voluntad de construir un destino común.

Para ello, la pedagogía en las escuelas y en las aulas universitarias debe mancomunarse no sólo porque tenemos un mismo idioma, sino porque tenemos un lenguaje histórico común que surge de la misma problemática, de la colonización económica, territorial, ideológica, cultural y pedagógica que nos ha sometido secularmente.

Debemos por ello aunar y releer a los pensadores latinoamericanos que buscaron soluciones con nuestros ojos y desde acá.

Seguimos siendo el Continente de siete colores, esa raza cósmica que decía Vasconcelos.

Por eso debemos ser quienes manejemos nuestros destinos para conquistar nuestra definitiva soberanía y nuestra libertad.

Otros pensadores latinoamericanos y pensadores- gobernantes, concebían como forjar una Nación independiente, con su propio modelo societal, con su propia propuesta para resolver la ecuación entre libertad e igualdad, la cuestión sigue siendo la emancipación mental.

Para Jean Paul Sartre en su prólogo al Retrato del colonizado de Albert Memmi , es el colonialismo el que crea el patriotismo de los colonizados, ya que para Memmi, el colonizador se esfuerza en falsificar la historia, en transformar su usurpación en legitimidad.

Por esa razón surge la necesidad para el colonizado de redescubrise a sí mismo, su propia cultura, sus propias necesidades desde la mismidad y no desde la otredad que se impuso.

Estamos seguros que la lectura de Fermín Chávez despertará en los jóvenes la necesidad de redescubrir los caminos para transitar junto al resto de los pueblos de Nuestra América hacia la definitiva emancipación cultural, necesaria para dejar de hacer malas copias y plagios de ideas ajenas, de muchos Prósperos.

Chávez nos propone que asumamos el Calibán en vez de Ariel. Sostiene que ya hemos logrado la identificación con Facundo y con Calibán y superado el “complejo de Próspero” que supone la aceptación de la colonización mental.

Para el autor, Calibán es el Facundo y el Martín Fierro en nuestro ámbito cultural, “símbolos del pueblo militante” .

Julio Antonio Mella en 1924 hace una gran distinción entre intelectuales y Tartufos y sostenía:

“Con el tiempo las grandes palabras, que expresaban grandes ideas, se han ido corrompiendo como ríos que encontrasen cerrados sus desagües propios.

El torrente se convierte en pantano, la verdad en mentira, porque el torrente como la verdad necesita del movimiento constante, de la agitación fecunda.

Libertad. Igualdad. Fraternidad. Patria. Derecho.

Son bellas palabras aunque fueron grandes ideas ayer.

Hoy, libertad es el permiso, de una casta a esclavizar a otras.

Igualdad, el abrazo que se dan al asesinarse mutuamente los hombres en las luchas fratricidas.

Fraternidad, la camaradería de los miserables esclavizados por un mismo amo.

Patria, el huerto donde los pocos comen los frutos que los más cultivan.

Derecho, la defensa de los más fuertes, al saciar sus apetitos.

Una nueva palabra va entrando en la clasificación anteriormente expuesta, en el rango de las palabra-tambor, diríamos así, por tener mucha sonoridad y estar vacías como los parches guerreros.

Esta palabra es: intelectual.

Al patricio, inculto, al señor feroz, al clérigo taimado, al noble vanidoso, al militar fatuo, ha venido a sustituir en el momento presente el intelectual rastrero.

Pretende bajo un nombre que encierra una gran idea, establecer una forma de tiranía tan odiosa como la del patricio, la del señor, la del clérigo, la del noble, la del militar.

Concentra en sí todos los vicios capitales de los antiguos amos, más el refinamiento de su cultura que le permite con gran hipocresía aparentar que no los tiene formando así sus legiones de prosélitos.

Ha triunfado y ocupa todos los puestos altos de la vida, no los puestos cumbres.

Una montaña es una cumbre, un carrousel es una altura.

Están en las academias, en las universidades, lo mismo entre los profesores y rectores que entre los alumnos, y en los puestos del gobierno han encontrado su mejor habitación.

Son como las pulgas en el órgano auditivo de los perros.

Intelectual es el trabajador del pensamiento.

¡El trabajador!, o sea, el único hombre que a juicio de Rodó merece la vida, es aquel que empuña la pluma para combatir la iniquidades, como los otros empuñan el arado para fecundizar la tierra, o la espada para libertar a los pueblos, o los puñales para ajusticiar a los tiranos.

A los que denigran su pensamiento esclavizándolo a la ignorancia convencional o a la tiranía oprobiosa no debe llamárseles jamás intelectuales.

«Guardemos las bellas palabras, que son pocas, para las cosas grandes, que son más pocas todavía”.

No dudamos en utilizar la bella palabra de intelectual para Fermín Chávez que empuñó la pluma para combatir iniquidades, fundamentalmente describiendo el coloniaje mental y proponiéndonos otra llave para entender nuestra historia y lograr la emancipación cultural.

AJ/