El problema es la concentración creciente a manos del poder, y esto es lo que debe revertirse.

ESTA SOCIEDAD ESTÁ ENFERMA DE ANTIPERONISMO

Por Julian Denaro*

En el primer gobierno de Perón (1946-1955), Argentina tuvo un proyecto industrial, tecnológico, científico, marítimo y aéreo que consiguió la independencia económica, consagró una legislación laboral de avanzada y conquistó soberanía cultural con la Universidad.

Por Julián Denaro*

NAC&POP

21/11/2021

En el primer gobierno de Perón (1946-1955), Argentina tuvo un proyecto industrial, tecnológico, científico, marítimo y aéreo que consiguió la independencia económica, consagró una legislación laboral de avanzada y conquistó soberanía cultural con las universidades gratuitas, las empresas de servicios nacionalizadas, marina y aerolínea de bandera propias, la pujante clase trabajadora compartiendo lugares de vacaciones que antes eran privativos de los sectores más ricos, fabricábamos autos, tractores, locomotoras, aviones, barcos y habíamos desarrollado una matriz energética de avanzada con grandes represas hidroeléctricas y centrales nucleares. Además, Perón sabía que la integración regional sería indispensable para neutralizar los embates del imperialismo anglosajón. Por eso, el Primer Ministro Británico Winston Churchill dijo: “No dejen que Argentina se convierta en potencia, arrastrará tras ella a toda América Latina”

El 16 de junio de 1955, a través de manejar nuestra propia fuerza aérea, el imperio decide desatar un bombardeo sobre nuestra propia Plaza de Mayo y Casa de Gobierno, ocasionando muchos muertos y heridos.

Y tres meses más tarde, comandando nuestra propia marina, apuntan sus cañones hacia el Puerto de Buenos Aires y las destilerías de La Plata.

Perón decide renunciar, explicando posteriormente que nada bueno puede construirse sobre un millón de muertos. Winston Churchill, en su discurso en la Cámara de los Comunes, en 1955, confiesa que “La caída del tirano Perón en la Argentina es la mayor reparación al orgullo del Imperio, y tiene para mí tanta importancia como la victoria de la segunda guerra mundial, y las fuerzas del Imperio Inglés no le darán tregua, cuartel ni descanso en vida, ni tampoco después de muerto”

El peronismo estuvo proscripto durante 18 años, tiempo en el cual Perón estuvo exiliado en Madrid, España.

Se instaló el terror, con fusilamientos, persecuciones políticas, intervención de la CGT y los sindicatos, estado de sitio permanente, intervención en el sistema educativo y eliminación de los programas económicos de desarrollo con independencia económica, que fueron reemplazados por un modelo conservador que volvió a endeudarse, perdiendo la independencia económica y la soberanía política.

Por todo esto, el peronismo denominó a esta, la etapa de la Resistencia.

El 17 de noviembre de 1972, se produce el regreso de Perón al país, y cientos de miles de militantes peronistas fueron a recibirlo a Ezeiza, bajo la lluvia, bajo la represión del ejército con gases y balas, y cruzando el río Matanza armando cadenas humanas.

Semejante épica se celebra con orgullo cada 17 de noviembre como el día de la militancia peronista.

Pero las palabras de Winston Churchill están encarnadas en los mecanismos de hoy.

Se propusieron no darle tregua en vida, pero tampoco después de muerto. Ahí tenemos el gran problema cultural.

Las corporaciones dominantes aliadas con el imperialismo colonialista norteamericano, manejan los medios de difusión instalando continuamente un conjunto de creencias asumido como cierto por un porcentaje de la población desprevenida.

Consiguieron difundir un sentimiento de desprecio hacia la corrupción y hacia la vagancia, vinculando ambos males con el peronismo, o con el kirchnerismo.

De esta forma, el sentimiento gobierna la intención de voto de millones de argentinos, que manejados por ese sentimiento son capaces de votar aún contra sus propios intereses.

Pues claro, votar contra uno mismo es estar enfermo.

A tal punto se ha expandido esta infección, que hoy en día el conservadurismo, la derecha, puede expresar sin pudor su proyecto político y ser igualmente votado por millones de personas.

Declaran sin vergüenza que quieren dar libertad para despedir sin indemnización aún arbitrariamente, subir las tarifas, elevar el tipo de cambio, arancelar las universidades, liberar la economía que sabemos destruye la industria y el empleo, a la vez que estigmatizan beneficiarios de planes sociales, implicando con ello la exclusión social y la violencia simbólica.

Con caradurismo absoluto manifiestan que quieren abolir la legislación laboral peronista y establecer la flexibilización laboral.

