En un mensaje grabado anunció el envio al Congreso de un proyecto en busca de mancomunar a oficialismo y oposicion en torno al FMI

EL AGRAVIANTE ANUNCIO DE UN DOMINGO ELECTORAL.

Por Tomás Pérez Bodria

Tengo la impresión que algunos de nuestros dirigentes no terminan de calibrar la violencia que estos «jueguitos» están engendrando en el seno de nuestra sociedad y el cono de penumbra que alumbra sobre la Patria.

Por Tomás Pérez Bodria

NAC&POP

19/11/2021

El presidente Fernández, cuando aún no se terminaba de conocerse el resultado electoral, en un mensaje grabado anunció el envio al Congreso de un proyecto en busca de mancomunar a oficialismo y oposicion en torno a la aprobación de cuanto se lleva acordado con el FMI.

Se promete la obtención de metas hacia las que ya camina la República y un absoluto «control de daños» para el pueblo argentino.

La tan mentada recuperación macroeconómica en el país se producirá seguro, sobre todo por cuanto el FMI y el establischment entienden por tal.

En eso no hay disonancia con las imposiciones del FMI.

Ahora, lo del «acuerdo sustentable», merece aclararse.

¿Sustentable para quien?

¿Hay algún acuerdo con el FMI que permita sustentar un rescate de la pavorosa pobreza en que ha quedado sumida la mitad de pueblo argentino a partir del plan Macri, su admnistración por el gobierno que votamos y su agravamiento por la pandemia?

Sabemos que cualquiera sea e plan acordado el país no contará con los dólares para pagarlo, por lo que este y los sucesivos gobiernos se verán obligados a renovarlo a cada vencimiento y eso conllevará ineludiblemente la profundización de la dependencia en un marco de colonización de la Patria.

Lo vivimos muchas veces.

Por lo tanto cuando Guzmán y Alberto hablan de plan sustentable, sólo están vendiendo humo para morigerar la reacción interna.

Conocen fehacienemente que se trata de un ajuste que caerá sobre «los de siempre».

Ajuste que está en curso antes de firmarse nada.

El término plan sustentable cuanto trata es imponer como sentido común de la más amplia capa de la población posible -no muy concientizada- que ese acuerdo no sólo no le será perjudicial, sino que posibilitará «sustentar» un crecimiento con inclusión social.

Claro, como Alberto se cuenta entre los que «bajaron de los barcos», ha de considerar que los que por estar en tierra (nuestra tierra) en lugar de gritar «tierra» gritaron «barco», son todos boludos.

Y lo cree porque sabe, como nosotros que, por ejemplo, el nuestro es el único país del mundo en el que se consagró electoralmente a un gobierno entre cuyas promesas se destacaba la de producir un tarifazo.

Seguramente allí se afirma para confiar en que esa misma población volverá a pegarse un tiro en los pies, tragándose este nuevo caramelito sin chistar.

Sin embargo me parece que hay dos cuestiones que él y todos los que desde el FDT avalan su postura, no están calibrando:

1) Que la Argentina ya no es el país que recibió Macri con bajas tasas de desocupación, desendeudamiento y un 25 por ciento de pobreza.

Muestra hoy altas tasas de desocupación, está hiper endeudado (más allá del pseudo préstamo del Fondo) y, sobre todo, duplicó a partir del 2018 su tasa de pobreza e indigencia, subiendo el piso estructural de las mismas;

2) Que tras comprobar el desastre que se consumaba, fue la reacción de una gran parte del pueblo argentino luchando en las calles, la que se opuso fuertemente a la entrega neoliberal y se encargó de despedirla electoralmente en 2019.

Es cierto también que esa reacción contó con la referencia de una líder política recipendaria del favor de las grandes mayorías populares, cuyo capital político, a partir del rumbo seguido por la «criatura» que ella misma inventó, luce menos vigoroso y perdiendo peso a favor del que, por el contrario, ganan aceleradamente sus supuestos socios paritarios en la conducción del gobierno y del FDT.

Y digo supuestos porque, a la luz de la forma de resolverse los temas centrales y la interpretación que alumbra del resultado electoral del domingo, pareciera que ellos ya no se sienten obligados a reconocerle a Cristina el capital mayoritario que electoralmente aportara a la coalición.

Que más bien, por el contrario, asidos a las riendas del control de la conducción del Estado que ella misma les concedió, sienten que dicho capital ya está suficientemente licuado como para seguir permitiéndole disponer del asiento que se supone que ocupa «en la mesa del directorio».

Y, con dolor reconozco, que Cristina hace bastante para que se genere tal convicción que, de seguirse por ese camino, ha de confirmarse en la realidad.

La gente común de nuestro pueblo, que es común pero no pelotuda, no entiende que al tiempo que se le explica que el préstamo del FMI a Macri constituyó la estafa más grande de la historia, urdida en conjunto por ambos, ahora lo tenga que pagar con su sacrificio «sustentable».

Y menos lo entenderá cuando se concrete este nuevo GAN (Gran Acuerdo Nacional) que se propone a instancias del mismo FMI entre el gobierno al que votamos y el macrismo y sus satélites, como condición insoslayable a plasmar en el Congreso para acordar «la dependencia de la nación» mediante la firma de un afable crédito de facilidades extendidas que todo lo hace «sustentable».

Tanto que cuanto más sustentará será el rol de complicidad que pugnan por asignarse el gobierno y el FDT en la concreción definitiva de la gran estafa de la entente FMI-MACRISMO.

Tengo la impresión que algunos de nuestros dirigentes no terminan de calibrar la violencia que estos «jueguitos» están engendrando en el seno de nuestra sociedad y el cono de penumbra que alumbra sobre la Patria.

Es que ese pueblo que no vió entrar ese nefasto crédito de 57.000 millones de dólares -de los que se asentaron sólo en las contabilidades de los especuladores de la fuga 45.000), sí los verá salir tras concretarse el mentado acuerdo.

Verá como sale de las arcas del Estado ese capital que nunca entró al país real y sentirá en su vida de cada compatriota cuanto ese acuerdo representa.

Mañana la CGT y el Movimiento Evita y el mismo presidente convocaron a celebrar «el triunfo electoral» apoyando a Alberto.

Los más entusiastas de los mentores pretenden que ese acto se erija en el acta fundacional del «Albertismo». Allá ellos.

Cabe esperar que los trabajadores que  acudan a la convocatoria, hagan saber con voz en cuello al único orador del día que no quieren ningún acuerdo que sustente la colonia en reemplazo de la patria, ni la dependencia en lugar de la liberación.

Es decir que truene nuevamente en la plaza, como en aquella del pasado 17 de octubre, un rotundo °NO AL ACUERDO CON EL FMI» y de ese modo, se nieguen rotundamente a conspirar contra sus propios intereses.

Ojalá sus rostros crispados por el riesgo en ciernes, le recuerden al remozado orador que como trabajadores portan como estandarte la doctrina peronista y que, por lo tanto, exigen de un gobierno que dice abscribir a la misma que respete el mandato de Perón, cuando sobre el particular no dejó lugar a dudas: «antes de firmar un empréstito con el FMI se cortaría las manos». Fdo. Teniente General Juan Domingo Perón.

TPB/