¡Minga de guerra perdida!

¡¿ QUE TE PASHA CLARIN !?

Por Ignacio Lizaso*

El pueblo militante cumplió gozosamente con la tradicional cita en su plaza de Mayo. Volvió a extender el abrazo de unidad y a escuchar mágicamente el limpio sonido de las tres voces que si bien en la ausencia siguen siendo guía y orientación, nunca dejan de ser añoradas.

Día de la Militancia Peronista. la Multitud en la Plaza de Perón.

Por Ignacio Lizaso

NAC&POP

17/11/2021

El pueblo militante cumplió gozosamente con la tradicional cita en su plaza de Mayo.

Volvió a extender el abrazo de unidad y a escuchar mágicamente el limpio sonido de las tres voces que si bien en la ausencia siguen siendo guía y orientación, nunca dejan de ser añoradas y aniquiló las fantasías destituyentes de los líderes de Juntos y los seudo libertarios.

Los rastros directos del origen de tales fantasías se remontan a junio de 2016, cuando Julio Blanck proclamó el manifiesto del periodismo sin escrúpulos.

«Fuimos buenos haciendo periodismo de guerra. Estamos vivos, llegamos vivos al final, al último día», declaró como responsable de la sección política de Clarín.

Y arriesgó un par de conjeturas que serían testimonio de su desequilibrio de mercenario.

Arrancó diciendo: «Macri sabe qué hacer con el poder y cómo conservarlo».

Fiera venganza la del tiempo (máxima tanguera), la segunda conjetura hoy suena patética: «si Cristina vuelve al centro de la escena Macri se queda como presidente el tiempo que tenga ganas».

La fresca victoria de Cambiemos significaba para Blanck que se había llegado al final de la guerra con derrota y retirada del enemigo.

Y lanzaba un grito de triunfo falso, miserable, con un claro destinatario: el único enemigo que no estaba vivo, no había llegado vivo: Néstor Kirchner.

Penosa revisión de la bravata de Blanck.

Que en cierto modo tuvo la suerte de no asistir a las exequias de su ejercicio de futurología política.

Murió en septiembre de 2018, 13 meses después eran hechos reales la victoria del Frente de Todos y la por él descartada vuelta al centro de la escena de CFK.

Y Macri, al mazo.

Minga de final, minga de último día.

Sólo faltó quien planteara el festejado: «¿qué te pasha, Clarín?».

Estoicamente soportados los 4 años de gobierno de Cambiemos, Alberto Fernández inició su gestión tendiente a reconstruir el país arrasado por la familia Macri y sus cómplices: los ceos, las grandes corporaciones y la justicia, con la calamitosa influencia del covid-19.

Con el resultado de las Paso florecieron las esperanzas de los sectores más duros de la oposición, el radicalismo aliado y los nuevos alaridos de Libertad Avanza-Democracia Recula.

Relegado en el orden partidario por Horacio Rodríguez Larreta y jaqueado por las decenas de causas en trámite por toda clase de delitos, de corrupción a espionaje, Macri se refugió en la Fifa, la cátedra Adam Smith de una ignota universidad yanqui – intentó lograr una entrevista con Smith, pero se enteró, perplejo, que había muerto en 1790 – y una creciente actividad en la campaña preelectoral a partir de su participación accionaria en La Nación, en sociedad con Nicolás Caputo, Marcos Galperin y el grupo Techint.

En una aparición por tevé histeriqueó amenazante: «pierden y se van».

También su partenér Patricia Bullrich vaticinó derrota y retirada. Juntos cuenta con el aporte de dos bufones: Hernán Lombardi y Martin Tetaz.

En medio de un acto proselitista Tetaz movilizó su poco agraciada figura bailando al grito de: «¡vamos, que se van!», que repetía en tono de cántico de barra brava.

El citado diario La Nación se permitió pronosticar una derrota más amplia para noviembre y sus consecuencias: «Alberto tiene el destino de quedar como presidente de transición, el rol de Duhalde después de la crisis del 2001».

A propósito de esta corriente de insultar, ofender y acusar sin pruebas, vale recordar la actitud de Pepe Mujica, que ante acusaciones de corrupción en su gobierno, harto de desmentidas y rectificaciones solicitó que se derogara la ley uruguaya que prohibe la realización de duelos.

«Hay cosas que no se arreglan con palabras y papelerío, no digo a espada porque estoy viejo, pero sí a pistola, a ver quién se aguanta lo que ha dicho», consideraba Pepe.