Esto es, quitar las vacaciones pagas, el sueldo anual complementario, los convenios colectivos de trabajo, reducir el poder de los sindicatos, desfinanciar las obras sociales y aumentar la informalidad. Increíblemente, la enfermedad impide pensar, de otro modo no puede comprenderse cómo un laburante vota en contra de sus propios intereses.

En las elecciones del 2015, nos preguntábamos cómo podía ser que trabajadores hayan votado a Macri, quien decía que el salario es un costo para la empresa que debe reducirse a lo mínimo posible.

Al mismo tiempo, no entendíamos cómo podía ser que alumnos de universidades públicas y gratuitas votaron a quien decía que no quería universidades por todos lados.

Hoy se repite la historia.

El macrismo – larretismo – vidalismo – santillismo anuncia que quiere subir las tarifas, los impuestos, los peajes, las patentes y desregular la economía.

Y la gente los vota igual. Vidal dijo que los pobres no llegan a la universidad, y la votaron igual.

La sociedad está enferma de antiperonismo.

Se denomina corriente de derecha al conservadurismo manejado por el poder concentrado que, precisamente, pretende sostener en el tiempo el manejo de todos los recursos, apropiándose de un porcentaje creciente de la renta nacional, sin importarle que por su consecuencia deviene el despojo y la exclusión para las mayorías.

Conservadurismo y derecha son la concentración económica.

El peronismo actúa enfrentándose al poder concentrado procurando una distribución del ingreso más justa, equitativa, igualitaria e inclusiva.

Pero claro está, las derechas, a través del manejo del poder judicial y el poder mediático, consiguen engañar a los pueblos del mundo que, confundidos, acaban votando en contra de sus propios intereses, concediendo el manejo político y económico a sus verdugos, que sólo proceden a diseñar mecanismos de rápido enriquecimiento para ellos mismos, con su contracara de mayor hambre y pobreza para quienes les dieron el voto.

Lamentablemente, el disfraz utilizado por las derechas puede consistir en maquillajes novedosos que encandilan a los desconocedores de la historia.

Así, una parte de la juventud parece fascinada con la idea de la libertad.

Pero ese liberalismo – neoliberalismo no es novedoso sino que es la práctica más antigua y retrógrada, sin equivocar el adjetivo.

En el mundo hay 80 personas que tienen la riqueza de la mitad de la población, que son 4.000 millones de personas.

El problema es la concentración económica, que quiere libertad para asegurarse la continuidad en el poder.

Véase que hoy, mientras se está viviendo la recuperación económica, conociendo que la economía argentina creció en 2021 casi un 10%, los trabajadores estamos cada vez peor y participamos cada vez menos del total de riqueza producido por el conjunto del país.

El problema es la concentración creciente a manos del poder, y esto es lo que debe revertirse.

Despojado de vergüenza, un defensor de las patronales del campo me dijo esta semana: “Nosotros queremos libertad para mejorar la oferta”. Mi respuesta fue que nuestro problema no es la oferta, ya que producimos alimento para 500 millones de personas, sino la distribución, ya que 10 millones de habitantes de nuestro país sufren problemas para alimentarse.

No necesitamos mayor oferta sino una distribución más justa y equitativa.

Ellos pretenden libertad para ejercer abuso de su posición dominante y quedarse con toda la riqueza del pueblo argentino.

Nosotros, el pueblo, necesitamos, a través del Estado, ejercer herramientas cada vez más duras, cada vez más firmes, cada vez más peronistas, para defender una más justa distribución de la riqueza para el conjunto del pueblo argentino, y no a favor de unos poquitos, que lo que quieren es que se les quiten las retenciones, que se eliminen los cupos de exportación y que suba el dólar, para quedarse ellos con toda la plata.

La libertad para ellos nos empobrece a nosotros.

Tenemos que iluminar de formación y de conocimiento al pensamiento y a los jóvenes.

Así como desde el 2003, el período kirchnerista atrajo a las juventudes a participar en la política como una herramienta de transformación social, los seis años continuos de destrucción del poder adquisitivo de las familias argentinas desde diciembre de 2015, despojó a los nuevos jóvenes de experiencias beneficiosas durante demasiado tiempo para ellos.

Tenemos que enseñar, y también tenemos que iniciar urgente un período de recuperación del bienestar social, para atraer a esa generación que se dejó encandilar muy fácil por los libertarios.

JD/

 

NAC&POP: (*) Julián Denaro, es economista (UBA), columnista económico en Televisión y Radio, Profesor en Universidades Nacionales (UBA y UNLAM), Doctorando en Ciencias Económicas en UNLAM y terminando la Licenciatura en Psicología en la UBA. Autor de seis libros, siendo los dos últimos “Del país dividido a la revolución cultural” (2017) y “Argentina entre las disputas de poder 2012-2019” (2019), y escribiendo dos nuevas obras. MG/N&P/