Si Cavallo los asesora en economía, en seguridad deben poner a Etchecolatz

DE CAVALLO A ETCHECOLATZ «SIN PONERSE COLORADOS»

Por Ignacio Lizaso*

«Ya no nos ponemos colorados cuando decimos lo que vamos a hacer», anunció Patricia Bullrich y la jactancia robustecía áun más su estampa castrense. A partir de tal confesión el país está condenado a escuchar sus delirantes amenazas.

Por Ignacio Lizaso

NAC&POP

11/11/2021

Domingo Cavallo

«Ya no nos ponemos colorados cuando decimos lo que vamos a hacer», anunció Patricia Bullrich y la jactancia robustecía áun más su estampa castrense.

A partir de tal confesión y en vísperas de elecciones, el país está condenado a escuchar sus delirantes amenazas,una interminable sarta de delirantes amenazas y amenazantes delirios a cargo de un coro con voces de distintos registros.

Por el rol de tenor solista pujan Mauricio Macri y Javier Mileikovsky, quienes al margen de esa sana disputa, nos atrevemos a considerar que se miran con cariño.

Ellos aseguran que la relación es con vistas a 2023, pero no sería extraño que se fotografiaran en cualquier momento intercambiando anillos.

Detrás asoman Martín Tetaz, María Eugenia Vidal, José Luis Espert, Carlos Maslatón y otros advenedizos, prolijamente convocados por los medios de Clarín y La Nación.

Entre la galería de caras extrañas sorprendió que haya comenzado a aparecer le del ínclito Mingo Cavallo.

Se nota su condición de septuagenario y la pérdida de aquel fiero mesianismo que lucía su discurso como presidente del Banco Central, durante la dictadura encabezada por Videla y Massera, y después como ministro de economía de Carlos Menem (1991-1996) y Fernando de la Rúa (2001).

La resurrección se paga con sonoras declaraciones.

De Alberto Fernández dijo: «carece de coraje ni convicción», y de Martín Guzmán: «no tiene poder».

En respuesta a las consultas complacientes de los periodistas ortibas, siempre sin repreguntas, desgranó los conceptos típicos de su versión neoliberal.

Trascendió, además, que asesora a Horacio Rodríguez Larreta, a Milei y a Kovsky.

Con lo que se diría que transita un terreno anegadizo.

Milei ubicó a Cavallo como «el mejor ministro de economía de todos los tiempos».

Naturalmente Mingo devolvió piropos: «es una promisoria figura joven, sus ideas son correctas».

Pero unas semanas antes Milei había insultado soezmente a Larreta y descubierto su verdadera filiación política: «como el zurdo de mierda que sos, a un liberal no podés ni lustrarle los zapatos, sorete».

Cabe suponer que prepara un menú destinado al flamante zurdo y otro al de los brotes de energúmeno, suavizados por los ojitos celestes.

Apretemos la memoria como el tubo de dentífrico.

El 16 de noviembre se cumplirán 37 años de la detención, bajo el gobierno de Raúl Alfonsín, de José Alfredo Martínez de Hoz. «Sumió a la economía argentina en una de las crisis más profundas de su historia», se leía en los fundamentos.

Lo acusaban de fraude al Estado.

Sin embargo fue sobreseído por una avanzada de esto que es hoy el bunker de Comodoro Py.

La gestión del cazador de elefantes encontró continuidad ideológica en las de Cavallo y la reciente de los ministros de Macri, Alfonso Prat Gay, Nicolás Dujovne y Hernán Lacunza, con la actuación especial de su ministro del alma, el fugitivo Toto Caputo.

En 1999 Cavallo amaga independizarse y mostrando sus reales ambiciones se presenta como candidato a presidente.

Recibe el 10 % de los votos.

Al año recapacita y descendiendo a candidato a lo que tradicionalmente se denominaba intendente municipal de Buenos Aires, suma el 33 %.

¡Vamos, Mingo todavía!, se oyeron gritos de aliento, no precisamente de la tribuna popular.

Pero llega el 2001 y el discípulo de la Escuela Chicago de Milton Friedman, exhumado desesperadamente por Chupete de la Rúa, instaura el corralito y se manda el megacanje.

Como hazañas que causaron su procesamiento queda la venta a precio vil de dos predios.

El valiosísimo sobre la avenida Santa Fe, en Palermo, con la Sociedad Rural como beneficiaria, negocio que revela la coherencia de Mingo.

Y la plaza pública Salvador María del Carril, situada en Retiro, frente a la estación del Ferrocarril Nacional Mitre.

Es impresentable Cavallo, aún en las impresentables filas del Pro, engrosadas por los libertarios.

Pero es la única agrupación capaz de soportar su prontuario vendepatria y simular enorgulleserse.

En el juicio de Nüremberg, posterior a la Segunda Guerra Mundial, la acusación de criminales de guerra y la sentencia del caso no sólo se aplicó a jerarcas militares y policiales.

También alcanzó a directivos, funcionarios y colaboracionistas vocacionales.

A los crímenes de guerra y lesa humanidad se tuvieron en cuenta los crímenes contra la paz.

Y se incorporó una categoría relativa a los jueces que establecieron y sostuvieron el aparato jurídico nazi.

Rosenkrantz, Casal, Ercolini, Stornelli, Hornos, entran en la categoría de responsables del aparato amarillo activado por la mesa judicial.

Cavallo reúne holgados méritos para acceder al carácter de funcionario que ha atentado una y otra vez contra la paz del pueblo.

La ausencia de personalidades no quemadas por haber sido cómplices de la corrupta gestión de Macri obliga a recurrir a sujetos del nivel de Milei, Tetaz, Espert, Maslatón, y erigir a Cavallo en maestro de ceremonias.

Tranquilo, flaco, la gilada olvida, la gilada consume lo que le ofrecen.

El fresco asesinato en Ramos Mejía del quiosquero Roberto Sabo ha originado diversas lecturas.

No faltan los observadores que deslizan que bien pudo tratarse de un episodio armado por alimañas del Pro, tendiente a desnudar el clima de inseguridad que se vive en la provincia bonaerense, escenario clave en las próximas elecciones.

Los muchachos del coro proclaman que vienen por todo.

Ofrecerle vía libre a Cavallo invita a sugerir que se designe a cargo de la seguridad nacional a un hombre esencialmente probo.

Fue la mano derecha del general Ramón Camps y en cumplimiento de sus obligaciones, en sólo 20 meses tuvo que ejecutar 91 actos de tortura, ocuparse del secuestro y asesinato de 10 estudiantes en el operativo conocido como «la noche de los lápices» y de la desaparición de Jorge Julio López.

Un profesional.

«Yo no maté, expuse mi vida combatiendo por la bandera celeste y blanca», pretendió aclarar.

Se trata de Miguel Etchecolatz.

Sí, Etchecolatz.

La Bullrich se autoelogió: «nuestra concepción de la seguridad quedó impregnada en el corazón de los argentinos».

Según la Real Academia Española impregnar es hacer que un líquido permanezca adherido a la superficie de un cuerpo.

El líquido simbólico de la concepción de seguridad de Cambiemos, sobre todo durante el ministerio de esta señora, fue la sangre.

Basta recordar a Santiago Maldonado y a Rafael Nahuel.

Vamos, Pato, anímense ahora que nadie se pone colorado.

Por supuesto, consúlten a Stanley

IL/