En este campo vale subrayar que siguen su curso las acciones legales iniciadas por Hugo Sigman, Ginés González García y el presidente Fernández contra la Bullrich, autora de una acusación de requerimiento de coimas a Pfizer para aprobar la compra de la vacuna.

No olvidar que esa señora hizo lobby a toda máquina a favor de la Pfizer.

Adjudicándole a Alberto el rol de Duhalde reaparecía el periodismo de guerra.

A esta altura cabe señalar que la estrategia de desencadenar una línea opositora brutal y sin escrúpulos contra el peronismo comienza en 1945.

La Prensa reprodujo entonces el texto del Libro Azul, orquestado por el embajador Spruille Braden – y pagado por Otto Bemberg y otras poderosas empresas locales – para descalificar a Perón.

El diario de los Paz encabezó el desembozado apoyo a la Unión Democrática, línea que culminó con una feroz transgresión a las normas básicas de la ética periodística.

Sólo 31 días después de las elecciones, durante los que ignoró por completo el aplastante triunfo del peronismo,

La Prensa se dignó publicar la noticia.

Según informa United Press, tercerizaba, en los comicios del 24 de febrero obtuvo mayoría de votos el Partido Laborista.

No nombraba a Perón, censura que prolongó hasta su clausura 5 años más tarde.

Se lo ignoraba usando como fórmulas dictador depuesto, o tirano prófugo.

El colega Eduardo Anguita contó que en 1976 Joaquín Morales Solá, corresponsal de Clarín en Tucumán, era fotografiado en la Escuelita de Famaillá, centro de tortura y asesinato, al lado del general Acdel Vilas, a cargo de las fuerzas represivas en la región.

A mediados de 1981 el mismo Morales Solá, ahora editorialista político de Clarín y asesor del general Roberto Viola, entonces en funciones de presidente de facto, osaba proponer: «el país debe aprender a interpretar los silencios del general».

El general a secas… Sólo un hombre conquistó ese trato, y no fue José de San Martín.

El domingo pasado la oposición confiaba en una victoria por 10 puntos en la provincia de Buenos Aires y que la Vidal superase el 50 % en capital.

La expresión de las caras que se vieron esa noche en el bunker de la coalición era fiel reflejo de la honda decepción de esta mersa.

De todas maneras se apreció que Macri y la Bullrich eran ubicados en un notorio segundo plano.

El lunes pretendieron lucir otro semblante y se largaron a reiterar una burla inaugurada por Morales Solá (hoy casualmente de turno): que los directivos del Frente hayan perdido y sin embargo festejen, es señal de que no están capacitados para leer la realidad.

La asamblea del miércoles fue un auténtico nocáut para la dividida oposición.

Quizás evocando las patas que supieron refrescarse en las fuentes, la militancia pisoteó todas y cada unas de las fantasías de inmediata destitución enarboladas por Macri, la Bullrich y el embajador Marc Stanley.

Llamó la atención la advertencia de la embajada, presuntamente dirigida a turistas compatriotas, en el sentido que sería peligroso arrimarse a la plaza de Mayo «por la naturaleza impredecible del peronismo».

¿Se debe definir como predecible a la naturaleza de la turba trumpiana que tomó por asalto el Capitolio?

Han transcurrido 1978 días desde aquel que Blanck quiso consagrar como último de la guerra.

Y no renunciamos a celebrar nuevos amaneceres que vean al país alcanzando las metas fijadas en 2019 precisamente en la plaza de Mayo.

En el último trimestre los 17 harán sentir su peso de lealtad y militancia.

Héctor Magnetto nunca creyó en la certeza de esa especie de decreto de necesidad y urgencia que se permitió firmar su pluma política.

De ahí que Clarín G (G de guerra) nunca dejó de velar las armas.

Aunque cuida sus expresiones y no se ha sumado francamente al vamos-que-se-van, ni al reclamo de transición, para Larreta resultó un amargo testimonio la fervorosa y alborozada presencia de los militantes.

Uno de sus sueños debe ser, sin dudas, desarrollar un proyecto inmobiliario en plena plaza de Mayo.

Otro sueño, acaso el más deseado, es trepar de la Intendencia a la Casa Rosada.

Los 100.000 militantes representan a los millones de votos que le van a cortar el paso.

Una vez más la muchachada y la vieja guardia reafirmaron que la plaza es del pueblo.

IL/